Aunque me siento
reconfortado por la respuesta del Defensor del Pueblo. Pero principalmente
por la del Presidente del Gobierno en particular y en general del
Gabinete de la Presidencia pues entiendo que me dan la razón.
Aunque me siento
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Entrevista de Eduardo
Mazo a Manuel Sánchez Montalbán
- ¿Por qué corrompe siempre el
poder?
- Porque convoca el triste riesgo de
ser más que nadie.
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Pruebas de la existencia de Dios
Sectas, Bus Ateo, Ateos.- ¿ Existe Dios? Argumentos
D)
El Argumento moral en
favor de la existencia de Dios
Por Paul Copan
El filósofo John Rist está en lo correcto cuando dice que existe "una
crisis ampliamente admitida en el debate occidental contemporáneo
acerca de las fundaciones éticas"1 Parece que últimamente
la crisis es el resultado del enfoque de la ética sin referencia a Dios.
Cuando la moralidad es apartada de sus raíces teológicas, la ética secular
no se puede sostener así misma, se marchita y muere.
Solamente puedo bosquejar una defensa breve acerca de la conexión que
existe entre Dios y los valores morales objetivos (lo cual he hecho más
extensivamente en otro momento.)2 Argumentaré que, si los valores
morales objetivos existen, entonces Dios existe; los valores morales
objetivos existen; por lo tanto Dios existe. Para resolver nuestra crisis
ética, debemos reconocer el carácter de un Dios bueno (a cuya valiosa imagen
los humanos han sido hechos) como un fundamento necesario de la ética, de
los derechos humanos, y de la dignidad humana.
1. Los valores morales objetivos existen...son básicos:
Los valores morales objetivos
existen ya sea que una persona o cultura los considere"objetivos" o no. Los
seres humanos que funcionan normalmente los dan por sentado como base de su
bienestar y prosperidad.
a) Los humanos no tienen que leer la Biblia para
averiguar qué es moral, ese conocimiento está a la disposición de todas
las personas. Romanos 2:14-15 dice que aquellos que no cuentan con la
revelación especial de Dios (Las Escrituras, Jesucristo) pueden
distinguir entre el bien y el mal. Ellos poseen la revelación general de
las leyes morales básicas de Dios en sus conciencias. "De hecho, cuando
los gentiles, que no tienen la ley, (de Moisés) cumplen por naturaleza
lo que la ley exige" (Romanos 2:14-15, NVI) Lo cual no es sorpresa ya
que están hechos a la imagen de Dios. Están diseñados para desempeñarse
apropiadamente cuando viven de acuerdo a los designios de Dios. Por lo
tanto los humanos (incluyendo a los
ateos) cuyos corazones no han sido
endurecidos o desviados tendrán el mismo tipo de instintos morales
intrínsecos que los cristianos, --como considerar que es incorrecto
torturar bebés por diversión (así como la violación y el adulterio) y
considerarán que la bondad es buena.
Cuando una persona dice "Quizás el homicidio o la
violación realmente no son tan malos" esta persona no necesita un
argumento. Ha sido desviada, si realmente cree esto, esa persona
necesita ayuda espiritual y psicológica porque no está actuando
debidamente". Incluso los relativistas que proclaman que los valores de
alguien pueden ser verdaderos para él pero no para los otros son como
aquellos que dicen "Tengo derechos" o "Deberías ser tolerante". Pero los
derechos y la tolerancia no tienen ningún sentido si el relativismo es
correcto. En lugar de esto, ellos nos llevan a pensar que los valores
morales objetivos existen.
b) Tal y como generalmente confiamos en nuestras
percepciones sensoriales y las consideramos confiables (a menos que
exista una buena razón para dudar de ellas), así deberíamos tratar a las
intuiciones morales generales, como inocentes hasta probar lo contrario
(aversión a torturar bebés por diversión, violación y adulterio) ¿Por
qué confiamos en nuestros cinco sentidos? La mayoría de nosotros los
consideramos bastante confiables, aún si algunas veces percibimos
algo mal, somos sabios al prestar atención a nuestros sentidos y no
dudar de ellos. Similarmente, tenemos instintos morales básicos, por
ejemplo una repulsión a violar o tomar la vida de una persona inocente
(el factor de repulsión), o una afirmación interna hacia el auto
sacrificio por el bienestar de mi hijo (el factor de aprobación).
El problema recae en aquellos que niegan o cuestionan los instintos
morales básicos. Somos sabios al prestar atención a estos instintos
morales básicos, aún si estas intuiciones necesitan un ajuste ocasional.
Los seres humanos que son sensibles a la moral pueden
obtener las bases correctas relacionadas con la moralidad. En el
apéndice del libro de C. S. Lewis La abolición del hombre3,
él menciona una lista de varias virtudes que han sido aceptadas a lo
largo de las épocas y civilizaciones (griega, egipcia, babilónica,
nativa americana, india, hebrea...). Robar y matar son condenadas en
sus códigos legales mientras que honrar a los padres y respetar los
votos del matrimonio son aplaudidos.
Algunos podrían argumentar: ¿Acaso no existen
conflictos morales también? Algunas culturas permiten la
poligamia, por ejemplo. Sí, pero las costumbres del matrimonio y los
votos que unen a los matrimonios también prohíben el adulterio. Mientras
que las aplicaciones y las expresiones de principios morales pueden
diferir de una cultura a otra, hay principios morales básicos que son
comunes a todas las culturas. ¿Qué sucede cuando nos topamos con
principios morales conflictivos (al menos cuando los encaramos)?
Comencemos con casos claros de moral y vayamos hacia los que no están
muy claros. A la luz de aparentes conflictos morales, sería erróneo
adelantarse a concluir que la moralidad es relativa. Como el lexicógrafo
Samuel Jonson menciona: "El hecho de que exista el crepúsculo no
significa que no podamos distinguir entre día y noche".
c) Los principios morales son descubiertos, no inventados. Las reformas
morales (abolición de la esclavitud, el derecho de la mujer a votar, la
promoción de los derechos civiles de los negros) no tienen ningún
sentido a menos que los valores morales objetivos existan. Aún cuando de
la atmósfera de reforma pueda llevarse tiempo (incluso siglos),
esto no implica que la moralidad sólo evoluciona durante la historia
humana y sea solo una invención humana. Contrariamente, sugiere que los
principios morales pueden ser descubiertos y que vale la pena ir en pos
de ellos, aún cuando esto tenga un gran costo.
