Aunque me siento
reconfortado por la respuesta del Defensor del Pueblo. Pero principalmente
por la del Presidente del Gobierno en particular y en general del
Gabinete de la Presidencia pues entiendo que me dan la razón.
Aunque me siento
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Aunque me siento
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Entrevista de Eduardo
Mazo a Manuel Sánchez Montalbán
- ¿Por qué corrompe siempre el
poder?
- Porque convoca el triste riesgo de
ser más que nadie.
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Pruebas de la existencia de Dios
Sectas, Bus Ateo, Ateos.- ¿ Existe Dios? Argumentos
A)
Santo
Tomás
Pruebas a posteriori
para la demostración de la existencia de Dios
Argumentos que parten de los
efectos de Dios en el mundo para demostrar su existencia.
Santo Tomás
consideró que el argumento puramente racional que intenta llegar a
la existencia de Dios a partir de la comprensión de la noción de
Dios (argumento ontológico, a veces llamado
“a priori”)
no era adecuado pues no se corresponde con las facultades
cognoscitivas humanas. Este filósofo opina que la ciencia debe
partir de lo que es más cognoscible para nosotros a lo que es menos
cognoscible, aunque en sí mismo sea más inteligible o racional. Dado
que el mundo que se ofrece a los sentidos es más cognoscible para
nosotros que las realidades puramente inteligibles, debemos partir
de ese mundo si queremos demostrar la existencia de Dios. El punto
de partida de Santo Tomás es razonable: si Dios ha creado al mundo
ha tenido que dejar en él alguna huella o sello particular, del
mismo modo que la obra de un artista manifiesta de algún modo las
peculiaridades de su autor. Ya San Pablo había sugerido que Dios se
manifestaba en el mundo y que podíamos fijarnos en éste para llegar
a su existencia.
Las pruebas de Tomás de Aquino (las Cinco
Vías) son
demostraciones a posteriori:
parten de los efectos de la actuación de Dios en el mundo para
remontarse a Él como causa última. Es verdad que no nos permitirán
un exhaustivo conocimiento de su esencia –imposible dada la
limitación de nuestra naturaleza– pero sí suficiente como para
mantener racionalmente la existencia de Dios.
LAS CINCO
VÍAS
Punto de
partida
Por el
movimiento
Por la
subordinación de las causas eficientes
Por la
contingencia de los seres
Por los grados
en las perfecciones de los seres
Por el orden
del universo y la finalidad interna de los seres naturales
los sentidos nos muestran que
en el mundo hay cosas que cambian
la experiencia muestra que en
el mundo sensible hay causas eficientes
encontramos que las cosas
pueden existir o no existir (son contingentes)
en la naturaleza hay una
jerarquía de valores o perfecciones
hay cosas que no tienen
conocimiento y sin embargo obran por un fin
Principio metafísico
todo lo que se mueve es movido
por otro
no hay nada que sea causa de
sí mismo
los seres contingentes no
tienen el principio de su existencia en sí mismos
lo perfecto no puede tener su
origen en lo imperfecto sino sólo en algo aún más perfecto
los cosas que carecen de
conocimiento solo puede tender a un fin si alguien que
entiende las dirige
Imposibilidad de las series
hasta el infinito
en la serie de motores no se
puede seguir indefinidamente
en las causas eficientes no es
posible proceder indefinidamente
no es posible la serie
indefinida de seres relativamente necesarios
Término
Debe haber un Primer Motor no
movido por nadie
Debe existir una Causa
Eficiente Primera
Debe existir un Ser
absolutamente Necesario
Debe existir un Ser
Perfectísimo
Debe existir un Ser
Inteligente que dirija a todas las cosas naturales
Conclusión
DIOS EXISTE
Introducción
Vivimos en un mundo marcado
por la cultura de muerte. Las constantes manifestaciones de
rupturas con uno mismo como soledad, tristeza, sin sentido,
búsquedas desenfrenadas de falsas seguridades; las rupturas
con los demás traducidas en violencia, delincuencia,
terrorismo, guerras, entre otras; no tienen otra causa que
la ruptura fontal con Aquel que nos creó y nos conoce
plenamente, Dios mismo. El anhelo de infinito que cada
hombre experimenta en lo más profundo de su corazón se ve
traicionado al cerrarle la puerta al Único que puede saciar
esa nostalgia de eternidad.
En la historia de la
humanidad siempre han estado aquellos que niegan
explícitamente a Dios, los denominados
ateos; otros que
crean dioses a sus medidas trayendo como consecuencia
visiones reducidas de Dios, como por ejemplo: los deístas,
los panteístas, los idealistas kantianos, etc.
En nuestros días percibimos
-por el avance del secularismo- la ausencia de Dios en las
estructuras de nuestra sociedad, una sociedad que termina
poniendo a Dios "entre paréntesis", regida por un estribillo
cada vez más común: "si Dios no está en mi vida práctica y
no tengo como probar si existe o no existe, entonces no me
interesa".
Ante este panorama, los
católicos enfrentamos la urgencia de hacer una opción clara
y decidida por anunciar con sólidos argumentos que Dios sí
existe y está muy cerca de cada uno de nosotros.
El hombre puede llegar al
conocimiento de Dios de muchas maneras. Todas ellas
responden tanto a la capacidad natural de la inteligencia
humana de conocer la existencia de Dios, como a la
Revelación divina que nos ofrece de El un conocimiento
sobrenatural.
Por ello, seguidamente
señalaremos los principales postulados que nos permiten
afirmar que Dios existe, es real y es cercano.
Empezaremos con las cinco
vías que Santo Tomás de Aquino desarrolló hace más de 700
años para demostrar la existencia de Dios, desde un
conocimiento a posteriori, es decir una manera de
aproximarse a la realidad divina desde la experiencia
sensible, que va de lo conocido a lo desconocido, de lo
sensible a lo espiritual, de los efectos a la causa suprema.
Primera vía: Se funda en el movimiento
1) Es innegable, y consta a
nuestros sentidos, que hay cosas que se mueven, es decir,
que cambian. No se trata sólo del movimiento en sentido
físico (locomoción), sino en sentido metafísico, es decir,
como paso de la potencia al acto (cambios de una condición a
otra, de un ser a otro, etcétera).
2) Pues bien, todo lo que se
mueve, cambia, muda o transforma es movido por otro, ya que
nada se mueve más que cuando está en potencia respecto a
aquello para lo que se mueve. En cambio, mover requiere
estar en acto, ya que mover no es otra cosa que hacer pasar
algo de la potencia al acto, y esto no puede hacerlo más que
lo que está en acto. Por ejemplo, el fuego hace que un leño
-que está caliente sólo en potencia- pase a estar caliente
en acto. Pero no es posible que una misma cosa esté, a la
vez, en potencia y en acto respecto a lo mismo, sino en
orden a cosas diversas. Es imposible que una misma cosa sea,
por lo mismo y de la misma manera, motor y móvil, como
también lo es que se mueva a sí misma. Por consiguiente,
todo lo que se mueve es movido por otro.
3) Pero, si lo que mueve a
otro es, a su vez, movido, es necesario que lo mueva un
tercero, y a éste otro. Mas no se puede seguir
indefinidamente, porque así no habría un primer motor, y,
por consiguiente, no habría motor alguno, pues los motores
intermedios no mueven más que en virtud del movimiento que
reciben del primero, lo mismo que un bastón nada mueve si no
lo impulsa la mano.
Por
consiguiente, es necesario llegar a un primer motor que no
sea movido por nadie.
4) Este
primer motor que no es movido por nadie es el que todos
entienden por Dios. Luego Dios existe.
Segunda vía: Se basa en la causalidad eficiente
1) Nos consta por experiencia
que hay en el mundo sensible un orden determinado entre las
causas eficientes, pues están subordinadas esencialmente
entre sí para la producción de un efecto común.
2) Pero no se da, ni es
tampoco posible, que una cosa sea causa de sí misma, ni en
el orden del ser ni en el de la operación, pues en tal caso
habría de ser anterior a sí misma, y esto es imposible.
3) Ahora bien: esa serie de
causas eficientes, subordinadas esencialmente entre sí, no
se puede prolongar indefinidamente, porque siempre que hay
causas eficientes subordinadas, la primera es causa de la
intermedia, y ésta causa de la última. Cada una de estas
causas actúa por influjo de las causas que la preceden. Y
así tenemos que, suprimida una causa se suprime su efecto.
Por consiguiente, si no existiese una causa primera, tampoco
existiría la intermedia, ni la última. Si, pues, se
prolongase indefinidamente la serie de causas eficientes, no
habría causa eficiente primera y, por tanto, no habría
efecto último, ni causa eficiente intermedia, cosa falsa a
todas luces.
Por
consiguiente, es necesario que exista una causa eficiente
primera.
4) Esta causa
eficiente primera, que no es causada por ninguna otra, a la
que están subordinadas todas las demás causas; es decir,
esta causa eficiente incausada es llamada por todos Dios.
Luego Dios existe.
Tercera vía: Se fundamenta en la contingencia de los seres
1) Es evidente que hallamos
en la naturaleza seres que pueden existir o no existir, pues
vemos seres que vienen a la existencia por generación y
seres que se destruyen por corrupción; es decir, seres que
no tienen en sí mismos la razón de su existencia, sino que
están condicionados por otros seres, y, por tanto, hay
posibilidad de que existan y de que no existan. Estos seres
reciben el nombre de seres contingentes.
