Aunque me siento
reconfortado por la respuesta del Defensor del Pueblo. Pero principalmente
por la del Presidente del Gobierno en particular y en general del
Gabinete de la Presidencia pues entiendo que me dan la razón.
Aunque me siento
reconfortado por la respuesta del Defensor del Pueblo. Pero principalmente
por la del Presidente del Gobierno en particular y en general del
Gabinete de la Presidencia pues entiendo que me dan la razón.
Aunque me siento
reconfortado por la respuesta del Defensor del Pueblo. Pero principalmente
por la del Presidente del Gobierno en particular y en general del
Gabinete de la Presidencia pues entiendo que me dan la razón.
Aunque me siento
reconfortado por la respuesta del Defensor del Pueblo. Pero principalmente
por la del Presidente del Gobierno en particular y en general del
Gabinete de la Presidencia pues entiendo que me dan la razón.
Entrevista de Eduardo
Mazo a Manuel Sánchez Montalbán
- ¿Por qué corrompe siempre el
poder?
- Porque convoca el triste riesgo de
ser más que nadie.
Bien, no hay que preocuparse. Porque parece
ser que hay crisis económica- y si alguien lo pone en duda que se lo
pregunten a los parados, sin subsidio- pero no hay crisis de gurúes,
iluminados, chamanes y otras "gentes de mal vivir". De estos hay superávit.
¿ O será que la crisis ayuda a su proliferación por aquello de algo hay que
comer?
¡ Qué antiguo es esto de " ganarás tu pan
con el sudor de la frente de los demás" o " si los tontos supieran volar no
se vería la luz del Sol"!
Un sitio de sexo, yoga y rock & roll "Cuando uno está ahí
adentro cree que Juan Percowicz es Dios... Cuando yo llegué, lo primero
que me impactó fue que las mujeres se daban besos en la boca... La
esposa de Pozzobón estaba franeleando con cualquier hombre, y el esposo
estaba ahí enfrente... Por ejemplo, le decían a un hombre que era frío y
le vendría bien mi sensualidad, y entonces el hombre venía y me decía
que le habían dado como tarea tener relaciones conmigo por mi
sensualidad... y las teníamos...
No había seducción alguna... También se
incitaba al lesbianismo. A Virginia, mi hermana, le dieron la tarea de ser
la maestra sexual de Marcelo, el hijo de Juan. Marcelo era asqueroso, pero
Virginia tomó la tarea y la hizo, porque Marcelo tenía la numeración alta."
Estas palabras pertenecen a una ex-alumna Diana, 27 años, secretaria
ejecutiva y estudiante de kinesiología. Criada en el campo, desde la
adolescencia leía constantemente a Gurdieff, Krishnamurti y otros autores
esotéricos. Esa pasión la llevó a ingresar en la Escuela de Yoga de Buenos
Aires en 1991.
En el expediente judicial, Carlos Alberto de Paz cuenta en cambio que
concurrió a la Escuela de Yoga seducido por dos mujeres (las mismas que
salieron desnudas y abrazadas en una foto de la revista Gente), con las que
había tenido relaciones sexuales. "En las reuniones, Percowicz me incitaba a
que tomara a las mujeres allí reunidas como esclavas. El tomó a una y
comenzó a manosearla en sus partes íntimas... Una vez me dio como tarea la
de ir al cine a ver una película con Beatriz Julia Elijis [abogada de la
Escuela]. En el cine, ella me dio besos en el pene. Al día siguiente,
mantuvimos relaciones sexuales y después me enteré de que ésa había sido una
tarea encomendada por el maestro", cuenta Paz, que logró, después de aportar
durante meses su sueldo íntegro a la organización, alejarse de ella. Pero
todavía su madre y su hermano siguen fieles al maestro, y perdió contacto
con ellos.
María Esther Martín concurrió a la Escuela incitada por su ex marido, el
abogado Adrián Azzi, que se convirtió en un devoto seguidor de las
enseñanzas de Percowicz. "Se volvió violento y agresivo. Una vez me tiró por
la cabeza la cuna de mi hija. La bebita estaba dentro... En la Escuela de
Yoga me dijeron que eso era algo natural tomado dentro de un contexto
amoroso. Me sugirieron que tuviera relaciones sexuales con otros hombres
para aprender a no ser tan posesiva- relata María Esther-. En la mayoría de
las reuniones a las que concurrí, Juan Percowicz sugería a todos los
oyentes, menores incluidos, que los padres eran los encargados de enseñarles
a sus hijos o bien introducirlos en el erotismo sexual. Decía que debíamos
iniciar sexualmente a nuestros hijos. Todos se besaban en la boca y se
manoseaban... algunos hasta comenzaban a sacarse la ropa. María Luz Romero
estaba con el torso completamente desnudo... con un pareo de color abierto
hasta la cintura a uno de los costados...".