El filósofo ateo Kai Nielsen reconoce este punto: "Es
más razonable creer que cosas tan elementales (como la violencia contra
la mujer o el abuso de menores) sean malignas, que creer cualquier
teoría que ponga en duda nuestra capacidad de saber o creer que son
malignas... Creo firmemente que esto es fundamental y correcto y que
cualquiera que no lo considere así no ha puesto a prueba en su interior
las bases de sus creencias morales" 4.
2. Dios y la moralidad objetiva están cercanamente
conectados:
"No es poco común escuchar: "Los
ateos
pueden ser buenos sin Dios". El ateo Michael
Martín discute que los deístas dan las mismas razones que los ateístas para
condenar la violación: Ésta viola los derechos de las victimas y perjudica a
la sociedad. Lo que Martín en realidad quiere decir es que los ateos pueden
ser buenos sin creer en Dios, pero ellos no podrían ser buenos (tener valor
intrínseco, responsabilidad moral, etc.) sin Dios (De hecho, nada existiría
sin Él.). Esto es, debido a que los humanos están hechos a la imagen de
Dios, pueden saber lo que es bueno aún cuando no crean en Dios. Los
ateos
y deístas pueden apoyar los mismos valores,
pero el deísmo puede creer profundamente en los derechos humanos y en
la dignidad porque estamos hechos a imagen de un valioso Ser Supremo.
Piense en esto: las personas racionales con valor
intrínseco no provienen de procesos que no hayan sido conscientes, guiados y
valiosos en su vida. Nuestro buen Dios provee un contexto necesario y
natural para al existencia de personas valiosas con conciencia personal y
propósito, concientes de sus derechos y moralmente responsables. Esto
significa que la personalidad y la moralidad están necesariamente
conectadas; los valores morales están enraizados en la personalidad. Sin
Dios (un Ser personal) ninguna persona, y por lo tanto tampoco los valores
morales, podrían existir: Sin personas, no hay valores morales. Sólo si Dios
existe pueden tener lugar las propiedades morales.
3. Las teorías éticas no deístas están incompletas
e inadecuadas:
Algunos seculares sugieren que podemos tener sistemas éticos sin ninguna
referencia a Dios (por ejemplo: Aristóteles, Kant.) Sin embargo,
aunque pueden realizar algunas contribuciones muy positivas a la discusión
ética (relacionadas con la virtud y el carácter moral o las obligaciones
morales universales), sus sistemas están todavía incompletos. Todavía no nos
dicen por qué los seres humanos valores intrínsecos y obligaciones morales.
¿Qué pasa con la ética evolutiva naturalista,
según la cual desarrollamos la conciencia de lo correcto y lo incorrecto, y
de la obligación moral que nos ayuda a sobrevivir y reproducirnos? La
conciencia ética tiene solamente valor biológico.5 Tal enfoque,
nos deja con los siguientes problemas: Primero, ¿podemos confiar en nuestras
mentes incluso si somos nada más que productos de la evolución natural,
tratando de pelear, alimentarnos, huir y reproducirnos? Charles Darwin
tuvo una "duda terrible" ya que la mente humana se ha desarrollado a
partir de los animales menores ¿porqué habría alguien de confiar en ella?
¿Por qué confiar en las convicciones de la mente de un mono? El proceso
evolutivo natural se interesa en la adaptación y la supervivencia, no en la
creencia de la verdad; por lo tanto, la moralidad objetiva no sólo está
deteriorada, sino que además es un pensamiento irracional. Nuestras
creencias, incluyendo las morales, pueden ayudarnos a sobrevivir, pero no
hay razón para creer que sean verdad. Creer en la moralidad objetiva o en la
dignidad humana puede ayudarnos a sobrevivir, pero puede ser completamente
equívoco. El problema del escepticismo (incluyendo el escepticismo moral) es
que mediante un proceso de razonamiento que considero digno de confianza,
llego a la conclusión de que ¡no puedo confiar en mi propio razonamiento! Si
confiamos en nuestras facultades racionales y morales, asumiremos un punto
de vista deísta: al estar hechos a la imagen de un Dios bueno, veraz y
racional, tiene sentido por qué confiamos en nuestros sentidos e intuiciones
morales.
Conjuntamente, nos queda este problema: si los seres
humanos son simplemente un producto de la evolución natural, entonces no
tenemos fundamentos para tener obligaciones morales o dignidad humana. Esto
podría disminuir fácilmente nuestra motivación moral. El predador sexual y
caníbal Jeffrey Dahmer reconoció la seriedad de este asunto: "Si todo sucede
naturalmente, ¿cuál es la necesidad de un Dios? ¿Puedo establecer mis
propias reglas? ¿A quién pertenezco? Me pertenezco a mí mismo"7
Para reforzar aún más el punto acerca de la conexión entre
Dios y la moralidad, un buen número de
ateos
y escépticos han
comentado lo siguiente: El novísimo filósofo ateo J. L. Mackie dijo que las
propiedades morales son "extrañas" al naturalismo y que "si existen los
valores objetivos, estos hacen más probable la existencia de un dios que si
no existieran". Por lo tanto, tenemos un argumento defendible que parte de
la moral hasta la existencia de un dios8. El agnóstico Paul
Draper observa: "En el deísmo es muy plausible un mundo moral"9.
Tal como la Declaración de Independencia de los
Estados Unidos de América establece: "provistos por su Creador de ciertos
derechos inalienables", este buen Creador es el fundamento verdadero de la
ética y de la verdadera esperanza de rescatarla de su presente crisis"
Notas finales
1 John Rist, Etica Real
(Real Ethics) Cambridge: Cambridge University Press, 2003. Pág. 1 2 Vea Paul Copan, "Is Michael Martina Moral Realist?) Sic et Non"
Philosophia Christi, new series 1 / 2 1999: 45-72; "Atheistic Goodness
Revisited: A personal Reply to Michael Martin" Philosophia Christi, new
series 2 /1 2000; Pp 91-104; "The Moral Argument " in The Ratioanity of
Theism, ed. Paul Copan and Paul K. Moser London: Routledge, 2003.,
Pp.149-74; "A moral Argument " in To Every One An Answer : A case for the
Christian Worldview: Essays in Honor of Norman L. Geisler, eds. Francis
Beckwith, William Lane Craig, y J. P. Moreland. Downers Grove, III.:
InterVasity Press 2004, Pp. 108-23; "Morality and Meaning without God:
Another Failed Attempt," Philosophia Christi, new series 6 /1 2004; Pp.
