El espejismo de Dios
Por

Fotografía de Llala Ward
Richard Dawkins
Richard Dawkins es un eminente teorista evolucionario y etólogo (experto en comportamiento animal), actual Profesor de la Cátedra Charles Simonyi para el Entendimiento Público de la Ciencia de la Universidad de Oxford, Inglaterra, cargo que ha ocupado desde 1995. El Wall Street Journal dijo que “Su pasión está sustentada por una asombrosa capacidad literaria”. The New York Times Book Review lo ha alabado como el escritor que: “entiende los asuntos tan claramente que obliga a su lector a entenderlos también”. Richard Dawkins es también el autor de los siguientes libros: The Ancestor’s Tale (El Relato del Antepasado); The Selfish Gene (El Gen Egoísta); The Extended Phenotype (El Fenotipo Extendido); The Blind Watchmaker (El Relojero Ciego); River Out Of Eden (Río Saliendo del Edén); Climbing Mount Improbable (Escalando la Montaña Improbable); Unweaving the Rainbow (Destejiendo el Arco iris), y A Devil’s Chaplain (Un Capellán del Diablo).
Publicado en 2006 en Gran Bretaña por Bantam Press
Una División de Transworld Publishers; Boston y Nueva Cork
Existe una edición en español de esta obra impresa por
Espasa Calpe S. A.
Traducción de Regina Hernandez Weigand
ISBN 978-84-670-2478-4
De la que hemos tomado la lista de direcciones que figura en el apéndice y a la que hemos agragado unas cuantas direcciones elctrónicas de interés para los hispanoparlantes.
Sin embargo para el resto de la obra nos hemos servido de otra traducción encontrada en internet realizada por Carlos Eduardo Ruiz, habiendo cambiado las acotaciones interlineales del traductor poniéndolas como notas a pie de página. Puede haber, es lógico que así sea, alguna diferencia entre ambas traducciones.
Que disfruten la obra.
El Editor Digital
En Memoria de
Douglas Adams
(1952-2001)
‘¿No es suficiente ver que un jardín es hermoso sin tener que creer que también existen hadas en el fondo de éste?’
VERSION EN ESPAÑOL DE CARLOS EDUARDO RUIZ
TOC \o "1-4" \h \z \u Nota del Editor Digital:
1.- UN NO-CREYENTE PROFUNDAMENTE RELIGIOSO
SECULARISMO LOS PADRES FUNDADORES
EL EXPERIMENTO DEL GRAN REZADOR
3.- PORQUÉ CASI CIERTAMENTE NO EXISTE DIOS
EL ARGUMENTO DE LAS ESCRITURAS
ADMIRADOS CIENTÍFICOS RELIGIOSOS
4.- PORQUÉ CASI CIERTAMENTE NO EXISTE DIOS
COMO LEVANTADORA DE NUESTRA CONCIENCIA
VENTAJAS DIRECTAS DE LA RELIGIÓN
LA RELIGIÓN COMO SUB-PRODUCTO DE ALGO MÁS
CAMINE SUAVEMENTE, PORQUE USTED
6.- LAS RAÍCES DE LA MORALIDAD
¿SI NO EXISTE DIOS, PARA QUÉ SER BUENO?
7.- EL LIBRO “BUENO” Y LA CAMBIANTE MORAL ZEITGEIST
¿ES EL NUEVO TESTAMENTO ALGO MEJOR?
7.2 EL LIBRO “BUENO” Y LA CAMBIANTE MORAL ZEITGEIST
¿Y QUE HAY DE HITLER Y STALIN?
8.- ¿QUÉ ESTÁ MAL CON LA RELIGIÓN? ¿PORQUÉ SER TAN HOSTIL?
EL LADO OSCURO DEL ABSOLUTISMO
LA FE Y LA SANTIDAD DE LA VIDA HUMANA
CÓMO LA “MODERACIÓN” EN LA FE PROMUEVE EL FANATISMO
9.- NIÑEZ, ABUSO Y ESCAPE DE LA RELIGIÓN
DE NUEVO ELEVANDO LA CONCIENCIA
LA EDUCACIÓN RELIGIOSA COMO PARTE DE LA CULTURA LITERARIA
10.- ¿UN MUY NECESITADO VACÍO?
ALGUNAS PÁGINAS DE INTERÉS EN ESPAÑOL
Cuando niña, mi esposa odiaba su escuela y deseaba poder irse. Años después, cuando estaba en sus veinte, le relató este infeliz hecho a sus padres, y su madre se espantó: “pero querida, ¿porqué no viniste a nosotros y nos lo dijiste?” La respuesta de Llala es mi texto del día: “Porque yo no sabía que podía hacerlo”.
Yo no sabía que podía.
Sospecho—bueno; estoy seguro—que existen montones de personas allá afuera que han sido criadas conforme a una religión u otra, y que están infelices con ella; no creen en ella, o están preocupadas por las maldades que son hechas en su nombre. Personas que sienten vagas añoranzas de renunciar a la religión de sus padres y desean que pudieran hacerlo, pero simplemente no saben que renunciar es una opción. Si usted es una de ellas, este libro es para usted, ya que tiene la intención de hacerlo consciente—hacerlo consciente del hecho de que ser ateo es una aspiración realista, y una aspiración valiente y espléndida. Usted puede ser un ateo que es feliz, balanceado, moral, e intelectualmente satisfecho. Este es el primero de mis mensajes para hacerlo consciente. También quiero hacerlo consciente en tres otras formas, a las que llegaré.
En enero de 2006 yo presenté un documental para televisión de dos partes; llamado Root of All Evil? (¿La Raíz de Toda Maldad?) transmitido por el canal cuatro de la televisión británica. Desde el comienzo a mi no me gustó el título. La religión no es la raíz de toda maldad; porque ninguna cosa es la raíz de todo. Pero estaba encantado con el aviso publicitario que el Canal Cuatro publicó en los periódicos nacionales. Era una fotografía del paisaje de Manhattan con el título: “Imagine un mundo sin religión”. ¿Cuál era la conexión? Las torres gemelas del Centro Mundial de Comercio estaban conspicuamente presentes.
Imagine; junto a John Lennon, un mundo sin religión. Imagine que no existen terroristas suicidas; que no existió el 11 de septiembre, ni el 7 de julio, y que no existieron ni las cruzadas ni las cacerías de brujas, ni el Complot de la Pólvora [1], ni la partición india [2], ni las guerras palestinas / israelitas, ni las masacres Serbias / Croatas / musulmanas, ni persecución de judíos como “asesinos de Cristo”, ni “problemas” en Irlanda del Norte, ni “asesinatos por honor”, ni evangelistas televisivos de trajes brillantes y de abombados peinados estafándole su dinero a las personas crédulas (“Dios quiere que usted dé hasta que duela”). Imagine que no existieron los talibanes que explotaron las estatuas antiguas, ni decapitaciones públicas de blasfemos, ni azotes sobre pieles femeninas por el crimen de mostrar unos centímetros de ella.
Incidentalmente, mi colega Desmon Morris me informa que la magnífica canción de John Lenon es algunas veces cantada en los Estados Unidos de América eliminándole la frase: “y ninguna religión tampoco”. En una versión hasta se cambia la irreverencia para que diga: “y una religión tampoco”.
¿Quizás piensa usted que el agnosticismo es una posición razonable, pero que el ateísmo es tan dogmático como una creencia religiosa? Si es así, yo espero que el capítulo dos lo haga cambiar de opinión, al persuadirlo de que “la Hipótesis de Dios” es una hipótesis científica sobre el universo, que debe ser analizada tan escépticamente como cualquier otra. Quizás a usted le han enseñado que los filósofos y los teólogos han presentado buenas razones para creer en Dios. Si usted piensa eso, podría disfrutar el capítulo tres sobre “Argumentos sobre la existencia de Dios”—los argumentos resultan ser espectacularmente débiles. Tal vez usted piensa que es obvio que Dios deba existir; porque ¿De cuál otra manera llegó a existir el mundo? ¿Cómo más podría existir la vida, en toda su rica diversidad, con cada especie luciendo inexplicablemente como si hubiese sido “diseñada”. Si sus pensamientos corren a lo largo de esas líneas, espero que gane ilustración con el capítulo cuatro sobre “Porqué con casi toda seguridad no existe Dios”. Lejos de apuntar hacia un diseñador; la ilusión de diseño en el mundo viviente, es explicada con una mucho mayor economía y con una elegancia devastadora por la selección natural darwiniana. Y, aunque la selección natural se limita ella misma a explicar el mundo viviente, nos hace conscientes de la probabilidad de comparables “grúas” explicatorias que puede que ayuden a nuestro entendimiento del mismo cosmos.. El poder de grúas como la selección natural es la segunda forma de hacerlo conciente.
Quizás usted piensa que debe existir un dios o dioses porque los antropólogos y los historiadores reportan que los creyentes dominan toda cultura. Si usted halla eso convincente, por favor refiérase al capítulo cinco sobre “Las raíces de la religión”, que explica porqué la creencia es tan ubicua. ¿O usted piensa que la creencia religiosa es necesaria para que nosotros podamos tener una moralidad justa? ¿No necesitamos a Dios para poder ser buenos? Por favor lea los capítulos seis y siete para que vea porqué esto no es así. ¿Tiene usted todavía un punto blando sensible a la religión como una cosa buena para el mundo, aún cuando usted haya perdido su fe? El capítulo ocho lo invitará a pensar sobre maneras en las cuales la religión no es una buena cosa para el mundo.
Si usted se siente atrapado en la religión de su crianza, valdrá la pena que usted se pregunte a sí mismo como sucedió eso. La respuesta es usualmente alguna forma de adoctrinamiento infantil. Si usted es religioso es abrumadoramente probable que su religión sea la misma de sus padres. Si usted nació en Arkansas y piensa que el cristianismo es verdadero y el Islam es falso, sabiendo muy bien, que usted pensaría lo opuesto si hubiese nacido en Afganistán, usted es la víctima de un adoctrinamiento infantil. Mutatis mutandi si usted nació en Afganistán.
Todo el asunto de la religión es el tema del capítulo nueve, el que también incluye mi tercera forma de hacerlo consciente. De la misma manera que las feministas se sienten maltratadas cuando escuchan “el” en vez de “el o ella”, u “hombre” en vez de “humano”; yo quiero que todos retrocedan asqueados cuandoquiera que escuchen una frase como “niño católico” ó “niño musulmán”. Hable de “un niño de padres católicos”; si usted quiere, pero si usted escucha a cualquiera hablar de una “niño católico”, deténgalo y cortésmente señálele que los niños son demasiado jóvenes para saber donde están parados en esos asuntos; exactamente igual a como son demasiado jóvenes para saber donde están parados en economía o en política. Precisamente debido a que mi propósito es hacerlo consciente, no me disculparé por mencionar esto aquí en el Prefacio así como en el capítulo nueve. Uno no puede cansarse de repetirlo. Lo diré de nuevo: Que no es un niño musulmán sino un niño de padres musulmanes. Ese niño es demasiado joven para saber si él es un musulmán o no. Los niños musulmanes no existen. Los niños cristianos no existen.
Los capítulos primero y décimo; comienzan y culminan este libro, explicando que, en sus diferentes formas, cómo un apropiado entendimiento de la magnificencia del mundo real, aunque nunca se convertirá en una religión, puede llenar el rol inspiracional que la religión ha histórica—e inadecuadamente—usurpado.
Mi cuarta forma de hacerlo consciente es el orgullo ateo. Ser ateo es algo por lo que no hay que pedir disculpas. Al contrario, es algo sobre lo que se debe estar orgulloso; erguido frente al horizonte, porque el ateismo casi siempre indica una saludable independencia de pensamiento y, de hecho, una mente saludable. Existen muchas personas que saben, en lo profundo de su corazón, que son ateas, pero no se atreven a admitirlo frente a sus familiares o ni siquiera; en algunos casos, a ellas mismas. Parcialmente, esto es debido a que la mismísima palabra “ateo” ha sido asiduamente construida como una etiqueta terrible y amenazadora. El capítulo nueve cita la tragicómica historia de la comediante Julia Sweeney sobre el descubrimiento por parte de sus padres, al leer un periódico, que ella se había convertido en atea. Ellos podían hasta soportar que ella no creyese en Dios... ¡Pero una atea! ¿Una ATEA? (la voz de la madre se elevó hasta convertirse en un alarido)
En este punto; necesito decir algo a los lectores estadounidenses en particular. Porque la religiosidad de los Estados Unidos de América de hoy, es algo verdaderamente sorprendente. La abogada Wendy Kaminer estaba exagerando sólo ligeramente cuando resaltó que hacer un chiste sobre religión es tan riesgoso como quemar una bandera en el salón de la American Legion.[3] y [4]
El estatus de los ateos hoy en los Estados Unidos de América está a la par con el de los homosexuales de hace cincuenta años. Ahora, después del movimiento del Orgullo Homosexual; es posible, aunque todavía no muy fácil, que un homosexual sea electo para un cargo público. Una encuesta Gallup realizada en 1999 le preguntó a los estadounidenses si ellos votarían por una persona bien calificada que; fuese mujer (el 95 por ciento lo haría); católica romana (el 94 por ciento lo haría); judía (92 por ciento); mormón (79 por ciento); homosexual (79 por ciento) o atea (49 por ciento). Claramente, tenemos un largo camino por recorrer. Pero los ateos son mucho menos numerosos, de lo que muchos creerían, especialmente entre la élite educada. Esto era así hasta en el siglo diecinueve, cuando John Stuart Mill ya era capaz de decir: “El mundo se asombraría si supiese cuán grande es la proporción de sus más brillantes ornamentos, de aquellos más distinguidos aún por estima popular por sabiduría y virtud, que es completamente escéptica en religión”.
Esto tiene que ser aún más verdadero hoy y, de hecho, presento evidencia de ello en el capítulo tres. La razón de que tanta gente no note a los ateos es que muchos de nosotros somos renuentes “a salir”. Mi sueño es que este libro pueda ayudar a la gente a salir. Exactamente como en el caso del movimiento homosexual; mientras más gente salga, más fácil será que otros se les unan. Pueda que exista una masa crítica para la iniciación de una reacción en cadena.
Las encuestas estadounidenses muestran que los ateos y los agnósticos superan enormemente a los judíos religiosos; y hasta superan a la mayoría de los otros grupos religiosos particulares. A diferencia de los judíos; sin embargo, quienes son notoriamente uno de los lobbies políticos más efectivos en los Estados Unidos de América; y a diferencia de los cristianos evangélicos, que manejan un mayor poder político, los ateos y los agnósticos no están organizados y en consecuencia ejercen casi cero influencia. De hecho, organizar a los ateos ha sido comparado a pastorear gatos, porque ellos tienden a pensar independientemente y no aceptarán ninguna autoridad. Pero un buen primer paso sería construir una masa crítica de aquellos dispuestos “a salir”, de paso estimulando a otros a hacerlo. Aún si ellos no pueden ser pastoreados, gatos en suficiente cantidad pueden hacer un montón de ruido y no pueden ser ignorados.
La palabra “delusión” en mi título ha intranquilizado a algunos psiquiatras que la consideran un término técnico que no debería ser manoseado por ahí. Tres de ellos escribieron para proponerme un término técnico especial para la delusión religiosa: “relusion”. [5] Quizás puede que sea aceptado. Pero por ahora, me voy a mantener con “delusión”, y necesito justificar porqué lo uso. El Penguin English Dictionary define a una delusión como: “una falsa creencia o impresión”. Sorprendentemente, la cita ilustrativa que da el diccionario es de Phillip E. Johnson: “El darwinismo es la historia de la liberación de la humanidad de la delusión de que su destino es controlado por un poder más grande que ella misma”. ¿Podría ser el mismo Phillip E. Johnson que lidera la acusación contra el Darwinismo en los Estados Unidos de América hoy?.
De hecho; lo es; y la cita está, como podemos imaginar, tomada fuera de contexto. Yo espero que el hecho que he afirmado, por lo menos sea notado, ya que la misma cortesía no me ha sido extendida en numerosas citas creacionistas de mis obras, sacadas fuera de contexto para confundir, y deliberadamente. Cualquiera que sea el propio significado de Johnson, su oración como está, es la que yo estaría feliz de apoyar. El diccionario suministrado por Microsoft Word define a una delusión como. “una persistente falsa creencia mantenida frente a fuerte evidencia contradictoria, especialmente como un síntoma de desorden psiquiátrico”. La primera parte captura perfectamente a la fe religiosa. Sobre si es un síntoma de desorden psiquiátrico, me inclino a seguir a Robert M. Pirsig, autor de Zen and the art of Motorcycle Maintenance, (Zen y el arte de Mantenimiento de Motocicletas), cuando él dice: “Cuando una persona sufre de una delusión, es llamado locura. Cuando muchas personas sufren de una delusión es llamado Religión”.
Si este libro funciona como intento, los lectores religiosos que lo abran serán ateos cuando terminen de leerlo. ¡Qué optimismo tan presuntuoso! Por supuesto, las mentes de fe entintada sobre la lana son inmunes a los argumentos; su resistencia fue construida a través de los años desde el adoctrinamiento infantil, usando métodos que tomaron siglos para madurar (ya sea mediante la evolución o el diseño). Entre los aparatos inmunológicos más efectivos está la terrible advertencia de evitar; hasta inclusive, abrir un libro como éste, el que seguramente es una obra de Satán. Pero yo creo que abundan las personas de mente abierta allá afuera: personas cuyo adoctrinamiento infantil no fue tan insidioso; o por otras razones, no fueron “cautivados”; o cuya inteligencia innata es lo suficientemente fuerte para sobreponerse a éste. Tales espíritus libres sólo deberían necesitar un poco de estímulo para liberarse del vicio de la religión por completo. Por lo menos, yo espero que nadie que lea este libro será capaz de decir, “Yo no sabía que podía”.
Por ayudarme en la preparación de este libro, estoy agradecido a muchos amigos y colegas. No puedo mencionarlos a todos, pero ellos incluyen a mi agente literario; John Brockman, y mi editores, Sally Gaminara (de Transworld) y Eamon Dolan (de Houghton Mifflin), ambos leyeron el libro con sensibilidad y un entendimiento inteligente; y me proporcionaron ayuda mediante una mezcla de críticas y consejos. Su sincera y entusiasta creencia en el libro fue muy estimulante para mí. Gillian Somerscales ha sido una ejemplar editora de copias, tan constructiva con sus sugerencias, como meticulosa en sus correcciones. Otros que criticaron varios borradores, y con quienes estoy muy agradecido, son Jerry Coyne, J. Anderson Thomson, R. Elisabeth Cornwell, Ursula Goodenough, Latha Menon y especialmente Karen Owens, crítica extraordinaire, cuya familiaridad con el coser y descoser de cada borrador del libro ha sido casi tan detallada como la mía.
El libro le debe algo (y viceversa) al documental para televisión de dos partes Root of All Evil? (¿Raíz de Toda Maldad?), que presenté en la televisión británica (Canal Cuatro) en enero de 2006.
Estoy agradecido a todos quienes estuvieron involucrados en la producción; incluyendo a Deborah Kidd, Russell Barnes, Tim Cragg, Adam Prescod, Alan Clements y Hamish Mykura. Por el permiso para usar las citas del documental le doy las gracias a IWC Media y al Canal Cuatro. Root of All Evil? (¿Raíz de Toda Maldad?) logró excelentes raitings en Gran Bretaña, y ha sido tomado por la Australian Broadcasting Corporation (Corporación Radio-televisiva Australiana). Queda por ver si algún canal de televisión estadounidense se atreverá a mostrarlo.*
Este libro se ha estado desarrollando en mi mente durante algunos años. Durante ese tiempo, algunas de las ideas inevitablemente hallaron su camino hasta conferencias; por ejemplo, mis Conferencias Tanner en la Universidad de Harvard, y hasta artículos en periódicos y revistas. Los lectores de mi columna regular en Free Inquiry (Investigación Libre); especialmente, pueden hallar familiares ciertos pasajes. Estoy agradecido a Tom Flynn, el editor de esa admirable revista, por el estímulo que me proporcionó cuando me comisionó para convertirme en un columnista regular. Después de una interrupción temporal durante la finalización del libro, espero continuar con la columna, y sin duda la usaré para responder a las reacciones al libro.
Por una variedad de razones estoy agradecido a Dan Dennett, Marc Hauser, Michael Stirrat, Sam Harris, Helen Fisher, Margaret Downey, Ibn Warraq, Hermione Lee, Julia Sweeney, Dan Barker, Josephine Welsh, Ian Baird, y especialmente a George Scales. En estos días, un libro como éste no está completo hasta que se convierte en el núcleo de un sitio de internet viviente; un foro para materiales suplementarios, reacciones, discusiones, preguntas y respuestas—¿quién sabe lo que pueda traer el futuro?. Espero que http://www.richarddawkins.net/ , el sitio de internet de la Fundación Richard Dawkins para la Razón y la Ciencia, llegue a llenar ese rol, y estoy agradecido a Josh Timonen por su arte, profesionalismo y el mero trabajo duro que él le está poniendo al sitio.
Sobre todo, agradezco a mi esposa Lalla Ward, quien me ha mantenido en el esfuerzo a través de todas mis indecisiones y auto-dudas, no sólo con apoyo moral y agudas sugerencias para mejoramiento, sino leyéndome en voz alta el libro completo; durante dos etapas diferentes de su desarrollo, para que pudiese comprender muy directamente como podría parecerle a un lector distinto a mí. Le recomiendo esta técnica a otros autores, pero debo advertirles que para los mejores resultados, el lector debería ser un actor profesional, con voz y oído sensitivamente entonados al lenguaje de la música.
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* Copias de contrabando están siendo bajadas de numerosos sitios de internet estadounidenses. Hay negociaciones en progreso para mercadear DVD legítimos. Para el momento de entrar en prensa estas negociaciones están incompletas—actualizaciones serán publicadas en http://www.richarddawkins.net
Yo no trato de imaginar a un Dios personal; es suficiente pararse asombrado ante la estructura del mundo, mientras éste permita a nuestros inadecuados sentidos apreciarlo.