2) Ahora bien: es imposible
que los seres contingentes hayan existido siempre, ya que lo
que tiene la posibilidad de no ser, hubo un tiempo en que no
fue. Es decir, los seres contingentes, que tienen la
posibilidad de existir y de no existir, reciben la
existencia, no por sí mismos, sino por otro ser que ya
existe. Así, pues, los seres contingentes son, por esencia,
efecto, seres que piden causa, seres que alguna vez han
comenzado a existir causados por otro.
Pero, como ya se demostró
antes (segunda vía), es imposible y absurdo que haya una
serie infinita de seres contingentes, es decir, de causas
subordinadas, ya que es imposible que sólo existan efectos.
Por
consiguiente, los seres contingentes exigen la existencia de
un ser que no haya comenzado a existir; un ser no causado,
que exista por sí mismo; un ser que ha existido siempre. A
este ser se le llama ser necesario.
3) Pero el
ser necesario, o tiene la existencia por sí mismo, o la ha
recibido de otro ser necesario superior. En esta segunda
hipótesis, si el ser necesario ha recibido su existencia de
otro ser necesario superior, es imposible aceptar una serie
indefinida de seres necesarios. Es forzoso, por tanto,
admitir la existencia de un ser necesario que exista por sí
mismo y que no tenga fuera de sí la causa de su necesidad,
sino que sea causa de los demás seres.
4) A este
ser necesario, que no tiene la existencia recibida de otro,
sino que existe por sí mismo, en virtud de su propia
naturaleza, es al que todos llaman Dios. Luego Dios existe.
Cuarta vía: Considera los grados de perfección que hay en
los seres
1) Vemos en los seres que
unos son más o menos buenos, más o menos verdaderos y nobles
que otros; y lo mismo ocurre con las diversas cualidades.
Así, por ejemplo, nadie duda que el hombre es más perfecto
que el animal; el animal, más perfecto que el vegetal; y
éste más perfecto que el mineral. Lo propio se ha de decir
de la bondad, de la verdad, de la nobleza y de otras
perfecciones semejantes, las cuales están realizadas en
todos los seres según una diversidad de grados, en virtud de
la cual unos seres son más perfectos que otros.
2) Pero la diversidad de
grados que se da en esas perfecciones, es decir, las cosas
más o menos buenas, más o menos verdaderas, más o menos
bellas, etc., suponen la existencia de lo máximo; están
reclamando un ser óptimo, verdaderísimo, bellísimo, etc. En
otras palabras, esos grados dc perfección son algo causado
por otro, el cual, si posee esas perfecciones en grado
limitado, las tendrá, a su vez, causadas por otro.
3) Pero como es imposible
admitir una serie infinita de causas limitadas, causadas, en
este proceso de ascensión, llegamos a una primera causa en
donde todas esas perfecciones se encuentran en grado sumo y
en toda su plenitud. Por lo tanto, ha de existir algo que
sea verísimo, nobilísimo, bellísimo y óptimo, y por ello
ente o ser supremo, pues lo que es verdad máxima es máxima
entidad.
Ahora
bien: quien tiene una perfección pura en grado máximo, o por
esencia, es causa de esta perfección en todos aquellos que
la poseen en grado inferior, o por participación. Además, no
puede ser más que un único ser, una única perfección
subsistente en sí misma, una única perfección en toda su
plenitud y totalidad.
4) Por
consiguiente, existe algo que es para todas las cosas causa
de su ser, de su bondad, de su belleza y de todas sus
perfecciones, porque se trata del Ser sumo, de la Verdad
suma, de la suma Bondad; y a este ser todos lo llamamos
Dios. Luego Dios existe.
Quinta vía: Se toma del gobierno del mundo
1) Vemos que cosas que
carecen de conocimiento, como los cuerpos naturales, obran
por un fin, como se comprueba observando que siempre, o casi
siempre, obran de la misma manera para conseguir lo que más
les conviene, es decir, su plena evolución y desarrollo, o
la conservación de su especie, o el orden dinámico del
cosmos, etc., por lo que se comprende que no van a su fin
obrando al azar, sin rumbo ni orientación, sino
intencionadamente.
2) Ahora bien: los seres que
carecen de conocimiento no pueden tender a sus respectivos
fines si no los dirige un ser inteligente que conozca dicho
fin, a la manera como el arquero dirige la flecha.
3) Esta inteligencia
ordenadora no puede estar ordenada por una serie indefinida
de inteligencias, sino que es preciso llegar a un ser
inteligente supremo, que consiste en su mismo acto de
entender, un entender infinito, subsistente y único; es
decir, que es el origen y el fundamento de todas las demás
inteligencias que conocen y dirigen las cosas carentes de
conocimiento a sus propios fines.
4) Luego
existe un Ser inteligente supremo que dirige todas las cosas
naturales a sus respectivos fines, y a este Ser lo llamamos
Dios. Luego Dios existe.
La filosofía es el conocimiento de
todas las cosas por sus causas últimas, adquirido mediante la razón.
Todos los aspectos de la realidad pueden ser objeto de estudio
filosófico, ya que de todos ellos pueden buscarse las explicaciones más
profundas y radicales, aplicando el razonamiento a los datos
proporcionados por la experiencia. En cambio cada una de las ciencias
particulares estudia un aspecto concreto de la realidad, dejando fuera
de su consideración los demás, y se limita a la búsqueda de
explicaciones dentro de ámbitos restringidos.
La metafísica es la filosofía
entendida en su sentido más estricto, ya que estudia la realidad
buscando sus causas últimas de modo absoluto; se pregunta por lo más
íntimo de toda la realidad, o sea, por su ser, estudiando cuáles son las
causas que explican en último término el ser y los diversos modos de ser
de los entes.
Es necesario distinguir entre el
enfoque metafísico, que es común con las demás disciplinas filosóficas
(cosmología, antropología, ética, lógica, etc.), y los temas propios de
la metafísica. El enfoque metafísico consiste en el estudio de la
realidad a la luz de sus causas últimas. Los temas propios de la
metafísica abarcan las realidades que no dependen en su ser de la
materia. Las partes de la metafísica son las siguientes:
La ontología, que se ocupa del ser en cuanto ser
y de los modos y estructuras de los entes;
La gnoseología, que estudia el alcance del mismo
conocimiento metafísico y su relación con el ser;
La teología natural, que es la parte más elevada
de la metafísica.
La teología natural es la ciencia que
estudia a Dios como Ser Absoluto y Causa Primera de los entes en cuanto
es accesible a la razón natural. Se distingue de la teología
sobrenatural, que parte de la revelación divina sobrenatural.
A partir del ser de los entes
limitados la razón humana puede llegar al conocimiento de la existencia
de Dios, de algunos de sus atributos y algunas de sus relaciones con el
mundo y el hombre. Desde Leibnitz la teología natural se llama también
"teodicea", nombre mal escogido que etimológicamente significa
"justificación de Dios".
Un juicio es evidente (per se notum)
si es necesariamente verdadero en todo mundo posible (juicio per se)
y si además podemos comprender su verdad con sólo comprender sus
términos, sin necesidad de demostración. Esto ocurre por ejemplo si la
esencia del predicado está comprendida en la esencia del sujeto y si
además comprendemos inmediatamente las esencias del sujeto y del
predicado.
La proposición "Dios existe" es un
juicio per se porque, como veremos más adelante, la existencia de
Dios coincide con su esencia. Sin embargo dicha proposición no es
evidente (per se notum), porque no conocemos la esencia de Dios.
Esto se prueba sencillamente por la existencia de personas cuerdas que
son ateas. Por lo tanto necesitamos demostrar la existencia de Dios.
No obstante lo expresado hasta aquí,
existe en todo hombre un conocimiento implícito y no conceptual de la
existencia de Dios:
Todo hombre conoce la existencia de la verdad y
Dios mismo es la Verdad.
Todo hombre desea y conoce naturalmente la
felicidad y Dios mismo es la felicidad del hombre.
Sin embargo este modo de conocimiento
es muy diferente del conocimiento explícito y conceptual. Es posible que
un hombre no reconozca a Dios como Verdad Primordial y Sumo Bien.
A la doctrina de la necesidad de una
demostración de la existencia de Dios se opone el "ontologismo", cuyo
representante principal fue Malebranche (1638-1715). Según Malebranche,
la inteligencia del hombre ve a Dios mismo y ve en Él todas las ideas de
las cosas finitas que conoce.
En nuestra condición presente debemos
elaborar una idea de Dios a partir de la experiencia. Esto es posible
porque existe en el hombre una luz natural distinta de la luz increada
de la que es una participación. "Disminuir la perfección de las
criaturas es disminuir la perfección del poder divino" (Tomás de
Aquino, Suma Contra Gentiles, 3, 69).
Demostrar una proposición es
establecer su verdad a partir de premisas ya conocidas.
Existen al menos dos clases de
demostraciones:
Las demostraciones a priori proceden del
conocimiento de la causa al conocimiento del efecto.
Las demostraciones a posteriori proceden
del conocimiento del efecto al conocimiento de la causa.