295-304; "God Hume, and Objective Morality" in In Defense of Natural
Theology: A Collection of New Essays in Philosophy and Religion, eds.
Douglas R. Groothuis and James R. Sennett Downers Grove, InterVasity Press
2005, Pp. 200-25. 3 C. S. Lewis "La Abolición del Hombre" San Francisco: HarperSF,
2001. 4 Kai Nielsen, Ethics Without God Buffalo: Prometheus Books, 1990
Pp10-11. 5 Michael Ruse, The Darwinian Paradigm London: Routledge, 1989,
p. 262. 6 Letter (3 de Julio 1881) a Ww. G. Down, in The Life and Letters
of Charles Darwin, ed. Francis Darwin. London:. John Murray, Abermarle
Street, 1887. Pp. 1:315-16
E)
Argumentos a favor y en contra de la Existencia de Dios
Dejemos de lado la cuestión de cómo es Dios, de cuál sea su
naturaleza, de si El es un ente que trasciende el universo, la materia, pero
que la rige y ordena, y que posee además características personales -todo
bondad, saber, presencia, etc., etc.-
(monoteísmo), si El en
realidad son Ellos, esto es, muchos
(politeísmo), si Dios es Todo y Todo es Dios,
(panteísmo), o si El es un ente misterioso alejado del mundo y
que no interviene en él, un ser del cual no sabemos nada sólo que existe y
que es inteligente
(deísmo)
porque nos lo dice la naturaleza y no ningún libro sagrado o revelación
escrita, para que, de forma general, siguiendo el análisis del filósofo
alemán Kant sobre el tema, podamos distinguir cuatro razonamientos clásicos
para tratar de probar la existencia de (un) Dios.
Tales razonamientos se originaron en diversas épocas y
autores, y pueden plantearse de distintos modos:
el argumento cosmológico, el teleológico, el ontológico y el moral.
Ciertamente existen otros más pero solamente
agregaremos nosotros aquí el argumento de
la experiencia religiosa, el histórico-etnológico y el de la revelación
escrita.
A continuación los enunciamos con su respectiva discusión:
El Argumento
Cosmológico (o de la Causalidad)
Nos dice que todo movimiento, cambio, cosa o ser que
se da en el universo o cosmos tiene una causa anterior y así sucesivamente
hasta llegar a la causa primera que es Dios. Lo enunciaron y desarrollaron
San Agustín de Hipona (354-430), el teólogo inglés Duns Scoto (1274-1308) y
Santo Tomás de Aquino (1225-1274) influenciados por Platón y Aristóteles
respectivamente. Pero si todo tiene una
causa ¿porqué no la tendría también Dios?
(Esta pregunta no es inusual porque cuando le decimos a un niño que todo lo
que existe ha sido creado por Dios él nos puede preguntar a su vez: ¿y quién
creó a Dios?)
Bueno dirán algunos, porque Dios es Dios, si El
hubiera necesitado una causa anterior a El para existir entonces no sería
Dios, es decir, el Ser Supremo por excelencia que se basta a sí mismo para
existir. Sin embargo, esto último son sólo ideas, preconcepciones
determinadas de lo que creemos que es Dios, es decir, un ser personal y
creador de todo cuanto existe, esto es, la concepción monoteísta, pero ya
sabemos que hay otras más.
Pues si somos fieles al principio de causalidad
debemos aplicarlo, también a Dios. Claro está que al hacerlo iremos
ad infinitum,
a una regresión sin fin, en la cual Dios sería un ser impersonal y hasta
“creado”. Luego la pregunta “¿quién creó a Dios” sería válida. Pero si
decimos que El no necesitó ser creado ya que es un ser único y eterno,
podríamos obviar su existencia para explicar el origen del universo, de la
materia afirmando la eternidad de ésta, que no se crea ni se destruye, que
sólo se transforma.
Por lo tanto la hipótesis de Dios no nos sería necesaria para
explicar la realidad, la naturaleza (como diría el sabio francés P. Laplace
[1749-1827]).
El Argumento
Teleológico (de los Fines, del Orden o de la Revelación Natural)
Parte del orden, de la finalidad de todo el acontecer
de las cosas en el universo. Este argumento nos dice que en la naturaleza
hay leyes que rigen todos los sucesos que se han producido, se producen y se
producirán en ella, la pura casualidad o azar están por demás, no hay caos.
Así como hay un relojero (4) que hizo al reloj, aunque esto parezca una mera
antropomorfización de Dios, podemos deducir entonces, la presencia de un
ordenador, de un diseñador inteligente detrás de todo lo hermoso y
maravilloso cuanto hay. Antecedentes de este argumento los encontramos en
la Biblia:
“Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento
anuncia la obra de sus manos” (Salmos 19:1).
En la Edad Media este argumento es sistematizado por
Tomás de Aquino. Pero, ¿qué podemos decir al respecto?
El orden de la naturaleza (los ciclos de vida y
muerte, los cambios de estaciones, los movimientos planetarios y estelares,
etc.) tal como lo conocemos, ¿es el único orden posible? ¿o lo vemos así por
costumbre? Además tal orden y maravilla no siempre fueron tales según las
cosmologías pasadas y presentes sean mitológicas o científicas, podrían no
significar nada para un ciego o para alguien con deficiencias físicas o
mentales incapaz de percibirlas o comprenderlas.
Claro que se podría argüir que lo correcto sería la
percepción normal -sin deficiencias- de un sujeto sano, común y corriente
que captaría su entorno como realmente es, esto es, una naturaleza “ordenada
y perfecta”. Pero sabemos que en forma semejante a como aprendemos a hablar
un idioma o comportarnos de tal o cual manera, así también aprendemos a
captar e interpretar socialmente los fenómenos de la manera en que están
ordenados en la naturaleza (Por supuesto que para lograr todo esto es
necesaria la capacidad cerebral que ha desarrollado nuestra especie).
Ni hablar de lo imperfecta que es la criatura humana
capaz no sólo de crear sino de destruir en gran manera, aún la vida misma,
cosa que Dios mismo ya conocía, se supone, desde antes de la creación (es la
doctrina de la
predestinación
la cual se infiere de la omnisapiencia divina). La vida de los hombres puede
ser muy fructífera, dichosa o positiva como también desgraciada, miserable
o mórbida.