—ALBERT EINSTEIN
El muchacho yacía tendido en la grama, su barbilla descansando sobre sus manos. Repentinamente se halló abrumado por una aumentada percepción de la maraña de raíces y tallos, un bosque en microcosmos, un mundo transfigurado de hormigas y escarabajos y—aunque no conocía los detalles en esa época—de bacterias del suelo por miles de millones, silenciosamente e invisiblemente, sustentando la economía del micro-mundo. Repentinamente el micro-bosque del suelo cubierto de grama pareció hincharse y convertirse en uno con el universo, y con la mente cautivada del muchacho que lo contemplaba. Él interpretó la experiencia en términos religiosos y esto lo condujo eventualmente hacia el sacerdocio. Él fue ordenado como sacerdote anglicano y se convirtió en el capellán de mi escuela; un profesor a quién yo apreciaba mucho. Es gracias a decentes clérigos liberales como él que nadie podría afirmar que me obligaron a tragarme la religión. [6]
En otro tiempo y lugar, ese muchacho pudo haber sido yo bajo las estrellas, asombrado por Orión, Casiopea y la Osa Mayor, lagrimoso con la música no escuchada de la Vía Láctea, intoxicado con los aromas nocturnos de las flores de las trompetas y las frangipanis de un jardín africano. ¿Porqué las mismas emociones debieron conducir a mi capellán en una dirección y a mí en otra?, no es una pregunta fácil de responder. Una cuasi-mística respuesta ante la naturaleza y el universo es común entre los científicos y los racionalistas. No tiene conexión con creencias sobrenaturales. En mi infancia; por lo menos, mi capellán presumiblemente no estaba enterado (tampoco yo) de las líneas finales de El Origen de las Especies—el famoso pasaje de la “enmarañada ribera”, “con pájaros cantando en el matorral, con variados insectos revoloteando alrededor, y con gusanos arrastrándose por la tierra húmeda” Si él lo hubiese estado, seguramente se hubiese identificado con él; en vez del sacerdocio él pudo haber sido conducido hacia el punto de vista de Darwin de que todo fue “producido por leyes que actúan alrededor de nosotros”:
En consecuencia, de la guerra de la naturaleza; de la hambruna y la muerte, el objeto más exaltado que nosotros seamos capaces de concebir; por ejemplo, la producción de animales superiores, sigue directamente. Existe grandeza en este punto de vista sobre la vida, con sus varios poderes, habiendo sido originalmente respirados al interior de unas pocas formas o al interior de una; y eso, mientras este planeta ha estado circulando conforme a las fijas leyes de la gravedad. Desde un comienzo tan simple, interminables formas de lo más bellas y de lo más maravillosas; han sido, y están siendo, evolucionadas.
Carl Sagan; en Pale Blue Dot (Punto Azul Pálido), escribió:
¿Cómo es eso de que casi ninguna religión mayor ha mirado a la ciencia; y concluido que: “!Esto es mejor de lo que habíamos pensado! El Universo es mucho más grande de lo que dijeron nuestros Profetas; más grandioso, más sutil, ¿más elegante?” En vez de eso ellas dicen: “!No, no, no! Mi dios es un pequeño dios, y yo quiero que permanezca de esa forma” Una religión; vieja o nueva, que enfatizase la magnificencia del Universo como ha sido revelada por la ciencia moderna, podría ser capaz de obtener reservas de reverencia y asombro difícilmente explotadas por las creencias religiosas convencionales.
Todos los libros de Sagan tocan los terminales nerviosos de la maravilla trascendente que la religión ha monopolizado durante los pasados siglos. Mis propios libros tienen la misma aspiración. Consecuentemente, escucho que me describen como a un hombre profundamente religioso. Una estudiante estadounidense me escribió diciéndome que ella le había preguntado a su profesor si él tenía algún punto de vista sobre mí. “Seguro”, respondió él. “Él está seguro de que la ciencia es incompatible con la religión, pero él se hincha en éxtasis sobre la naturaleza y el universo. Para mí, ¡eso es religión!” ¿Pero es “religión” la palabra correcta? Yo no pienso así. El físico (y ateo) ganador del Premio Nóbel; Steven Weinberg, resaltó el punto tan bien como cualquier otro, en Dreams of a Final Theory (Sueños de una Teoría Final):
Algunas personas tienen puntos de vista sobre Dios que son tan amplios y flexibles que es inevitable que ellos encuentren a Dios en dondequiera que ellas busquen por él. Uno escucha que se dice: “Dios es lo definitivo” o “Dios es nuestra mejor naturaleza” o “Dios es el universo”. Por supuesto, al igual que cualquier otra palabra, a “Dios”le podemos dar cualquier significado que queramos. Si usted quiere decir que “Dios es energía” entonces usted puede encontrar a Dios en un trozo de carbón.
Weinberg seguramente tiene razón en que si no se quiere que la palabra Dios se convierta en algo completamente inútil, debería ser usada en la forma en que las personas la han entendido generalmente: para denotar a un creador sobrenatural que es “apropiado para que nosotros lo adoremos”. Mucha desafortunada confusión es provocada por el fracaso en distinguir lo que puede ser llamado religión einsteiniana de religión sobrenatural. Einstein algunas veces invocó el nombre de Dios (y él no es el único científico ateo en hacerlo), invitando a un malentendido de parte de los sobrenaturalistas ansiosos de malentender y afirmar que un pensador tan ilustre es de los suyos.
El dramático (¿o fue malicioso?) final del libro A Brief History of Time (Una Breve Historia del Tiempo) de Stephen Hawkings, “Para entonces nosotros deberíamos conocer la mente de Dios”, es notoriamente malinterpretado. Ha conducido a gente a pensar; erróneamente, por supuesto, que Hawkings es un hombre religioso. La biólogo celular Ursula Goodenough, en The Sacred Depths of Nature (Las Profundidades Sagradas de la Naturaleza), suena más religiosa que Hawkins o Einstein. Ella adora las iglesias, mezquitas, sinagogas y templos, y numerosos pasajes de su libro justamente ruegan ser tomados fuera de contexto y usados como munición por la religión sobrenatural. Ella va tan lejos como hasta llamarse a sí misma una “Religiosa Naturalista”. Aún así, una cuidadosa lectura de su libro demuestra que ella es tan tozudamente atea como yo.
“Naturalista” es una palabra ambigua. Para mí, conjura al héroe de mi niñez; el Doctor Dolitte de Hugh Lofting (quien; de paso, tenía en él, más que un toque del “filósofo” naturalista del HMS Beagle [7]) En los siglos dieciocho y diecinueve, naturalista significaba lo que todavía significa para la mayoría de nosotros hoy: un estudiante del mundo natural. Los naturalistas en este sentido; desde Gilbert White en adelante, han sido a menudo clérigos. El mismo Darwin estaba destinado para la Iglesia cuando era un hombre joven, con la esperanza de que la vida sin apresuramientos de una persona del campo le permitiría a él seguir su pasión por los escarabajos. Pero los filósofos usan “naturalista” en un sentido muy diferente: son lo opuesto a sobrenaturalista. Julian Baggini explica en Atheism: A Very Short Introduction (Ateismo: Una Muy Breve Introducción), el significado del compromiso de un ateo con el naturalismo: “Lo que la mayoría de los ateos sí cree es que aunque existe sólo un tipo de materia en el universo y ésta es física, a partir de esta materia provienen las mentes, la belleza, las emociones, los valores morales—en pocas palabras la totalidad de los fenómenos que enriquecen la vida humana”.
Los pensamientos humanos emergen de excesivamente complejas interacciones entre entidades físicas dentro del cerebro. Un ateo; en este sentido del naturalista filosófico, es alguien que cree que no existe nada más allá del mundo natural físico; ninguna inteligencia creativa sobrenatural agazapada detrás del universo observable; ningún alma que dure más que el cuerpo; y ningún milagro—excepto en el sentido de los fenómenos naturales que nosotros no entendemos todavía. Si existe algo que parece yacer más allá del mundo natural; debido a que éste es hasta ahora imperfectamente entendido, nosotros tenemos la esperanza de entenderlo e incorporarlo dentro de lo natural. Esto no lo convertirá en algo menos maravilloso.
Los grandes científicos de nuestro tiempo que suenan como religiosos usualmente resultan no serlo cuando uno examina sus creencias más profundamente, Esto es ciertamente verdadero de Einstein y Hawkings.
El actual Astrónomo Real y Presidente de la Sociedad Real; Martin Rees, me dijo que él asiste a la iglesia como un “anglicano no creyente... debido a su lealtad hacia la tribu”. Él no tiene creencias teístas, pero comparte el naturalismo poético que el cosmos provoca en los otros científicos que he mencionado. En el transcurso de una reciente conversación televisada, yo desafié a mi amigo; el obstetra Robert Winston, un respetado pilar del judaísmo británico, a admitir que su judaísmo era exactamente de este carácter y que él realmente no creía en nada sobrenatural. El estuvo cerca de admitirlo; pero la timidez lo venció en la última cerca (para ser justo, se suponía que él me entrevistaría a mí; no al revés). [8] Cuando lo presioné, él dijo que hallaba que el judaísmo proporcionaba una buena disciplina que lo ayudaba a él a estructurar su vida y conducir una buena. Quizás lo hace; pero eso, por supuesto, no soporta en lo más mínimo el verdadero valor de ninguna de sus afirmaciones sobrenaturales. Existen muchos intelectuales ateos quienes orgullosamente se llaman a sí mismos, judíos y siguen los ritos judíos; quizás en lealtad hacia una antigua tradición o a sus parientes asesinados; pero también debido a una confusa voluntad de llamar “religión” a la reverencia panteísta que muchos de nosotros compartimos con su más distinguido exponente, Albert Einstein. Puede que ellos no lo crean; para tomar prestada la frase de Dan Dennetts, ellos “creen en la creencia”. [9]
Una de las expresiones de Einstein más ansiosamente citadas es: “La ciencia sin religión es minusválida, la religión sin la ciencia es ciega”. Pero Einstein también dijo:
Fue, por supuesto, una mentira que usted leyó sobre mis convicciones religiosas, una mentira que está siendo sistemáticamente repetida. Yo no creo en un Dios personal y nunca lo he negado sino que lo he expresado claramente. Si algo está en mí que pueda ser llamado religioso entonces es la ilimitada admiración por la estructura del mundo hasta donde nuestra ciencia puede revelarla.
¿Parecería que Einstein se contradijo a sí mismo? ¿Qué sus palabras pueden ser escogidas como cerezas para ser usadas en citas para apoyar ambos lados de un argumento? No. Por “religión” Einstein quiso decir algo enteramente diferente de lo que convencionalmente significa. A medida que continúe clarificando la distinción entre religión sobrenatural por una parte y religión einsteiniana por la otra, mantenga en mente que yo estoy llamando delusional a los dioses sobrenaturales
Yo soy un no-creyente profundamente religioso. Esto es de alguna manera un nuevo tipo de religión
Nunca le he imputado a la naturaleza un propósito o un objetivo, o cualquier cosa que pudiese ser entendida como antropomórfica. Lo que veo en la naturaleza es una magnífica estructura que nosotros podemos comprender sólo muy imperfectamente, y eso debe llenar a una persona pensante con sentimientos de humildad. Este es un genuino sentimiento religioso que no tiene nada que ver con el misticismo.
La idea de un Dios personal es completamente extraña para mí y me parece hasta ingenua.
En mayores cantidades desde su muerte, los apologistas religiosos entendiblemente tratan de afirmar que Einstein es uno de los suyos. Algunos de sus contemporáneos religiosos lo vieron a él muy diferentemente. En 1940 Einstein escribió un famoso papel justificando su afirmación de que: “Yo no creo en un Dios personal” Ésta y afirmaciones similares provocaron una tormenta de cartas de los ortodoxamente religiosos, muchas de ellas aludiendo a los orígenes judíos de Einstein. Los extractos que siguen son tomados del libro de Max Jammer, Einstein and Religion [Einstein y la Religión], (que es también mi fuente principal de citas del propio Einstein sobre asuntos religiosos). El Obispo católico romano de Kansas City dijo: “Es triste ver a un hombre que proviene de la raza del Viejo Testamento y a sus enseñanzas, negar la gran tradición de esa raza”. Otros clérigos católicos campanearon: “No existe ningún otro Dios sino un Dios personal...Einstein no sabe de lo que está hablando. Él está totalmente equivocado. Algunos hombres piensan eso porque han logrado un alto grado de aprendizaje en algún campo; que ellos están calificados para expresar opiniones en todo”. La noción de que la religión es un campo apropiado sobre el cual uno pueda afirmar ser experto, es una que no debe pasar sin ser cuestionada. Ese clérigo presumiblemente no se habría referido a la experticia de un aclamado “estudioso de las hadas” sobre la exacta forma y color de las alas de las hadas. Ambos; él y el obispo, pensaron que Einstein, al no tener entrenamiento teológico, había malentendido la naturaleza de Dios. Al contrario, Einstein entendía muy bien exactamente lo que él estaba negando.
Un abogado estadounidense católico romano, trabajando a favor de una coalición ecuménica, le escribió a Einstein:
Sentimos profundamente que usted hiciera su afirmación...en la cual ridiculiza la idea de un Dios personal. En los pasados diez años nada ha sido tan calculado como su afirmación, para hacer que la gente piense que Hitler tenía algo de razón para expulsar a los judíos de Alemania,. Concediéndole a usted el derecho a expresar libremente su pensamiento, yo todavía digo que su afirmación lo constituye a usted en una de las más grandes fuentes de discordia en los Estados Unidos de América.
Un rabino de Nueva York, dijo: “Einstein es incuestionablemente un gran científico, pero sus puntos de vista religiosos son diametralmente opuestos al judaísmo”.
¿“Pero”? ¿“Pero”? Porqué no ¿“ y ”?
El presidente de una sociedad histórica de Nueva Jersey escribió una carta que tan condenadamente expone la debilidad de la mente religiosa, que vale la pena leerla dos veces:
Nosotros respetamos su aprendizaje, Dr. Einstein; pero existe una cosa que usted parece no haber aprendido: que Dios es un espíritu y no puede ser encontrado a través del telescopio o del microscopio, no más que la emoción o el pensamiento humanos pueden ser hallados analizando el cerebro. Como saben todos, la religión está basada en la Fe, no en el conocimiento. Cada persona pensante; quizás, es asaltada a veces por dudas religiosas. Mi propia fe ha divagado muchas veces. Pero yo nunca le conté a nadie mis aberraciones espirituales por dos razones: (1) temí que pudiese; por mera sugestión, perturbar y dañar la vida y las esperanzas de algún compañero ser humano; (2) porque estoy de acuerdo con el escritor que dijo: “Existe una sombra de maldad en cada uno que destruirá la fe de otro”...Yo tengo esperanzas, Dr. Einstein, de que usted haya sido erróneamente citado y que usted dirá algo más placentero a la vasta cantidad del pueblo estadounidense que se deleita en hacerle honores a usted.
!Qué carta tan devastantemente reveladora! Cada ciencia gotea cobardía intelectual y moral.
Menos abyecta, pero más perturbadora fue la carta del Fundador De la Asociación del Tabernáculo del Calvario de Oklahoma:
Profesor Einstein, yo creo que cada cristiano en los Estados Unidos de América le responderá a usted. “Nosotros no vamos a renunciar a nuestra creencia en Dios y en su hijo Jesús Cristo, sino que lo invitamos, si usted no cree en el Dios del pueblo de esta nación, a que regrese de donde vino”. Yo he hecho todo lo que está en mi poder para ser una bendición para Israel, y entonces viene usted con una afirmación de su blasfema lengua, ha hacer más para herir la causa de su pueblo que todos los esfuerzos de los cristianos que aman a Israel puedan hacer para aplastar el anti-semitismo en nuestra tierra. Profesor Einstein, cada cristiano en los Estados Unidos de América le replicará a usted inmediatamente: “Tome su loca, falaz teoría de la evolución y regrese a Alemania de donde vino, deténgase en tratar de quebrar la fe de un pueblo que le dio a usted la bienvenida cuando fue forzado a escapar de su tierra nativa
La única cosa que todos estos críticos teístas captaron correctamente, fue que Einstein no era uno de ellos. Él se indignó repetidamente ante la sugerencia de que él era un teísta. Así que, ¿Era él un deísta como Voltaire o Diderot? ¿O un panteísta, como Spinoza, cuya filosofía él admiraba: “Yo creo en el Dios de Spinoza quien se revela a sí mismo en la ordenada armonía de lo que existe, no en un Dios que se preocupa él mismo con los destinos de los seres humanos”?
Recordémonos a nosotros mismos la terminología. Un teísta cree en una inteligencia sobrenatural que, en añadidura a su principal trabajo de crear el universo en primer lugar, todavía está por ahí para supervisar e influenciar el subsiguiente destino de su creación inicial.
En muchos sistemas de creencias teístas, la deidad está íntimamente involucrada en los asuntos humanos. Él responde plegarias, perdona o castiga pecados; interviene en el mundo haciendo milagros, se preocupa por las buenas y las malas acciones; y sabe cuando nosotros las hacemos (o hasta cuando pensamos hacerlas). Un deísta; también, cree en una inteligencia sobrenatural, pero en una cuyas actividades estuvieron confinadas en primer lugar, a establecer las leyes que gobiernan el universo. El Dios deísta nunca interviene después, y ciertamente no tiene un interés específico en los asuntos humanos. Los panteístas no creen en lo absoluto en un Dios sobrenatural, sino que usan la palabra Dios como un sinónimo no-sobrenatural de naturaleza, o del universo, o de la legalidad que gobierna su funcionamiento. Los deístas se diferencian de los teístas en que su Dios no responde plegarias; no está interesado en los pecados o confesiones; no lee nuestros pensamientos; y no interviene con caprichosos milagros. Los deístas se diferencian de los panteístas en que el Dios deísta es alguna forma de inteligencia cósmica; en vez del metafórico o poético sinónimo del panteísta para las leyes del universo. El panteísmo es un ateísmo más sexualmente atractivo (sic: sexed-up). El Deísmo es un teísmo diluido.
Existen todas las razones para pensar que los famosos einsteininismos como: “Dios es sutil pero no malicioso” ó “Él no juega dados” ó “¿Tuvo Dios otras opciones al crear el universo”? son panteístas, no deístas, y ciertamente no teístas. “Dios no juega dados” debe ser traducido como “El azar no yace en el meollo de todas las cosas”. “¿Tuvo dios otras opciones al crear el Universo?” significa: “¿Pudo el universo haber comenzado de alguna otra manera?”. Einstein estaba usado a “Dios” en un sentido puramente metafórico; puramente poético. Lo mismo ocurre con Stephen Hawkings, y también con la mayoría de aquellos físicos quienes ocasionalmente se deslizan hacia el lenguaje de la metáfora religiosa.
El libro; The Mind of God (La Mente de Dios), de Paul Davies, parece estar suspendido entre el panteísmo einsteiniano y una oscura forma de deísmo—por el cual él fue recompensado con el Templeton Prize (Premio Templeton—una gran suma de dinero otorgada anualmente por la Fundación Templeton, usualmente a un científico que esté preparado para decir algo simpático sobre religión).
Permítanme resumir la religión einsteiniana en una cita más del mismo Einstein: “Sentir que detrás de cualquier cosa que pueda ser experimentada existe un algo que nuestra mente no puede captar y cuya belleza y sublimidad nos alcanza indirectamente y como un débil reflejo, eso es religiosidad. En ese sentido yo soy religioso”. En este sentido, yo también soy religioso, con la reserva de que “no captar” no tiene que significar “por siempre incaptable”. Pero yo prefiero no llamarme a mí mismo religioso porque confunde. Confunde destructivamente porque; para la vasta mayoría de las personas, “religión” implica “sobrenatural”. Carl Sagan lo dijo bien: “Si por ‘Dios’ uno quiere significar el conjunto de leyes físicas que gobiernan el universo; entonces claramente existe tal Dios. Este Dios no satisface emocionalmente...no tiene mucho sentido orar a la ley de gravedad”.
Divertidamente, el último punto de Sagan fue presentido por el Reverendo Dr. Fulton J. Sheen, un profesor de la Catholic University of America (Universidad Católica de los Estados Unidos de América), como parte de un feroz ataque contra el repudio de Einstein en 1940 de un Dios personal. Sheen, sarcásticamente preguntó si alguien estaría preparado para basar su vida en la Vía Láctea. Él pareció pensar que estaba haciendo un punto contra Einstein, en vez de a favor de él, porque añadió: “Existe una sola falla en su religión cósmica: él le puso una letra extra a la palabra—la letra “s”.” No hay nada cómico en las creencias de Einstein. Aún así, yo desearía que los físicos se abstuviesen de usar la palabra Dios en su especial sentido metafórico.
El Dios metafórico o panteísta de los físicos está años-luz alejado del Dios intervencionista, causador de milagros, lector de pensamientos, castigador de pecados, respondedor de plegarias de la Biblia, de los sacerdotes, mullahs [sacerdotes musulmanes] y rabinos, y del idioma ordinario. Confundir a los dos deliberadamente es; en mi opinión, un acto de alta traición intelectual.
Mi título, The God Delusion (Delusión sobre Dios), no se refiere al Dios de Einstein y de los otros esclarecidos científicos de la sección previa. Ese es el porqué necesitaba sacar de la vía a la religión einsteiniana; para empezar, porque: tiene una capacidad comprobada para confundir. En el resto de este libro hablaré sólo de los dioses sobrenaturales, de los cuales, el más familiar a la mayoría de mis lectores será Yaweh, el Dios del Viejo Testamento. Regresaré a él en un momento. Pero antes de dejar este capítulo preliminar necesito tratar un asunto más, que de otra forma causaría confusión en todo el libro. Esta vez es un asunto de etiqueta. Es posible que los lectores religiosos se ofendan por lo que tengo que decir, y que hallen en estas páginas insuficiente respeto hacia sus creencias particulares (o las creencias que otros atesoran). Sería una vergüenza si tal ofensa les impidiese a ellos seguir leyendo; así que, quiero salir de eso aquí, al comienzo.
Una asunción ampliamente extendida, que casi todos aceptan en nuestra sociedad—incluyendo a los no-religiosos—es que la fe religiosa es especialmente vulnerable a las ofensas y debería ser protegida por un anormalmente grueso muro de respeto, una clase diferente de respeto al que cualquier ser humano le debe a cualquier otro. Douglas Adams lo dijo tan bien, en un discurso improvisado dado en Cambridge poco tiempo antes de su muerte [10], que yo nunca me canso de compartir sus palabras:
La religión...tiene ciertas ideas en su meollo que nosotros llamamos sagradas o lo que sea. Lo que significa es, “Aquí está una idea o una noción sobre la cual a usted no se le permite decir nada malo sobre ella. Simplemente no se le permite.”¿Porqué no?—¡porque no!.
Si alguien vota por un partido con el cual usted no está de acuerdo, usted tiene toda la libertad de argumentar sobre él; tanto como usted quiera. Cada quién puede tener su propio argumento pero nadie se siente agraviado por eso. Si alguien piensa que los impuestos deberían ser aumentados o reducidos, usted tiene toda la libertad de argumentar sobre eso. Pero por otra parte, si alguien dice: “Yo estoy obligado a no tocar ni siquiera el interruptor de la luz los sábados”; usted dice: “Yo respeto eso”.
