Mientras visite nuestra web, purifique su alma con el Canto Gregoriano. No es broma: no recuerdo ahora cuantos miles y miles de años de Penitencia en el Purgatorio, se ahorrará usted con ello. Prometo convertirme en esclavo de quien me demuestre de un modo racional [...]
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Los peores Papas de la Historia
La iglesia ha librado siempre una batalla con su propio personal corroído por el vicio en la que ha llevado todas las de perder. El problema ha sido que en muchos casos las transgresiones de la política oficial comenzaban en la cúspide. Uno de los primeros papas, Sixto III (432-440), fue juzgado por otros eclesiásticos por seducir a una monja. Fue absuelto tras citar en su defensa unas palabras de Cristo: “Aquel de vosotros que esté sin pecado, que arroje la primera piedra”. A continuación se enumeran los peores papas de la historia
Conocido como “esclavo de todos los vicios” por sus cardenales, llegó al poder tras asesinar a su predecesor y tuvo un hijo con su amante adolescente, treinta años más joven que él, la prostituta Marozia; el hijo ilegítimo de la pareja pasaría a ser el papa siguiente. Los más altos puestos del Vaticano se adjudicaban mediante subasta, como si fueran baratijas, y el papado inició su “siglo oscuro”.
Escandalizaba continuamente incluso a sus cardenales más curtidos pervirtiendo a niños de corta edad en el palacio de Letrán. Arrepentido de sus pecados, abdicó para retirarse a un monasterio, pero cambió de parecer y volvió a ocupar el cargo. Era “un desdichado que festejaba la inmoralidad – escribió san Pedro Damión -, un demonio del infierno disfrazado de sacerdote”.
A sus dieciséis años, fue acusado de acostarse con sus dos hermanas y de la invención de un catálogo de vergonzosos nuevos pecados. Descrito por un historiador de la Iglesia como “la escoria misma”, murió a los veintisiete años, cuando el marido de una de sus amantes irrumpió en su dormitorio, le descubrió in fraganti y le destronó el cráneo con un martillo..
Después de masacrar a la población entera de la ciudad italiana de Palestrina, se dio a arreglos con una mujer casada y la hija de esta y adquirió renombre en toda Roma como pedófilo desvergonzado. Proclamó en célebres palabras que mantener relaciones sexuales con niños no era más pecaminoso que frotar una mano contra la otra, lo cual debería servir para nombrarle patrón de los sacerdotes de Boston de nuestros días. El poeta Dante reservó un lugar para él en el octavo círculo del infierno.
Toda apariencia de decoro se abandonó cuando el papado se trasladó a Abiñón, en el sur de Francia, durante setenta y cinco años. El poeta Petrarca impuso al bon vivant Clemente VI el nombre de Dionisos eclesiástico por el número de amantes y la gravedad de su gonorrea. A su muerte, cincuenta sacerdotes ofrecieron la misa por el reposo de su alma durante nueve días seguidos, pero el ingenio francés concluyó que esto no era ni mucho menos suficiente
Instalado de nuevo en Roma, el papado alcanzó su verdadero punto más bajo en el Renacimiento (El historiador de la Iglesia Eamon Duffy compara Roma con el Washington de Nixon, “una ciudad de putas por cuenta de la empresa y chanchullos políticos”.) Sixto IV, que construyó la Capilla Sixtina, tuvo seis hijos ilegítimos, uno de ellos con su hermana. Recaudó un impuesto eclesiástico sobre las prostitutas y cobraba a los sacerdotes por tener amantes, pero sus detractores sostenían que con esto lo único que conseguía era que aumentara la prevalencia de la homosexualidad en el clero.
Este pontificado es recordado como la Edad de Oro de los Bastardos: reconoció a ocho hijos ilegítimos y se sabe que tuvo muchos más, aunque entre amorío y amorío encontró tiempo para poner en marcha la Inquisición. En su lecho de muerte ordenó que una bonita ama de cría le diera leche fresca de su pecho.