Puesto que Dios es el Ser incausado,
es imposible demostrar a priori su existencia. En cambio es
posible demostrarla a posteriori, puesto que conocemos por
experiencia los efectos de la obra creadora de Dios y podemos
remontarnos racionalmente de estos efectos a su Causa Primera. Esto es
así a pesar de que no conocemos positivamente la esencia divina, puesto
que, como veremos luego, la podemos conocer analógicamente a partir de
sus efectos. Dado que dichos efectos son finitos y Dios es infinito, no
podemos alcanzar así un conocimiento perfecto de Dios, pero sí demostrar
su existencia.
La verdad de la existencia de Dios no
es propiamente un artículo de fe, sino un preámbulo de la fe, que puede
ser conocido por la razón natural. La fe presupone el conocimiento
natural y lo perfecciona. No obstante, un ser humano particular puede
conocer esta verdad sólo por la fe (y por el conocimiento no reflejo).
A esta doctrina de la posibilidad de
una demostración de la existencia de Dios se opone la corriente
filosófica denominada "agnosticismo", cuyo representante principal fue
Immanuel Kant (1724-1804). Según Kant, el principio de causalidad es una
forma de la razón pura que está destinada a unificar la experiencia
posible y no puede ser aplicada legítimamente fuera de esta experiencia.
Por lo tanto este principio no nos permitiría llegar a Dios. Kant
considera la existencia de Dios como un postulado de la razón práctica.
Esta posición kantiana depende de su gnoseología y debe ser refutada en
este terreno. O bien la razón sólo puede conocer el "fenómeno" (la "cosa
en mí"), no el "noumeno" (la "cosa en sí"), y entonces no puede conocer
la verdad de lo real y debería caer del idealismo al escepticismo; o
bien la inteligencia es capaz de conocer la verdad absoluta de lo real
en todo el campo del ser (la tesis realista). La crítica kantiana
contiene además otros elementos que serán considerados oportunamente
(cf. numeral 2.6).
2.3. El argumento ontológico y su refutación.
Además de las demostraciones a
priori y a posteriori, existen las demostraciones a
simultaneo, que relacionan aspectos ontológicamente simultáneos de
una misma realidad.
La demostración a simultaneo
llamada por Kant "prueba ontológica" establece una identificación lógica
entre la esencia y la existencia de Dios y a partir de allí afirma la
existencia de Dios. Este argumento fue planteado primeramente por San
Anselmo de Canterbury (1033-1109) en el Proslogion y fue
defendido posteriormente por San Buenaventura, Descartes, Leibnitz y
Hegel, entre otros. Por otra parte, el mismo argumento fue refutado por
Santo Tomás de Aquino (Suma Teológica 1, 2, 1) y por Kant.
San Anselmo razona de la siguiente
manera:
Dios es el ser tal que nada mayor puede ser
concebido.
El ser tal que nada mayor puede ser concebido no
puede existir sólo en la inteligencia, puesto que en este caso
podría pensarse en otro que existiera también en la realidad y
entonces este segundo ser sería mayor que el primero.
Por lo tanto el ser tal que nada mayor puede ser
concebido existe en la inteligencia y en la realidad.
Santo Tomás refuta este argumento de
la siguiente manera: Incluso suponiendo que al pensar en Dios el hombre
entiende que la palabra "Dios" se refiere al ser tal que nada mayor
puede ser concebido, no se sigue necesariamente de ello que piense que
este ser existe realmente, sino sólo mentalmente. Argüir que este ser
debe existir también realmente es una petición de principio (es decir,
supone lo que habría que demostrar).
El argumento ontológico realiza un
paso ilegítimo de la existencia mental de Dios a su existencia real (del
orden lógico al orden ontológico). A partir de la idea de la esencia de
Dios sólo puede llegarse a la idea de la existencia de Dios, no a su
existencia misma. Para llegar al ser de Dios debemos partir del ser de
las cosas (del mundo y del hombre).
Las variantes de la prueba ontológica
aducidas por Descartes y Leibnitz son muy similares al razonamiento de
San Anselmo y pueden ser refutadas básicamente de la misma manera. Estos
argumentos no son concluyentes porque nuestro conocimiento de la esencia
de Dios es imperfecto; nuestra idea de Dios no puede igualar su objeto.
Un argumento diferente consiste en
considerar la idea de lo absoluto como un hecho que debe ser explicado.
Este argumento se parece al del "consenso universal" (cf. numeral
2.7.3).
Las pruebas clásicas de la existencia
de Dios son las "cinco vías" expuestas por Santo Tomás de Aquino
(1226-1274) en Suma Teológica 1, 2, 3. Son demostraciones a
posteriori, puesto que parten de datos experimentales (la existencia
de entes con propiedades que denotan dependencia causal). Kant las llamó
"pruebas cosmológicas", aunque son en realidad pruebas metafísicas,
basadas en el principio metafísico de causalidad: "Todo ente
contingente tiene una causa"(6).
Este principio depende del principio de razón de ser: "Todo lo que
existe tiene su razón de ser". Todo ente que no tiene en sí mismo su
razón de ser la tiene en otro ente (su causa).
Aunque Tomás sigue distintos
razonamientos en su exposición de cada una de las cinco vías, éstas
pueden ser reducidas a la siguiente estructura general:
Análisis metafísico del dato empírico.
Silogismo 1:
Mayor 1: Todo ente que tiene la propiedad P no
tiene en sí mismo su razón de ser.
Menor 1: Existe un ente S que tiene la
propiedad P.
Conclusión 1: El ente S no tiene en sí mismo
su razón de ser.
La menor 1 es evidente porque es
un dato empírico. La propiedad P que denota dependencia causal es
diferente en cada una de las vías (movimiento, dependencia causal,
contingencia, perfección limitada, sometimiento a leyes naturales).
La mayor 1 será demostrada más adelante para cada una de las vías.
Núcleo de la prueba.
Comienza con el siguiente par de
silogismos:
Silogismo 2:
Mayor 2: Todo ente que no tiene en sí mismo su
razón de ser tiene una causa.
Menor 2: El ente S no tiene en sí mismo su
razón de ser.
Conclusión 2: Existe el ente S' que es causa
de S.
Silogismo 3:
Mayor 3: Todo ente tiene en sí mismo su razón
de ser o no tiene en sí mismo su razón de ser.
Menor 3: Existe el ente S' que es causa de S.
Conclusión 3: El ente S' tiene en sí mismo su
razón de ser o no tiene en sí mismo su razón de ser.
La mayor 2 es evidente porque
es el principio metafísico de causalidad. La menor 2 es la
conclusión del silogismo anterior. La mayor 3 se deduce
inmediatamente del principio lógico de tercero excluido. La
menor 3 es la conclusión del silogismo anterior. La conclusión 3
ofrece dos alternativas:
Si S' tiene en sí mismo su razón de ser, hemos
hallado la causa incausada que estábamos buscando.
Si S' no tiene en sí mismo su razón de ser,
debemos volver a aplicar los silogismos 2 y 3, cambiando S por S' y
S' por S''.
La parte final del núcleo de
la prueba es la exclusión de una regresión infinita:
Si S' es causa de S y S'' es
causa de S' entonces, finalmente, la razón de ser de S es S'',
ya que, sin S'', S' no podría ser la razón de ser de S; S'' es
la razón de ser de la razón de ser de S.
No es posible que la sucesión
S', S'', S'''... de causas que no tienen en sí mismas su razón
de ser sea infinita, porque entonces finalmente ninguna de ellas
(ni el conjunto infinito formado por todas ellas) podría
fundamentar la razón de ser de S. El retroceso al infinito hace
retroceder indefinidamente el problema de cuál es la razón de
ser de S, pero sin resolverlo y, más aún, haciendo imposible su
resolución. Ahora bien, todo tiene una razón de ser. La
regresión debe detenerse en un ente D que tiene en sí mismo su
razón de ser y es el primer término de la sucesión de causas de
S (es su "causa primera"). Este ente es llamado "Dios".
Contra la posibilidad de una
sucesión infinita de causas puede aducirse también que en dicha
sucesión o bien hay elementos repetidos o bien no hay elementos
repetidos. Si los hay, se trata de una cadena circular compuesta
por una cantidad finita de entes. En este caso cada eslabón de
la cadena sería causa de sí mismo, lo cual es absurdo. Si no hay
elementos repetidos, se trata de una cadena lineal compuesta por
una cantidad infinita de entes actuales, lo cual es absurdo.
Análisis metafísico del Ser Incausado.
Silogismo 4:
Mayor 4: Todo ente que tiene en sí mismo su
razón de ser no tiene la propiedad P.
Menor 4: Existe el ente D que es causa primera
de S y tiene en sí mismo su razón de ser.
Conclusión 4: El ente D no tiene la propiedad
P.
La menor 4 es la conclusión
alcanzada en el núcleo de la prueba. La mayor 4 se demuestra por el
absurdo
(7). Supongamos que algún ente que tiene en sí mismo su razón de
ser tiene la propiedad P. Entonces a partir de la mayor 1 se deduce
que no tiene en sí mismo su razón de ser, lo cual contradice la
hipótesis.
Este análisis permite deducir uno
de los atributos divinos. Dios es tal que no admite la propiedad P
que denota dependencia causal.