¿Porqué debe ser perfectamente legítimo apoyar al partido laborista o al partido conservador, a los republicanos o a los demócratas; este modelo de economía versus este otro, Mackintosh en vez de Windows—pero tener una opinión sobre como comenzó el Universo; sobre quién creó el Universo..no...!eso es sagrado!? Nosotros estamos acostumbrados a no desafiar a las ideas religiosas,! pero es muy interesante cuánto furor crea Richard cuando lo hace! Todo el mundo se vuelve absolutamente loco, porque a usted no se le permite decir tales cosas. Aún así, cuando uno lo mira racionalmente, no existe ninguna razón para que esas ideas no estén abiertas al debate como cualquier otra; excepto que nosotros hemos acordado de alguna manera que eso no debería ser.
Aquí está un ejemplo en particular del insolente respeto de nuestra sociedad por la religión; uno que realmente importa. Por mucho, los argumentos más fáciles para obtener el estatus de objetor de conciencia en tiempos de guerra, son religiosos.
Usted puede ser un brillante filósofo moralista con una tesis doctoral ganadora de premios que expone detalladamente las maldades de la guerra; y aún así una junta de reclutamiento le puede hacer pasar un mal rato cuando evalúa su afirmación de ser un objetor de conciencia. Pero si usted puede decir que uno o ambos de sus padres es un cuáquero [11] usted pasa navegando como una brisa; sin importar cuán iliterado o cuán incapaz pueda ser usted de explicar la teoría del pacifismo o; de hecho, hasta el mismo cuaquerismo.
En el extremo opuesto del espectro pacifista, nosotros tenemos una renuencia pusilánime a usar nombres religiosos para facciones en guerra. En Irlanda del Norte, los católicos y los protestantes son llamados eufemísticamente “nacionalistas” y “leales” respectivamente. La mismísima palabra “religiones” es evitada deliberadamente y cambiada por “comunidades”; como en la frase: “guerra inter-comunitaria”. Irak; como consecuencia de la invasión aglo-americana de 2003, degeneró en una guerra civil sectaria entre los musulmanes sunni y shia. Claramente un conflicto religioso—aún así, en el [periódico] Independent del 20 de mayo de 2006, el titular de primera plana y el principal artículo son ambos descritos como “limpieza étnica”. “Étnico” en este contexto es también otro eufemismo. Lo que estamos viendo en Irak es limpieza religiosa. El uso original de “limpieza étnica” en la extinta Yugoeslava también puede discutirse como un eufemismo de limpieza religiosa, que involucra a serbios ortodoxos, croatas católicos y a bosnios musulmanes. [12]
Yo he llamado previamente la atención sobre privilegiar a la religión en discusiones públicas sobre ética por los medios de comunicación y el gobierno. [13] Cuandoquiera que surge una controversia sobre moral sexual o reproductiva, usted puede apostar que los líderes religiosos de varios grupos de diferentes creencias estarán prominentemente representados en influyentes comités, o en paneles de discusión en la radio o la televisión. No estoy sugiriendo que deberíamos salirnos del camino para censurar los puntos de vista de esta gente. Pero ¿Porqué nuestra sociedad tiende una alfombra hasta sus puertas, como si ellos fuesen expertos comparables a; digamos, un filósofo moral, un abogado especializado en derecho de familia, o un médico?
Aquí están otros ejemplos sobre privilegiar a la religión. El 21 de febrero de 2006, la Corte Suprema de los Estados Unidos de América sentenció que una iglesia de Nuevo México debería estar exceptuada de cumplir una ley, que todo el resto de las personas tiene que obedecer, relacionada con la ingesta de drogas alucinógenas. [14] y [15] Los fieles miembros del Centro Espirita Beneficiente Uniao do Vegetal, creen que ellos pueden entender a Dios sólo tomando te de hoasca, que contiene la droga alucinógena ilegal dimetil-triptamina. Note que es suficiente que ellos crean que la droga mejora su entendimiento. Ellos no tienen que presentar evidencias. Conversamente; existe abundante evidencia que la cannabis [marihuana] alivia la náusea y el malestar de quienes sufren de cáncer y están recibiendo quimioterapia. Aún así, la Corte Suprema sentenció en 2005, que todos los pacientes que usen cannabis para propósitos medicinales son vulnerables a las acusaciones federales (aún en la minoría de estados donde tal uso especializado está legalizado).
La religión; como siempre, es la carta de triunfo. Imagine a los miembros de una sociedad de apreciación del arte planteando ante la Corte que ellos “creen” que necesitan una droga alucinógena para mejorar su entendimiento de las pinturas impresionistas o surrealistas. Aún así, cuando una iglesia afirma tener una necesidad equivalente, es apoyada por la corte más alta del país. Tal es el poder de la religión como talismán.
Hace diecisiete años, yo fui uno de los treinta y seis escritores y artistas comisionados por la revista New Statesman (Nuevo Hombre de Estado), para escribir en apoyo del distinguido autor Salman Rushdie, [16] para entonces sentenciado a muerte por escribir una novela. Furioso por el “entendimiento” del “dolor” y la “ofensa” a los musulmanes expresado por líderes cristianos, y hasta algunos formadores de opinión seculares, expuse el siguiente paralelo:
Si los defensores del apartheid [17] se hubiesen atrevido a reclamar—por todo lo que conozco verdaderamente—que permitir la mezcla de razas iba en contra de su religión, una buena parte de la oposición respetuosamente se hubiese retirado en puntillas de pie. Y no tiene caso afirmar que esto es un injusto paralelo porque el apartheid no tiene justificación racional. Todo el punto de la fe religiosa, su fuerza y su principal gloria, es que no depende de la justificación racional. Se espera del resto de nosotros que defendamos nuestros prejuicios. Pero pedirle a una persona religiosa que justifique su fe, infringe la “libertad religiosa”.
Poco sabía yo que algo tan similar llegaría a ocurrir en el siglo veintiuno. El [periódico] Los Angeles Times reportó que numerosos grupos cristianos en ciudades universitarias por todos los Estados Unidos de América, estaban demandando a sus universidades por hacer cumplir las normas anti-discriminatorias, incluyendo la prohibición contra hostigar o abusar de los homosexuales. Como un ejemplo típico; en 2004, James Nixon, un muchacho de doce años de edad en Ohio, obtuvo el derecho en un tribunal para usar una franela con las palabras: “!La homosexualidad es un pecado; el Islam es una mentira; el aborto es asesinato y algunos asuntos son simplemente blanco y negro!”.[18] La escuela le dijo que no usara esa franela—y los padres del muchacho demandaron a la escuela. Los padres pudieron haber tenido un caso que se ajustaba a sus conciencias si lo hubiesen basado en el argumento de la garantía contenida en la Primera Enmienda [a la Constitución Nacional de los Estados Unidos de América] sobre el la libertad de expresar libremente el pensamiento. Pero ellos no lo tenían: de hecho, ellos no podían tenerlo, porque la libertad de expresión se considera que no debe contener “expresiones de odio”. Pero el odio sólo tiene que probar que es religioso, y entonces ya no se considera como odio. Así que, en vez de apelar a su libertad de expresión, los Nixon apelaron a su libertad constitucional de religión. Su victorioso juicio fue apoyado por el Alliance Defend Fund (Fondo de Defensa de la Alianza), de Arizona, cuyo objetivo es: “presionar por batallas legales a favor de la libertad religiosa”.
El Reverendo Rick Scarborough, apoyando la ola de similares demandas judiciales cristianas, llevadas a cabo para establecer a la religión como una justificación legal para discriminar en contra de los homosexuales y otros grupos, lo ha denominado la lucha por los derechos civiles del siglo veintiuno: “Los cristianos van a tener que levantarse por su derecho a ser cristiano”.[19]
De nuevo, si tales personas basasen su posición en el derecho a la libertad de expresión, uno podría; regañadientes, simpatizar con ellos. Pero de eso no es de lo que se trata. El caso legal a favor de discriminar en contra de los homosexuales está siendo montado como un contra-juicio en contra de supuesta ¡discriminación religiosa! Y la ley parece respetar eso. Usted puede salirse con la suya, diciendo:
“Si usted trata de impedir que yo insulte a los homosexuales, viola mi derecho a tener prejuicios” ¿Cuál; cuando usted piensa sobre ellos, es la diferencia? De nuevo, la religión topa a todo.
Finalizaré este capítulo con un caso de estudio en particular; cuyo relato ilumina el exagerado respeto de la sociedad por la religión, más allá y por encima del normal respeto humano. El caso echó llamas en febrero de 2006—un episodio absurdamente risible—que cambiaba salvajemente de dirección entre los extremos de la comedia y la tragedia. El previo septiembre, el periódico danés Jyllands-Posten publicó doce caricaturas que mostraban al profeta Mahoma. Durante los tres siguientes meses, la indignación fue cuidadosa y sistemáticamente nutrida por todo el mundo islámico por un pequeño grupo de musulmanes que vivía en Dinamarca, dirigido por dos imams [clérigos musulmanes] a quienes se les había concedido asilo allí.[20] A finales de 2005 estos malévolos exiliados viajaron desde Dinamarca a Egipto, portando un dossier, que fue copiado y distribuido desde allí a todo el mundo islámico; incluyendo, importantemente a Indonesia. El dossier contenía falsedades sobre supuestos maltratos a musulmanes en Dinamarca; y la tendenciosa mentira de que el Jyllands-Posten era un periódico del gobierno. También contenía las doce caricaturas; la que, crucialmente, los imams habían suplementado con tres imágenes adicionales cuyo origen era misterioso pero que ciertamente no tenía ninguna conexión con Dinamarca. A diferencia de los doce originales, estos tres añadidos, eran genuinamente ofensivos—o hubieran sido si ellos hubiesen; como alegaban los fanáticos religiosos propagandistas, mostrado a Mahoma. Uno de los tres; particularmente dañino, no era en lo absoluto una caricatura, sino una fotografía enviada a través de una máquina de fax, mostrando a un hombre barbado que tenía una nariz de cerdo sostenida con ligas. Subsiguientemente resultó ser que esta era una fotografía de la [agencia internacional de noticias estadounidense] Associated Press de un hombre francés que participó en un concurso para hacer sonidos de cochino en una feria campesina de Francia.[21] La fotografía no tenía ninguna conexión en lo absoluto con el profeta Mahoma; ni con el Islam; ni con Dinamarca. Pero los activistas musulmanes, en su travesía hasta el Cairo para hacer sus travesuras; implicaba a esas tres conexiones...con los resultados predecibles.
La cuidadosamente cultivada “herida” y “ofensa” fue llevada hasta una cabeza explosiva, cinco meses después que las doce caricaturas fuesen originalmente publicadas. Manifestantes en Pakistán e Indonesia quemaron banderas danesas (¿de dónde las obtuvieron?) y se hicieron demandas histéricas para que el gobierno danés pidiese disculpas. (¿pedir disculpas porqué? Ellos no dibujaron las caricaturas, ni las publicaron. Los daneses simplemente viven en un país con una prensa libre; algo que puede ser difícil de entender para los pueblos de muchos países islámicos ).
Los periódicos de Noruega, Alemania, Francia y hasta de los Estados Unidos de América (pero conspicuamente, no los de Gran Bretaña), re-imprimieron las caricaturas en gestos de solidaridad con el Jyllands-Posten, lo que añadió combustible a las llamas. Las embajadas y los consulados fueron abandalizados, se montó un boicot contra los productos daneses. Los ciudadanos daneses y; de hecho, occidentales en general, fueron amenazados físicamente.
Las iglesias cristianas de Pakistán con ninguna conexión en lo absoluto con Dinamarca o Europa, fueron incendiadas. Nueve personas fueron asesinadas cuando turbas en Libia atacaron e incendiaron el consulado italiano de Benghazi. Como escribió Germaine Greer, lo que esta gente realmente ama y hace mejor, es el pandemonium.[22]
Una recompensa de un millón de dólares fue ofrecida por la cabeza del “caricaturista danés” por un imam pakistaní—quién aparentemente no estaba enterado de que eran doce caricaturistas daneses diferentes, y casi con seguridad no estaba enterado de que las tres fotografías más ofensivas nunca aparecieron en Dinamarca en lo absoluto (y, de paso, ¿de donde iba a provenir ese millón?). En Nigeria, manifestantes musulmanes en contra de las caricaturas danesas incendiaron varias iglesias cristianas, y usaron machetes para atacar y matar a cristianos (nigerianos) en las calles. Un cristiano fue introducido en un neumático, bañado con gasolina y quemado. Manifestantes fueron fotografiados en Gran Bretaña portando pancartas que decían: “maten a quienes insultan al Islam”; “descuarticen a quienes se burlan del Islam”; “Europa pagará: la demolición viene en camino”; y, aparentemente sin carecer de ironía, “decapiten a quienes dicen que el Islam es una religión violenta”.
En la reacción a todo esto, el periodista Andrew Mueller, entrevistó al líder musulmán “moderado” de Gran Bretaña, Sir Iqbal Sacranie.[23] Moderado puede ser él conforme a los estándares islámicos de hoy, pero en el relato de Mueller, él todavía mantiene la declaración que hiciera cuando Salman Rushdie fue condenado a muerte por escribir una novela: “La muerte quizás es demasiado suave para él”—una declaración que lo coloca en ignominioso contraste con su valiente predecesor como el musulmán más influyente de Gran Bretaña, el fenecido Dr. Zaki Badawi, quién le ofreció asilo en su propio hogar a Salman Rushdie. Sacranie le dijo a Mueller lo preocupado que estaba por las caricaturas danesas. Mueller también estaba preocupado, pero por una razón diferente: “Estoy preocupado de que la ridícula y desproporcionada reacción hacia dibujos sin comicidad en un oscuro periódico escandinavo pueda confirmar que...el Islam y occidente son fundamentalmente irreconciliables”. Sacranie; por otra parte, alabó a los periódicos británicos por no reimprimir las caricaturas, a los cuales Mueller les hizo llegar la sospecha de la mayoría de la nación, de que “la auto-censura de los periódicos británicos se derivaba menos de la sensibilidad hacia el descontento musulmán que de un deseo de evitar que les rompiesen sus ventanas”.
Sacranie explicó que. “La persona del Profeta; la paz sea sobre él, es reverenciada tan profundamente en el mundo musulmán, con un amor y afecto que no pueden ser explicados con palabras. Va más allá del amor y afecto hacia los padres, hacia otros seres queridos, hacia los hijos. Eso es parte de la fe. También existe una enseñanza islámica que uno no muestra al Profeta.” Esto en vez asume; como observó Mueller:
Que los valores del Islam están por encima de los valores de toda persona—por lo cual cualquier creyente del Islam en consecuencia asume; exactamente igual a como cree cualquier creyente de cualquier otra religión, que su religión es la única vía, verdad y luz. Si las personas desean amar a un predicador del siglo séptimo más que a sus propias familias, allá ellos, pero nadie más está obligado a tomar eso en serio...
Excepto que si usted no lo toma en serio y le guarda el apropiado respeto, usted es amenazado físicamente, en una escala que ninguna otra religión ha aspirado desde la Edad Media. Uno no puede evitar preguntarse porqué es necesaria tanta violencia; dado que, como nota Mueller: “Si alguno de ustedes; payasos, tiene razón en algo, los caricaturistas irían al infierno de todos modos--¿No es eso suficiente? Mientras tanto, si usted quiere agitarse por las afrentas a los musulmanes, lea los reportes de Amnesty International (Amnistía Internacional), sobre Siria y Arabia Saudita” [Acotación del Traductor. El Autor y el citado periodista Mueller, se refieren a las violaciones a los derechos humanos que los gobiernos de Siria y Arabia Saudita perpetran contra sus súbditos]
Muchas personas han notado el contraste entre el “la herida” histérica expuesta por los musulmanes y la rapidez con la que los medios de comunicación árabes publican caricaturas estereotípicas de judíos. En una demostración en Pakistán contra las caricaturas danesas, una mujer vestida en una burka negra fue fotografiada portando una pancarta que decía: “Dios bendiga a Hitler”
En respuesta a todo este loco pandemonium, los periódicos liberales decentes deploraron la violencia e hicieron ruidos simbólicos sobre la libertad de expresión. Pero al mismo tiempo, expresaron “respeto” y “consideración” por la profunda “ofensa” y “herida” que habían “sufrido” los musulmanes. La “herida” y el “sufrimiento” consistieron; recuerden, no en violencia o dolor real contra ninguna persona, en ninguna forma: sino nada más que unos pocos trazos de tinta de imprenta en un periódico sobre el que nadie fuera de Dinamarca nunca hubiese oído a no ser por una deliberada campaña de incitación al amotinamiento.
Yo no estoy a favor de ofender o herir a alguien sólo por hacerlo. Pero estoy intrigado y mistificado por los desproporcionados privilegios que se confieren a la religión en nuestras sociedades seculares. Todos los políticos están obligados a acostumbrarse a caricaturas irrespetuosas de sus rostros, y nadie se amotina en su defensa. ¿Qué hay de especial en la religión que nosotros le concedemos tan privilegiado e único respeto? Como dijo H. L. Mencken: “Nosotros debemos respetar a la religión del otro; pero sólo en el sentido y hasta donde respetamos su teoría de que su esposa es bella y sus hijos son inteligentes”.
Es bajo la luz de la presunción sin paralelo de respeto hacia la religión que hago mi propia negación sobre este libro. No saldré de mi camino para ofender; pero no usaré guantes de seda para manejar a la religión en una forma más delicada de lo que manejaría cualquier otra cosa.
La religión de una era es el entretenimiento literario de la próxima
—RALPH WALDO EMERSON
El Dios del Viejo Testamento; se puede argumentar, es el carácter más desagradable en toda ficción: celoso y orgulloso de serlo; cerrado de mente, injusto, severo y obsesionado con el control; vengativo, un limpiador étnico sediento de sangre, un misógino, homofóbo, racista, infanticida, genocida, filicida, productor de pestilencias, megalomaníaco, sadomasoquista, caprichoso, y un matón malevolente.
Aquellos de nosotros educados desde la infancia en su forma de ser, podemos llegar a convertirnos en insensibles a su horror. Un crédulo bendecido con la perspectiva de la inocencia tiene una percepción más clara. El hijo de Winston Churchill; Randolph, planeaba de alguna manera mantenerse ignorante del contenido de las Escrituras hasta que Evelyn Waugh y un oficial hermano, en un vano intento de mantener tranquilo a Churchill cuando fueron destacados juntos durante la guerra, le apostaron a él que no sería capaz de leer la Biblia completa en una sola noche: “Infelizmente esto no ha resultado como nosotros lo esperábamos. Él nunca ha leído nada de ella y está aterrorizantemente excitado; se la pasa leyendo citas en voz alta: ‘Apuesto a que ustedes no sabían que esto estaba en la Biblia...’ o meramente golpeándose una pierna y atragantándose de la risa mientras dice: ‘Dios mío, ¿!No es Dios una mierda!?”.[24] Thomas Jefferson—más leído—tenía una opinión similar: “El Dios cristiano es un ser de un carácter aterrador—cruel, vengativo, caprichoso e injusto”.
Es injusto atacar a un blanco fácil. La Hipótesis de Dios no debe pararse o caer con su más inadorable evidencia: Yaweh, tampoco con su insípidamente opuesto rostro cristiano, “el gentil Jesús, dócil y suave”. (Para ser justo, esta débil persona, le debe más a sus seguidores victorianos que al mismo Jesús. ¿Podría algo ser más nauseante que las sentimentaloides expresiones de la Sra. C. F. Alexander de que. “Todos los niños cristianos deben ser / dóciles, y obedientes como él?) No estoy atacando las cualidades particulares de Yaweh, o de Jesús, o de Alá; ni de ningún otro dios específico como Baal, Zeus o Wotan. En vez de eso, debo definir la Hipótesis de Dios, más defensivamente:
Existe una inteligencia sobrenatural, súper-humana que deliberadamente diseñó y creó el universo y todo lo que hay en él; incluyéndonos a nosotros.
Este libro defenderá el punto de vista alternativo:
Cualquier inteligencia creativa, de suficiente complejidad para diseñar cualquier cosa, llega a existir sólo como el producto final de un extendido proceso de evolución gradual.
Las inteligencias creativas; al ser evolucionadas, necesariamente llegan tarde en el universo, y en consecuencia no pueden ser responsables de su diseño. Dios, en el sentido definido, es una delusión; y, como demostrarán posteriores capítulos, una delusión perniciosa.
Para no sorpresa, debido a que está fundamentado en tradiciones locales o revelaciones privadas en vez de en evidencias, la Hipótesis de Dios viene en muchas versiones. Los historiadores de la religión reconocen una progresión desde los primitivos animismos tribales, pasando por politeísmos como aquellos de los griegos, los romanos y los normandos, hasta monoteísmos como el Judaísmo y sus derivados, el Cristianismo y el Islam.
No está claro porqué el cambio de politeísmo a monoteísmo debería ser asumido como un mejoramiento progresivo evidente en sí mismo. Pero ampliamente; es una asunción—que llevó a Ibn Warraq (autor de Why I Am Not a Muslim—Porqué Yo No Soy Musulmán), ha conjeturar sagazmente que el monoteísmo está a su vez condenado a sustraer uno o más dioses y convertirse en ateísmo. La Enciclopedia Católica rechaza al politeísmo y al ateísmo con la misma desdeñosa amplitud: “El ateísmo dogmático formal se auto-refuta, y nunca ha ganado de facto el consentimiento razonado de ninguna cantidad considerable de hombres. Tampoco puede el politeísmo; aunque pueda fácilmente asentarse en la imaginación popular, satisfacer nunca la mente de un filósofo”.[25]
El chauvinismo monoteísta estaba hasta recientemente, escrito en la ley de caridad; tanto en Inglaterra, como en Escocia, discriminando en contra de las religiones politeístas al conceder el estatus de exento de impuestos, mientras le proporcionaba una suave cabalgata a aquellas caridades cuyo objeto era promover la religión monoteísta; exonerando a éstas de los exámenes previos apropiadamente requeridos a las caridades seculares. Fue mi ambición, persuadir a un miembro de la respetada comunidad Hindú de Gran Bretaña, a decidirse a introducir una demanda judicial civil para poner a prueba esta discriminación esnob contra el politeísmo.
Mucho mejor; por supuesto, sería abandonar completamente la promoción de la religión, como fundamento para obtener el estatus de caridad. Los beneficios de esta sociedad serían grandes; especialmente en los Estados Unidos de América, donde las cantidades de dinero exentas de impuestos succionadas por las iglesias, y el pulimento de los talones de los televangelistas ya bien entalonados,[26] alcanzan niveles que con justicia pueden ser descritos como obscenos. El apropiadamente llamado Oral Roberts le dijo una vez a su audiencia televisiva que Dios lo iba a matar a menos que él le diese ocho millones de dólares. Casi increíblemente, funcionó. ¡libre de impuestos! El mismo Roberts todavía es fuerte, como su “Universidad Oral Roberts”, de Tulsa, Oklahoma. Sus edificios; valorados en 250 millones de dólares, fueron directamente comisionados por el mismo Dios con estas palabras: “Levanten a sus estudiantes para que oigan Mi voz, para que vayan donde Mi luz es opaca; donde Mi voz casi no se escucha, y Mi poder de sanación no es conocido, hasta inclusive los más recónditos lugares de la Tierra. El trabajo de ellos excederá al de ustedes, y en esto, yo estoy muy complacido”.