El Argumento Ontológico
(o del Ser)
Sostiene que se puede probar que hay un Dios
necesariamente por haber en el pensamiento humano cierto tipo de ideas como
la que hay un ser absolutamente perfecto y que por lo tanto con todas las
cualidades -incluida la de su existencia-. Este argumento es el más
conocido de los usados por Descartes y también por Leibniz. Sus antecedentes
se remontan a San Anselmo de Canterbury (1033-1109): Dios es el
“ser del que no se puede concebir ningún otro que sea más grande”.
Y como es el ser más grande posible debe de existir en la realidad pues si
no existiera no sería el más perfecto de todos.
Con Kant se empezó a objetar, sobre todo, que la idea de Dios nos da su
posibilidad mas no su cualidad.
Un menesteroso podría imaginar tener un millón de dólares en el banco pero
eso no prueba que los tenga aunque haya una posibilidad que sí en la
realidad (claro que hay gente que si tiene tal dinero y mucho más).
Si se demostrara la existencia de algo con sólo
pensarlo o decirlo existiría cualquier cosa (mundos paralelos infinitos en
el espacio y el tiempo, infinidad de seres espirituales en este mundo y en
otros, la inmortalidad del alma, los milagros, etc.) Como es el caso del
contenido extraordinario o sobrenatural de los dogmas religiosos expresados
en los libros sagrados que el creyente acepta porque tiene fe en la supuesta
autoridad divina de la fuente mas no en la evidencia racional.
El Argumento Moral (o
Utilitario)
Nos dice que para poder llevar a cabo el logro o la
perfección moral -esto es, para que la gente sea buena- es necesario que
tenga por fundamento la existencia de un Dios justiciero, sin la cual la
vida del hombre no tendría finalidad. Esto lo postuló Kant en su Crítica
de la Razón práctica.
Si hacemos de Dios la condición necesaria para la
práctica y fundamento de la moral, entonces podríamos concluir como el
literato ruso Dostoievski (1821-1881) que
“si no hay Dios todo está permitido”, el bien y demás virtudes
humanas no tendrían un valor absoluto y la existencia del hombre no tendría
un sentido final. Y así el relativismo y aun el nihilismo moral
prevalecerían
Pero ¿es necesariamente cierto eso? Ya en la
antigüedad Protágoras (481-411 a.C.) había dicho que
“el hombre es la medida de todas las cosas”, las personas podrían
tener una ética basada en lo que son ellas mismas -es decir, seres humanos-,
que tenga en cuenta qué les hace bien y qué las daña, un código moral que
permita su desarrollo y vivir plenos. En las épocas moderna y contemporánea
se han divulgado y fundamentado aún más estas ideas y valores humanistas
seculares en beneficio de nuestra especie. Ello ha permitido el valor y
respeto de la persona humana más allá del contenido de sus creencias y de la
cantidad de sus posesiones.
Además en la religión o filosofía budista primitiva se
propugnaba el logro de cierta moralidad independientemente de los dioses más
bien en base al propio esfuerzo personal e individual (es decir, siguiendo
“el noble camino óctuple” de la verdadera fe, de la aspiración, de la
palabra, de la acción, de la vida, del esfuerzo, del pensamiento y de la
concentración).
De otro lado, en la vida diaria sólo a una minoría de
los creyentes les interesa poner en práctica las normas éticas de sus
respectivas religiones en forma consecuente. Más bien la moral de la mayoría
religiosa se rige por lo que aprenden cotidianamente de la sociedad de la
que forman parte. Y en realidad la presión social, la convivencia con otros,
es mucho más fuerte generalmente en las gentes que las convicciones de fe.
Son esa presión social y la conciencia individual -y otros factores
inclusive de orden bioquímico- las que determinan en gran parte el cauce de
nuestra moralidad, nuestra conducta y accionar.
De modo semejante
el sentido de la vida
(humana) se plantea como estando fundamentado inevitable e
indispensablemente en (un) dios que de no haberlo haría que nuestra
existencia fuera fútil, trivial y vana al ser efímera y finita. Pero claro
está al no tener nosotros un comportamiento netamente instintivo las metas y
la finalidad de nuestra existencia las vamos adquiriendo conforme vivimos. A
pesar de que todo en esta vida es pasajero podemos aprovechar el
relativo poco tiempo que tenemos para traer menos dolor y miseria a este
mundo ya sea a través del arte, la ciencia, la filosofía, la política, la
filantropía o simplemente trabajando y luchando por subsistir o criando a
nuestros hijos.
El Argumento
Histórico-etnológico
La arqueología, la antropología, la historia y demás
ciencias conexas nos dan evidencias que en las culturas más primarias y
hasta en las civilizaciones más desarrolladas, hubo manifestaciones
religiosas. Es decir, objetos y ritos que sirvieron de medio o fines en sí
mismos para expresar veneración y adoración hacia lo sagrado, hacia la
divinidad o la misma vida y muerte.
Pero el que casi siempre los hombres hayan creído en
la existencia de dioses no significa que los haya, simplemente su creencia
puede estar basada en una interpretación falsa de la realidad. Por ello la
diversa y rica gama de dioses y diosas, de concepciones y formas de lo
divino. Inclusive dentro de una misma religión puede haber diversos matices
en cuanto al carácter y personalidad de Dios (Esto es muy evidente en el
cristianismo o en cualquier otra religión añeja y dividida en
sectas: para
algunos El sería sobre todo castigador, para otros sería más perdonador,
para unos sería un entrometido, para otros estaría más alejado).
Además el que los seres humanos puedan creer en los
dioses -y por ello tengan ritos y cultos- es un claro síntoma de su peculiar
naturaleza tanto biológica como psicológica y social la cual les ha
permitido crear cultura (religión, filosofía, ciencia, arte, etc.)
El Argumento de la
Revelación (Escrita)
La idea de que Dios se nos revela primordial y
básicamente en la naturaleza (revelación natural) es el fundamento de los
argumentos cosmológico y teleológico. Al parecer es más complicado el
aceptar la posibilidad de la existencia de Dios que negarla, pues al hacerlo
se nos presenta, como ya hemos visto, una serie de interrogantes cuyos
intentos de respuesta nos llevan a otras dudas. Por ello y como el hombre no
podría -según la posición religiosa- hallar las respuestas por su propia
cuenta es necesario, indispensable que Dios mismo se le manifieste a través
de sus enviados, de sus mensajeros (los fundadores de las religiones) que
han compilado por escrito su palabra en los llamados libros sagrados (aún
hoy aparecen nuevos profetas, encarnaciones divinas y escrituras sacras
supuestamente de influencia divina o sino de “origen extraterrestre” según
la ovnilogía neorreligiosa).