El despiadado Rodrigo Borgia, que adoptó el nombre de Alejandro VI, presidió más orgías que misas, escribió Edward Gibbon. Uno de los platos fuertes de su carrera fue la “Justa de las putas” de 1501, en la que se invitó a cincuenta bailarinas a desvestirse lentamente en torno a la mesa del papa. Alejandro y sus parientes arrojaban con regocijo castañas al suelo, y obligaban a las mujeres a postrarse a sus pies como si fueran cerdos; después ofrecieron premios en forma de finos ropajes y alhajas para el hombre que pudiera fornicar con el mayor número de mujeres. Otro de los pasatiempos de Alejandro era ver copular a los caballos, lo que le hacía “desternillarse de risa”. Tras su muerte -, el cuerpo de este papa fue expulsado de la basílica de San Pedro por considerarlo demasiado malvado para ser enterrado en suelo sagrado.
Es recordado por haber encargado a Miguel Ángel los frescos del techo de la Capilla Sixtina. Fue también el primer papa que contrajo el “mal francés”, la sífilis, de prostitutos de Roma. El Viernes Santo de 1508 no pudo dejar que los fieles le basaran los pies por tenerlos completamente cubiertos de úlceras de la sífilis
El romántico recalcitrante Julio III se enamoró de un joven y apuesto mendigo a quien vio peleándose en la calle con el mono de un vendedor ambulante. El papa nombró cardenal a aquel golfillo analfabeto de diecisiete años, lo que inspiró un poema épico, “En elogio de la sodomía”, escrito probablemente por un arzobispo descontento, dedicado en su honor.
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Creer
Partamos de una observación simple. Todos los humanos creemos, todos creemos en cosas comunes, o en cosas diversas, pero creemos.
De esa afirmación podríamos deducir que las creencias son consustanciales a nuestra especie, no podemos evitar creer. Parece ser una condición impuesta por nuestra biología de la que no podemos escapar.
Diría más, las creencias son en buena parte una de las cualidades que nos diferencian del resto de las especies. Pero si afinamos más la observación veremos que es una gran conquista biológica, es lo que nos permite organizar y prever nuestro futuro y nuestra vida.
Una de las creencias fundamentales es creer que mañana estaremos vivos, nadie nos lo puede garantizar, pero sin esa creencia nuestra vida no tendría sentido, ¿para qué organizar y pensar en mañana si no creemos que estaremos vivos? Somos conscientes de que nadie nos lo puede garantizar, pero no podemos evitar creerlo. Otra creencia fundamental es que mañana volverá a salir el Sol, nadie nos lo garantiza, pero creemos que los días se sucederán unos a otros y eso nos permitirá desarrollar nuestra vida. Son creencias lógicas, son creencias avaladas por la experiencia, por el saber, tanto es así que ni siquiera nos damos cuenta que son creencias, damos por hecho que son cosas que sabemos.
La creencia se convierte en saber cuando se cumple siempre, o casi siempre. El número de creencias lógicas en las que basamos nuestra vida son muchas, muchísimas más de las que pensamos. Creemos que cuando vamos al médico va a diagnosticar correctamente nuestra enfermedad y curarla. Creemos que estudiando no sólo aprenderemos, además nos servirá para aprobar los exámenes y finalmente acabar los estudios, creemos que con ellos podremos ganarnos la vida, ser útiles a la sociedad, a nuestra familia y a nosotros mismos.Creemos que si trabajamos recibiremos a final de mes el salario para poder atender nuestras necesidades, y las de los nuestros.
Nadie nos lo garantiza, nadie nos puede garantizar que todo eso ocurrirá siempre, de hecho sabemos por experiencia que no se cumple siempre, aun así seguimos creyendo en ellas por que la lógica nos dice que así ocurre en la mayoría de los casos.
Aun así esas creencias condicionan toda nuestra vida, nos someten a horarios, nos imponen formas de entender la vida, nos imponen en muchos casos, el lugar de residencia. Nos imponen grandes esfuerzos para lograr unos fines de los que creemos que merecen la pena.