Reflexionando; mi imaginario litigante hindú hubiese sido igual de probable de jugar la carta de “si no puedes derrotarlos, únete a ellos”. Su politeísmo no es realmente politeísmo, sino un monoteísmo disfrazado. Existe un solo Dios—el Señor Brahma, el creador; el Señor Vishnu el preservador; el Señor Shiva, el destructor; la Deidades femeninas Saraswari, Laxmi y Parvati (esposas de Brahma, Vishnu y Shiva), el Señor Ganesh el dios elefante, y cientos de otros; todos son simplemente diferentes manifestaciones o encarnaciones de un Dios.
Los cristianos deberían ser cálidos hacia tal sofisma. Ríos de tinta medieval; para no mencionar a la sangre, han sido despilfarrados sobre el “misterio” de la Trinidad, [27] y en suprimir desviaciones como la herejía de Arius. Arius de Alejandría; en el siglo cuarto, negó que Jesús fuese consustancial (i.e. de la misma sustancia o esencia) con Dios. ¿Qué podría posiblemente significar esto en la tierra? Se estará preguntado usted probablemente ¿Sustancia? ¿Qué sustancia? ¿qué quieres decir tú exactamente con “esencia”? “Muy poco” parece ser la única respuesta razonable. Aún así, la controversia dividió a la cristiandad por la mitad durante un siglo, y el Emperador Constantino ordenó quemar todas las copias del libro de Arius. Dividir a la cristiandad dividiendo cabellos—tal ha sido siempre el camino el camino la teología.
¿Tenemos a un Dios en tres partes; o tres Dioses en uno? La Enciclopedia Católica nos aclara el asunto; en una obra maestra de cerrado razonamiento teológico:
En la unidad de Dios existen tres Personas: el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo. Siendo estas Tres personas verdaderamente distintas la una de la otra. En consecuencia, en las palabras del Credo de Atanasio: “el Padre es Dios, el Hijo es Dios, y el Espíritu Santo es Dios, y aún así no existen tres Dioses sino sólo un Dios”.
Y si eso no estuviese suficientemente claro, la Enciclopedia cita al teólogo del siglo tercero; San Gregorio, el Hacedor de Milagros:
Existe en consecuencia nada creado; nada sujeto a otro en la Trinidad: tampoco existe nada que haya sido añadido como si alguna vez no hubiese existido, sino que hubiese entrado después: en consecuencia, el Padre nunca ha sido sin el Hijo; tampoco el Hijo sin el Espíritu: y esta misma Trinidad es inmutable e inalterable por siempre.
Cualesquiera que sean los milagros que le hayan ganado a San Gregorio su apodo, no fueron milagros de honesta lucidez. Sus palabras expresan el sabor característicamente oscurantista de la teología; la cual—a diferencia de la ciencia, y de la mayoría de las otras ramas de la academia humana—no se ha movido en dieciocho siglos. Thomas jefferson; como lo hacía a menudo, lo entendió correctamente cuando dijo: “El ridículo es la única arma que puede ser usada en contra de las posiciones ininteligibles. Las ideas tienen que ser distinguibles antes de que la razón pueda actuar sobre ellas; y ningún hombre ha tenido nunca una idea distinguible de la trinidad. Es el mero Abracadabra de los vendedores de pócimas que se llaman a sí mismos los sacerdotes de Jesús”.
La otra cosa que no puedo evitar resaltar; es la presuntuosa confianza con la cual los religiosos aseveran detalles minuciosos sobre los cuales ellos no poseen, ni podrían poseer evidencia alguna. Quizás es el mismísimo hecho de que no existe evidencia para soportar las opiniones teológicas; en cualquier forma, lo que nutre la característica hostilidad draconiana hacia aquellos que expresan opiniones ligeramente diferentes; especialmente, como sucede, en este específico campo del trinidarismo.
Jefferson amontonó el ridículo sobre la doctrina que; como él lo puso, “Existen tres Dioses”, en su crítica del calvinismo. Pero es especialmente la rama católica romana de la cristiandad la que empuja su recurrente coqueteo con el politeísmo hacia una inflación sin control. La Trinidad es (¿son?) aumentada por María, “Reina del Cielo”, una diosa en todo; excepto en nombre, quien con toda seguridad hace que el propio Dios mismo quede en un cercano segundo lugar como objetivo de las plegarias. El panteón es adicionalmente abultado por un ejército de santos; cuyo poder intercesor los convierte; si no en semi-dioses, en valiosos para acercárseles en cuanto a su propia especialidad. El Catholic Community Forum (Foro de la Comunidad Católica), útilmente lista a 5 mil 120 santos; [28] junto a su área de experticia, las que incluyen dolores abdominales, víctimas de abuso, anorexia, vendedores de armas, herreros, huesos rotos, técnicos explosivistas, y desórdenes intestinales, para no ir más allá de la letra “B” [el Autor revisó la lista de santos en el idioma inglés; deteniéndose al finalizar la letra “B”]
Y nosotros no podemos olvidar a los Coros de Anfitriones Angelicales, organizados en nueve órdenes: Serafines, Querubines, Tronos, Dominaciones, Virtudes, Potestades, Principados, Arcángeles (los jefes de todos los anfitriones) y los simple y llanamente Ángeles, incluyendo a nuestros amigos más cercanos; los siempre vigilantes ángeles de la guarda. Lo que más me impresiona de la mitología católica es parcialmente su insípida tosquedad; pero mayormente la insustancial despreocupación con la que esta gente fabrica los detalles a medida que avanza. Son simplemente inventados desvergonzadamente.
El Papa Juan Pablo Segundo creó más santos que todos sus predecesores juntos de los pasados varios siglos; y él tenía una afinidad especial con la Virgen María. Su sed politeísta fue dramáticamente demostrada en 1981 cuando él sufrió un atentado para asesinarlo en Roma, y atribuyó su supervivencia a la intervención de Nuestra Señora de Fátima: “Una mano maternal guió la bala”. Uno no puede evitar preguntarse porqué ella no la guió para que no lo hiriese en ninguna parte. Otros podrían pensar que el equipo de cirujanos que lo operó a él durante seis horas merece por lo menos parte del crédito; pero quizás sus manos; también, fueron maternalmente guiadas. El punto relevante; es que no fue solamente Nuestra Señora quien; en la opinión del Papa, guió la bala, sino específicamente de Fátima. Presumiblemente, Nuestra Señora de Lourdes; Nuestra Señora de Guadalupe; Nuestra Señora de Medjugorje; Nuestra Señora de Akita; Nuestra Señora de Zeitoun; Nuestra Señora de Garabandal y Nuestra Señora de Knock estaban ocupadas en otros tareas en ese momento.
¿Cómo hicieron los griegos, los romanos y los vikingos para manejar tales politeológicos dilemas? ¿Era Venus simplemente otro nombre para Afrodita; o eran ellas dos diosas distintas del amor? ¿Fue Thor con su martillo una manifestación de Wotan; o un dios separado? ¿A quién le importa? La vida es muy corta para preocuparse con la distinción entre una fabricación de la imaginación y muchas otras. Habiendo hecho un gesto hacia el politeísmo para cubrirme contra una acusación de negligencia, no diré más nada sobre éste. A favor de la brevedad me referiré a todas las deidades, ya sean poli o monoteístas; simplemente como “Dios”. También estoy consciente del Dios Abrahamico (para ponerlo suavemente) macho agresivo, y esto también deberé aceptarlo como un convencionalismo en mi uso de los pronombres. Teólogos más sofisticados proclaman la asexualidad de Dios, mientras algunas teólogas feministas buscan corregir las injusticias históricas diciendo que era hembra. ¿Pero cuál; después de todo, es la diferencia entre una inexistente hembra y un inexistente macho? Yo supongo que, en la tontamente irreal intersección entre la teología y el feminismo, la existencia puede, de hecho, ser un atributo menos importante que el género.
Estoy consciente que los críticos de la religión pueden ser atacados por fracasar en darle crédito a la fértil diversidad de tradiciones y puntos de vista del mundo que han sido llamados religiones.
Obras antropológicamente informadas; desde Golden Bough (Rama Dorada) de Sir James Frazer, hasta Religion Explained (La Religión Explicada) de Pascal Boyer o In Gods We Trust, (En los Dioses Confiamos) de Scott Atran, documentan fascinantemente la bizarra fenomenología de las supersticiones y de los rituales. Lea esos libros y maravíllese ante la credulidad humana.
Pero ese no es el camino de este libro. Yo no le doy ningún crédito al sobrenaturalismo en cualquiera de sus formas; y la manera más efectiva de proceder es concentrarse en la forma más probable de ser familiar a mis lectores—la forma que impresiona más amenazadoramente a todas nuestras sociedades. La mayoría de mis lectores habría sido criada en una u otra de las tres “grandes” religiones monoteístas de hoy (cuatro, si usted cuenta al mormonismo), todas las cuales pueden ser rastreadas hacia atrás hasta el mitológico patriarca Abraham, y será conveniente mantener en mente a esta familia de tradiciones por todo el resto del libro.
Este es un momento tan bueno como cualquier otro para prevenir sobre una inevitable acusación contra este libro; una que de otra manera—tan segura como que la noche sigue al día—aparecerá en una revisión: “El Dios en el que no cree Dawkins es un Dios en el que yo tampoco creo. Yo no creo en un anciano en el cielo con una larga barba blanca.”
Ese anciano es una distracción irrelevante; y su barba es tan tediosa como su longitud. De hecho, la distracción es peor que su irrelevancia. Su mismísima estupidez ha sido calculada para distraer la atención del hecho de que, en lo que el orador realmente cree no es mucho menos estúpido. Yo se que usted no cree en un anciano de barba blanca sentado en una nube, así que no perdamos más tiempo en eso. Yo no estoy atacando a ninguna versión de Dios en particular; estoy atacando a Dios; a todos los dioses; a cualquier cosa y a todo lo sobrenatural, cualquiera y dondequiera que ello haya existido o sea inventado.

El Patriarca Abraham por Theo Adam

el Dios que Miguel Angel pintó en el techo de la Capilla Sixtina del Vaticano
La gran inmencionable maldad en el centro de toda cultura es el monoteísmo. Desde el texto de la barbárica Edad de Bronce conocido como el Viejo Testamento; tres religiones anti-humanas han evolucionado—Judaísmo, Cristianismo e Islam. Estas son religiones de un dios en el cielo. Ellas son; literalmente, patriarcales—Dios es el Padre omnipotente—en consecuencia el desprecio hacia las mujeres durante dos mil años en aquellos países afligidos por el dios en el cielo y sus terrenales delegados machos.
—GORE VIDAL
La más antigua de las tres religiones abrahamicas, y el claro antepasado de las otras dos, es el Judaísmo: originalmente un culto tribal a un solo y ferozmente desagradable Dios, mórbidamente obsesionado con las restricciones sexuales, con el olor de la carne chamuscada, con su propia superioridad sobre los dioses rivales y con la exclusividad de su escogida tribu del desierto. Durante la ocupación romana de Palestina, el Cristianismo fue fundado por Pablo de Tarsus como una menos inmisericorde secta monoteísta del judaísmo y una menos exclusiva, que miraba más allá de los judíos hacia el resto del mundo. Varios siglos después, Mojámed y sus seguidores se revirtieron hacia el monoteísmo sin concesiones del judío original, pero no a su exclusividad, y fundaron el Islam sobre un nuevo libro sagrado; el Corán o Qur’am añadiendo una poderosa ideología de conquista militar para diseminar la fe.
La Cristiandad también, fue diseminada por la espada, portada primero por manos romanas después que el Emperador Constantino la hizo surgir desde un excéntrico culto hasta la religión oficial; después por los cruzados, y más tarde por los conquistadores y otros invasores y colonizadores europeos, con acompañamiento misionero. Para la mayoría de mis propósitos; todas las tres religiones abrahamicas pueden ser tratadas como indistinguibles. A menos que se diga lo contrario, tendré mayormente en mente a la Cristiandad, pero sólo porque esta es la versión con la que sucede que estoy más familiarizado. Para mis propósitos, las diferencias importan menos que las similitudes. Y no me ocuparé en lo absoluto con otras religiones como el Budismo o el Confucianismo. De hecho, existe algo que debe ser dicho a éstos, no como religiones en lo absoluto, sino como sistemas éticos o filosofías de vida.
La simple definición de la Hipótesis de Dios con la cual comencé, tiene que estar lo suficientemente descarnada para poder ajustarse al Dios Abrahamico. Él no sólo creó el universo; él es un Dios personal que habita dentro de su creación; o quizás fuera de ella (cualquier cosa que eso pueda significar), poseyendo las desagradables cualidades humanas a las que he aludido.
Las cualidades humanas; desagradables o agradables, no forman parte del dios deísta de Voltaire y Thomas Paine. Comparado con el delincuente sicótico del Viejo Testamento, el Dios deísta de la Era de la Ilustración del siglo dieciocho es completamente, un ser más digno: merecedor de su creación cósmica, arrogantemente despreocupado por los asuntos humanos, sublimemente desinteresado por nuestras esperanzas y pensamientos privados, no le importan en lo absoluto nuestros sucios pecados o nuestras ininteligibles contriciones. El Dios deísta es un físico para el fin de todos los físicos; el alfa y el omega de los matemáticos; la apoteosis de los diseñadores; un hiper-ingeniero que estableció las leyes y las constantes del universo, las entonó con exquisita precisión y visión; detonó lo que ahora nosotros llamamos el Big Bang; se retiró y más nunca nadie supo de él.
En tiempos de una fe más fuerte, los deístas han sido vituperados como indistinguibles de los ateos. Susan Jacoby, en Freethinkers: A History of Americam Secularism (Librepensadores: Una Historia del Secularismo Estadounidense), lista una escogida selección de los epítetos que fueron lanzados contra el pobre Thomas Paine: “judas, reptil, puerco, perro rabioso, borracho, piojo, archibestia, bruto, mentiroso, y por supuesto, infiel”. Paine murió en la penuria; abandonado (con la honorable excepción de Jefferson) por antiguos amigos políticos avergonzados por sus puntos de vista anti-cristianos. Hoy en día, la tierra se ha movido lo suficiente como para que los deístas sean más claramente contrastados con los ateos, y amontonados junto a los teístas. Ellos sí; después de todo, creen en una inteligencia suprema que creó el universo.
SECULARISMO LOS PADRES FUNDADORES
DE LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA
Es convencional asumir que los Padres Fundadores de la República Estadounidense eran deístas. Sin duda; muchos de ellos lo fueron, aunque ha sido argumentado que los más grandes de ellos pudieron haber sido ateos. Ciertamente, sus escritos sobre religión en su propia época no me dejan dudas a mí, de que la mayoría de ellos hubiese sido atea en nuestra época. Pero cualesquiera que fuesen sus puntos de vista religiosos individuales en su propia época, algo que ellos fueron colectivamente, fue secularistas, y este es el tópico al cual le dedico esta sección, comenzando con una—quizás sorprendente—cita del Senador Barry Goldwater en 1981, que muestra claramente cuán tozudamente; ese candidato presidencial y héroe del conservatismo estadounidense, defendió la tradición secular de la fundación de la República:
No existe posición sobre la cual las personas sean tan inconmovibles como sus creencias religiosas. No existe un aliado más poderoso a quien uno pueda apelar en un debate que Jesús Cristo, o Dios, o Alá, o como quiera que uno llame a este ser supremo. Pero al igual que cualquier arma poderosa, el uso del nombre de Dios en nuestro apoyo debería ser usado con limitación. Las facciones religiosas que están creciendo por toda nuestra tierra no están usando su influencia religiosa con sabiduría. Ellas están tratando de obligar a los líderes del gobierno a seguir su posición en un cien por ciento. Si usted no está de acuerdo con estos grupos religiosos en un asunto moral en particular, ellos lo amenazan con la pérdida de dinero, votos, o ambos. Yo estoy francamente nauseado y cansado de los predicadores políticos a lo largo de esta nación diciéndome a mí; un ciudadano, que si yo deseo ser una persona moral, estoy obligado a creer en A, B, C, y D. ¿Exactamente, que se creen ellos que son? ¿Y de dónde presumen ellos para exigir el derecho a dictarme a mí sus creencias morales? Yo estoy aún más disgustado como un legislador que está obligado a soportar las amenazas de cada grupo religioso que piensa que posee algún derecho concedido por Dios para controlar mi voto en cada votación en el Senado. Les advierto a ellos hoy: Pelearé con ellos a cada paso del camino si ellos tratan de dictar sus convicciones morales a todos los estadounidenses en nombre del conservatismo.[29]
Los puntos de vista religiosos de los Padres Fundadores son de gran interés para los propagandistas de hoy de la derecha estadounidense, ansiosos por empujar su versión de la historia. Contrariamente al punto de vista de ellos, el hecho de que los Estados Unidos de América no fue fundada como una nación cristiana, fue tempranamente establecido en los términos de un tratado con Trípoli, redactado en 1796 bajo George Washington, y firmado por John Adams en 1797:
Como el Gobierno de los Estados Unidos de América no está; en ningún sentido, fundamentado en la religión Cristiana; al igual que no posee en sí mismo ningún carácter de enemistad contra las leyes, religión o tranquilidad de los musulmanes, y como los mencionados estados nunca han entrado en guerra o acto de hostilidad en contra de ninguna nación mahometana, las partes declaran que ningún pretexto que surja de opiniones religiosas producirá nunca una interrupción de la armonía existente entre los dos países.
Las palabras de apertura provocarían un tumulto en la ascendencia de [la ciudad de] Washington de hoy. Aún así, Ed Buckner ha demostrado convincentemente que ellas no causaron ningún disentimiento en su época.[30] Entre otros políticos o el público.
La paradoja ha sido notada a menudo; de que los Estados Unidos de América, fundado en el secularismo, es ahora el país más religioso de la Cristiandad; mientras que Inglaterra, con una iglesia establecida encabezada por un monarca constitucional, está entre los menos. A mí me preguntan continuamente porqué es eso; y yo no lo se. Supongo que es posible que Inglaterra se haya cansado de la religión después de una horrorosa historia de violencia religiosa; con los protestantes y los católicos alternativamente obteniendo la supremacía y sistemáticamente asesinando al otro lote. Otra sugerencia proviene de la observación de que los Estados Unidos de América es una nación de inmigrantes. Un colega me señaló que los inmigrantes; desarraigados de la estabilidad y el confort de una familia extendida en Europa, podrían muy bien haberse unido a una iglesia como una especie de sustituto-parental en una tierra extranjera. No hay duda de que muchos estadounidenses ven a su propia iglesia local como una importante unidad de identidad; lo que de hecho tiene algunos de los atributos de la familia extendida.[31]
Aún otra hipótesis es que la religiosidad de los Estados Unidos de América proviene del secularismo de su constitución. Precisamente; porque los Estados Unidos de América, es legalmente secular, la religión se ha convertido en una empresa privada. Iglesias rivales compiten por las congregaciones—y no menos por los diezmos que ellas traen consigo—y la competencia es librada con todas las agresivas técnicas de ventas del mercado. Lo que funciona para las escamas de jabón, funciona para Dios, y el resultado final es algo que se acerca a la manía religiosa entre las clases menos educadas de hoy. En Inglaterra; en contraste, la religión bajo la égida de la iglesia establecida se ha convertido en poco más que un pasatiempo social, escasamente reconocible en absoluto como una religión. La tradición británica es simpáticamente expresada por Giles Fraser, un vicario anglicano que también se desempeña como tutor filosófico en Oxford, escribiendo [en el periódico] Guardian. El artículo de Fraser es subtitulado “El establecimiento de la Iglesia de Inglaterra, sacó a Dios de la religión; pero existen riesgos en una alternativa más vigorosa de la fe”:
Hubo un tiempo cuando el vicario campesino era parte de los alimentos de la dramatis personae británica, Este excéntrico y gentil tomador de te, de zapatos lustrados y maneras cariñosas, representaba al tipo de religión que no hacía que las personas no-religiosas se sintiesen incómodas. Él no estallaría en un sudor existencial, ni lo presionaría a usted contra la pared para preguntarle si usted estaba salvado; mucho menos lanzaría cruzadas desde el púlpito o colocaría bombas a los lados de las carreteras en nombre del algún poder más elevado.[32]
(Sombras de “Nuestro Padre” de Betjeman, que cité al comienzo del capítulo uno) Fraser continúa para decir que: “el simpático vicario campesino en efecto inoculaba vastas campiñas inglesas en contra de la Cristiandad”. Él finaliza su artículo lamentándose sobre una tendencia más reciente en la Iglesia de Inglaterra, de tomar de nuevo a la religión seriamente, y su última oración es una advertencia: “la preocupación es que nosotros podríamos dejar salir al genio del fanatismo religioso británico de la botella institucional en la cual ha permanecido durmiente durante siglos”.
El genio del fanatismo religioso está rampante en los Estados Unidos de América del presente, y los Padres Fundadores hubieran estado horrorizados. Si es correcto o no, abrazar la paradoja y culpar a la constitución secular que ellos diseñaron, los fundadores ciertamente fueron secularistas que creyeron en mantener a la religión fuera de la política, y eso es suficiente para colocarlos a ellos firmemente al lado de quienes objetan; por ejemplo, las exhibiciones ostentosas de los Diez Mandamientos en lugares públicos propiedad del gobierno. Pero es tentador especular sobre que por lo menos algunos de los Padres Fundadores pueden haber ido más allá del deísmo. ¿Pudieron haber sido agnósticos o hasta completamente ateos? El siguiente párrafo de Jefferson es indistinguible de lo que nosotros llamaríamos agnosticismo:
Hablar de existencias inmateriales es hablar de la nada. Decir que el alma humana, los ángeles, dios, son inmateriales, es decir que ellos son nada, o que dios no existe, ni los ángeles, ni el alma. Yo no puedo razonar de otra manera...sin sumergirme en las profundidades del abismo de los sueños y de los fantasmas. Yo estoy satisfecho, y suficientemente ocupado con las cosas que existen, para atormentarme o preocuparme por aquellos que puede que de hecho existan, pero sobre los cuales yo no tengo evidencia.