Sin embargo surge una cuestión vital: cada una de esas
revelaciones (divinas) se autoproclama como la verdadera y única (dogma de
fe) y por lo tanto, excluyente de las demás. Esto significa que si Ud. es
ahora, digamos, un musulmán practicante sólo aceptará a Alá como el único
Dios verdadero, a su palabra, el Corán y a su profeta Mahoma. En forma
parecida un cristiano sincero no aceptará otra revelación escrita que la
Biblia y a Jesús como el Hijo de Dios. Un judío ortodoxo sólo reconocerá
como conteniendo la voluntad del Señor (en hebreo Adonai) al Antiguo
Testamento (la Tanach) mas no a Jesús como el Ungido (el Mesías,
en griego el Cristo) de Dios. En cambio un típico hindú, no sólo
aceptará a Jesús como encarnación divina, sino también a Buda y Krishna
entre otros más.
Para los religiosos piadosos las revelaciones que no
son del canon de su propia fe serán falsas o a lo mucho tendrán un valor
secundario. Formal y lógicamente no puede haber dos verdades opuestas al
mismo tiempo ¡pero si dos falsedades! Los dogmas de las distintas religiones
se encuentran irreconciliablemente en pugna. Para zanjar esta cuestión se
podría aducir que sólo hay una verdad revelada, pero que ésta ha tenido
diferentes expresiones y matices dependiendo de las circunstancias de tiempo
y lugar (una especie de revelación “dialéctica” o relativista) de los
pueblos donde se dé. Esta actitud de apertura fue asumida por algunos
creyentes notorios tanto en oriente como en occidente (v.g. los
contemporáneos místicos hindúes Ramakrishna y Vivekananda), e inclusive es
el fundamento de una religión joven: la de los Baha’i (fundada por el árabe
Baha’ullah en el s. xix).
Los hebreos Moisés (s. xiii a.C.) y Jesús (s.
i de nuestra era), los hindúes Mahavira (599-527 a.C.), Buda (560-480 a.C.)
y Nanak (1469-1538 d.C.), el persa Zoroastro o Zaratustra (¿660?-583 a.C.),
los chinos Lao-Tsé (¿604?-531 a.C.) y Confucio (¿551?-479 a.C.), el árabe
Mahoma (570-632 d.C.) y todos los demás, serían enviados, mensajeros y
representantes del único Dios Verdadero. Todas las grandes religiones
contendrían una sola “verdad”, serían distintas en la forma mas no en el
fondo, en la esencia. Los fundadores de las grandes religiones, los maestros
de la humanidad tendrían una moral básica común pero con el paso del tiempo,
los hombres habrían distorsionado su mensaje dándole mayor importancia a lo
litúrgico y ritual, que es en lo que más se diferencian las religiones.
Lo importante, las enseñanzas morales, se resumiría en
la regla de oro: hagan a los demás lo que quieran que les hagan a ustedes
mismos, o en la de plata: no hagan a los demás lo que no quieren que les
hagan a ustedes mismos. Pero una vez más, la religión no sólo nos da una
ética también nos da una visión del mundo sobre la cual yace tal ética. Pero
si aquélla es secundaria y relativa, entonces ésta también lo sería. Y si
sólo importa lo ético entonces la creencia en tal o cual Dios, en este o en
aquel mesías no importa ya más: sólo nos quedaríamos con una moral secular
ateísta. Vemos entonces que la solución nos trae más problemas.
Ilustremos lo interior con un ejemplo cercano a
nosotros. Es dogma de fe en el cristianismo (católico o no) que Jesús es el
Hijo de Dios y que por lo tanto sus dichos y hechos (relatados en la Biblia)
son verdaderos. En uno de esos dichos él afirma: “Yo soy el camino, la
verdad, y la vida, nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 16:6)
y se nos dice que tuvo una muerte vicaria, es decir, que él murió como
representante nuestro en la cruz por nuestros pecados ya que Dios, al ser
justo, tenía de todas formas que castigar (“la paga del pecado es muerte”,
Romanos 6:23) a los pecadores (toda la humanidad caída: “no hay justo
ni aun uno”,
Salmos 14:3), pero como El también es misericordioso envió a su Hijo
para que ocupe el lugar de ellos (“Porque de tal manera amó Dios al mundo
que ha dado a su Hijo unigénito para que todo aquel que en El crea no se
pierda mas tenga vida eterna”, Juan 3:36).
¿Qué quiere decir todo esto? Si aceptamos la Biblia
como la Palabra de Dios, como la Verdad absoluta e inequívoca entonces sólo
y únicamente Jesús es el enviado de Dios y solamente a través de sus
enseñanzas y de la fe en lo que afirmó (el ser el Hijo de Dios) se puede
estar en lo correcto y ser “salvo” de una postrera condenación pues sólo él
murió por los pecados de los hombres. Entonces de acuerdo a esta
interpretación literalista y fundamentalista, clásica y tradicional de
Jesús, los no cristianos, los
ateos, los paganos, los musulmanes, los
hindúes, etc. necesitan ser salvados por el Mesías cristiano (por eso deben
saber, oír de él, a través de las misiones religiosas y/o de conquista).
Empero, claro está, si uno adopta una interpretación
más libre, relajada y relativa cualquier cosa es posible: como el que todas
las religiones y sus revelaciones no tengan un origen divino sino más bien
terráqueo tan sólo. Es menos dificultoso y complicado partir de esta
interpretación: los seres pertenecientes al género humano, en interrelación
con su realidad (natural) y entre ellos mismos (mundo social), han sido
capaces de razonar de formular preceptos, de darse cuenta de lo que les
conviene para vivir mejor y para esto no necesitaron de algún dios.
El elemento teístico se originó -de acuerdo con tal
interpretación- en el temor producto de la ignorancia que confundió lo
meramente natural con lo sobrenatural. Los preceptos morales reforzaron su
autoridad al otorgárseles una génesis divina o mágica. La similitud en
cuanto a tal moral común en las diversas religiones podría explicarse tan
sólo por la sabiduría popular. Es decir situaciones semejantes comunes y
corrientes a todos los humanos -en cuanto a la descendencia, al sexo, a las
actividades económicas, la observación de la naturaleza, las enfermedades,
la muerte, etc.- podrían ocasionar dichos o enseñanzas morales parecidos. Es
más hay otros elementos productos de la creatividad humana que se parecen
entre sí -sea en el arte o en la ciencia- en culturas diferentes y alejadas
en el tiempo y el espacio (por ejemplo las monumentales pirámides
existentes en México como en Egipto, las cruces de Asia Menor y las de
América prehispánica, los calendarios astronómicos, el valor de ¶ [Pi],
etc.)