Es importante subrayar que el
silogismo global de Santo Tomás es el siguiente:
Existe un ser que es Primer Motor, Causa Primera,
Ser Necesario, Ser Perfectísimo, Gobernador del Mundo, Simple,
Inmaterial, Personal, etc.
Ahora bien, un ser así, es lo que llamamos
"Dios".
Luego, Dios existe.
Por lo tanto, en rigor, la prueba
tomista de la existencia de Dios no termina en el artículo de las cinco
vías, puesto que sólo tras la deducción de los atributos de la Causa
Primera (cf. capítulo 3) se puede asegurar que aquello cuya existencia
se ha demostrado es el mismo ser que llamamos "Dios".
2.4.2. La primera vía.
La primera vía es llamada también
prueba por el movimiento o por las causas eficientes del devenir. Tiene
antecedentes en Aristóteles.
El punto de partida de esta vía es el
hecho del movimiento: Existen cosas que se mueven. El movimiento
considerado aquí no se identifica con el movimiento físico, sino que es
el movimiento metafísico (el paso de la potencia al acto), el cual
incluye todo tipo de cambios, sustanciales o accidentales.
Para poder aplicar el razonamiento
expuesto en el numeral 2.4.1 es necesario probar que todo ente que se
mueve no tiene en sí mismo su razón de ser. Esto es así porque el ser
móvil está en potencia con respecto a la realidad hacia la cual tiende;
debe recibirla de un ser que esté en acto con respecto a esa misma
realidad. Por lo tanto el ser móvil es contingente. Por el principio de
causalidad, el movimiento del ser móvil requiere una causa eficaz (un
motor): Todo ente que se mueve es movido por otro
(8).
El razonamiento seguido por Santo
Tomás es similar al expuesto en el numeral 2.4.1: El motor que mueve al
ser móvil puede ser inmóvil o móvil. Si es inmóvil, hemos hallado la
causa primera (incausada) del movimiento del ser móvil. Si es móvil,
entonces es movido por otro motor que puede ser a su vez inmóvil o
móvil. Pero es imposible remontarse al infinito en la sucesión de
motores móviles actualmente subordinados, porque en una sucesión
infinita todos los motores recibirían y transmitirían el movimiento,
pero ninguno de ellos (ni el conjunto formado por todos ellos) podría
explicarlo. Por consiguiente debe existir un primer motor inmóvil. Este
ser, que es acto puro, sin mezcla de potencia, es llamado "Dios".
Esta prueba no depende de una
cosmología caducada, porque no se sitúa en el plano científico, sino en
el plano metafísico.
Las cosas de nuestro mundo son entes
mutables, temporales. Son contingentes porque su ser actual no es
metafísicamente necesario. Por ello el Ser absoluto que los hace
posibles es inmutable y eterno.
Porque Dios es eterno, su acción se
ejerce en el instante presente en el cambio que en él se produce. La
acción del primer motor trasciende la acción de los motores segundos.
Dios no cambia por su acción; es independiente del mundo que cambia. Por
consiguiente, el estudio de la acción de Dios no pertenece a la ciencia,
sino a la metafísica.
2.4.3. La segunda vía.
La segunda vía es llamada también
prueba por la causación o por las causas eficientes del ser. Tiene
antecedentes en Aristóteles; posteriormente fue desarrollada por Duns
Escoto y Suárez.
El punto de partida de esta vía es el
hecho de la causación: Existen cosas que dependen de causas eficientes
actuales, tanto en su ser sustancial como en sus modos de ser
accidentales.
Para poder aplicar el razonamiento
expuesto en el numeral 2.4.1 es necesario probar que todo ente que
depende de una causa no tiene en sí mismo su razón de ser. Esto es así
por el principio metafísico de causalidad: Todo lo que no existe por sí
mismo existe por otro (su causa). Es imposible que una cosa sea la causa
eficiente de sí misma. Se puede demostrar que el ser causado es
contingente.
El razonamiento seguido por Santo
Tomás es igual al expuesto en el numeral 2.4.1: La causa del ser causado
puede ser incausada o causada. Si es incausada, hemos hallado la causa
primera (incausada) del ser causado en cuestión. Si es causada, entonces
es causada por otro ser que puede ser a su vez incausado o causado. Pero
es imposible remontarse al infinito en la sucesión de causas eficaces
actualmente subordinadas, porque en una sucesión infinita todas las
causas recibirían y transmitirían el ser, pero ninguna de ellas (ni el
conjunto formado por todas ellas) podría explicarlo. Por consiguiente
debe existir una causa primera incausada. Este ser, que es el Ser por
sí, es llamado "Dios".
Las cosas de nuestro mundo son entes
causados. Son contingentes porque son necesitados de una causa. Por ello
el Ser absoluto que los hace posibles es la Causa primera, el fundamento
incausado de todo lo relativo.
Dios obra en el presente sobre todas
las sucesiones de causas para conservar el ser de los efectos. Se sirve
de causas segundas y les da una actividad propia, pero sólo Él es la
causa principal de la existencia. La causa primera es trascendente y su
actividad es de orden metafísico.
2.4.4. La tercera vía.
La tercera vía es llamada también
prueba por la contingencia o por lo posible y lo necesario. Tiene
antecedentes en Platón, Avicena y Maimónides.
El punto de partida de esta vía es el
hecho de la contingencia: Existen cosas que son contingentes, es decir
que son pero pueden no ser. Los cambios sustanciales y accidentales son
signos de contingencia.
Para poder aplicar el razonamiento
expuesto en el numeral 2.4.1 es necesario probar que todo ente
contingente no tiene en sí mismo su razón de ser. Esto es así por el
principio metafísico de causalidad: Todo ente contingente tiene una
causa, que le da su razón de ser. El ser contingente es un ser
condicionado.
El razonamiento seguido por Santo
Tomás es parecido al expuesto en el numeral 2.4.1: La causa del ser
contingente puede ser necesaria o contingente. Si es necesaria, hemos
demostrado que hay algo necesario en lo real. Si es contingente,
entonces es causada por otro ser que puede ser a su vez necesario o
contingente. Pero es imposible remontarse al infinito en la sucesión de
causas contingentes, porque en una sucesión infinita todas las causas
recibirían y transmitirían el ser, pero ninguna de ellas (ni el conjunto
formado por todas ellas) podría explicarlo. Por consiguiente debe
existir un ser necesario. Santo Tomás no excluye la posibilidad teórica
de que existan seres necesarios causados. Por lo tanto el razonamiento
continúa así: El ser necesario hallado puede ser necesario por sí mismo
o por otro. Si es necesario por otro es causado. Excluyendo una
regresión infinita, se concluye que existe un ser necesario por sí
mismo, que es llamado "Dios".
Las cosas de nuestro mundo son entes
contingentes. Por ello el Ser absoluto que los hace posibles es
necesario; no tiene simplemente el ser en un grado contingente.
En los seres creados la existencia es
un efecto, que es propio de la causa universal. Dios obra en todas
partes para producir y conservar el ser contingente; la más pequeña
realidad es signo de su presencia.
2.4.5. La cuarta vía.
La cuarta vía es llamada también
prueba por los grados de perfección o por los grados de ser. Tiene
antecedentes en Platón, Plotino, San Agustín y San Anselmo;
posteriormente fue desarrollada por Leibnitz, Maréchal y Blondel.
El punto de partida de esta vía es el
hecho de los grados de perfección: Existen cosas con diferentes grados
de perfección. Se trata aquí de cualquiera de las perfecciones simples,
es decir aquellas que no están necesariamente mezcladas con
imperfecciones. Las perfecciones simples son de dos tipos:
Para poder aplicar el razonamiento
expuesto en el numeral 2.4.1 es necesario probar que todo ente de
perfección limitada no tiene en sí mismo su razón de ser. Esto es así
porque una perfección que existe por sí misma es ilimitada, pues no
podría ser el principio de su propia limitación. Por lo tanto el ser de
perfección limitada es dependiente, ha debido recibir su perfección de
otro (su causa).
Se podría aplicar aquí un razonamiento
parecido al expuesto en el numeral 2.4.1: La causa del ser de perfección
limitada es un ser de perfección ilimitada o limitada. Si es de
perfección ilimitada, hemos hallado la causa primera del ser de
perfección limitada. Si es de perfección limitada, entonces es causado
por otro ser que puede ser a su vez de perfección ilimitada o limitada.
Pero es imposible remontarse al infinito en la sucesión de causas de
perfección limitada, porque en una sucesión infinita todas las causas
recibirían y transmitirían esa perfección, pero ninguna de ellas (ni el
conjunto formado por todas ellas) podría explicarla. Por consiguiente
debe existir un ser de perfección ilimitada, que es llamado "Dios".
Las cosas de nuestro mundo son entes
ontológicamente finitos, en desarrollo, perfectibles. Son contingentes
porque no poseen toda la perfección. Por ello el Ser absoluto que los
hace posibles es infinito, absolutamente perfecto, no necesitado de
adquirir perfección.
La perfección infinita de la causa
primera es finita en sus efectos, pues queda limitada por la capacidad
de las esencias que la reciben. Hay una simple participación de las
criaturas en la perfección divina.