Christopher Hitchens; en su biografía, Thomas Jefferson: Author of América, (Thomas Jefferson: Autor de los Estados Unidos de América), piensa que es probable que Jefferson fuese ateo, hasta en su propia época, cuando era mucho más difícil:
Sobre si él era ateo, debemos reservarnos nuestro juicio sólo debido a la prudencia que él estaba compelido a observar durante su vida política. Pero como él había escrito a su sobrino, Peter Carr, tan temprano como 1787, uno está obligado a no asustarse ante esta pregunta por ningún miedo a sus consecuencias. “Si termina en una creencia de que Dios no existe, encontrarás incitaciones a la virtud en el confort y agrado que sientes en este ejercicio, y en el amor de otros que esto te procurará”
Yo encuentro el siguiente consejo de Jefferson; de nuevo, en su carta a Peter Carr, conmovedor:
Sacúdete todos los miedos de los prejuicios serviles bajo los cuales las mentes débiles se agazapan servilmente. Fija la razón firmemente en su asiento, y llama a su tribunal ante cada hecho, cada opinión. Cuestiona con atrevimiento inclusive hasta la existencia de Dios; porque, si se supone que uno exista, él está más obligado a aprobar el reconocimiento de la razón que el miedo ciego.
Afirmaciones de Jefferson como: “La Cristiandad es el sistema más perverso que alguna vez brilló sobre el hombre” son compatibles con el deísmo, pero también con el ateísmo. De la misma manera lo es, el robusto anti-clericalismo de James Madison: “Durante casi quince siglos. ¿Ha sido llevado a juicio el establecimiento legal de la Cristiandad? ¿Cuáles han sido sus frutos? Más o menos; en todas partes, orgullo e indolencia en el clero; ignorancia y servilismo entre los laicos; en ambos superstición, tozuda intolerancia contra todo lo que no es propio de nuestra cultura (bigotry), y persecución”. Lo mismo puede decirse de la afirmación de Benjamín Franklin: “Los faros son más útiles que las iglesias”; y de la afirmación de John Adams: “Éste sería el mejor de todos los mundos posibles, si no existiese religión en él” El mismo Adams expresó espléndidos y prolongados arranques de rabia contra la Cristiandad en particular: “Como tengo entendido, la religión cristiana; era, y es, una revelación. ¿Pero cómo ha sucedido que millones de fábulas, cuentos y leyendas, han sido mezclados con ambas; tanto con la revelación judía como con la cristiana, que las ha convertido en las religiones más sangrientas que nunca existieron? Y; en otra carta, esta vez a Jefferson: “!Yo casi tiemblo sólo de pensar en aludir al ejemplo más fatal de los abusos del sufrimiento mental (grief) con los que la historia de la humanidad ha preservado—a la Cruz. Considera qué calamidades ha producido ese motor de sufrimiento!”
Fuesen o no; Jefferson y sus colegas, teístas, deístas, agnósticos o ateos, ellos también fueron apasionados secularistas que creían que las opiniones religiosas de un Presidente; o la ausencia de ellas, eran en su totalidad un asunto privado suyo. Todos los Padres Fundadores; cualesquiera fuesen sus creencias religiosas privadas, se hubiesen espantado al leer el reporte del periodista Robert Sherman sobre la respuesta que dio George Bush padre cuando él le preguntó si él le reconocía una igual ciudadanía y patriotismo a los estadounidenses que son ateos: “No. Yo no se si los ateos deberían ser considerados como ciudadanos; tampoco deberían ser considerados patriotas. Ésta es una nación bajo Dios”.[33] Asumiendo que el relato de Sherman sea exacto (desafortunadamente él no usó una grabadora, y ningún otro periódico publicó la historia en su momento). Trate el experimento de reemplazar la palabra “ateos” con “judíos” o “musulmanes” o “negros”. Esto da una medida del prejuicio y la discriminación que los estadounidenses ateos tienen que soportar hoy.
Las “Confesiones de una atea solitaria” de Natalie Angiers, es una triste y conmovedora descripción; en el The New York Times, de sus sentimientos de aislamiento como atea en los Estados Unidos de América de hoy.[34] Pero el aislamiento de los ateos estadounidenses es una ilusión; cultivada asiduamente por el prejuicio. Los ateos de los Estados Unidos de América son más numerosos de lo que la gente percibe. Como dije en el prefacio, los ateos estadounidenses son mucho más numerosos a los judíos religiosos; aún así, el lobby judío es notoriamente, uno de los más formidablemente influyentes en Washington. ¿Qué podrían lograr los estadounidenses ateos si ellos se organizaran apropiadamente? [35]
David Mills, en su admirable libro Atheist Universe (Universo Ateo), cuenta una historia que usted rechazaría como una caricatura irreal de la Bigotry (tozuda intolerancia contra todo lo que no es propio de nuestra cultura) de parte de la policía, si fuese ficción. Un sanador cristiano, conducía una “Cruzada Milagrosa” que iba al pueblo de Mills una vez al año. Entre otras cosas, el sanador estimulaba a los diabéticos a botar su insulina, a los pacientes de cáncer a abandonar su quimioterapia y a rogar en vez por un milagro. Mills decidió organizar una manifestación pacífica para advertir a la gente; pero cometió el error de ir a la policía para comunicarle sus intenciones y solicitar protección policial contra posibles ataques de quienes apoyaban al sanador. El primer funcionario de la policía con quien habló; le preguntó: “Is you gonna protest fir him or ‘gin him” [esta expresión está escrita en un inglés tan pobre que refleja una exagerada falta de habilidad para hablar inglés apropiadamente—hasta para un nivel de inglés coloquial]—ella traduce aproximadamente: “¿Usted va a protestar a favor de él o en contra de él?” Cuando Mills respondió. “en contra de él”, el policía le dijo que él mismo planeaba asistir a la cruzada; e intentó escupir personalmente en la cara de Mills cuando pasó al lado de su manifestación.
Mills decidió probar su suerte con un segundo funcionario policial. Éste dijo que si alguno de quienes apoyaban al sanador confrontaba violentamente a Mills, el funcionario arrestaría a Mills por “tratar de interferir el trabajo de Dios”. Mills regresó a su casa y trató de telefonear a la estación de policía; con la esperanza de hallar más consideración a un nivel más alto. Finalmente el fue conectado a un sargento que dijo: “Al infierno contigo, chamo. Ningún policía quiere proteger a un maldito ateo. Espero que alguien te ensangrente bueno” Aparentemente había escasez de adverbios en esta estación de policía junto a la leche de bondad humana y un sentido de servicio. Mills relata que habló con siete u ocho policías ese día. Ninguno de ellos quiso ayudar; y la mayoría lo amenazó directamente con violencia.
Anécdotas de tal prejuicio contra los ateos abundan, pero Margaret Downey, de la Freethought Society of Greater Philadelphia (Sociedad del Libre pensamiento de Philadelphia y sus Alrededores) mantiene archivos sistemáticos de tales casos.[36] Su base de datos de incidentes; categorizados bajo: comunidad, escuelas, lugar de trabajo, medios de comunicación, familia y gobierno, incluye ejemplos de hostigamiento, pérdida del empleo, expulsiones de la familia, y hasta asesinato.[37]
La evidencia documentada de Downey sobre el odio hacia; y la incomprensión de, los ateos, hace fácil creer que; es de hecho, virtualmente imposible para un ateo honesto, ganar unas elecciones públicas en los Estados Unidos de América. Existen 435 miembros en la Casa de Representantes [la cámara del Congreso estadounidense equivalente a una Cámara de Diputados] y 100 miembros del Senado. Asumiendo que la mayoría de estos 535 individuos son una muestra de la población educada; es estadísticamente inevitable que un sustancial número de ellos deba ser ateo. Ellos deben haber mentido, u ocultado sus verdaderos sentimientos, para poder ser electos. ¿Quién podría culparlos, dado el electorado al cual ellos tienen que convencer? Es universalmente aceptado que una admisión de ateísmo sería un suicidio político instantáneo para cualquier candidato presidencial.
Estos hechos sobre el clima político de hoy en los Estados Unidos de América, y lo que ello implica, horrorizaría a Jefferson, a Washington, a Madison, a Adams y a todos sus amigos. Fuesen ellos o no, ateos, agnósticos, deístas o cristianos, hubiesen retrocedido horrorizados ante los teócratas de la ciudad de Washington de comienzo del siglo veintiuno. Ellos hubiesen sido atraídos en vez por los padres fundadores secularistas de la India poscolonial; especialmente hacia el religioso Gandhi (“!Yo soy hinduista, musulmán, judío, cristiano y budista!”), o el ateo Nehru:
El espectáculo que es llamado religión; o en cualquier caso, religión organizada, en la India y en cualquier otra parte, me ha llenado de horror y frecuentemente lo he condenado y deseado barrerlo limpiamente. Casi siempre parece estar a favor de la creencia ciega y de la reacción; el dogma y la bigotry [tozuda intolerancia contra todo lo que no es propio de la cultura de uno], la superstición, la explotación y la preservación de intereses creados.
La definición de Nehru del sueño de Gandhi de una India secular (si se hubiese realizado, en vez de la partición de su país en medio de un baño de sangre interreligioso), casi pudo ser anunciado por el propio Jefferson:
Nosotros hablamos de una India secular...Algunas personas piensan que eso significa algo opuesto a la religión. Eso obviamente no es correcto. Lo que significa es un Estado que honra a todas las creencias religiosas con igualdad y les confiere igualdad de oportunidad. La India tiene una larga historia de tolerancia religiosa...En un país como la India, que tiene muchas creencias y religiones, ningún nacionalismo real puede ser construido excepto uno que se base en el secularismo.[38]
El Dios deísta es ciertamente un mejoramiento por encima del monstruo de la Biblia. Desafortunadamente es escasamente más probable de existir, o nunca existió. En cualquiera de sus formas, la Hipótesis de Dios es innecesaria [39] La Hipótesis de Dios está también muy cerca de ser descartada por las leyes de las probabilidades. Llegaré a eso en el capítulo cuarto, después de atender las supuestas pruebas de la existencia de Dios en el capítulo tres. Mientras tanto, paso al agnosticismo; y a la errónea noción de que la no-existencia de Dios es una pregunta intocable, por siempre más allá del alcance de la ciencia.
El robusto y muscular cristiano que nos regañaba desde el púlpito de la capilla de mi vieja escuela, admitía una subrepticia consideración por los ateos. Ellos por lo menos tenían el coraje de sus equivocadas convicciones. Lo que este predicador no podía soportar era a los agnósticos: débiles indecisos; papilla sentimental; te aguado, sin postura, cuidadores de cercas. Él estada en lo correcto parcialmente, pero completamente, por la razón equivocada. En la misma vena, conforme a Quentin de la Bédoyère, el historiador católico Hugh Ross Williamson “respetaba al creyente religioso comprometido y también al ateo comprometido. Él se reservaba su rechazo para las irresolutas mediocridades sin huesos que revoloteaban en el medio”.[40] No hay nada malo en ser un agnóstico en casos donde carecemos de evidencia a favor o en contra. Es una posición razonable. Carl Sagan estaba orgulloso de ser agnóstico cuando se le preguntaba si había vida en alguna otra parte del universo. Cuando él se rehusaba a comprometerse, su interlocutor lo presionaba a él para que dijese qué presentía en su interior (sus tripas) [41], y él inmortalmente replicaba: “Pero es que yo trato de no pensar con mis tripas. En verdad; está bien reservarse el juicio hasta que la evidencia llegue”. La pregunta sobre vida extraterrestre está abierta. Buenos argumentos pueden ser montados para ambas posiciones, y nosotros carecemos de la evidencia para hacer más que una sombra de las probabilidades a favor de una u otra opción. El agnosticismo de cualquier tipo, es una postura apropiada en muchas preguntas científicas; como. ¿Qué causó la extinción al final del período Pérmico?—la mayor extinción en la historia del registro fósil.
Pudo haber sido un meteorito como el que; con mayores probabilidades conforme a la evidencia actual, causó la posterior extinción de los dinosaurios. Pero pudo haber sido cualquiera de otras varias causas posibles; o una combinación. El agnosticismo sobre las causas de estas dos extinciones masivas, es razonable. Pero... ¿Qué hay sobre el asunto de Dios? ¿Deberíamos ser agnósticos sobre él también? Muchos han dicho definitivamente sí; a menudo con un aire de convicción que está al borde de protestar demasiado. ¿Tienen ellos razón?
Comenzaré distinguiendo dos tipos de agnosticismo. El ATP o Agnosticismo Temporal en Práctica, que convierte en legítimo el sentarse en la cerca, cuando realmente existe una respuesta definitiva en una dirección o en otra; pero cuando todavía carecemos de evidencias para alcanzar esas respuestas definitivas (o no entendemos la evidencia; o no hemos tenido tiempo para examinar la evidencia, etc.) El ATP sería una postura razonable hacia la extinción pérmica. Existe una verdad allá afuera y tenemos la esperanza de conocerla algún día; aunque, por el momento no la conocemos.
Pero también existe un profundamente inescapable modo de sentarse en la cerca; que llamaré APP o Agnosticismo Permanente basado en Principios—en inglés PAP—El hecho de que el acrónimo en inglés es igual a una palabra [papilla] usada por el viejo predicador escolar que cité arriba, es (casi) accidental. El modo APP de agnosticismo es apropiado para preguntas que nunca pueden ser respondidas; sin importar cuanta evidencia recolectemos, porque la mera idea de evidencia, no es aplicable. La pregunta existe en un plano diferente; en una diferente dimensión; más allá de las zonas a las que puede alcanzar la evidencia. Un ejemplo podría ser el del castaño filosófico; la pregunta sobre si usted ve al color rojo como yo lo veo. Quizás su verde es mi rojo; o algo completamente diferente a cualquier color que yo pueda imaginar. Los filósofos citan esta pregunta como una que nunca podrá ser respondida, sin importar que nueva evidencia pueda aparecer algún día. Y algunos científicos y otros intelectuales están convencidos—demasiado ansiosamente desde mi punto de vista—que la pregunta sobre la existencia de Dios pertenece a la categoría del APP de inaccesible para siempre.
O él existe o no existe. Es una pregunta científica. Algún día nosotros podríamos saber la respuesta; y mientras tanto, nosotros podemos decir algo completamente fuerte sobre las probabilidades.
En la historia de las ideas existen ejemplos de preguntas que están siendo respondidas sobre las cuales se juzgó antes que estaban por siempre fuera del alcance de la ciencia. En 1835 el celebrado filósofo francés Auguste Comte escribió sobre las estrellas: “Nosotros nunca seremos capaces de estudiar; por ningún método, su composición química o su estructura mineralógica”. Aún así, antes de que Comte hubiese asentado esas palabras, Fraunhofer había comenzado a usar su espectroscopio para analizar la composición química del Sol.
Hoy en día los espectroscopistas condenan diariamente el agnosticismo de Comte con sus análisis a larga distancia de la precisa composición química de hasta las estrellas distantes.[42] Cualquiera que sea el estatus exacto del agnosticismo astronómico de Comte, este es un relato de advertencia sobre la cautela, que sugiere; por lo menos, que deberíamos dudar antes de proclamar la eterna veracidad del agnosticismo en voz demasiado alta. De cualquier forma, cuando se trata de Dios, una gran cantidad de filósofos están felices de hacerlo, comenzando con el inventor de la mismísima palabra, T. H. Huxley.[43]
Huxley explicó su acuñamiento mientras se levantaba frente a un ataque personal provocado por el término. El Rector del King’s College de Londres, el Reverendo Dr. Wace, había atacado fuertemente el “cobarde agnosticismo” de Huxley:
Él puede que prefiera llamarse a sí mismo agnóstico; pero su verdadero nombre es uno más viejo—él es un infiel; que quiere decir, un no creyente. La palabra infiel; quizás, porta un desagradable significado. Quizás es correcto que lo porte. Es; y debe ser, una cosa desagradable para un hombre tener que decir simplemente que él no cree en Jesús Cristo.
Huxley no era el hombre que dejaría pasar ese tipo de provocaciones, y su respuesta en 1889 fue tan severamente crítica como deberíamos esperar (aunque nunca apartándose de las escrupulosas buenas maneras. Al igual que el Bulldog de Darwin, sus dientes estaban afilados por la ironía urbana victoriana). Eventualmente, después de manejar al Dr. Wace, asumir las consecuencias y enterrar los restos, Huxley regresó a su palabra “agnóstico” y explicó como llegó él a ella por primera vez. Otros, notó él:
estaban completamente seguros que habían alcanzado cierta “gnosis”—habían; más o menos exitosamente, resuelto el problema de la existencia, mientras yo estaba completamente seguro que yo no, y tenía una muy fuerte convicción de que el problema era insoluble. Y, con Hume y Kant a mi lado, no podía pensar de mi mismo como presuntuoso al mantener esa opinión...Así que pensé e inventé lo que concebí como apropiado, el título de “agnóstico”.
Más adelante; en su discurso, Huxley continuó explicando que los agnósticos no tienen credo; ni siquiera uno negativo.
El agnosticismo; de hecho, no es un credo, sino un método; la esencia del cual yace en la rigurosa aplicación de un solo principio...Positivamente, el principio puede ser expresado: En asuntos del intelecto, siga a su razón tan lejos como pueda llevarlo, sin preocuparse por ninguna otra consideración. Y negativamente: En asuntos del intelecto, no pretenda que las conclusiones son ciertas si no han sido demostradas o no son demostrables. Eso es lo que yo tomo como la fe agnóstica, la que si un hombre mantiene completamente y sin mancha, no debe avergonzarse al mirar al universo en la cara, cualquiera que sea lo que el futuro tenga guardado para él.
Para un científico; ésas son nobles palabras, y uno no critica a T. H. Huxley con ligereza. Pero Huxley, en su concentración sobre la absoluta imposibilidad de probar o desprobar a Dios, parece haber estado ignorando la sombra de las probabilidades. El hecho de que nosotros no podamos ni probar ni desprobar la existencia de algo, no coloca a la existencia y a la no-existencia en igualdad de condiciones. Yo no pienso que Huxley estaría en desacuerdo, y sospecho que cuando él parecía estarlo, él se estaba doblando hacia atrás para conceder un punto, con el interés de asegurar otro. Todos nosotros hemos hecho esto una que otra vez. Al contrario de Huxley, debo sugerir que la existencia de Dios es una hipótesis científica igual a cualquier otra. Aún si es difícil de someter a prueba en la práctica, pertenece a la misma caja del ATP o agnosticismo temporal que las controversias sobre las extinciones del Pérmico y el Cretáceo. La existencia o no existencia de Dios es un hecho científico sobre el universo, descubrible en principio si no en la práctica. Si él existiera y decidiese revelarlo, el mismo Dios podría agarrar el argumento, ruidosamente e inequívocamente, a su favor. Y hasta si la existencia de Dios es nunca probada o desprobada con certidumbre de una manera u otra, la evidencia disponible y el razonamiento pueden arrojar un estimado de las probabilidades lejos del cincuenta por ciento.
Tomemos entonces la idea de un espectro de probabilidades seriamente. Y coloquemos los juicios humanos sobre la existencia de Dios a lo largo de éste; entre dos extremos de opuesta certeza. El espectro es continuo, pero puede ser representado por los siguientes siete monolitos a lo largo del camino:
01. Fuertemente teísta. Cien por ciento de probabilidades de Dios. En las palabras de C. G. Jung: “Yo no creo, Yo sé”.
02. Muy Alta probabilidad pero menor al cien por ciento. Teísta de facto: “No lo puedo saber con certidumbre, pero creo fuertemente en Dios y vivo mi vida con la asunción de que él está allí”.
03. Mayor al cincuenta por ciento; pero no muy alta. Técnicamente agnóstico pero se inclina hacia el teísmo: “Tengo mucha incertidumbre, pero estoy inclinado a creer en Dios”.
04. Exactamente cincuenta por ciento. Agnóstico completamente imparcial. “La existencia y la no-existencia de Dios son exactamente iguales de probables”.
05. Menos del cincuenta por ciento pero no muy bajo. Técnicamente agnóstico pero se inclina al ateísmo: “Yo no se si Dios exista, pero me inclino a ser escéptico”.
06. Muy bajas probabilidades, pero sin llegar a cero. Ateo de facto: “No puedo saberlo con certidumbre, pero pienso que Dios es muy improbable, y vivo mi vida con la asunción de que él no está allí”.
07. Fuertemente ateo. “Yo sé que Dios no existe, con la misma convicción de que Jung “sabe que existe uno”.
Me sorprendería conocer a mucha gente de la categoría 7, pero la incluí por la simetría con la categoría 1, que está bien poblada. Está en la naturaleza de la fe de que uno sea capaz; como Jung, de mantener una creencia sin la razón adecuada para hacerlo (Jung también creía que algunos libros de su estantería en particular, explotaban espontáneamente con un ruidoso bang). Los ateos no tienen fe; y sólo la razón no puede propelerlo a uno hasta la convicción total de que algo definitivamente no existe. En consecuencia, la categoría 7, está en la práctica mucho más vacía que su número opuesto; la categoría 1, que tiene muchos devotos habitantes. Yo me cuento a mí mismo en la categoría 6, pero inclinado a la 7—soy agnóstico solo hasta el punto de que no soy agnóstico sobre la existencia de hadas en el fondo del jardín.
El espectro de probabilidades funciona bien con ATP (agnosticismo temporal en práctica). Es superficialmente tentador colocar al APP (agnosticismo permanente basado en principios) en el medio del espectro; con un cincuenta por ciento de probabilidades de la existencia de Dios, pero no es correcto. Los agnósticos APP; están convencidos de que nosotros no podemos decir nada; en un sentido u otro sobre la pregunta de la existencia de Dios. La pregunta para los agnósticos APP; por principio, no tiene respuesta, y ellos deben rehusar estrictamente colocarse a ellos mismos en algún lugar del espectro de probabilidades. Al hecho de que yo no puedo saber si su rojo es el mismo que mi verde no se le puede asignar una probabilidad del cincuenta por ciento. No tiene sentido responder con una probabilidad a una proposición que es ofrecida para ser aceptada o rechazada. De todas formas, es un error común, que encontraremos de nuevo, saltar desde la premisa de que como la pregunta sobre la existencia de Dios en principio no puede responderse, que la conclusión es que su existencia y su no-existencia tienen iguales probabilidades.
Otra forma de expresar ese error; es en términos de la carga de la prueba, y en esta forma es satisfactoriamente demostrada por la parábola de Bertrand Russell sobre una celestial la jarra de te.[44]
Muchas personas ortodoxas hablan como si fuese la responsabilidad de los escépticos desprobar ciertos dogmas en vez de que sea la responsabilidad de los dogmáticos el probarlos. Esto es; por supuesto, un error. Si yo sugiriese que entre la Tierra y Marte hay una jarra de porcelana para te dando vueltas alrededor del Sol en una órbita elíptica, nadie sería capaz de desprobar mi afirmación debido a que yo fui cuidadoso en añadir que la jarra de te es tan pequeña que no puede ser vista ni por el más poderoso de nuestros telescopios. Pero si yo continuase para añadir además que como mi afirmación no puede ser desprobada, sería una intolerable presunción de la razón humana dudar de ella, debe pensarse correctamente de mí que estoy hablando sin sentido. Si; en cambio, la existencia de tal jarra de te fuese afirmada en un libro de la antigüedad, enseñada como una verdad sagrada cada domingo e introducida gradualmente en la mente de los niños en las escuelas, dudar en creer en su existencia se convertiría en una marca de excentricidad y daría derecho a enviar a quien duda al psiquiatra en la era de la ilustración o al inquisidor en tiempos más antiguos.