Sin embargo, aparte de todo eso se podría aducir que
en los libros sagrados habría información (correcta) imposible de ser
conocida por los hombres de la época en la cual se escribieron lo que
apoyaría el origen sobrenatural de tales fuentes. Se cita al respecto en
relación a la Biblia, por ej., Isaías 40:27 donde se afirma que la
tierra es como un círculo (lo que implica redondez) o Job 26:7:
“la tierra cuelga de la nada”. ¿Eso nos haría pensar que fue una
revelación de Dios lo que influenció en la mente de los autores? Ya algunos
antiguos astrónomos griegos sabían que la tierra era redonda e incluso
intentaron medir su circunferencia (e.g. Eratóstenes [276-194 a.C.]). Eso
nos dice mucho de la gran capacidad humana para la observación y el
raciocinio y no de revelaciones divinas. Para poder ver la sombra de la
tierra en la luna durante un eclipse o que los navíos se pierden poco a poco
en el horizonte e interpretar todo esto como que la tierra es redonda no se
requiere de una fuerza sobrenatural.
Como tampoco es nada del otro mundo leer en los Vedas
(hindúes) que nuestro cosmos (actual) está en una de sus tantas etapas, es
decir, fenecerá y volverá a nacer -semejantemente a como le sucede a un seer
vivo-, o el precepto de la veneración a las va-cas, debido a su gran
utilidad en la agricultura o en la alimentación. Igualmente encontramos
muchos consejos dietéticos e higiénicos en los libros de Moisés. El tratar
de dar origen sobrehumano a la inventiva y a la sabiduría del hombre nos
podría llevar a aventurar-nos, incluso, en la hipótesis de influencia
extraterrestre inteligente en el rumbo de la evolución humana. Así
estaríamos subestimando las capacidades peculiares de nuestros congéneres de
antes y ahora, como las de los de aquí y acuyá.
También se menciona como señal de revelación divina
las profecías: ¿cómo pudieron simples seres humanos pronosticar
acontecimientos futuros incluso con cientos de años de anticipación? Por
ejemplo, se dice que Jesús es el Mesías proclamado del Antiguo Testamento
ya desde las primeras partes del Génesis. Y de acuerdo a la interpretación
tradicional cristiana todas las profecías contenidas allí fueron cumplidas
en la época del nuevo.
Se podría contestar a esto aduciendo que los pasajes
de la vida de Jesús (de ser ciertos) se interpretan como cumpliendo los del
Antiguo Testamento. Como la Biblia está llena de metáforas y de símbolos
ello permitiría una interpretación o hermenéutica interesada que se
acomodara ante cualquier pasaje (los judíos llaman a esto midrash).
Por eso la religión judía no considera a Jesús como su Mesías prometido (a
propósito, en muchas culturas podemos hallar relatos sobre esperados futuros
salvadores y redentores, pasados diluvios, épocas paradisíacas pretéritas o
postreras y, claro está, el fin del mundo).
Los libros supuestamente sagrados no resistirían un análisis serio
(científico).
No nos estamos refiriendo a las descripciones geográficas o meramente
históricas. Nos estamos refiriendo a lo que puede tener de divina la
revelación o el mensaje. En relación a esto podemos encontrar muchas y
grandes contradicciones (por ej., tenemos al Jehová vengador, apasionado y
doliente del antiguo pacto frente al amoroso y comprensivo del nuevo, aunque
no del todo, esto nos habla de la evolución histórico-cultural del pueblo
judío).
Los creyentes literalistas dirían, en cambio, que hay
misterios incomprensibles para los hombres, así se resolverían todas las
cosas difíciles o débiles de las escrituras que, como vemos, no son
perfectas sino que son como los hombres: cambiantes y falibles. ¿Y qué de
las profecías no sagradas como las del médico francés Michel de Nostradamus
(1503-1566)? Supongamos que sean verdaderas. Tales escritos nos llevarían a
pensar que existirían capacidades humanas aún no conocidas y estudiadas
plenamente (que correspondería al campo de la llamada Parapsicología) y que
las profecías no probarían la existencia del Ser Supremo.
El Argumento de la
Experiencia Místico-religiosa
En general las personas predominantemente religiosas
manifiestan un “sentimiento inefable” producido por la presencia divina en
sus “corazones” ,”almas”, mentes y -¿por qué no?- también en sus cuerpos.
Podríamos tratar de caracterizar tal éxtasis como una emoción de “profunda”
paz y tranquilidad, de unidad con el mundo y los seres que habitan en él y
que, aparentemente, no se obtendría más que por medio de una relación
singular, única con lo Trascendente.
Pero en realidad la “experiencia mística” también la
han vivido otro tipo de gente como algunos exploradores, descubridores e
inventores, los innovadores artísticos e inclusive gente común y corriente
en actividades tan mundanas como el enamoramiento o el coito sexual sin ser
religiosos en grado sumo, por supuesto, o simplemente cuando no hacían nada
en particular. Además semejantes sentimientos pueden ser obtenidos
artificialmente alterando nuestras percepciones, por medio de drogas o de
estimulación eléctrica dirigida al cerebro o simplemente en un estado de
profunda relajación. Todos estos contra-ejemplos nos permiten deducir que la
experiencia místico-religiosa no es producto de cierta presencia de origen
sobrenatural, suprahumano o divino.
Por otro lado se habla no pocas veces de una
transformación “milagrosamente” dramática de la personalidad, valores y
accionar de cierta gente dedicada al robo, la mentira, la prostitución o
adicta al alcohol, el tabaco o algún otro estupefaciente o que meramente era
muy egoísta o iracunda hasta antes de convertirse a alguna religión (en
jerga de algunas
sectas
fundamentalistas cristianas “el nuevo nacimiento”).
Pero la verdad es que casos así también los podemos
encontrar en personas que han sufrido un grave accidente o enfermedad o
pérdida familiar o amical, o que han cambiado gracias a la buena influencia
de alguien (por ejemplo una gran amistad o un ser muy amado) o de algo (como
un libro o una película) o que simplemente se han aburrido y hastiado de su
vicio o que han tomado conciencia de las consecuencias negativas de su
práctica. Todo ello nos evidencia el origen terrenal de las transformaciones
personales (Lo contrario también se da: gente buena y pacífica que debido a
ciertas frustraciones e injusticias puede tornarse malévola y violenta).