2.4.6. La quinta vía.
La quinta vía es llamada también
prueba por la finalidad o por el orden del mundo o por el gobierno del
mundo. Kant la llamó "prueba físico-teológica". Tiene antecedentes en
Anaxágoras, Platón y los estoicos.
El punto de partida de esta vía es el
hecho de las leyes naturales: Existen seres no inteligentes que obran en
vista de un fin. Las actividades naturales presentan una constancia en
la búsqueda del bien, lo cual denota una finalidad intencional.
A este hecho se podría oponer la
objeción de los desórdenes naturales. Esta objeción subraya que las
actividades naturales no realizan siempre el bien de los seres, sino
"las más de las veces", como reconoce Santo Tomás. El "desorden" de
la naturaleza es en realidad un orden limitado. El mal físico puede
encontrar su lugar dentro de este orden.
Para poder aplicar el razonamiento
expuesto en el numeral 2.4.1 es necesario probar que todo ente sometido
a leyes naturales no tiene en sí mismo su razón de ser. Esto es así
porque un ser carente de conocimiento que actúa en orden a un fin no se
ha dado a sí mismo la ordenación al fin sino que la ha recibido de otro
ser. Un orden intencional supone la acción de una inteligencia. Ni la
casualidad ni la necesidad pueden dar cuenta de este orden. Por lo tanto
el ser sometido a leyes naturales es dependiente, ha debido recibir sus
leyes naturales de otro ser (su causa), éste sí inteligente.
Se podría aplicar aquí un razonamiento
parecido al expuesto en el numeral 2.4.1: La causa del ser sometido a
leyes naturales es un ser inteligente, que existe por sí mismo o por
otro. Si existe por sí mismo, hemos hallado la causa primera del orden
del mundo. Si no existe por sí mismo, entonces es causado por otro ser
inteligente que a su vez puede existir por sí mismo o por otro. Pero es
imposible remontarse al infinito en la sucesión de inteligencias
ordenadoras que no existen por sí mismas, porque en una sucesión
infinita todas estas inteligencias recibirían y transmitirían el orden
natural, pero ninguna de ellas (ni el conjunto formado por todas ellas)
podría explicarlo. Por consiguiente debe existir una inteligencia
ordenadora que existe por sí misma, que es llamada "Dios".
Las cosas de nuestro mundo son entes
que operan según una ley natural. Son contingentes porque su contenido
ontológico finito las obliga a una determinada acción. Por ello el Ser
absoluto que los hace posibles crea libremente, no se apoya externamente
sobre una acción determinada.
Esta vía, desarrollada aquí a partir
de la causa eficaz, puede también ser desarrollada a partir de la causa
final. Dentro del marco de la quinta vía pueden encontrar una
fundamentación adecuada los argumentos basados en los conocimientos
científico-naturales acerca del orden y la evolución del cosmos y de los
seres vivientes
(9).
2.5. Las críticas a las pruebas clásicas.
Dado que las pruebas clásicas de la
existencia de Dios dependen del principio metafísico de causalidad, las
críticas a las mismas se han concentrado principalmente en dicho
principio.
Según el empirismo, cuyo representante
principal fue David Hume (1711-1776), la idea de una conexión entre la
causa y el efecto resulta de un simple hábito. La observación repetida
de un objeto seguido de otro produce en nosotros la noción de un vínculo
entre ambos; de modo que la aparición del primer objeto nos hace pensar
siempre en el segundo objeto. Esta doctrina de Hume depende de su teoría
del conocimiento, según la cual todo el poder creador del espíritu se
reduce a combinar, trasponer, acrecentar o disminuir los materiales que
nos proporcionan los sentidos y la experiencia. Al negar la
inteligencia, el empirismo desemboca en un verdadero escepticismo.
El idealismo de Kant, reaccionando
contra el empirismo de Hume, se esfuerza por restablecer el valor del
concepto de causalidad. Según Kant las nociones de causa y efecto no se
derivan de la experiencia sino que nacen de la razón pura. El principio
de causalidad se convierte así en un principio subjetivo, destinado a
unificar la experiencia posible, pero sin valor más allá de ella.
Según la teoría tomista, el principio
de causalidad tiene un valor ontológico y un valor trascendental:
Su valor ontológico queda garantizado por la
teoría de la abstracción: En la misma experiencia la inteligencia
descubre el ser universal y los primeros principios, abstrayendo las
ideas a partir de los objetos percibidos.
Su valor trascendental queda garantizado por la
teoría de la analogía: Los conceptos de ser, de causa y de fin se
aplican analógicamente a todos los diversos seres, incluso a Dios.
La otra gran objeción de Kant a las
pruebas cosmológicas de la existencia de Dios consiste en que según él
estas pruebas se reducen a la prueba ontológica, que puede ser refutada.
Sin embargo no es así: En las pruebas cosmológicas se pasa de la
existencia de seres contingentes a la existencia del ser necesario y de
allí a la existencia del ser perfectísimo. Todo el razonamiento se
mantiene en el plano existencial. En cambio en la prueba ontológica se
pasa de la idea del ser perfectísimo a la idea del ser necesario, de
ésta a la existencia del ser necesario (es el paso ilegítimo) y de allí
a la existencia del ser perfectísimo. Sólo el último paso es igual en
ambos argumentos.
2.6. Otras vías de acceso al conocimiento de Dios.
2.6.1. Los argumentos fundados en el
orden moral.
Kant llama "pruebas ético-teológicas"
a las pruebas de la existencia de Dios fundadas en el orden moral.
Después del giro antropocéntrico que representó la obra de Kant en la
historia de la filosofía, muchos filósofos han pasado a conceder más
importancia a esta clase de argumentos que a las pruebas cosmológicas.
Por ejemplo, para John Henry Newman (1801-1890) la prueba más importante
de la existencia de Dios es la que parte del hecho de la conciencia. Sin
embargo, para el propio Kant la existencia de Dios era un postulado de
la razón práctica, es decir una suposición sin fundamento racional que
le resultaba conveniente para fundamentar su filosofía moral. Un
postulado de esta clase no es en el fondo más que una opción arbitraria,
tan justificada como la opción contraria.
Plantearemos brevemente dos argumentos
fundados en el orden moral, uno basado en la obligación moral y otro
basado en la sanción moral.
El hombre se siente obligado de una
manera absoluta a hacer el bien y evitar el mal. Una obligación absoluta
implica la tendencia de la voluntad a un bien absoluto. Esta tendencia
no proviene de la libre elección del hombre sino de una necesidad
natural. Ahora bien, dicha necesidad natural proviene del Creador de
nuestra naturaleza. Dios mismo es el bien absoluto y, si crea seres
espirituales, necesariamente los obliga a tender hacia Sí mismo. Él es
el fundamento de la obligación moral.
El hombre que cumple su deber moral
debe alcanzar la felicidad. La exigencia de una sanción justa es también
absoluta. No podemos aceptar que nuestro destino esté finalmente
entregado a las contingencias natuurales o a una voluntad exterior
arbitraria. La existencia de Dios es la única garantía posible de la
sanción moral justa.
De acuerdo con la filosofía tomista,
los argumentos morales, en rigor, no son concluyentes, porque parten de
hechos de experiencia que pueden ser negados y que habría que justificar
ulteriormente.
De acuerdo con el enfoque
filosófico-trascendental, seguido entre otros por J. Maréchal, J. B.
Lotz y Karl Rahner (1904-1984), los argumentos morales tienen tanto
valor como los cosmológicos, en tanto todos ellos son desarrollos
diversos de la experiencia trascendental, única vía de acceso al
conocimiento de Dios.
2.6.2. El testimonio de los místicos.
Según Henri Bergson el misticismo es
el hecho principal que, coincidiendo con otras conclusiones de la
experiencia, permite alcanzar el conocimiento de Dios. Dios es
experimentado en una intuición cuyos sujetos privilegiados son los
místicos. El amor místico llega hasta la misma raíz de la realidad. Sin
embargo Bergson reconoce que la experiencia mística, dejada a sí misma,
no puede dar al filósofo la certeza definitiva de la existencia de Dios.
Es un hecho que algunas almas
privilegiadas nos declaran haber experimentado la presencia de Dios, no
simplemente por inferencia, sino a través de una especie de percepción
oscura.
Según el pensamiento tomista, este
testimonio puede corroborar nuestra adhesión a la existencia de Dios,
pero sólo tiene valor por referencia a la fe, no como argumento de
razón. Quien no cree buscará explicaciones naturales de las experiencias
de los místicos.
Según el enfoque
filosófico-trascendental, las experiencias místicas aquí aludidas no son
más que casos particulares de la experiencia trascendental, la cual es
en cierto sentido una experiencia de Dios (indirecta, implícita y
atemática), que se da en el hombre siempre y en todo lugar.
Estas dos corrientes filosóficas
coinciden en que, para dar razón de nuestra afirmación de la existencia
de Dios, no tenemos que recurrir a investigaciones especiales de alta
ciencia ni tampoco a vivencias extrañas. Nos basta por completo con
desarrollar metódicamente las referencias a Dios contenidas en la
experiencia cotidiana, accesible a todos los hombres.
2.6.3. El consenso universal.
La demostración de la existencia de
Dios denominada prueba por el consenso universal o por el consenso de
los pueblos se encuentra por ejemplo en la obra de Cicerón.