Nosotros no perderíamos el tiempo diciendo eso, porque nadie; que yo sepa, adora a las jarras de te.[45] Pero, si somos presionados, no dudaríamos en declarar nuestra fuerte creencia en que—positivamente—no existe ninguna jarra de te orbitando la Tierra. Sí, estrictamente, todos nosotros deberíamos ser agnósticos de la jarra de te: nosotros no podemos probar; con seguridad, que no existe una jarra de te celestial. En la práctica, nosotros nos alejamos del agnosticismo de la jarra de te hacia el ateísmo de la jarra de te [sic: ateapotismo—porque en inglés “jarra de te” se dice: tea pot ].
Un amigo; que fue criado como judío y todavía respeta el sabbath y otras costumbres judías por lealtad a su herencia étnica, se describe a si mismo como un “agnóstico del Ratón Pérez” [46] Él considera a Dios como no más probable que el Ratón Pérez. Usted no puede desprobar ninguna de las dos hipótesis, y ambas son igualmente improbables. Él es ateo en tan gran medida como los es sobre el Ratón Pérez. Y agnóstico sobre ambos en la misma medida.
La jarra de te de Russell; por supuesto, representa una infinita cantidad de cosas cuya existencia es inconcebible y que no pueden ser desprobadas. El gran abogado estadounidense Clarence Darrow dijo: “Yo no creo en Dios en la misma medida en que no creo en Mamá Gansa”.[47] El periodista Andrew Mueller es de la opinión que: “no es más o menos extraño que decidir creer que el mundo tiene la forma de un rombo, y que es llevado por el cielo en las tenazas de dos enormes langostas verdes llamadas Esmeralda y Keith”.[48] Un favorito filosófico, es el invisible, intangible e inaudible unicornio, la des-prueba del cual es intentada anualmente por los niños en Camp Quest [49]
Una deidad popular en la internet en la actualidad—y tan indes-probable como Yaweh o cualquier otra—es el Espagueti Monstruo Volador; el que, afirman muchos, los ha tocado con su apéndice espaguetoso.[50] Estoy encantado de ver que el Evangelio del Espagueti Monstruo Volador ha sido publicado ahora en forma de libro,[51] con una gran aclamación. Yo no lo he leído; pero ¿quién necesita leer un evangelio cuando uno simplemente sabe que es cierto? De paso, tenía que suceder—una Gran División ya ha ocurrido, resultando en la Iglesia Reformada del Espagueti Monstruo Volador.[52] El punto de todos estos ejemplos no convencionales es que todos ellos no pueden ser des-probados, aún así, nadie piensa que la hipótesis sobre su existencia está a la par con la hipótesis de su no-existencia. El punto de Russell es que la carga de la prueba deben llevarla los creyentes, no los no-creyentes. El mío es el punto relacionado con que las probabilidades a favor de la jarra de te (espagueti monstruo /Esmeralda y Keith / unicornio, etc.) no son iguales a las probabilidades en contra.
El hecho de que las jarras de te que recorren una órbita y el Ratón Pérez, no pueden ser des-probados, no es sentido por ninguna persona razonable, como el tipo de hecho que resuelve una discusión interesante. Ninguno de nosotros se siente obligado a des-probar ninguna de las millones de cosas traídas por los cabellos, que una imaginación fértil o risible pueda soñar. Yo he hallado que es una estrategia divertida, cuando me preguntan si soy ateo, señalar que quien hace la pregunta también es ateo en relación con Zeus, Apolo, Amon Ra, Mithras, Baal, Thor, Wotan, El Becerro de Oro y el Espagueti Monstruo Volador. Acabo de pasarme por un dios.
Todos nosotros nos sentimos con derecho a expresar un escepticismo extremo hasta el punto de no creer en lo absoluto—excepto que en el caso de los unicornios, el Ratón Pérez y los dioses de Grecia, Roma, Egipto y de los Vikingos, no existe (hoy en día) ninguna preocupación. En el caso del Dios abrahamico; sin embargo, si existe una preocupación; porque una sustancial proporción de la gente con la cual nosotros compartimos este planeta sí cree fuertemente en su existencia. La jarra de te de Russell demuestra que la ubicuidad de la creencia en Dios; en comparación con la creencia en jarras de te celestiales, no cambia en la lógica, la carga de la prueba, aunque pareciese cambiarla en cuanto a política práctica. Que usted no pueda probar la no-existencia de Dios es aceptado y trivial, sólo en el sentido de que nosotros nunca podemos probar absolutamente la no-existencia de cualquier cosa. Lo que importa no es si Dios es des-probable (él no lo es), sino si su existencia es probable. Este es otro asunto. Algunas cosas in-desprobables son sensiblemente juzgadas como mucho menos probables que otras cosas indes-probables. No existe razón para considerar a Dios como inmune de ser considerado a lo largo del espectro de las probabilidades. Y ciertamente no existe razón para suponer que; sólo porque Dios no puede ser ni probado ni desprobado, su probabilidad de existencia es del cincuenta por ciento. Todo lo contrario, como veremos.
De la misma manera en que Thomas Huxley se dobló hacia atrás para expresar un respeto hipócrita al agnosticismo completamente imparcial; exactamente en el medio de mi espectro de siete etapas, los teístas hacen lo mismo desde la otra dirección, y por una razón equivalente. El teólogo Alister McGrath lo convierte en el punto central de su libro: El Dios de Dawkins, Memes[53] y el Origen de la Vida. De hecho, después de su admirablemente justo sumario de mis obras científicas, parece ser el único punto de rechazo que él tiene que ofrecer: el innegable pero ignominioso punto débil de que usted no puede desprobar la existencia de Dios. En página tras página a medida que leía a McGrath, me encontré a mi mismo escribiendo “jarra de te” en el margen.
De nuevo, invocando a T. H. Huxley, McGrath dice: “Cansado de ambos; teístas y ateos, que desesperanzadamente hacen afirmaciones dogmáticas en base a experiencias empíricas inadecuadas, Huxley declaró que el asunto de Dios no podía ser resuelto en base al método científico”. Macgrath continúa para citar a Setephen Jay Gould en una vena similar: “Para decirlo por todos mis colegas y por la millonésima vez (desde en debates escolares, hasta en tratados formales), la ciencia; simplemente, no puede (mediante sus legítimos métodos) resolver definitivamente el asunto de la posible dirección y supervisión de la naturaleza por parte de Dios. Nosotros no podemos ni afirmarlas ni negarlas; nosotros simplemente no podemos comentar sobre eso como científicos”. A pesar del tono confiado y casi atropellante de la afirmación de Gould, ¿Cuál es realmente la justificación para ello? ¿Porqué no deberíamos nosotros comentar sobre Dios como científicos? Y ¿Porqué no son igualmente inmunes al escepticismo científico la jarra de te de Russell o el Espagueti Monstruo Volador? Discutiré en un momento, que un universo con un superintendente creativo sería un tipo muy diferente de universo de uno que no lo tenga. ¿Porqué no es un asunto científico?
Gould llevó el arte de doblarse hacia atrás hasta distancias positivamente supinas en uno de sus libros menos admirados, Rock of Ages (Rocas de Eras). Allí él acuñó el acrónimo NOMA para la frase: “non-overlapping magisteria” (magisterios que no se sobreponen):
La red, o magisterio, de la ciencia cubre el ámbito empírico: de qué está hecho el universo (hecho) y porqué funciona de esa manera (teoría). El magisterio de la religión se extiende sobre asuntos de significado definitivo y de valor moral. Estos dos magisterios no se sobreponen; tampoco abarcan ellos todas las indagaciones (consideren por ejemplo el magisterio del arte y el significado de la belleza). Para citar los viejos clichés; la ciencia estudia como van los cielos, la religión como ir al cielo.
Eso suena fabuloso—hasta que usted lo piensa por un momento. ¿Porqué son ellos asuntos de significado definitivo, en cuya presencia la religión es un invitado de honor y la ciencia debe retirarse respetuosamente?.
Martin Rees, el distinguido astrónomo de Cambridge a quien ya he mencionado, comienza su libro Our Cosmic Habitat (Nuestro Habitat Cósmico), posicionando dos candidatos a asunto de significado definitivo y dando una amigable respuesta NOMA: “El misterio preeminente es el porqué de la existencia de cualquier cosa. ¿Qué respira vida al interior de las ecuaciones, y las actualiza en un Cosmos real? Tales preguntas están más allá de la ciencia; sin embargo: ellas son la provincia de los filósofos y de los teólogos” Yo preferiría decir que si de hecho, ellas yacen más allá de la ciencia, ellas más ciertamente yacen más allá de la provincia de los teólogos también (dudo que los filósofos le agradezcan a Martin Rees por amontonar a los teólogos junto con ellos) Me siento tentado a ir más allá y preguntarme ¿En cuál posible sentido puede ser dicho que los teólogos tengan una provincia? Yo todavía me divierto cuando recuerdo la frase de un Rector de mi Universidad de Oxford. Un joven teólogo había solicitado una plaza de investigación, y su tesis doctoral en teología cristiana provocó que el Rector dijese: “Yo tengo serias dudas sobre si eso es siquiera un asunto”.
¿Cuál conocimiento experto pueden traer los teólogos a las profundas preguntas cosmológicas que los científicos no puedan? En otro libro recordé las palabras de un astrónomo de Oxford quien, cuándo le hice una de esas mismas preguntas profundas, dijo: “!Ah, ahora nos movemos más allá del ámbito de la ciencia! Aquí es donde yo tengo que referirte a nuestro buen amigo el capellán” Yo no era lo suficientemente rápido pensando para pronunciar la respuesta que más tarde escribí: “¿Pero porqué el capellán? ¿Porqué no el jardinero o el chef? ¿Porqué son los científicos tan pusilánimemente respetuosos ante las ambiciones de los teólogos, sobre asuntos en los cuales los teólogos no están mejor calificados que los científicos para responder?”
Es un cliché tedioso (y, a diferencia de muchos clichés, hasta no es cierto) que la ciencia se ocupa con las preguntas cómo, pero sólo la teología está mejor equipada para responder las preguntas porqué. ¿Qué; en la Tierra, es una pregunta porqué? No todas las oraciones en inglés que comienzan con la palabra “porqué”son preguntas legítimas. ¿Porqué son huecos los unicornios? Algunas preguntas simplemente no merecen una respuesta. ¿Cuál es el color de una abstracción? ¿Cuál es el olor de la esperanza? El hecho de que una pregunta pueda hacerse usando una oración gramáticamente correcta no le confiere sentido, o le otorga el derecho a ser atendida con seriedad. Tampoco; inclusive si es una pregunta verdadera, el hecho de que la ciencia no pueda responderla implica que la religión pueda.
Quizás existan algunas preguntas genuinamente profundas y significativas que estén más allá del alcance de la ciencia. Quizás la teoría cuántica ya está tocando la puerta de lo incomprensible. Pero si la ciencia no puede responder algunos asuntos definitivos, ¿Qué lleva a cualquiera a pensar que la religión puede? Yo sospecho que ni el astrónomo de Oxford, ni el de Cambridge realmente creían que los teólogos tuviesen algún conocimiento experto que los capacite para responder las preguntas que son muy profundas para la ciencia.
Yo sospecho que ambos astrónomos estaban; una vez más, doblándose hacia atrás, para ser corteses: los teólogos no tienen nada que valga la pena decir sobre cualquier otra cosa. Lancémosles algo para que se entretengan y dejemos que ellos se preocupen por un par de preguntas que nadie pueda responder y quizás nunca puedan. A diferencia de mis astrónomos amigos , yo no creo que deberíamos siquiera lanzarle a ellos una cosa para que se entretengan. Todavía no he visto ninguna buena razón para suponer que la teología (en contraste con la historia bíblica, la literatura, etc.) sea una materia en lo absoluto.
Similarmente, todos podemos estar de acuerdo en que la responsabilidad de la ciencia para aconsejarnos sobre valores morales, es problemática, para decir lo menos. Pero ¿Porqué quiere realmente Gould cederle a la religión el derecho a decirnos lo que es bueno y lo que es malo? El hecho de que ésta no tenga nada más que contribuir a la sabiduría humana no es ninguna razón para pasarle a la religión una licencia gratis para que nos diga que hacer.
En todo caso, ¿Cuál religión? ¿En la que sucede que fuimos criados? ¿A cuál capítulo; entonces, de cuál libro de la Biblia debemos acudir?—porque ellos están lejos de ser unánimes y algunos de ellos son odiosos conforme a cualquier estándar razonable. ¿Cuántos literalistas han leído lo suficiente de la Biblia para saber que la pena de muerte está establecida para el adulterio, por recoger ramitas durante el Sabbath y por dirigirse impudentemente a los padres?.
Si rechazamos al Deuteronomio y al Levítico (como hacen todos los ilustrados modernos), ¿Por cuáles criterios decidimos entonces cuáles de los valores morales de la religión debemos aceptar? ¿O debemos agarrar y escoger entre todas las religiones del mundo hasta que hallemos una enseñanza moral que se ajuste a nosotros? Si es así, debemos preguntarnos, ¿Por cuál criterio escogemos? Y si tenemos criterios independientes para escoger entre las moralidades religiosas ¿Porqué no eliminar al intermediario e ir directo a la opción moral sin la religión?. Regresaré a tales preguntas en el capítulo siete.
Yo simplemente no creo que Gould haya posiblemente querido decir mucho de lo que escribió en Rocks of Ages. Como dije, todos nosotros hemos sido culpables de doblarnos hacia atrás para ser simpáticos ante un oponente que no lo merecía, pero que era poderoso, y sólo puedo pensar que esto es lo que Gould estaba haciendo. Es concebible que él realmente no tuviese la intención de redactar una afirmación tan inequívocamente fuerte diciendo que la ciencia no tiene nada en lo absoluto que decir sobre la pregunta de la existencia de Dios: “Nosotros ni lo afirmamos ni lo negamos; simplemente no podemos comentar sobre eso como científicos”. Esto suena como un agnosticismo del tipo permanente e irrevocable, un APP en toda su extensión. Implica que la ciencia ni siquiera puede hacer juicios sobre las probabilidades de la pregunta. Esta asombrosamente extendida falacia—muchos la repiten como un mantra, pero pocos de ellos, sospecho, lo han pensado profundamente—incorpora a lo que yo me refiero como “la pobreza del agnosticismo”.
Gould; de paso, no era un agnóstico imparcial sino fuertemente inclinado hacia el ateísmo de facto. ¿En qué se basó él para hacer esa afirmación, si no hay nada que decir sobre si Dios existe?.
La Hipótesis de Dios sugiere que la realidad que nosotros habitamos también contiene un agente sobrenatural que diseñó el universo y—por lo menos, en muchas versiones de la hipótesis—lo mantiene, y hasta interviene en él con milagros, que son violaciones temporales de sus propias grandiosamente inmutables leyes. Richard Swinburne, uno de los teólogos líderes de Gran Bretaña, está sorprendentemente claro sobre el asunto en su libro: ¿Existe un Dios?:
Lo que el teísta afirma sobre Dios, es que él sí tiene un poder para crear, conservar, o aniquilar cualquier cosa; grande o pequeña. Y él también puede hacer que los objetos se muevan en la forma en la cual Kepler descubrió que se movían; o hacer que la pólvora explote cuando le pegamos un fósforo; o él puede hacer que los planetas se muevan en formas completamente diferentes, y que las sustancias químicas exploten o no exploten bajo condiciones completamente diferentes a las que gobiernan su comportamiento. Dios no está limitado por las leyes de la naturaleza; él las hace y las puede cambiar o suspender—si él quiere.
Demasiado fácil, ¿No es así? Cualquier cosa más que sea esto, está muy lejos de NOMA. Y cualquier cosa más que ellos puedan decir, aquellos científicos que se inscriben en la escuela de pensamiento de la “separación de magisterios”, deberían conceder que un universo con un creador sobrenaturalmente inteligente, es un universo de un tipo muy diferente a uno sin creador.
La diferencia entre los dos hipotéticos universos difícilmente podría ser más fundamental en principio; aún si no es fácil someterlos a prueba en la práctica. Y esto socava el complacientemente seductivo dictum de que la ciencia debe estar completamente silente sobre la afirmación central de la religión sobre existencia. La presencia o ausencia de una super-inteligencia creativa es inequívocamente una pregunta científica; aún si no lo es en la práctica—o no todavía—una decidida. Igualmente lo es la verdad o falsedad de cada una de las historias sobre milagros en la que se basa la religión para impresionar a las multitudes de fieles. ¿Tuvo Jesús un padre humano, o era su madre una virgen en el momento de su nacimiento? Si existe o no evidencia sobreviviente para decidirlo, ésta es todavía una pregunta estrictamente científica con una respuesta definitiva en principio: si o no. ¿Levantó Jesús a Lázaro de entre los muertos? ¿Volvió él mismo a vivir tres días después de ser crucificado? Existe una respuesta para cada una de tales preguntas; así nosotros las podamos descubrir o no en la práctica, y es una respuesta estrictamente científica.
Los métodos que nosotros deberíamos usar para resolver estos asuntos, en el improbable evento de que se haga disponible alguna evidencia relevante, serían pura y totalmente métodos científicos. Para dramatizar el punto, imaginen, que debido a un asombroso conjunto de circunstancias, que arqueólogos forenses desenterrasen evidencia de ADN que muestra que Jesús realmente no tuvo un padre biológico.
¿Puede usted imaginar a los apologistas religiosos encogiéndose de hombros y diciendo algo remotamente parecido a lo siguiente?: “¿A quién le importa?, la evidencia científica es completamente irrelevante en asuntos teológicos. ¡Magisterio equivocado! Nosotros nos ocupamos únicamente con los asuntos definitivos y de los valores morales. Ni el ADN, ni ninguna otra evidencia científica nunca podrían tener importancia en el asunto, en un sentido u otro”
La mismísima idea es un chiste. Usted puede apostar que la evidencia científica; si apareciese alguna, sería agarrada y anunciada con trompetas hasta el cielo. NOMA es popular sólo porque no existe evidencia que favorezca a la Hipótesis de Dios. En el momento en que exista la más mínima sugerencia de una evidencia a favor de una creencia religiosa, los apologistas religiosos no perderían tiempo en lanzar a NOMA por la ventana.
Aparte de los teólogos sofisticados (y hasta ellos son felices contando historias de milagros a los insofisticados para aumentar sus congregaciones), yo sospecho que los supuestos milagros proporcionan la razón más fuerte por la cual muchos creyentes tienen su fe; y los milagros, por definición, violan los principios de la ciencia.
La iglesia católica romana; por una parte, parece algunas veces aspirar a NOMA, pero por otra parte, establece la producción de milagros como una calificación esencial para ser elevado a la santidad.
El Rey de los belgas es un candidato a la santidad por su posición sobre el aborto. Profundas investigaciones ahora van a descubrir si alguna cura milagrosa puede ser atribuida a las oraciones ofrecidas a él desde su muerte. No estoy bromeando. Este es el caso; y es típico de las historias sobre los santos. Me imagino que todo el asunto es una vergüenza en los círculos más sofisticados dentro de la iglesia.
¿Porqué cualquier círculo merecedor del calificativo de sofisticado permanece dentro de la iglesia, es un misterio, por lo menos tan profundo como los que les gustan a los teólogos.
Cuando se enfrenta a historias sobre milagros; Gould, presumiblemente respondería a lo largo de las siguientes líneas. Todo el punto de NOMA es que éste es una oferta de dos vías. En el momento en que la religión entre al terreno de la ciencia y comience a entrometerse en el mundo real con sus milagros, cesa de ser una religión en el sentido que Gould está defendiendo, y su amicabilis concordia se rompe. Note; sin embargo, que la religión libre de milagros defendida por Gould no sería reconocida por la mayoría de los teístas practicantes en el pew [54] o en la alfombra de oración. De hecho, sería una grave desilusión para ellos.
Para adaptar el comentario de Alicia sobre el libro de su hermana antes de que ella cayese dentro del País de las Maravillas, [55] ¿De que sirve un Dios que no hace milagros y no responde a las plegarias?. Recuerden la astuta definición del verbo “orar” de Ambrose Bierce: “pedir que las leyes del universo sean anuladas a favor de un solo solicitante, que confesadamente, no lo merece” Existen atletas que creen que Dios los ayuda a ganar—contra sus oponentes, quienes parecerían frente a esto, no menos merecedores de favoritismo. Existen conductores que creen que Dios les cuidó un puesto para estacionar—de paso presumiblemente, quitándoselo a alguien más. Este estilo de teísmo es vergonzosamente popular, y es improbable que sea impresionado por algo tan (superficialmente) razonable como NOMA.
Sin importar eso, sigamos a Gould y pelemos nuestra religión como a una cebolla hasta una especie de un mínimo de no-intervencionismo: ningún milagro; ninguna comunicación personal entre Dios y nosotros en ninguna dirección; nada de jugarretas con las leyes de la física; no invasión de la grama de la ciencia. A lo máximo, un pequeño insumo deísta en las condiciones iniciales del universo; para que, en la plenitud del tiempo, las estrellas, los elementos químicos y los planetas, se desarrollen, y la vida evolucione. ¿Está seguro de que esta sería una separación adecuada? ¿Está seguro de que NOMA pueda sobrevivir en esta más modesta y nada ostentosa religión?
Bien, usted podría pensar eso. Pero yo sugiero que un Dios NOMA no intervencionista; aunque menos violento y torpe que un Dios abrahamico, todavía es, cuando uno lo ve justa y precisamente, una hipótesis científica.
Regreso al punto: Un universo en el cual nosotros estemos solos excepto por otras lentamente evolucionadas inteligencias es un universo muy diferente a uno con un agente guía original cuyo diseño inteligente es responsable de su misma existencia. Acepto que puede que no sea fácil en la práctica distinguir un tipo de universo del otro. Aún así, existe algo definitivamente especial sobre la hipótesis de un definitivo diseño; e igualmente especial sobre la única alternativa conocida: la evolución gradual en el sentido amplio.
Ellos están cerca de ser irreconciliablemente diferentes. Al igual que nada más, la evolución sí proporciona realmente una explicación para la existencia de las entidades; cuya improbabilidad de otra forma, para propósitos prácticos, las descartaría. Y la conclusión de la discusión, como demostraré en el capítulo cuarto, está cerca de ser mortalmente fatal para la Hipótesis de Dios.