Cada sociedad, cada época tiene sus creencias, si nos preguntáramos por la lógica de muchas de ellas llegaríamos a la conclusión de que no tienen ninguna lógica, que simplemente las aceptamos por que así nos lo han contado otras personas, por que así lo cree la sociedad en que vivimos, y por que así nos sentimos integrados en ella.
Además de ser seres individuales, también somos seres sociales y necesitamos que nuestras ideas y creencias sean aceptadas por esa sociedad en la que vivimos. Una de las recompensas más grandes que podemos sentir es ver que somos aceptados, respetados en nuestras creencias y nuestras ideas, en sentirnos miembros útiles de esa sociedad.
Nuestro cerebro esta diseñado para generar creencias, esa es una cualidad biológica sobre la que no tenemos control. En realidad le da igual generar creencias lógicas que generar creencias absurdas.
Necesita tener certezas, no siempre le importa que la certeza sea lógica o no, lo que le importa es poder rechazar la duda. Por eso es tan sencillo que los demás nos engañen, por eso es tan sencillo que nos engañemos nosotros mismos.
Basta con que los demás nos muestren, junto con la mentira que quieren transmitirnos, la lógica que pueda convertirla en verdad, y si además esa mentira nos interesa tiene muchas posibilidades de convertirse en verdad en nuestro cerebro.
Tan irracional es creer en Dios, como creer en espíritus, tan irracional es creer en brujas, como creer en milagros, tan irracional es creer en el karma, como creer en las reencarnaciones. No hay ninguna evidencia de ninguna de ellas, no hay ni siquiera indicios de que sean ciertas.
Pero muchas personas prefieren creer en esas cosas, no les importa lo racional o irracional que pueda ser, lo importante es que despeje las dudas de su cerebro, que les de seguridad, que les marque unos principios sobre los que basar su vida.
A nadie le interesa creer que todo acabará cuando muera, a todos nos interesa creer que algo de nosotros quedará después que nuestro cuerpo desaparezca, por eso las creencias que más éxito tienen son aquellas que nos proporcionan un alma inmortal que de una forma o de otra se perpetuará para siempre. No importa si es verdad o mentira, lo que importa es creer en esa idea porque es la que mejor defiende nuestros intereses.
A nadie le interesa creer que todo acabará cuando muera, a todos nos interesa creer que algo de nosotros quedará después que nuestro cuerpo desaparezca, por eso las creencias que más éxito tienen son aquellas que nos proporcionan un alma inmortal que de una forma o de otra se perpetuará para siempre. No importa si es verdad o mentira, lo que importa es creer en esa idea porque es la que mejor defiende nuestros intereses.
Tras las creencias en Dios o en dioses, tras las creencias que defienden las reencarnaciones, tras las creencias que defienden el alma como algo eterno, no se esconden más que nuestros intereses, por eso tienen tanto éxito.
Por eso dudo mucho que el ateísmo llegue a tener éxito algún día, pienso que siempre será de minorías, el ateísmo priva a la persona de la eternidad, y del premio eterno que las religiones le brindan. En el fondo a nuestro cerebro le da igual creer que no creer, pero creyendo encuentra el enorme consuelo de pensar en el premio eterno, y además el premio permanente de estar aceptado e integrado en una sociedad que piensa y cree lo mismo que él.
Solamente aquellas personas que anteponemos "nuestra verdad" a esos premios tan reconfortantes que da la sociedad y la vida eterna nos denominamos ateos. Preguntadle a algún creyente que pasaría si no tuviera la certeza de la vida eterna, sin ella su fe se desmorona. Tiene, necesita imperiosamente creer en el premio eterno para poder seguir creyendo en lo que cree. Ni siquiera le importa que sea verdad o mentira, le es suficiente con el premio que le proporciona su cerebro al saberse integrado en una sociedad que cree lo mismo que él. Por eso no se hace preguntas, sabe que si empieza a hacerse preguntas pudiera descubrir que tras la aparente verdad única y eterna no hay más que una inmensa mentira.