Se podría plantear de la siguiente
manera:
El punto de partida de la prueba es el hecho de
que la gran mayoría de la humanidad a lo largo de la historia y a lo
ancho del mundo, ha practicado o practica una religión.
Según el principio de finalidad, todo agente obra
en vista de un fin. De aquí se puede deducir que un deseo natural de
un ser racional no puede ser vano.
Aplicando este principio al hecho enunciado,
resulta que la religión natural no puede ser vana. De aquí se
concluye la existencia de la divinidad.
Según la filosofía tomista, este
argumento tiene sólo un valor de probabilidad, por las siguientes
razones
(10):
El hecho tomado como punto de partida no es
evidente. La humanidad actual incluye un porcentaje considerable de
personas ateas. Además no es fácil determinar el contenido común del
hipotético consenso universal.
Por otra parte tampoco es evidente que el
consenso religioso de los pueblos nos permita hablar de un deseo
natural de Dios. Se podría poner en duda que fuese un deseo natural
o que su objeto fuese el Dios único del monoteísmo. Podría
sostenerse que existe un deseo natural de la trascendencia, es decir
de una forma de existencia que vaya más allá de lo temporal y de la
muerte, de una cierta realidad que exista más allá de lo
condicionado y limitado de esta vida.
Sin embargo el "consenso de los
pueblos" es un indicio muy importante. Las diferentes convicciones
de los seres humanos acerca de la cuestión religiosa, en la medida
en que tienen un origen natural, se pueden explicar como desarrollos
reflexivos más o menos acertados de la experiencia de lo
condicionado (infiriendo la existencia de lo incondicionado por vía
de causalidad, según el tomismo) o bien de la experiencia no
conceptual de lo incondicionado (que es la condición de posibilidad
de la experiencia de lo condicionado, según el enfoque
filosófico-trascendental).
2.7. La fundamentación
filosófico-trascendental
(11).
Dentro de esta corriente
filosófica la forma cosmológica de las pruebas clásicas de la
existencia de Dios se transforma en una forma que parte del hombre.
La existencia de Dios se presenta aquí como la condición que hace
posible la vida humana consciente y libre. Con ello se pretende
lograr una mayor independencia de las imágenes del mundo
condicionadas por los conocimientos científicos del momento y poner
de relieve la importancia de Dios como fundamento que posibilita y
da sentido a la existencia humana. Según esta postura se debe
distinguir entre la experiencia atemática de este fundamento divino
y su desarrollo conceptual explícito.
Esta corriente de pensamiento no
coincide con el ontologismo, puesto que sostiene que no hay una
experiencia directa y explícita de Dios (a la manera de la
percepción de un objeto particular). Sin embargo a la vez sostiene
que la experiencia de lo incondicionado, que se da en la experiencia
atemática del ser, de la verdad, del valor, de la autoconciencia, de
la libertad, etc., es en cierto sentido una experiencia de Dios. El
conocimiento explícito de la existencia y de la esencia de Dios no
sería entonces nada más ni nada menos que el desarrollo conceptual
de esta experiencia trascendental. Este conocimiento explícito de
Dios, por la naturaleza misma del asunto, dependería de una decisión
personal que no puede forzarse
(12).
La experiencia trascendental se
puede captar reflejamente en un amplio conjunto de hechos
fundamentales. A modo de ejemplo indicaremos aquí el desarrollo
metódico de la referencia a Dios contenida en uno de esos hechos, el
del hombre en busca del sentido de la vida:
El obrar humano no es posible sin una
captación de sentido.
Propiamente sólo tiene sentido aquello que
apunta por encima de sí mismo.
Las actuaciones particulares del hombre sólo
tienen un sentido cuando su vida como un todo tiene a su vez
sentido.
El sentido de la vida entera no necesita de
ninguna fundamentación ulterior; es algo incondicional. Estamos
profundamente convencidos de la existencia de un sentido de la
vida.
Una orientación radical hacia algo no puede
carecer de objeto. En la medida en que un hombre, en cada uno de
sus actos, supone y afirma un sentido absoluto de su vida,
reconoce una realidad última que el lenguaje religioso llama
"Dios".
Notas:
1)
Este capítulo está basado principalmente en Mariano Artigas,
Introducción a la Filosofía, pp. 15-59; también hemos consultado
a Jacques Maritain, Introducción a la Filosofía, pp. 81-89,
222-226 (ver Bibliografía).
2)
Este capítulo está basado principalmente en Michel Grison,
Teología Natural o Teodicea, pp. 27-134; también hemos
consultado a Otto Muck, Doctrina filosófica de Dios, pp.
122-178, 197-227 y Béla Weissmahr, Teología natural, pp.
19-118 (ver Bibliografía).
6)
Un ser es contingente si es y puede no ser; es necesario si es y no
puede no ser.
7)
Las demostraciones por el absurdo se basan en el principio lógico de
no-contradicción.
8)
Santo Tomás demuestra que "todo lo que se mueve se mueve por otro",
de este modo: Moverse es pasar de potencia a acto. La potencia no
puede darse el acto a sí misma, porque el acto es más que la
potencia. De potencia a acto, luego, nada pasa, si no es por obra de
un ser en acto. Por tanto, el ente que se mueve, en cuanto tal, está
en potencia, y el motor, en cuanto tal, está en acto. Nada puede
estar en acto y en potencia al mismo tiempo respecto de lo mismo.
Luego, no se puede ser a la vez motor y movido bajo el mismo
respecto. Por tanto, todo lo que se mueve, se mueve por otro.
9)
Por ejemplo: Pierre Teilhard de Chardin, en El fenómeno humano,
desarrolla una argumentación muy sugerente a partir de datos
científicos presentados con gran fuerza expresiva, pero con una
pobre fundamentación metafísica.
10)
El análisis tomista se basa en la necesidad de todo ente inteligente
de conocer la causa de las cosas. Eso lleva a la inteligencia humana
a desear el conocimiento de la Causa Primera. Y como el conocimiento
perfecto es el intuitivo, incluso afirma Santo Tomás que ese deseo
natural tiene por objeto la visión beatífica, que es sobrenatural.
Sólo que es un deseo ineficaz y condicionado, hipotético, dicen los
tomistas, para salvar la gratuidad de la ordenación al fin
sobrenatural, que no es exigido por la naturaleza humana.
11)
Cf. Karl Rahner, Experiencia del Espíritu (ver Bibliografía).
12)
La crítica tomista a esta postura incluye los siguientes puntos
fundamentales:
No parece que pueda existir una "experiencia atemática" ni
una "experiencia atemática del ser", en el sentido dado a estos
términos por la corriente filosófico-trascendental.
No puede existir una experiencia natural de Dios por parte
de un ente finito.
No todo conocimiento de Dios depende de una decisión
personal. Las pruebas de la existencia de Dios, en cuanto tales,
tienen una validez intrínseca que no depende de una decisión
personal. Lo que depende de una decisión personal es la
aceptación de las pruebas.
Artigas, Mariano - Introducción
a la Filosofía, Libros de Iniciación Filosófica 7, EUNSA,
Pamplona 1990.
Grison, Michel - Teología
Natural o Teodicea, Curso de Filosofía Tomista 6, Editorial
Herder, Barcelona 1985.
Maritain, Jacques -
Introducción a la Filosofía, Club de Lectores, Buenos Aires
1985.
Muck, Otto - Doctrina
filosófica de Dios, Biblioteca de teología 6, Editorial Herder,
Barcelona 1986.
Rahner, Karl - Experiencia del
Espíritu, Narcea, S.A. de Ediciones, Madrid 1978.
Teilhard de Chardin, Pierre -
El fenómeno humano, Historia del pensamiento 14, Ediciones
Orbis, Barcelona 1984.
Tomás de Aquino, Santo - The
Summa Theologica, Second and Revised Edition, 1920; Literally
translated by Fathers of the English Dominican Province;
http://www.newadvent.org/summa
Weissmahr, Béla - Teología
natural, Curso Fundamental de Filosofía 5, Editorial Herder,
Barcelona 1986.
B
)
Diseño
Inteligente
¿Qué podría constituir una prueba objetiva de la existencia de Dios?
Bueno, considere la siguiente verdad auto-evidente y universalmente
reconocida: Concepto y diseño requieren de un diseñador inteligente.
La presencia de un diseño inteligente prueba la existencia de un
diseñador inteligente. Es simplemente causa y efecto.
En nuestra búsqueda de pruebas de la existencia de Dios, pudimos examinar
las variadas afirmaciones de acontecimientos sobrenaturales, determinar si
esas experiencias eran legítimas, y reunir argumentos a favor de la
existencia de lo sobrenatural, lo cual sería un paso hacia la identificación
del sobrenatural Dios Creador. O podemos solamente aplicar lo que ya sabemos
y buscar señales de diseño inteligente en la creación misma.
Sabemos que el diseño necesita un diseñador. De hecho, de acuerdo con
este axioma fundamental, la metodología de detección de un diseño es un
requisito esencial en muchos campos del esfuerzo humano, incluyendo la
arqueología, antropología, ciencia forense, jurisprudencia criminal, leyes
de derechos de autor, leyes de patentes, ingeniería inversa, criptoanálisis,
generación de números aleatorios, y SETI. ¿Y cómo reconocemos el diseño
inteligente? En general, encontramos que la "complejidad específica" es un
indicador confiable de la presencia de diseño inteligente. El azar puede
explicar la complejidad solamente pero no la especificación -- una secuencia
aleatoria de letras es compleja pero no específica (no tiene significado).