EL EXPERIMENTO DEL GRAN REZADOR
Un divertido caso de estudio; si es que no es totalmente patético, es el Experimento del Gran Rezador: ¿Ayuda a recuperar a los pacientes la plegaria que se reza por ellos? Las plegarias son comúnmente rezadas a favor de personas enfermas, tanto en privado, como en lugares formales de oración. El primo de Darwin; Francis Galton, fue el primero en analizar científicamente, si rezar por las personas era eficaz. Él notó que cada domingo, en iglesias por toda Inglaterra, congregaciones completas rezaban públicamente por la salud de la familia real. ¿No deberían ellos; en consecuencia, ser inusualmente saludables, en comparación con el resto de nosotros, por quienes rezan solamente nuestros seres queridos más cercanos? [56] Galton se ocupó de eso; y no encontró ninguna diferencia estadística. Su intención, podría, en cualquier caso, haber sido satírica, como cuando él rezó en diferentes parcelas de tierra escogidas al azar para ver si las plantas crecían más rápido (ellas no lo hicieron).
Más recientemente, el físico Russell Stannard (uno de los tres bien conocidos científicos religiosos de Gran Bretaña) ha lanzado su peso sobre una iniciativa; financiada—por supuesto—por la Fundación Templeton, para someter a prueba experimentalmente, la proposición de que rezar por los pacientes enfermos mejora su salud.[57]
Tales experimentos; si son hechos apropiadamente, tienen que ser doblemente ciegos, y este estándar fue estrictamente observado. Los pacientes fueron asignados; estrictamente al azar, a un grupo experimental (rezaron por ellos); o a un grupo de control (no rezaron por ellos). No se le permitió, ni a los pacientes, ni a los doctores u otros cuidadores de la salud, ni a los experimentadores, saber cuales pacientes estaban recibiendo rezos ni cuales no. Los que hicieron los rezos experimentales tenían que conocer los nombres de los individuos por los cuales estaban rezando; de otra forma, ¿qué sentido tendría rezar por ellos a diferencia de por cualquier otro? Pero se tuvo cuidado de decirle a ellos sólo su nombre y la letra inicial de su apellido. Aparentemente eso era suficiente para capacitar a Dios para que escogiese la correcta cama de hospital.
La mismísima idea de llevar a cabo tales experimentos está abierta a una generosa medida de ridículo, y el proyecto debidamente la recibió. Hasta donde yo se, Bob Newhart [58] no hizo un dibujo sobre esto, pero puedo oír su voz con toda claridad:
¿Qué fue lo que dijiste Señor? ¿Qué no puedes curarme porque soy un miembro del grupo de control?... Ahhh...ya veo, las plegarias de mi tía no son suficientes. Pero Señor; el Sr. Evans de la cama en la puerta de al lado... ¿Qué dices Señor? ¿Qué el Sr. Evans recibió mil plegarias por día? Pero Señor, el Sr. Evans no conoce a mil personas...Ahhhh..ellas se referían a él simplemente como Jonh E... Pero Señor... ¿Cómo sabías tú que ellas no se referían a John Ellsworthy?... Ahhhh...está bien, tú usaste tu conocimiento infinito para averiguar lo que significaba Jonh E.... Pero Señor...
Valientemente, ignorando todas las burlas, el equipo de investigadores cerró filas, para gastar 2,4 millones de dólares del dinero de Templeton, bajo el liderazgo del Dr. Herbert Benson, un cardiólogo del Instituto Mente / Cuerpo, ubicado cerca de Boston. El Dr. Benson fue citado antes en un comunicado de prensa de la Fundación Templeton, como: “creyendo que la evidencia sobre la eficacia de la plegaria intercediente en ambientes médicos está creciendo”. Confiadamente; entonces, la investigación estaba en buenas manos, improbable de ser echada a perder por vibraciones escépticas. El Dr. Benson y su equipo, monitorizaron a mil ochocientos dos (1.802) pacientes en seis hospitales, todos los cuales recibieron cirugía coronaria de bypass. Los pacientes fueron divididos en tres grupos. El grupo Uno recibió rezos sin saberlo. El grupo Dos (el grupo de control) no recibió rezos y sin saberlo. El grupo Tres recibió rezos y lo sabía. La comparación entre los grupos Uno y Dos examina la eficacia de la plegarias intercedientes. El grupo Tres examina los posibles efectos psicosomáticos de saber que están rezando por uno.
Los rezos fueron hechos por las congregaciones de tres iglesias; una en Minnesota, una en Massachusetts, y una en Missouri; todas distantes de los tres hospitales. A los individuos que rezaban; como fue explicado, les fue dado sólo el nombre y la primera letra del apellido de cada paciente por el que debían rezar. Es una buena práctica experimental estandarizar tan lejos como sea posible; y a ellos, en consecuencia, se les dijo que incluyeran en sus plegarias, la frase: “por una exitosa cirugía con una rápida y saludable recuperación sin complicaciones”.
Los resultados; publicados en la revista científica American Heart Journal de abril de 2006, fueron claros. No existió diferencia entre aquellos pacientes por quienes se rezó de los que no recibieron rezos. ¡Qué sorpresa! Existió una diferencia entre aquellos que sabían que se estaba rezando por ellos y los que no sabían si se estaba rezando o no por ellos; pero hacia la dirección equivocada: Aquellos que sabían que eran beneficiarios de los rezos, sufrieron significativamente más complicaciones que aquellos que no sabían que se estaba rezando por ellos. ¿Estaba Dios infligiendo un poco de castigo para mostrar su desaprobación de la totalidad de tan excéntrica empresa? Parece más probable que aquellos pacientes que sabían que se estaba rezando por ellos sufrieron como consecuencia de un estrés adicional: “ansiedad de desempeño”, como dijeron los experimentadores. El Dr. Charles Bethea, uno de los investigadores, dijo: “Puede haberles producido incertidumbre, al hacerles pensar: ¿Estoy tan enfermo que ellos tuvieron que llamar a un equipo de rezadores?”
En la litigante sociedad de hoy, ¿Es esperar demasiado, que aquellos pacientes que sufrieron de complicaciones del corazón; como consecuencia de saber que se estaba rezando experimentalmente por ellos, armen una demanda judicial contra la Fundación Templeton?
No sería ninguna sorpresa que los teólogos se opusiesen a este estudio; quizás ansiosos sobre su capacidad para poner a la religión en ridículo. El teólogo de Oxford; Richard Swinburne escribiendo; después que el estudio fracasó, lo objetó en base a que Dios responde a las plegarias sólo si ellas son ofrecidas por buenas razones.[59] Rezar por alguien en vez de por alguien más; simplemente por el lance de los dados en el diseño de un experimento doblemente ciego, no constituye una buena razón. Dios se daría cuenta de ello. Ese; de hecho, fue el punto de la sátira de Bob Newhart; y Swineburne tiene razón en hacerlo también. No es la primera vez que él trata de justificar el sufrimiento en un mundo gobernado por Dios:
Mi sufrimiento me proporciona la oportunidad para demostrar coraje y paciencia. Éste le proporciona a usted una oportunidad para demostrar consideración y para ayudar a aliviar mi sufrimiento. Y le proporciona a la sociedad la oportunidad de escoger si invertir un montón de dinero en tratar de hallar una cura para este o aquel tipo particular de sufrimiento...Aunque un buen Dios siente pena por nuestro sufrimiento, la mayor de sus preocupaciones es seguramente que cada uno de nosotros muestre paciencia, consideración y generosidad y; de paso, obtenga un carácter santo. Algunas personas necesitan urgentemente enfermarse por su propio bien; y algunas personas necesitan urgentemente enfermarse para proporcionarle a otros importantes opciones. Sólo de esa manera pueden algunas personas ser estimuladas a considerar seriamente las opciones sobre el tipo de persona que ellas deben ser. Para otras personas, la enfermedad no es tan valiosa.
Esta grotesca pieza de razonamiento, tan condenadamente típica de la mente teológica, me recuerda una ocasión cuando estaba en un panel televisivo con Swinburne, y también con nuestro colega de Oxford; el Profesor Peter Atkins. En un momento, Swineburne intentó justificar el Holocausto basándose en que le daba a los judíos una maravillosa oportunidad para ser valientes y nobles. Peter Atkins gruñó espléndidamente: “púdrase en el infierno”* Otra pieza típica de razonamiento teológico ocurre más adelante en el artículo de Swineburne. Él correctamente sugiere que si Dios quisiese demostrar su propia existencia hallaría mejores formas de hacerlo que parcializando ligeramente las estadísticas de los grupos experimentales de pacientes coronarios versus los grupos de control. Si Dios existiera y quisiese convencernos a nosotros de ello, él podría llenar al mundo de “super-milagros.
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* Este intercambio fue sacado de la versión del programa que fue transmitido al público. El que estas frases de Swineburne sean típicas de su teología es indicado por su muy similar comentario sobre Hiroshima, en The Existence of God (La Existencia de Dios , 2004), página 264: “Supongan que una persona menos hubiese sido quemada por la bomba atómica de Hiroshima. Entonces hubiese habido menos oportunidad para el coraje y la consideración...”
Pero luego Swineburne deja caer su joya: “De todas formas, existe un montón de evidencia de la existencia de Dios, y demasiada de ella puede que no sea bueno para nosotros”. ¡Demasiada puede que no sea bueno para nosotros! Léalo de nuevo. Demasiada evidencia puede que no sea bueno para nosotros. Richard Swineburne es el recientemente retirado titular de la más prestigiosa cátedra de teología de Gran Bretaña, y es un miembro de la Academia Británica. Si es un teólogo lo que usted quiere, ellos no vienen más distinguidos. Quizás usted no quiera un teólogo.
Swineburne no fue el único teólogo en no reconocer el estudio; después que éste fracasó. Al Reverendo Raymond J. Lawrence le fue concedida una generosa tajada de espacio de opinión editorial en The New York Times para explicar porqué los líderes religiosos responsables “respirarán aliviados” al saber que no pudo hallarse evidencia de que la plegaria intercediente tuviese efecto alguno.[60] ¿Hubiese cantado él una tonada diferente si el estudio de Benson hubiese tenido éxito en demostrar el poder de la plegaria? Quizás no, pero usted puede tener la certeza de que bastantes otros pastores y teólogos si lo hubiesen hecho.
La pieza del Reverendo Lawrence es principalmente memorable debido a la siguiente revelación: “Recientemente, un colega me contó sobre una devota y bien educada mujer, que acusó a un doctor de mala praxis médica en el tratamiento de su esposo. Durante los días en que su esposo estuvo moribundo; ella acusó que el doctor había fracasado en rezar por él”.
Otros teólogos se unieron a los escépticos inspirados por NOMA al contender que estudiar a la plegaria en esta forma es un desperdicio de dinero, porque las influencias sobrenaturales están por definición fuera del alcance de la ciencia. Pero como reconoció correctamente la Fundación Templeton, cuando financió el estudio, el supuesto poder intercesor de la plegaria; está, por lo menos en principio, dentro del alcance de la ciencia. Un experimento doblemente ciego podía ser hecho; y se hizo. Pudo haber tenido un resultado positivo. Y si hubiese sido así...¿Puede usted imaginar siquiera a un solo apologista religioso rechazando ese resultado positivo en base a que la investigación científica no es competente en asuntos religiosos? Por supuesto que no.
No es necesario decir, que los resultados negativos del experimento no sacudirán a los creyentes. Bob Barth, el director espiritual del ministerio de la plegaria de Missouri, quien suministró algunos de los rezadores experimentales, dijo: “Una persona de fe diría que el estudio es interesante, pero nosotros hemos estado rezando por un largo tiempo, y hemos visto funcionar a la plegaria; nosotros sabemos que funciona, y la investigación sobre la plegaria y la espiritualidad, apenas está comenzando”. Si Luis [sic. Yeah right] nosotros sabemos por nuestra fe que la plegaria funciona; así que si la evidencia fracasa en demostrarlo, nosotros cerraremos filas hasta que finalmente obtengamos los resultados que queremos.
Un posible motivo ulterior para aquellos científicos que insisten en NOMA—la invulnerabilidad de la Hipótesis de Dios frente a la ciencia—es una peculiar agenda política estadounidense, provocada por la amenaza del creacionismo populista. En partes de los Estados Unidos de América; la ciencia está bajo el ataque de una oposición bien organizada; políticamente bien conectada; y sobre todo bien financiada. Y la enseñanza de la evolución está en la trinchera de la línea del frente.
Los científicos pueden ser perdonados por sentirse amenazados; porque la mayor parte del dinero destinado a la investigación proviene en última instancia del gobierno; y los representantes [los diputados] electos tienen que rendirle cuentas a los ignorantes y a los prejuiciosos; al igual que a los bien informados, entre sus electores.
En respuesta a tales amenazas, ha brotado un lobby en defensa de la evolución, más notablemente, representado por el National Center for Science Education (NCSE) [Centro Nacional a favor de la Educación Científica], dirigido por Eugenie Scott, una infatigable activista a favor de la ciencia quien recientemente produjo su propio libro, Evolution versus Creacionism (Evolución versus Creacionismo). Uno de los principales objetivos políticos del NCSE es cortejar y movilizar a la opinión religiosa “sensible”: hombres y mujeres de las iglesias mayoritariamente aceptadas por la población que no tienen problemas con la evolución y pueden considerarla como irrelevante (o hasta en algunos extraños casos que soporta ampliamente) a su fe.
Es a estos clérigos y creyentes no-fundamentalistas; avergonzados como están por el creacionismo, porque daña la reputación de la religión, a los que el lobby de defensa de la evolución trata de apelar. Y una forma de hacerlo es doblarse hacia atrás en su dirección, promoviendo NOMA—el acuerdo de que la ciencia es completamente no-amenazadora, porque está desconectada de las afirmaciones religiosas.
Otra prominente luminaria de lo que podríamos llamar la Escuela de Evolucionistas Neville Chamberlain, es el filósofo Michael Ruse. Ruse ha sido un efectivo combatiente en contra del creacionismo, [61] tanto en papel como en los tribunales. Él afirma ser ateo, pero en su artículo en Playboy [62] asume el punto de vista que:
Nosotros los que amamos la ciencia estamos obligados a darnos cuenta que el enemigo de nuestros enemigos es nuestro amigo. Demasiado a menudo, los evolucionistas gastan tiempo insultando a nuestros potenciales aliados. Esto es especialmente cierto en el caso de los evolucionistas seculares. Los ateos pasan más tiempo insultando a cristianos considerados que el que invierten en contrarrestar a los creacionistas. Cuando el Papa Juan Pablo II escribió una carta apoyando al Darwinismo, la respuesta de Richard Dawkins fue simplemente que el papa era un hipócrita, que él no podía ser genuino sobre la ciencia, y que el mismo Dawkins simplemente prefería a un fundamentalista honesto.
Desde un punto de vista puramente táctico, puedo ver el atractivo superficial en la comparación de Ruse con la pelea contra Hitler: “A Winston Churchill y a Franklin Delano Roosevelt no les gustaba Stalin ni el comunismo. Pero en la pelea contra Hitler ellos se dieron cuenta que tenían que trabajar con la Unión Soviética. Los evolucionistas de todos los tipos están obligados en la misma forma a trabajar juntos para combatir el creacionismo” Pero yo finalmente me coloco al lado de mi colega de Chicago; el geneticista Jerry Coyne, quien escribió que Ruse:
Fracasa en entender la naturaleza del conflicto. No es simplemente evolución versus creacionismo. Para los científicos como Dawkins y Wilson [E. O. Wilson, el celebrado biólogo de Harvard] la guerra real es entre el racionalismo y la superstición. La ciencia es sólo una forma de racionalismo, mientras que la religión es la forma más común de superstición. El creacionismo es sólo un síntoma de lo que ellos ven como el mayor enemigo: la religión. Mientras la religión puede existir sin el creacionismo, el creacionismo no puede existir sin la religión.[63]
Yo sí tengo una cosa en común con los creacionistas. Al igual que yo, pero a diferencia de la “Escuela Chamberlain”, ellos no tendrán negociaciones informales con NOMA y su separado magisterio. Lejos de respetar la separación del terreno de la ciencia, a los creacionistas no les gusta nada más que patearlo por todas partes con los sucios casquillos de sus botas. Y ellos también pelean sucio. Abogados a favor de los creacionistas; en casos judiciales por todas las despobladas áreas rurales de los Estados Unidos de América, buscan específicamente a los evolucionistas que son abiertamente ateos. Yo se—para mi vergüenza—que mi nombre ha sido usado en esta forma. Es una táctica efectiva, porque los jurados seleccionados al azar, son probables de incluir individuos que han sido criados creyendo que los ateos son demonios encarnados, a la par con los pedófilos o “terroristas” (el equivalente de hoy de las brujas de Salem y de los comunistas de McCarthy). Cualquier abogado creacionista que me llevara a mí al estrado, podría ganarse instantáneamente al jurado simplemente preguntándome: “Tiene usted conocimiento de que la evolución lo influenció a usted hacia el camino de convertirse en ateo? Yo tendría que responder si, y de un solo golpe, yo habría perdido al jurado.
En contraste, la respuesta judicialmente correcta del lado secularista sería: “Mis creencias religiosas, o ausencia de ellas, son un asunto privado, y no son ni de la competencia de este tribunal, ni están conectadas en ninguna forma con mi ciencia” Yo no podría decir eso honestamente, por las razones que explicaré en el capítulo cuarto.
La periodista del Guardian; Madeleine Bunting, escribió un artículo titulado: “Why the intelligent design lobby thanks God for Richard Dawkins” (El porqué el lobby del diseño inteligente dio gracias a Dios por Richard Dawkins)[64] No existe indicación de que ella haya consultado a alguien, excepto a Michael Ruse, y su artículo podría muy bien haber sido escrito realmente por él.[65] Dan Dennett replicó aptamente, citando al Tío Remus:
Encuentro divertido que dos británicos—Madeleine Bunting y Michael Ruse—hayan caído en una versión de una de las más famosas trampas del folclor estadounidense (El porqué el lobby del diseño inteligente dio gracias a Dios por Richard Dawkins, 27 de marzo). Cuando el Hermano Conejo es atrapado por el Hermano Zorro, él le ruega: “Oh, por favor, por favor, Hermano Zorro, cualquier cosa que hagas, no me lances sobre esas horribles zarzas—donde él cae con seguridad y a salvo después que el Hermano Zorro hace exactamente eso. Cuando el propagandista estadounidense William Dembski le escribe sarcásticamente a Richard Dawkins, diciéndole que mantenga el buen trabajo a favor del diseño inteligente, ¡Bunting and Ruse caen en la trampa! ¡Caramba, Hermano Zorro, tu clara afirmación—de que la biología evolucionaria refuta la idea de un Dios creador—pone en peligro la enseñanza de la biología en las clases de ciencias, ¡ya que enseñarla viola la separación entre la iglesia y el estado! Ustedes también deberían reducir la velocidad a la fisiología, porque ella declara que el nacimiento virginal es imposible...[66]
Todo este asunto; incluyendo una evocación independiente del Hermano Conejo y las zarzas, es bien discutido por el biólogo P. Z. Myers, cuyo blog “Pharyngula” puede ser consultado con toda confianza para hallar un buen sentido incisivo.[67] No estoy sugiriendo que mis colegas del lobby pacificador son necesariamente deshonestos. Ellos pueden creer sinceramente en NOMA, aunque no puedo evitar preguntarme cuan profundamente lo han pensado ellos y como reconcilian los conflictos internos en sus mentes. No existe necesidad de continuar con el asunto por el momento, pero cualquiera que busca entender las afirmaciones publicadas por científicos sobre asuntos religiosos, haría bien en no olvidarse del contexto político: las surrealistas guerras culturales que están ocurriendo ahora en los Estados Unidos de América.
La pacificación estilo NOMA saldrá a la superficie nuevamente en un posterior capítulo. Aquí, regreso al agnosticismo y a la posibilidad de desconchar nuestra ignorancia y reducir en forma medible nuestra incertidumbre sobre la existencia o no existencia de Dios.
Suponga que la parábola de Bertrand Russell se hubiese referido no a una jarra de te en el espacio exterior, sino a la vida en el espacio exterior—el sujeto del memorable rechazo de Sagan a pensar con sus tripas.[68] De nuevo, nosotros no podemos des-probarlo; y la única posición estrictamente racional, es el agnosticismo. Pero la hipótesis ya no sigue siendo frívola. Nosotros no percibimos inmediatamente el aroma de la improbabilidad extrema. Podemos tener una interesante discusión basada en evidencia incompleta; y podemos escribir el tipo de evidencia que reduciría nuestra incertidumbre. Nos enfureceríamos si nuestro gobierno invirtiese en costosos telescopios para el único propósito de buscar jarras de te en órbita. Pero podemos apreciar el caso de gastar dinero en SETI, la Search for Extraterrestrial Intelligence (Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre), usando radio-telescopios para hurgar los cielos con la esperanza de captar señales de extraterrestres inteligentes.
Yo felicité a Carl Sagan por rechazar los presentimientos sobre la vida extraterrestre. Pero uno puede (y Sagan lo hizo), hacer una evaluación sobria sobre lo que necesitaríamos saber para estimar las probabilidades. Esto puede comenzar con nada más que una lista de nuestros puntos de ignorancia; como la famosa Ecuación de Drake, que en la frase de Paul Davies, recolecta probabilidades. Ésta establece que para estimar la cantidad de civilizaciones independientemente evolucionadas en el universo, estamos obligados a multiplicar siete términos juntos. Los siete incluyen la cantidad de estrellas, la cantidad de planetas parecidos a la Tierra por cada estrella, y la probabilidad de esto. Esas y las otras que no necesito enumerar, porque el único punto que estoy haciendo, es que ellas son todas, desconocidas, o estimadas con enormes márgenes de error. Cuando tantos términos que son; completamente o casi completamente desconocidos, son multiplicados entre sí, el producto—la cantidad estimada de civilizaciones extraterrestres—contiene errores tan colosales que hacen que el agnosticismo parezca como muy razonable, si es que no, como la única posición creíble.
Algunos de los términos en la Ecuación de Drake, ya son menos desconocidos que cuando él la escribió por primera vez en 1961. En esa época, nuestro sistema solar de planetas orbitando a una estrella central, era el único conocido; junto a las analogías locales proporcionadas por los sistemas satelitales de Júpiter y Saturno. Nuestro mejor estimado de sistemas orbitales estaba basado en modelos teóricos, acompañado del más informal “principio de la mediocridad”:
La sensación (nacida de las incómodas lecciones de historia de Copernicus, Habble, y otros) de que no debería haber nada particularmente inusual sobre el lugar donde nosotros vivamos. Desafortunadamente, el principio de la mediocridad; a su vez debilitado por el principio “antrópico”, (vea el capítulo cuarto): si nuestro sistema solar fuese realmente el único en el universo; este es precisamente donde nosotros, como seres que piensan sobre esos asuntos, tendríamos que vivir. El mero hecho de nuestra existencia, podría determinar retrospectivamente que nosotros vivimos en un lugar extremadamente no-mediocre.