Por eso un cristiano no se encuentra a gusto entre creyentes de Alá, por eso un islámico no se siente a gusto entre cristianos, sabe que su verdad es permanentemente cuestionada por la sociedad que le rodea, comprende que sus verdades únicas y eternas, no son verdades más que en determinados ambientes y rodeado de personas que creen lo mismo que él. La verdad, para que sea verdad debe ser compartida, si no lo es, pierde la cualidad que la convierte en verdad.
Una verdad permanentemente cuestionada tiene muchas posibilidades de convertirse en mentira a corto plazo.
De ahí nace la necesidad de los ritos, de las oraciones, es necesario reunirse con los que creen lo mismo que nosotros para reforzar esa verdad y mantenerla viva. Obviamente cuando en estos párrafos me refiero a la verdad, me estoy refiriendo a la verdad religiosa, no a la verdad científica, no a esa que se repite siempre, que está suficientemente contrastada y que cuando no se repite lo consideramos una rareza o excepción. Pero nuestro cerebro esta preparado para creer, es una imposición biológica, todos creemos en algo. Todas las sociedades y en todas las épocas los hombres hemos creído en algo, por muy absurdo que nos parezca visto desde nuestra posición actual.
Tan absurdo como les parecerá a los hombres del futuro pensar en nosotros, y en nuestra sociedad como creyente en un dios llamado Dios. Pero a su vez ellos tendrán sus propias creencias impuestas por la biología de sus cerebros humanos.
El problema no está en creer, todos creemos, todos creeremos mientras nuestro cerebro humano no evolucione, el problema está en lo que se cree.
¡¡¡ El vivo del bobo vive!!!!
Elogio del ateísmo
Fundamentos científicos para una sociedad laica
(y laicista)
de Mariano Chóliz Montañés
.
- 1a ed. - Buenos Aires: Deauno.com, 2009.
Índice
Prólogo ( Pag.5), de Fernando de Orbaneja
A.-¿ POR QUÉ ESTE TEXTO? Pag. 9
1.- La ciencia es laica Pag.13
a) Refutación y verificabilidad Pag.15
b) Fundamento racional y empírico Pag. 18
c) Incremento gradual y continuado del conocimiento Pag. 23
d) Ausencia de falacias Pag. 25
Petitio principii Pag. 27
Ad verecumdiam Pag. 28
Ad hominem Pag. 30
Ad baculum Pag. 31
Ad populum Pag. 32
Sofisma patético Pag. 34
e) Ausencia de proposiciones finalistas o teleológicas Pag. 35
f) Ajeno a cualquier ideología Pag.39
2.- PARA QUÉ SIRVE LA RELIGIÓN Pag. 43
a) Interpretación de la realidad Pag. 47
b) Encontrar sentido a la propia existencia Pag. 58
c) Necesidad de afiliación Pag. 65
Identidad Pag. 67
Reputación Pag. 69
Conformidad Pag. 69
Apoyo instrumental y emocional Pag. 70
Fuente de actividades Pag. 73
Privilegios y poder Pag. 73
d) Establecimiento de un código moral Pag. 75
La moral del laicismo Pag. 79
Aplicación del código moral de la religión Pag. 91
3.- ¿ CÓMO ES POSIBLE LA RELIGIÓN? Pag. 97
a) Ambigüedad del discurso Pag. 98
b) Ritos Pag. 100
c) Normas estrictas de reclutamiento y de conducta Pag. 102
d) Jerarquía Pag. 106
e) Poder Pag. 107
f) Apelación al miedo Pag. 110
g) Recurso a la Fe Pag. 111
h) Obras de caridad Pag. 113
i) Estabecimiento de modelos 116
j) Abordar temas de gran importancia personal Pag. 118
Búsqueda de la felicidad Pag. 118
Entender y fomentar el amor Pag. 123
Actitud hacia la muerte Pag. 127
4.- EPÍLOGO: LA SUSCEPTIBILIDAD DE LAS RELIGIONES MONOTEÍSTAS Pag. 133
a) La justificación racional o empírica de las propias creencias Pag. 135
b) Crisis existencial por el compromiso vital adquirido Pag. 138
5.- ANEXO: RELIGIÓN Y HOMOFOBIA Pag. 145