Agreguemos que a los místicos o santos se les atribuye
la capacidad de realizar milagros, es decir, portentos
extraordinarios que desafían las leyes de la naturaleza como levitar, estar
en dos lugares a la vez, curar enfermos o inclusive volver a la vida a
algunos.
Ciertamente cualquier cosa fuera de lo común puede ser
tomada por milagrosa. En las llamadas culturas primitivas por ejemplo serían
portentos celestiales un avión, una linterna, una radio o una televisión así
como enviados divinos -o los mismos dioses- gente foranea con una tecnología
más avanzada que la suya. Es de-cir lo desconocido puede interpretarse como
de origen sobrehumano. Así también morir muy joven o de una simple infección
no era raro antiguamente pero el superar eso ahora por medio de los avances
médicos no nos lleva a pensar en la providencia divina ni tampoco el hecho
de que muchas veces los reportes de sucesos extraordinarios tengan una
explicación natural y racional y que de hecho son simplemente
interpretaciones interesadas de la realidad.
Sin embargo ¿cómo explicar las llamadas curaciones o
sanaciones por fe o por medio de la imposición de manos? Ellas no son
exclusivas de los cristianos ni de los primitivos y en verdad la mayoría
(cuando no son fraudes) son meras regresiones o curas aparentes del mal que
padece el enfermo o en el mejor de los casos activaciones de su
psicosomatismo, esto es de la influencia innegable de nuestra mente y estado
de ánimo en nuestra salud física. Finalmente los partidarios de la
parapsicología hablan de cierto tipo de energía humana especial que entraría
en acción en la cura de enfermedades por medio de la imposición de manos y
sin la intervención divina.
F)
Argumentos en favor de
la fe inteligente
Por James Martin
Para LA NACION
Un argumento cada vez más habitual en contra de la religión es
señalar lo irracional que es. Autores como Richard Dawkins ( La
ilusión de Dios ), Sam Harris ( El final de la fe ) y
Christopher Hitchens ( Dios no es grande ) afirman que la
esencia irracional de la religión lleva a la gente a realizar cosas
estúpidas, peligrosas y hasta violentas.
Admitámoslo: al menos parcialmente están en lo cierto. Muchas personas
visiblemente religiosas han hecho cosas espantosas en nombre de la religión
y, más importante aún, debido a sus creencias religiosas. En esa larga lista
de abusos se puede incluir a la Inquisición, los juicios a las brujas de
Salem, los ataques a clínicas abortistas.
Sin embargo, al escuchar a estos críticos de la religión, uno pensaría
que eso es todo lo que la religión hace y que creer en Dios necesariamente
significa ser estúpido, ignorante o mentalmente cerrado. Pero ignorar el
simple hecho de que la religión es una de las bases del conocimiento moderno
es en sí mismo, justamente, estúpido, ignorante y mentalmente cerrado.
Por un lado, decir que ser religioso significa ser estúpido es ignorar a
algunas personas muy inteligentes que también fueron creyentes. Reinhold
Niebuhr, el teólogo protestante que escribió extensamente sobre temas
sociales y políticos; Abraham Joshua Heschel, el estudioso judío y activista
de derechos humanos; Dorothy Day, fundadora del movimiento católico de
trabajadores e inveterada escritora, fueron personas profundamente pensantes
y cultas para quienes creer era una parte fundamental en sus vidas. Decir a
alguien que los haya conocido que eran estúpidos seguramente los haría
reírse.
Sus vidas encarnan la visión de San Anselmo de Canterbury, que en el
siglo XI definió a la teología como "fides quaerens intellectum", es decir,
la fe en busca de la comprensión.
Por otro lado, la iglesia cristiana es ampliamente responsable de gran
parte de la tradición erudita del mundo occidental. Como lo sabe la mayoría
de los estudiantes secundarios, uno de los lugares brillantes de la así
llamada Edad Oscura fueron los florecientes monasterios donde los monjes se
dedicaron a resguardar y mantener viva la tradición cultural griega y
romanas sin lo cual el Renacimiento nunca hubiera existido. La Iglesia es
también responsable de muchas de las más antiguas y distinguidas
universidades de Europa.
En Estados Unidos, alrededor de 400 instituciones de altos estudios son
dirigidas por órdenes religiosas, diócesis y otros grupos afines. Sin
mencionar la extensa cadena de escuelas primarias, medias y secundarias que
educaron a grandes oleadas de inmigrantes y continúan educando a miles de
niños de todas las creencias, particularmente en la ciudad.
El corazón del argumento ateo sobre la irracionalidad de la religión es
que es tonto creer en algo que no puede ser demostrado. Por supuesto, no ha
habido nunca una "prueba" racional satisfactoria para la existencia de Dios.
Santo Tomás de Aquino dio al mundo cinco razones diferentes, pero el hecho
de que todavía haya tantos
ateos
demuestra que no funcionaron.
Pero el problema con el argumento ateo es su premisa. ¿Por qué deberíamos
creer que lo que nuestra razón no puede comprender, no existe? Parece
arrogante. Que nuestra mente no pueda "comprender" a Dios, para utilizar las
palabras de Aristóteles, o que no haya una explicación racional para el
sufrimiento, no significa que Dios no exista. Además, en la experiencia
personal, no racional, es decir, en las emociones, intuiciones, deseos,
anhelos y paz interior, hay muchas "pruebas" de Dios. Tampoco se puede
demostrar el amor; sin embargo, existe.
Por eso, la próxima vez que alguien les diga que ser religioso significa
no tener cerebro, recuérdenles el papel fundamental de la religión en el
conocimiento occidental. Recuérdenles que la misma lógica que ellos atesoran
no existiría si no fuera por los monjes medievales. O recuérdenles que la
teología es fides quaerens intellectum (la fe en busca del
entendimiento). Al menos parecerá inteligente por saber algo de latín.
El autor es un sacerdote jesuita. Su último libro es A Jesuit
Off-Broadway: Center Stage with Jesus, Judas and Life’s Big Questions
G)
Cienciología
Tom Cruise, guapo actor, al que imagino muy atractivo para las mujeres y
maricones, se ha mostrado como un propagador muy eficaz de la
Cienciología, sobre la que quiero mostrar aquí algunas aportaciones:
Cienciólogo Fundador
Habla sobre Dianética y Scientology
En
todo el mundo Dianética y Scientology han sido una parte creciente
de la sociedad durante más de medio siglo. Durante ese tiempo
Scientology ha crecido desde una única iglesia a una religión
mundial con organizaciones en más de 133 países.