La Escuela de Yoga de Buenos Aires cobró notoriedad hace dos años cuando el
juez Mariano Bergés acusó a sus máximos dirigentes de robo, asociación
ilícita, corrupción de mayores y menores, promoción de la prostitución y
otras bagatelas. El escándalo fue mayúsculo porque no se traba de una secta
más. Funcionarios como Carlos Rucauf, Raúl Granillo Ocampo, Deolindo Bittel,
Carlos Grosso, José Luis Manzano, Moisés Iconicoff y el propio presidente
Menem auspiciaron o participaron en varias de las iniciativas culturales
promovidas por la escuela entre 1991 y 1994. Enrique Pavón Pereyra, biógrafo
de Perón y ex director de la Biblioteca Nacional, que sigue creyendo en la
inocencia del grupo, llegó a calificarlos de "batallón sagrado" de la
cultura occidental.
Después de 300 allanamientos, clausura del local y detenciones varias, el
juez Mariano Bergés, sin embargo, debió renunciar a la causa alegando
"sufrir brujerías" por parte de los miembros del grupo. El citado juez había
basado su fallo condenatorio en el delito de "corrupción de mayores" (art.
126 del Código Penal). Sin embargo, la Corte Suprema revocó la resolución de
Bergés y dejó en libertad a los principales directivos de la Fundación. Su
sucesor, el juez Roberto Murature, restituyó el edificio clausurado a la
Fundación y decretó en noviembre de 1995 la falta de mérito de las
acusaciones. Sólo Marcelo Guerra Percowicz, hijo adoptivo del maestro Juan,
es procesado por un delito menor (el robo de un televisor).
Amenazado por un juicio político en la Cámara de Diputados, el juez Bergés
habla de presiones de influyentes. Mezclas de Sacco y Vanzetti y Mahatma
Gandhi, los directivos de la Escuela de Yoga hoy se consideran mártires
victoriosos de la libertad y la democracia. Para ellos, el ataque contra la
escuela es un atentado antisemita como la voladura de la Embajada de Israel
o la AMIA. Califican de nazi al juez Mariano Bergés y de un nuevo Torquemada
a Alfredo Silletta, el especialista en sectas que los denunció frente a la
opinión pública.
Los testimonios con los que comienzo este capítulo fueron extraídos casi al
azar del expediente judicial (tiene 26 tomos y es más entretenido para leer
que las Obras completas del Marqués de Sade). Pertenecen a ex alumnos y
familiares de actuales alumnos que observan con pesar cómo la Escuela renace
de sus cenizas. Más allá de la condena o la absolución judicial, lo que me
interesó antes de empezar esta investigación periodística fue saber qué
pasaba, realmente, en ese grupo, cuál era el alcance de sus vinculaciones
políticas. ¿Habían sido víctimas inocentes de un complot antisemita? ¿Eran
simplemente un grupo esotérico que practicaba una libertad sexual sui
generis y por eso habían sido injustamente perseguidos por un juez
absurdamente moralista?
Debo aclarar que soy judía, defensora de los Derechos Humanos y
extremadamente sensible a todo lo que huela a persecución racial o
ideológica. Tampoco me gusta meterme en la vida privada de nadie. Si relato
todo esto es simplemente porque en la Escuela de Yoga encontré uno de los
ejemplos más fascinantes de cómo se pueden combinar el sexo, la política y
el esoterismo en un sueño delirante de poder. Una de esas historias que sólo
se encuentran en las novelas de Dostoievski o Roberto Arlt, tan difíciles de
creer como de escribir.
MÁS CASTOS QUE BOY SCOUTS
-¿Cómo se llega a ser alumna de la Escuela de Yoga? -le pregunto a una
morena de pelo largo, lacio, y ojos claros, que luce un top negro ceñido. La
conversación tiene lugar en la sede de la Escuela, ubicada en la calle
Estado de Israel al 4000. Es un edificio alto, de varios pisos, que se
destaca frente a las casas chatas que lo rodean. La confitería ocupa la
planta baja y el entrepiso; el resto son departamentos, todavía sin
terminar, pertenecientes a un consorcio formado por los directivos de la
Fundación.
Es una calurosa tarde de febrero de 1996 y yo tengo la sensación de estar
frente a un zombi, por lo programado y previsible de sus respuestas.
-Las clases son abiertas. Podés venir cuando quieras -me invita la morena
con amabilidad, pero con actitud desafiante. Se llama Graciela Pallotta,
aunque sus compañeros la apodan Pantera, por sus movimientos felinos y sus
ojos rasgados. Ex docente, actualmente está becada por la Fundación para
dedicarse full-time a ella.