Un soneto de Shakespeare es complejo y específico a la vez (tiene
significado). No podemos tener un soneto de Shakespeare sin Shakespeare.
(William A. Dembski, The Design Inference: Eliminating Chance through
Small Probabilities,
1998.)
Pruebas de la existencia de Dios - La
Naturaleza
Así que, ¿dónde está la prueba de la existencia de Dios? De acuerdo a
nuestro familiar axioma y a la luz de los tremendos avances que hemos
hecho en biología molecular, bioquímica, genética y teoría informática,
!la prueba de la existencia de Dios está alrededor nuestro!
A través del microscopio, observamos el flagelo bacteriano E. coli. El
flagelo bacteriano es lo que propulsa a la bacteria E. coli a través de
su mundo microscópico. Consiste en cerca de 40 proteínas individuales
incluyendo un estator, rotor, palier, juntura universal, y hélice. !Es
un motor fuera de borda microscópico! Las partes individuales se enfocan
al ser aumentadas 50.000 veces (usando micrográficos electrónicos). Y
aunque estos motores fuera de borda microscópica giran a una increíble
velocidad de 100.000 rpm, pueden detenerse sobre una moneda de diez
centavos microscópica. ¡Les toma sólo un cuarto de revolución para
detenerse, cambiar de dirección y comenzar a girar a 100.000 rpm en la
dirección opuesta! El motor flagelar tiene dos velocidades (hacia
adelante y retroceso), se enfría con agua, y viene conectado a vías de
transducción de señales (mecanismo sensorial), de manera que recibe
retroalimentación de su medio ambiente. ("Unlocking the Mystery of
Life," video documental de Illustra Media, 2002.)
Cuando aplicamos los principios generales de detección de complejidad
específica a sistemas biológicos (criaturas vivas), encontramos
razonable el inferir la presencia de un diseño inteligente. Tome, por
ejemplo, el estator, rotor, palier, juntura universal y hélice del
flagelo bacteriano. No fue por conveniencia el que les hayamos dado esos
nombres a esas partes - esa es verdaderamente su función. Si usted mira
el estator, rotor, palier, junta universal, o hélice de cualquier
vehículo, máquina, juguete o modelo, usted los reconocería como el
producto de una fuente inteligente. Nadie esperaría que un motor fuera
de borda - mucho menos uno tan increíble como el motor flagelar - fuera
el producto de ensamblaje al azar de las partes. Los motores son el
producto de un diseño inteligente.
Además, el flagelo bacteriano E. coli no puede simplemente haber
evolucionado gradualmente con el tiempo. El flagelo bacteriano es un
sistema de "complejidad irreducible." Un sistema de complejidad
irreducible es aquel compuesto de múltiples partes, todas las cuales son
necesarias para el funcionamiento del sistema. Si usted elimina una
parte, el sistema entero dejará de funcionar. Cada parte es integral. No
existe absolutamente ninguna explicación naturalista, gradual o
evolucionista para el flagelo bacteriano. (Michael Behe, Darwin's
Black Box, 1996.)
El flagelo bacteriano (sin mencionar las máquinas moleculares de
complejidad irreducible responsables del ensamblaje del flagelo) es sólo
un ejemplo de la complejidad específica que domina al mundo biológico
microscópico. El biólogo molecular Michael Denton, escribió: "Aunque las
más minúsculas células bacterianas son increíblemente pequeñas, pesando
menos de 10-12 gramos, cada una es de hecho, una auténtica fábrica
micro-miniaturizada, conteniendo miles de piezas exquisitamente
diseñadas de intrincada maquinaria molecular, constituida en su
totalidad por cien mil millones de átomos, mucho más complicada que
ningún mecanismo construido por el hombre y absolutamente sin paralelo
en el mundo inanimado." (Michael Denton, Evolution: A Theory in
Crisis, 1986. p.250.)
Pruebas de la Existencia de Dios - Sus Huellas
están en Todas Partes
¿Dónde está la prueba de la existencia de Dios? Si quisiéramos abrir los
ojos, veríamos las huellas de Dios en todo nuestro alrededor y en todos
nosotros. Nuestra propia existencia prueba la existencia de un Dios
Creador.
C
)
El Argumento
Cosmológico
Por David Beck
El término
"argumento cosmológico" (AC) se refiere a un
conjunto de argumentos o patrones de pensamiento que
nos llevan concluir que Dios es real por la
observación de que las cosas que nos rodean nunca
existen a menos que algo más las haga existir. Así
que el AC nos hace pensar en Dios como causa
generadora o fuente iniciadora de cosas y sucesos,
ya que no puede haber una serie infinita de cosas
que hagan existir lo que nos rodea.
Me concentraré en la forma
original del AC, postulado primeramente por
Aristóteles, desarrollado, según se sabe, por Tomás
de Aquino, y todavía utilizado por muchos
apologistas contemporáneos. Este argumento empieza
con una simple observación acerca del mundo que nos
rodea. Experimentamos el mundo como una red de
conexiones causales concurrentes. La existencia de
cada cosa depende de las otras cosas existentes en
un sistema altamente complejo, de tal forma que
aparentemente todo el universo es un sistema
interconectado.
La declaración más breve y
genérica del argumento de Aquino se encuentra en el
capítulo 15 de la "Summa
contra gentiles". Es similar a su
predecesora aristotélica. Dice: "Vemos en el mundo
cosas que pueden existir o pueden no existir. Bien,
todo lo que puede existir tiene una causa, pero uno
no puede agregar un número infinito de causas. Por
lo tanto, debemos asumir algo cuya existencia es
necesaria". (Summa contra gentiles, 15.124,
extracto).
En mi opinión, hay tres puntos
básicos en este argumento:
Punto 1:
Lo que observamos y experimentamos en este universo
es contingente
Primero, esta es una observación
acerca de las cosas que vemos y conocemos en el
mundo real que nos rodea. No pretende incluir todas
las cosas del universo, mucho menos toda cosa
posible, sólo lo que hemos experimentado. Segundo,
el elemento clave de esta secuencia es
"contingente". En su contexto, esto significa
que una cosa debe su existencia a algo más, no
existe por sí misma. Necesita una causa.
Entonces el mundo consiste en una
serie de causas que a su vez están conectadas y
forman sistemas. Es decir, B causa a A, pero sólo si
C causa a B, y así sucesivamente. Todo lo que
conocemos posee este tipo de contingencia: existe y
funciona sólo porque es causado por otros factores
en su cadena causal. No conocemos ninguna cosa que
por sí misma inicie espontáneamente su propia
actividad causal. Nuevamente, nada de esto tiene que
ver con saberlo todo. Incluso si algo sí iniciara
espontáneamente, no tendría efecto en el argumento
cosmológico, como veremos después.
Punto 2:
Un sistema de cosas contingentes causalmente
dependientes no puede ser infinito
La idea subyacente es que sin
importar cuan compleja e interconectada sea, la
serie o sistema de cosas contingentes causalmente
relacionadas no es infinita. Tomás de Aquino usa la
ilustración de una mano que mueve una vara, que a su
vez mueve una bola. Quizá la imagen más utilizada en
discusiones recientes es la de un tren.
Imagine que ve pasar un tren por
primera vez. Desconcertado se pregunta cómo se mueve
el vagón que pasa a su lado. Se da cuenta que está
siendo jalado por el vagón anterior, y así
sucesivamente, hasta donde se pierden de vista los
rieles.
Esta imagen nos permite visualizar
los diferentes escenarios naturalistas, tan
escuchados en nuestra sociedad y que intentan
describir la forma en que vienen a existir las cosas
en nuestro mundo.
"El cosmos es un gran círculo
de vida", se nos dice. Sin embargo, agregar
vagones hasta recorrer todo el mundo en círculo y
que el último se conecte con el primero no explica
la razón del movimiento, ni siquiera del primer
vagón. Justo así, si unas cosas contingentes causan
la existencia de las demás dentro de un
círculo cerrado, no queda nada que inicie la
causalidad, nada inicia nunca. Hay un escenario tal
vez más promisorio ofrecido por los naturalistas:
"El cosmos es un ecosistema intrincadamente
evolucionado en el que todo está relacionado
causalmente a todo lo demás". Así que los
vagones abarrotan el mundo en un sistema
inimaginablemente complejo de rieles, donde de
alguna forma cada vagón está conectado al primero y,
por lo tanto, es jalado. Aún no tenemos explicación
para el movimiento del primer vagón, e igualmente
para la existencia de las cosas reales en nuestro
mundo.
Por supuesto, siempre es tentador
decir que basta con saber que cada vagón es jalado
por el que le antecede. En un sentido es claramente
cierto que el vagón A es jalado por el vagón B. Pero
B puede jalar A sólo porque al mismo tiempo C está
jalando a B. La acción de atracción de B es
transferida desde C. Entonces también es cierto que
A es jalado por C. Por supuesto, lo mismo es cierto
de D, y E, y así sucesivamente.