A continuación están las observaciones de
cuatro cienciólogos que personalmente han sido testigos de la
notable expansión de Dianética y Scientology. Andy Bagley, Ken
Barrett, Ken Eckersley y Dotti Livengood conocieron Dianética en
1950 y en todos estos años no sólo observaron el crecimiento de la
religión de Scientology, sino que ayudaron a conseguirlo.
Y aunque cada uno tiene una perspectiva
diferente en los principios de Dianética y Scientology, todos
comparten un punto de vista común con respecto a la funcionalidad de
la tecnología desarrollada por el Sr. L. Ronald Hubbard.
En 1950 esa tecnología era nueva, excitante, notable y un suceso
inesperado que hacía de los milagros un hecho cotidiano.
Y en medio siglo, nada ha cambiado. Hoy, estos
cienciólogos fundadores, como millones de personas por todo el
mundo, continúan atestiguando la funcionalidad de la tecnología del
Sr. L. Ronald Hubbard y los milagros que Dianética y
Scientology producen a diario.
Advertencia: Dianética y Cienciología son marcas registradas y aquí se
las menciona exclusivamente con fines informativos y de difusión. El
Grupo Elron es una organización independiente sin fines de lucro,
políticos o religiosos, y la distribución del material es totalmente
gratuita. Para información sobre marcas registradas:
http://www.scientology.org/en_US/feature/legal/trademark.html
El lavado de cerebro es un mito. El cerebro no se puede lavar, pero sí
destruir con electrochoques o psicocirugía, como hace la Psiquiatría. Cuando
el gobierno de Estados Unidos, alertados por Ron Hubbard, comenzó a
reducirle las subvenciones a los psiquiatras, éstos buscaron protegerse
difundiendo falsamente que Cienciología lavaba el cerebro. Incluso llegaron
al extremo de enviar a la organización, para demostrar que la técnica no
funcionaba, a pacientes a quienes previamente les habían aplicado
electrochoques. Esto es lo que no sabe el publico que ingenuamente le hace
el juego a la Psiquiatría (que gana muy bien achicharrando cerebros).
L. RONALD HUBBARD
Quienes conocen su obra y se han beneficiado con su tecnología lo
consideran con justicia uno de los más grandes benefactores que ha dado la
humanidad. Actualmente se encuentra en el 5º nivel espiritual, que es el más
alto al que un espíritu puede acceder, y es uno de los más activos
colaboradores de la Jerarquía Planetaria. Junto con Johnakan Ur-el es el
principal guía espiritual del Grupo Elron.
El 8 de octubre de 1993,
decenas de miles de cienciólogos de todas partes del mundo se
reunieron para escuchar la histórica noticia: el gobierno de Estados
Unidos había otorgado pleno reconocimiento a las instituciones de
Cienciología, declarando que estaban "organizadas exclusivamente con
propósitos espirituales y caritativos". ¿Alguien puede pensar que
Cienciología le lavó el cerebro al gobierno de los Estados Unidos?
Desde 1975, el programa Educación
Viva ha dado a conocer la tecnología de estudio desarrollada por L.
Ronald Hubbard a más de 20.000 profesores en el sur de África.
¿Alguien puede pensar que Cienciología les lavó a todos el cerebro?
JOHN TRAVOLTA
Defiende a ultranza a Ron Hubbard, atribuyéndole el éxito en su
profesión y en su vida. ¿Alguien puede pensar que Cienciología le lavó el
cerebro?
TOM CRUISE
Lo mismo que John Travolta considera que sus éxitos se deben a la
tecnología desarrollada por Ron Hubbard. ¿Alguien puede pensar que
Cienciología le lavó el cerebro?
Diariamente miles de personas en todo el mundo estudian la tecnología
de Ron Hubbard para mejorar sus vidas. ¿Alguien puede pensar que
Cienciología les está lavando el ceerebro?
Ya sea que estés sufriendo de preocupaciones, pena o miedo, estés
trastornado, o simplemente quieras hablar con alguien, siempre los
cienciólogos están listos para escuchar, comprender y proporcionar ayuda
práctica. ¿Alguién puede pensar que estas personas ayudan al prójimo porque
Cienciología les lavó el cerebro?
Para colaborar pulsa aquí
Se ofrece esclavo a buen precio... mejor aún, gratis...
Si alguien consiguiera demostrarme
la existencia de Dios , de un Dios parecido al de las religiones
monoteístas, me haría el hombre más feliz del universo. Y yo, a cambio de
esta felicidad, en agradecimiento, me convertiría en su esclavo. Daría mi
vida por él y por él, yo ...: humillado y servil cual buen esclavo, me
encantaría complacerle y obedecerle en todos cuantos caprichos o
arbitrariedades se le antojara mandarme . O humillarme.
¿ Es Dios un hijo de puta ? Una muestra más de
la incongruencias de lo que predica la Iglesia católica : incongruencias que no
demuestran que Dios no existe pero sí que hay algo que no encaja.
Supongamos un pederasta que durante toda su
larga vida viola niños pequeños, roba, estafa, un perfecto sinvergüenza: se ríe
de las personas y se aprovecha de ellas, pues para él no alcanzan la categoría
de ratas; sin embargo, instantes antes de morir se confiesa ante un cura y el
temor a la muerte le hace arrepentirse de sus pecados.
En cambio, otro hombre cumple naturalmente con
los mandamientos de la Iglesia, no porque crea en ella, sino por propio impulso
natural. Si bien no creo que esto sea posible,
tal como afirmo
en varias partes de esta web,
supongamos que así hubiera actuado a lo largo de toda su vida. Pero
quince minutos antes de morir se siente solo, recuerda a una chica que conoció
hace muchos años y se masturba durante cinco minutos mientras la recuerda.
Pregunta: ¿ el primer hombre irá al Cielo y el
segundo al Infierno durante toda la eternidad, es decir, durante trillones,
trillones y trillones de años, el uno por una falta cometida en unos minutos y
al otro a cambio de una cobarde confesión se le perdonarán los abusos cometidos
a lo largo de toda su vida ?
¿ Tan mal quieren a Dios para imaginarlo tan
hijo de puta, o Hijo de puta?