-Somos filósofos. Sufrimos una persecución. No tenemos nada que ocultar.
Nuestros abogados iniciaron ya un juicio de 300 millones de dólares en
concepto de daños y perjuicios -me pasa el mensaje Graciela (el primero de
una serie bastante nutrida que recibiré por parte de los miembros del
grupo).
El café está decorado en un estilo entre campestre y colonial. Paredes
blancas, pisos de cerámica roja y mesas con tapete verde. La entrevista se
desarrolla en el entrepiso. En la planta baja se está dando una clase.
Alrededor de treinta personas entran y salen. La gente circula y muchos
parecen ni prestar atención a dos mujeres que hablan sobre cibernética
sentadas frente a una mesa con micrófono. La mesa está al costado, aunque en
un nivel un poco más bajo, de un escenario vacío con reflectores donde se
desarrollan los "shows filosóficos" que ilustran las charlas. Lleno de
plantas y algunos libros en exposición, el lugar parece el salón de actos de
un colegio privado o una asociación de fomento.
A nuestro alrededor, hombres y mujeres se abrazan y se besan con afecto.
Nada erótico a esta hora de la tarde, simplemente la franela habitual que he
encontrado en miles de grupos New Age en los cuales frotarse con casi
desconocidos se convierte en un hábito. Si bien hay minifaldas y tops
infartantes, también observo señoras mayores vestidas con tailleur y algunas
gordas amas de casa con batones a las que es difícil imaginar seduciendo a
políticos y empresarios.
-El general Nuñez le pidió a mi esposo que me echara de casa. Yo le escribí
una carta en la que le dije que él no podía hablar, porque había perdido la
guerra de las Malvinas. Yo todavía no perdí la guerra de la Escuela de Yoga
-me explica Beatriz de Sosa Molina, quien se une a la charla que mantengo
con Graciela Pallotta. La señora es una atractiva dama de cabellos grises y
risa contagiosa. A los 63 años se peleó con su marido, el militar retirado
Jorge Sosa Molina, así como con sus cuatro hijos, sus nueras y sus nietos.
Ama de casa, siempre vivió la política como cosa de hombres: "íbamos a misa
con López Rega, pero yo no sabía nada de nada". Sentada hace ocho años en el
sofá del living de su hogar, pensaba que, a pesar de que no tenía de qué
quejarse, su vida tampoco tenía sentido. El maestro Juan la salvó del
alcohol y la depresión crónica. La persecución del juez Bergés, lejos de
asustarla, le hizo sentir que es el único militar de su familia que ganó una
guerra.
La Escuela de Yoga nació en la década de los 80 cuando tres señoras, esposas
de hombres de armas que hacían gimnasia en el Círculo Militar, entre las que
se encontraba Sosa Molina, se acercaron a Juan Percowicz por su sapiencia en
esta disciplina oriental. "La llamamos Escuela de Yoga por no ponerle la
escuela de las tres milicas", suele contar el maestro Juan a sus discípulos.
Percowicz utiliza el término "yoga" en su acepción filosófica (la palabra
quiere decir "unión"). En la escuela jamás se practicó la gimnasia, aunque
sus miembros fundadores se conocieron haciendo la postura del loto.
Nota.- Para profundizar en estas u otras
cuestiones análogas muestro la obra de mi eximio paisano
Josep Ferrater i
Mora,
"Diccionario de Filosofía", obra aún incomparable pese a los muchos años
transcurridos desde su primera publicación.
Hobbes
El hombre
un lobo
para el hombre
Transmutación de todos los valores
(
Nietzsche)
:
predicamos una imposible moral judeo-cristiana-socialista-comunista, pero
vivimos de acuerdo con la única moral posible, la Ley de la
Jungla. Porque la primera es una utopía, absurda por impracticable,
por ser contraria a las leyes de la vida, tal como nos enseña la
Biología. Y esta impracticabilidad causa frustración y sentimiento
de culpa
( I)
en todos los que hemos fracasado al intentar practicarla. Como
ocurriría con una moral contraria a la ley de la gravedad
(I)
La imposibilidad
de cumplir fielmente una moral que existe desde hace dos mil años, unos
preceptos morales que creemos que las demás personas son capaces de cumplir
sinceramente, nos induce a pensar que si a nosotros nos resulta imposible es
por alguna corrupción insuperable en el fondo más íntimo de nuestro ser. Por lo que nos refugiamos en la hipocresía, la mentira, el
engaño, para que las demás personas no adviertan esta corrupción y no nos
aparten o menosprecien.
Como temía el rey con
los tres hombres burladores que "fizieron vn paño· en
" Libro de los
enxiemplos del conde Lucanor et de Patronio", obra del Infante Don Juan
Manuel (1282-1349)