Una última opción se sugiere a sí
misma. Suponga que hay una cantidad infinita de
vagones, o como dicen los naturalistas:
"Lo intrincado del universo se pierde en una
complejidad infinita". Pero un número
infinito de vagones, sin importar la complejidad de
su disposición, dejan todavía sin explicar por qué
se mueve el primer vagón y, por lo tanto, por qué se
mueve cada uno de los demás. Dejar que la secuencia
se pierda en el infinito no explica nada.
Punto 3:
El sistema de cosas contingentes causalmente
dependientes debe ser finito
Esta idea es simplemente la
conclusión obvia del punto 2. Si la serie o sistema
no pueden ser infinitos, entonces deben ser finitos.
No hay otra opción, a menos que uno quisiera
argumentar que nada existe en realidad. Algunos
piensan que el mundo es sólo una fantasía privada,
pero esa opción es muy poco racional.
Conclusión: Debe haber una primera causa en el
sistema de cosas contingentes
Si la secuencia causal es finita,
entonces debe haber una primera causa sin importar
cuántas causas haya en la serie. Este concepto de
"primera causa"
conecta dos ideas. Decir que una causa es la primera
es decir que no necesita ni tiene causa. ¡La primera
es la primera! Entonces es fundamentalmente
diferente de todas las demás causas de la serie: no
es contingente. No depende absolutamente de nada, ni
está limitada por nada, ni existe por ninguna otra
causa. Sencillamente inicia la causalidad.
Por otro lado, decir que la
conclusión es la primera causa es definir su
relación con todo lo demás en la serie:
particularmente que es la causa de todo lo demás. Es
la causa de todas las cosas porque inicia toda la
actividad causal, sin negar que de hecho cada causa
es por derecho propio causa de la siguiente en la
serie, y es el efecto de la anterior. Este es el
significado total de la omnipotencia: que casi
literalmente todo poder tiene su única fuente aquí.
La única explicación para la línea
de vagones en movimiento es que en algún lugar hay
una locomotora con suficiente poder para jalar todo
el tren, sin que ésta necesite ser jalada. Así que
la idea de una primera causa es más completa de lo
que parece a primera vista. Es la causa que inicia
la existencia de todo el sistema de causas, y existe
sin ninguna causa o dependencia de ningún tipo.
Carece completamente de causa. Note que no se causa
a sí misma, como si tuviera deficiencias o
necesidades que pudiera llenar. Carece completamente
de causa, de límite y medida.
Hay tres tipos de
objeciones generalmente confrontadas al argumento
cosmológico. Primeramente, la
crítica más frecuente al AC es que no hay razón para
creer que la conclusión es el Dios cristiano: el
Dios de la Biblia. Aunque es un buen
argumento, la objeción generalmente vale, sólo nos
da una "primera causa". La causa podría ser algún
factor de espacio-tiempo: digamos la teoría de la
gran explosión, partículas elementales, un estado de
energía o incluso un vacío original. Ciertamente la
conclusión del argumento no nos lleva a un Dios
creador infinito que nos ama y desea que nos
relacionemos con Él y le adoremos.
Sí, debemos
conceder que en sentido estricto la conclusión del
argumento cosmológico no nos da un concepto completo
de Dios. Sin embargo, lo que
sí nos da, es que todo sistema causal tiene sólo un
número finito de vínculos y, por lo tanto, una
primera causa sin causa; es suficiente para vencer
al naturalismo ateo cuando sostiene que el universo
es un sistema causal cerrado existente por sí mismo,
por casualidad, sin causa externa alguna.
Aun así, la mejor respuesta es
estar de acuerdo: el AC sólo prueba lo que prueba.
Ciertamente, querremos más información sobre Dios
(otros argumentos y especialmente revelación).
La gente que utiliza esta objeción con frecuencia
supone que a menos que sepamos todo acerca de Dios,
no sabemos nada. Obviamente, esto es falso.
Yo sé mucho acerca de muchas cosas sin saber todo
acerca de ninguna de ellas. Se muchas cosas ciertas
de mi vida, pero no pretendería estar ni siquiera
cerca de saberlo todo.
Una segunda
objeción dice que las series infinitas sí son
posibles después de todo. Como
el argumento cosmológico depende de la negación de
una serie infinita de causas, supuestamente falla.
La secuencia de números cardinales, como la
aprendimos en la escuela primaria, es infinita.
Podríamos asignar un número cardinal a cada miembro
de cualquier secuencia causal y tendríamos entonces
una secuencia infinita de causas.
Esta objeción se presenta en
muchas formas, pero todas pasan por alto los
detalles específicos del sistema de causas del AC.
Son cuatro características. Cada una es crucial para
eliminar la posibilidad de infinidad. (1) Es un
sistema: una red interconectada de causas y efectos.
(2) Cada causa es contingente en sí misma: necesita
una causa. (3) En el argumento cosmológico
aristotélico (o aquinístico) la dependencia es
concurrente, no cronológica. Se refiere a relaciones
de dependencia concurrente dentro de un sistema de
causas. (4) La relación específica a la que se
refiere el AC genérico es la causa de la existencia
misma. El punto clave del argumento cosmológico es
que no puede haber una serie infinita de causas con
las cuatro características mencionadas arriba, no
que no pueda haber series infinitas de otros tipos,
incluyendo algunos muy similares, tales como
secuencias de causas en el tiempo, como las
relaciones padre-hijo.
Note que tomando en cuenta este
punto, es irrelevante al argumento si el universo
mismo puede ser infinito en cualquier sentido. Tomás
de Aquino pensaba que por lo menos es posible que el
universo exista en un tiempo infinito, como
Aristóteles había dicho. Éste sostuvo que sólo por
la Biblia sabemos que Dios creó el universo en un
principio del tiempo. El argumento simplemente
muestra que no puede haber una secuencia infinita de
causas (dependientes y concurrentes) de la
existencia de las cosas.
Una tercera
objeción típica sostiene que no sabemos todo del
universo y por lo tanto no podemos empezar el
argumento sin una proposición acerca del universo
entero. No sabemos si todo es
contingente. La forma más fácil de contestar esto es
admitir que es cierto, pero notar que no
mencionamos, y a propósito evitamos mencionar, a
todas las cosas o todo el universo. La conclusión
sigue siendo válida. Además, el argumento muestra
que si hay algo más que no sea contingente, entonces
por definición no tiene causa y, por lo tanto no
puede ser la gran explosión, ni alguna partícula, ni
ningún otro suceso o cosa contingente.
El peor significado del argumento
bajo esta objeción es que existen varios dioses.
Concedido, el AC por sí mismo no elimina eso. Sin
embargo, Tomás de Aquino aprendió de Aristóteles, y
de hecho Parménides lo supo antes, que sólo puede
haber un ser infinito o sin causa. Cualquier segundo
ser infinito tendría que ser diferente del primero
en alguna forma, pero un ser infinito no puede ser
más ni menos que otra cosa. Todos aprendimos desde
la niñez que infinito menos o más infinito sigue
siendo infinito. Así que sólo puede haber un Dios
infinito.
Queda claro que Tomás de Aquino
quería que este argumento jugara un papel importante
en nuestro entendimiento, no sólo de Dios y la
religión, sino de todo, como fue también para
Aristóteles. Lo que dice es que no podemos darle
ningún sentido a nuestra realidad lejos de Dios. El
Dios del argumento cosmológico da un mejor sentido a
la forma en que experimentamos la vida.
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Si alguien consiguiera demostrarme
la existencia de Dios , de un Dios parecido al de las religiones
monoteístas, me haría el hombre más feliz del universo. Y yo, a cambio de
esta felicidad, en agradecimiento, me convertiría en su esclavo. Daría mi
vida por él y por él, yo ...: humillado y servil cual buen esclavo, me
encantaría complacerle y obedecerle en todos cuantos caprichos o
arbitrariedades se le antojara mandarme . O humillarme.
¿ Es Dios un hijo de puta ? Una muestra más de
la incongruencias de lo que predica la Iglesia católica : incongruencias que no
demuestran que Dios no existe pero sí que hay algo que no encaja.
Supongamos un pederasta que durante toda su
larga vida viola niños pequeños, roba, estafa, un perfecto sinvergüenza: se ríe
de las personas y se aprovecha de ellas, pues para él no alcanzan la categoría
de ratas; sin embargo, instantes antes de morir se confiesa ante un cura y el
temor a la muerte le hace arrepentirse de sus pecados.
En cambio, otro hombre cumple naturalmente con
los mandamientos de la Iglesia, no porque crea en ella, sino por propio impulso
natural. Si bien no creo que esto sea posible,
tal como afirmo
en varias partes de esta web,
supongamos que así hubiera actuado a lo largo de toda su vida. Pero
quince minutos antes de morir se siente solo, recuerda a una chica que conoció
hace muchos años y se masturba durante cinco minutos mientras la recuerda.
Pregunta: ¿ el primer hombre irá al Cielo y el
segundo al Infierno durante toda la eternidad, es decir, durante trillones,
trillones y trillones de años, el uno por una falta cometida en unos minutos y
al otro a cambio de una cobarde confesión se le perdonarán los abusos cometidos
a lo largo de toda su vida ?
¿ Tan mal quieren a Dios para imaginarlo tan
hijo de puta, o Hijo de puta?