Pero los estimados actuales sobre la ubicuidad de sistemas solares, ya no están basados en el principio de la mediocridad; ellos están basados en evidencia directa. El espectroscopio; el némesis del positivismo de Comte, ataca de nuevo. Nuestros telescopios son escasamente lo suficientemente poderosos para ver directamente los planetas alrededor de otras estrellas. Pero la posición de una estrella, es perturbada por la atracción gravitacional de los planetas cuando dan vueltas alrededor de ella; y los espectroscopios pueden captar los cambios Doppler en el espectro de la estrella, por lo menos en casos donde el planeta perturbador es grande. Usando mayormente este método, en el momento de escribir este libro, nosotros conocemos 170 planetas extra-solares que están orbitando a 147 estrellas, [69] pero esta cifra ciertamente se habrá incrementado para cuando usted lea este libro. Hasta ahora, son masivos “Júpiters”, porque sólo los júpiters son lo suficientemente grandes para perturbar a sus estrellas en la zona de detectabilidad de los actuales espectroscopios.
Por lo menos, hemos mejorado cuantitativamente nuestro estimado de uno de los escondidos términos de la Ecuación de Drake. Esto permite una significativa; pero todavía moderada, facilitación de nuestro agnosticismo sobre el valor final arrojado por la ecuación. Estamos obligados todavía a ser agnósticos sobre la vida en otros mundos—pero un poquito menos agnósticos, porque somos exactamente ese poquito menos ignorantes. La ciencia puede desconchar al agnosticismo, en una forma en la cual Huxley se dobló hacia atrás para negar el caso especial de Dios. Estoy argumentando que; sin tomar en cuenta la abstinencia cortés de Huxley, Gould, y muchos otros, que la pregunta sobre Dios no está; en principio, y por siempre, fuera del ámbito de la ciencia. Al igual que sobre la naturaleza de las estrellas, contra Comte, y al igual que sobre la posibilidad de vida en órbita alrededor de ellas, la ciencia puede, por lo menos, construir caminos probabilísticos hacia el interior del territorio del agnosticismo.
Mi definición de la Hipótesis de Dios, incluyó las palabras: “super-humano” y “sobre-natural”. Para clarificar la diferencia, imagine que un radio-telescopio SETI capta una señal desde el espacio exterior, que muestra; inequívocamente, que no estamos solos. No es un asunto trivial; de paso, el tipo de señal que nos convencería a nosotros de su origen inteligente.
Una buena opción es girar la pregunta: ¿Qué debemos nacer nosotros inteligentemente para hacer una propaganda sobre nuestra presencia que sea entendida por escuchas extraterrestres? Pulsos rítmicos no lo lograrían. Jocelyn Bell Burnell, la radioastrónoma que descubrió por primera vez el tipo de estrella pulsar en 1967, fue conmovida por la precisión de su periodicidad de 1,33 segundos, y la nombró (con su lengua pegada al interior de una de sus mejillas) la LGM (Little Green Men: Pequeños Hombrecitos Verdes). Ella después halló una segunda pulsar, en otro lugar del cielo y de diferente periodicidad, lo que prácticamente acabó con la hipótesis LGM. Ritmos metronómicos pueden ser generados por muchos fenómenos no-inteligentes; desde ramas que se balancean, hasta el agua que gotea; desde retrasos del tiempo en circuitos auto-regulados de retroalimentación hasta cuerpos celestiales que giran y recorren una órbita. Más de mil estrellas pulsares han sido halladas en nuestra galaxia, y es generalmente aceptado que cada una es una estrella neutrón que gira emitiendo energía radial que barre el firmamento como el haz de luz de un faro marítimo. Es asombroso pensar sobre una estrella rotando en una escala de tiempo de segundos (imagine que cada uno de nuestros días durase 1,33 segundos en vez de 24 horas), pero casi todo lo que sabemos sobre las estrellas neutrón es asombroso. El punto es, que el fenómeno pulsar es ahora entendido como un producto de simple física, no como inteligencia.
Nada; simplemente rítmico, entonces, anunciaría nuestra presencia inteligente a un universo que espera. Los números primos son mencionados a menudo como el récipe para escoger, debido a que es difícil pensar en un proceso puramente físico que pueda generarlos. Ya sea mediante la detección de números primos, o por algunos otros medios, imagine que SETI sí logra obtener evidencia inequívoca de inteligencia extraterrestre; seguida, quizás, de una masiva transmisión de conocimiento y sabiduría, a lo largo de las líneas de ciencia-ficción de los libros A por Andrómeda, de Fred Hoyle, o Contacto de Carl Sagan, ¿Cómo debemos responder? Una reacción perdonable podría ser algo parecido a una adoración religiosa, porque cualquier civilización capaz de transmitir una señal desde una inmensa distancia, es probable que sea muy superior a la nuestra. Aún si esa civilización no es más avanzada que la nuestra; en el momento de la transmisión, la enorme distancia entre nosotros nos capacita para calcular que ella está miles de años delante de nosotros para el momento en que nos llega el mensaje (a menos que ella se halla llevado a sí misma a la extinción; lo que no sería improbable).
Sin importar que alguna vez nosotros lleguemos a saber sobre ella o no, muy probablemente existen civilizaciones extraterrestres que son super-humanas, hasta el punto de ser parecidas a un dios en formas que exceden cualquier cosa que un teólogo podría posiblemente imaginar. Sus logros técnicos parecerían tan sobrenaturales para nosotros, como los nuestros les parecerían a un campesino de la Edad Oscura que sea transportado al siglo veintiuno.
Imagine la respuesta de un campesino de la Edad Media a una computadora laptop, a un teléfono celular, a una bomba de hidrógeno o a un jet jumbo. Como lo dijo Arthur C. Clark, “Cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”. Los milagros producidos por nuestra tecnología hubieran parecido a los antiguos no menos asombrosos que los cuentos de Moisés dividiendo las aguas, o Jesús caminando sobre ellas. Los extraterrestres de nuestras señales SETI serían para nosotros como dioses, al igual que los misioneros fueron tratados como dioses (y explotaron el inmerecido honor hasta el máximo) cuando aparecieron en culturas de la edad de piedra portando armas de fuego, telescopios, fósforos y almanaques que predecían los eclipses con exactitud hasta el segundo.
¿En qué sentido; entonces, los más avanzados extraterrestres SETI, no serían dioses? ¿En qué sentido serían ellos super-humanos pero no sobrenaturales? En un sentido muy importante, que llega al meollo de este libro. La diferencia crucial entre los dioses y los extraterrestres parecidos a dioses no yace en sus propiedades, sino en su procedencia. Las entidades que son lo suficientemente complejas como para ser inteligentes, son producto de un proceso evolucionario. No importa cuán parecidas a un dios puedan ser ellas cuando las encontremos, ellas no comenzaron de esa forma. Los autores de ciencia-ficción, como Daniel F. Galouye en Mundo de Imitación, han hasta sugerido (y yo no puedo ver como des-probarlo) que nosotros vivimos en una simulación de computadora, establecida por una civilización vastamente superior. Pero los mismos simuladores tendrían que provenir de alguna parte. Las leyes de las probabilidades prohíben todas las nociones de su aparición espontánea, sin antecedentes más simples. Ellos probablemente deban su existencia a una versión (quizás no familiar) de la evolución darwiniana: alguna forma de “grúa” mecánica en oposición a un “gancho celestial”; para usar la terminología de Daniel Dennett.[70]
Ganchos celestiales—incluyendo a todos los dioses—son conjuros mágicos. Ellos no realizan trabajos explicatorios bona fide y demandan más explicaciones de las que proporcionan. Las grúas son artefactos explicatorios que realmente explican. La selección natural es la grúa campeón de todos los tiempos. Ha levantado a la vida desde la primitiva simplicidad hasta las intoxicantes alturas de complejidad, belleza y diseño aparente, que nos maravillan hoy. Este será un tema dominante en el capítulo cuarto: “Porqué casi ciertamente no hay Dios”. Pero primero, antes de proceder con mi principal razón para no creer activamente en la existencia de Dios, tengo la responsabilidad de disponer de los argumentos positivos para la creencia que ha sido ofrecida a lo largo de la historia.
Los sacerdotes de las diferentes sectas religiosas...temen al avance de la ciencia como lo hacen las brujas el acercamiento de la luz del día; y miran con rabia el presagio que anuncia la subdivisión de los engaños en los cuales viven.
—THOMAS JEFFERSON
Los argumentos para la existencia de Dios han sido codificados durante siglos por los teólogos, y han sido suplementados por otros, incluyendo a suplidores de mal concebido “sentido común”.
Las cinco “pruebas” afirmadas por Tomás Aquino en el siglo trece no prueban nada; y son fácilmente—aunque dudo en decirlo, debido a su eminencia—expuestas como vacías. Las primeras tres son simplemente formas diferentes de decir la misma cosa, y pueden ser consideradas juntas. Todas involucran una regresión infinita—la respuesta a una pregunta nace de una pregunta anterior, y así hasta el infinito.
1. El Movedor Inmóvil. Nada se mueve sin un previo movedor. Esto nos lleva a una regresión, de la cual el único escape es Dios. Algo tuvo que hacer el primer movimiento, y a ese algo nosotros lo llamamos Dios.
2. La Causa no Causada. Nada es causado por sí mismo. Todo efecto tiene una causa previa, y de nuevo, somos empujados hacia una regresión. Ésta tiene que ser terminada por una primera causa, a la cual nosotros llamamos Dios
3. El Argumento Cosmológico. Obligatoriamente, debe haber habido un tiempo cuando no existían cosas físicas. Pero; debido a que las cosas físicas existen ahora, obligatoriamente debe haber habido algo no-físico que las hizo existir, y a ese algo nosotros lo llamamos Dios.
Todos estos tres argumentos se apoyan en la idea de una regresión e invocan a Dios para terminarla. Ellas hacen la totalmente no garantizada asunción de que Dios es inmune a la regresión. Aún si permitimos el dudoso lujo de conjurar arbitrariamente a un terminador de la regresión infinita, y le damos un nombre; simplemente porque necesitamos uno, no existe en lo absoluto ninguna razón para dotar a ese terminador con cualquiera de las propiedades normalmente adscritas a Dios:
Omnipotencia, sabiduría infinita, creatividad para diseñar; para no decir nada sobre tales atributos humanos como escuchar plegarias, perdonar pecados y leer los pensamientos más íntimos.
De paso, a los lógicos no se les ha escapado notar que la sabiduría infinita y la omnipotencia son mutuamente incompatibles. Si Dios posee una sabiduría infinita, él ya debe saber que va a intervenir para cambiar el curso de la historia usando su omnipotencia. Lo que eso significa es que él no puede cambiar de idea sobre su intervención, lo que a su vez significa que no es omnipotente. Karen Owens ha capturado esta acuciosa pequeña paradoja en otra igualmente atractiva:
¿Puede el Dios de sabiduría infinita
que conoce el futuro
hallar la omnipotencia
para cambiar sus futuras ideas?
Para volver a la regresión infinita y a la futilidad de invocar a Dios para terminarla; es más parsimonioso conjurar; digamos, una singularidad como el “Big Bang”, o cualquier otro concepto físico todavía desconocido. Llamarla Dios; en el mejor de los casos, no ayuda; y en el peor, es perniciosamente engañoso. El récipe sin sentido de Edward Lears para preparar cortes de carne crumboblious, [palabra inventada] nos invita a “Obtener algunas tiras de carne; hacerlas cortar en los pedazos más pequeños posibles; y proceder entonces a cortarlos en pedacitos aún más pequeños; ocho o quizás nueve veces más”.
Algunas regresiones sí alcanzan un terminador natural. Los científicos acostumbraban a preguntarse que sucedería si uno pudiese disectar; digamos, al oro en los pedazos más pequeños posibles. ¿Porqué no debería usted cortar unos de esos pequeños pedazos por la mitad para producir una aún más pequeña porción de oro? La regresión en este caso, es decisivamente terminada por el átomo. La porción más pequeña de oro es un núcleo de exactamente setenta y nueve protones y una ligeramente mayor cantidad de neutrones, atendidos por un enjambre de setenta y nueve electrones. Si uno corta al oro más allá del nivel de un solo átomo, cualquier cosa que obtenga ya no es oro. El átomo proporciona un terminador natural para los tipos de regresión como los cortes de carne crumboblious. De ninguna manera está claro que Dios proporciona un terminador natural a las regresiones de Aquino. Eso es, para ponerlo suavemente; como veremos más adelante. Movámonos adelante en la lista de Aquino:
4. El Argumento de los Grados. Nosotros notamos que las cosas en el mundo difieren. Existen grados de; digamos, bondad y perfección. Pero nosotros juzgamos esos grados sólo al compararlos con un máximo. Los humanos; pueden ser ambos, buenos y malos, así que la máxima bondad no puede estar en nosotros. En consecuencia, debe obligatoriamente existir otro máximo que establezca el estándar para la perfección, y nosotros llamamos a eso Dios.
¿Es eso un argumento? Usted podría decir también que la gente varía en hediondez pero que nosotros podemos hacer la comparación sólo en referencia a un máximo perfecto de hediondez concebible. En consecuencia obligatoriamente debe existir un ser prominentemente hediondo sin par, y nosotros lo llamamos Dios. O sustituir cualquier otra dimensión de comparación que a usted le guste, y derivar una equivalentemente conclusión fatua.
5. El Argumento Teleológico, o Argumento del Diseño. Las cosas en el mundo; especialmente las cosas vivientes, lucen como si hubiesen sido diseñadas. Nada que conocemos nosotros luce diseñada a menos que haya sido diseñada. En consecuencia obligatoriamente debe haber existido un diseñador y nosotros lo llamamos Dios.
El mismo Aquino usó la analogía de una flecha moviéndose hacia un blanco; pero un moderno misil anti-aéreo atraído por el calor hubiera servido mejor para su propósito. El argumento del diseño es el único que es todavía usado regularmente; y todavía le suena a muchos como el argumento noqueador definitivo.
El joven Darwin fue impresionado por eso cuando; como estudiante de pregrado en Cambridge, lo leyó en la Teología Natural de William Paley. Desafortunadamente para Paley, el maduro Darwin lo hizo explotar fuera del agua. Probablemente nunca ha existido una devastante derrota de la creencia popular mediante el astuto razonamiento que la destrucción por parte de Darwin del argumento del diseño.
Fue tan inesperado. Gracias a Darwin; ya no es cierto que nada que conozcamos luce diseñado a menos que sea diseñado. La evolución mediante la selección natural produce un excelente simulacro del diseño, remontando prodigiosas alturas de complejidad y elegancia. Y entre esas eminencias del seudo-diseño, están los sistemas nerviosos que—entre sus más modestos logros—manifiestan un comportamiento buscador de objetivos que, hasta en un minúsculo insecto, se parece más a un sofisticado misil atraído por el calor, que a una simple flecha hacia su blanco. Regresaré al argumento del diseño en el capítulo cuarto.
Los argumentos a favor de la existencia de Dios caen en dos categorías principales; la a priori y la a posteriori. Los cinco de Tomás Aquino son argumentos a posteriori; que se apoyan en una inspección del mundo. El más famoso de los argumentos a priori; de aquellos que se apoyan puramente en raciocinios de poltrona, es el argumento ontológico, propuesto por San Anselmo de Canterbury en 1078 y reafirmado en diferentes formas por numerosos filósofos desde entonces.
Un extraño aspecto del argumento de Anselmo es que fue originalmente dirigido no a los humanos, sino al mismo Dios, en forma de plegaria (uno pensaría que una entidad capaz de escuchar plegarias no necesitaría ser convencida de su propia existencia). Es posible concebir; dijo Anselmo, a un ser del que nada más grande puede ser concebido. Hasta un ateo puede concebir un ser tan superlativo; aunque él negaría su existencia en el mundo real. Pero; sigue el argumento, un ser que no existe en el mundo real es; por ese mismísimo hecho, menos que perfecto. En consecuencia, tenemos una contradicción y; ¡Hey, presto, Dios existe!
Permítanme traducir este infantil argumento al lenguaje apropiado, que es el lenguaje de un parque infantil:
“Te apuesto a que puedo probar que Dios existe”
“Te apuesto a que no puedes”
“Está bien; entonces, imagina la cosa más perfecta perfecta perfecta posible”
“Está bien, ¿Ahora qué?”
“Ahora, ¿Es esa cosa perfecta perfecta perfecta real? ¿Existe?”
“No, sólo está en mi mente”
“Pero si fuese real, sería aún más perfecta, porque una cosa realmente realmente perfecta tendría que ser mejor que una cosa tontamente imaginaria. Así que he probado que Dios existe. recio recio recio todos los ateos son necios.”
Yo hice que el sabio de mi niñez escogiese la palabra “necio” aconsejadamente. El mismo Anselmo citó el primer verso del Salmo 14: “Dice el necio en su corazón: No hay Dios”, y él tuvo la impudencia de usar el nombre “necio” (Latin insipiens) para su hipotético ateo:
De allí, que hasta el necio está convencido de que algo existe en el entendimiento; por lo menos, que de ello nada más grande puede ser concebido. Porque; cuando él oye esto, lo entiende. Y cualquier cosa que es entendida, existe en el entendimiento. Y más seguramente, que del que nada más grande puede ser concebido, no puede existir sólo en el entendimiento. Porque; suponga que sólo existe en el entendimiento: entonces puede ser concebido que exista en realidad; lo que es más grande.
La mismísima idea de que a partir de tal truculencia en el uso indebido de las palabras siguen conclusiones grandiosas, me ofende estéticamente, así que debo encargarme de refrenarme de agitar palabras como “necio”. Bertrand Russell (ningún necio) interesantemente dijo: “Es más fácil sentirse convencido de [que el argumento ontológico] deber ser falacioso de lo que es hallar precisamente, donde yace la falacia”. El mismo Russell; siendo joven, estuvo brevemente convencido por éste:
Recuerdo el momento preciso; un día de 1894, mientras transitaba por la senda Trinidad, cuando vi un resplandor (o pensé que vi) de que el argumento ontológico es válido. Había salido a comprar una lata de tabaco; a mi regreso, la lancé repentinamente al aire, y exclamé al atraparla: “Grandioso Scott, el argumento ontológico es sólido”.
¿Porqué; me pregunté yo, dijo él algo como “Grandioso Scott, el argumento ontológico parece ser plausible. Pero ¿No es demasiado bueno para ser verdad que una verdad sobre el cosmos provenga de un mero juego de palabras? Mejor me siento a trabajar para resolver lo que parece que quizás sea una paradoja como las de Zeno”.
Los griegos pasaron dificultades para ver a través de la “prueba” de Zeno de que Aquiles nunca atraparía a la tortuga.[71] Pero tuvieron el sentido de no concluir que Aquiles realmente fracasaría en atrapar a la tortuga. En vez de eso, ellos lo llamaron una paradoja y esperaron para que las posteriores generaciones de matemáticos la explicasen (mediante; como resultó ser, la teoría de las series infinitas que convergen en un valor límite). El mismo Russell; por supuesto, estaba tan bien calificado como cualquiera para entender el porqué ninguna lata de tabaco debería ser lanzada al aire para celebrar el fracaso de Aquiles en atrapar a la tortuga. ¿Porqué no ejerció la misma cautela sobre San Anselmo? Yo sospecho que él era un ateo exageradamente justo de mente; súper-ansioso por ser desilusionado si la lógica parecía requerirlo.[72] O quizás la respuesta yace en algo que el propio Russell escribió en 1946, mucho antes que él hubiese atronado el argumento ontológico:
La verdadera pregunta es: ¿Existe algo que nosotros podamos pensar que; por el mero hecho de que podamos pensar en él, se demuestra que existe fuera de nuestro pensamiento? A todo filósofo le gustaría decir sí, porque el trabajo de un filósofo es encontrar cosas sobre el mundo mediante el pensamiento en vez de mediante la observación. Si sí es la respuesta correcta, existe un puente entre el pensamiento puro y las cosas, Si no, nó.
Mi propia sensación; al contrario, hubiese sido una automática profunda sospecha sobre cualquier línea de razonamiento que llegase a tan significativa conclusión sin suministrar ni una sola pieza de datos proveniente del mundo real. Quizás eso indica nada más que yo soy un científico en vez de un filósofo. Los filósofos; a lo largo de los siglos, han tomado en serio al argumento ontológico; en ambas formas, a favor o en contra. El filósofo ateo J. L. Mackie ofrece una discusión particularmente clara en The Miracle of Theism (El Milagro del Teísmo).
Yo considero un halago decir que defino a un filósofo como alguien que no acepta al sentido común como respuesta.
Las refutaciones más definitivas del argumento ontológico son usualmente atribuidas a los filósofos David Hume (1711-1776) e Immanuel Kant (1724-1804). Kant identificó la carta oculta en la manga de Anselmo como su resbalosa asunción de que la “existencia” es más “perfecta” que la no-existencia El filósofo estadounidense Norman Malcolm lo dijo de esta forma: “La doctrina de que la existencia es una perfección es marcadamente cuestionable. Tiene sentido; y es cierto, decir que mi futura casa será una mejor si es hermética que si no lo es; pero ¿Qué significaría decir que será una mejor casa si existe en vez de no existir?.[73] Otro filósofo, el australiano Douglas Gaskin, hizo el punto con su irónica “prueba” de que Dios no existe (El contemporáneo de Anselmo; Gaunilo, había sugerido una reductio de alguna manera similar).
1. La creación del mundo es el más maravilloso logro imaginable.
2. El mérito de un logro es el producto de (a) su calidad intrínseca, y (b) la capacidad de su creador.
3. Mientras mayor sea la incapacidad (o invalidez) del creador, más impresionante será su logro.
4. La más formidable invalidez de un creador sería su no existencia.
5. En consecuencia, si suponemos que el universo es el producto de un creador existente, nosotros podemos concebir un ser más grandioso—específicamente—uno que creó todo mientras no existía.
6. Un Dios existente; en consecuencia, no sería un ser más grandioso que aquél sobre el cual uno más grandioso no puede ser concebido; porque un increíble creador sería un Dios que no existiese.
Ergo:
7. Dios no existe.
No es necesario decir que Gaskin no probó realmente que Dios no existía. Y por las mismas razones, Anselmo no probó que sí existía. La única diferencia es; que Gaskin estaba siendo chistoso adrede. Como él se dio cuenta; la existencia o no existencia de Dios es una pregunta demasiado grande para ser decidida por la “prestidigitación dialéctica”. Y yo no creo que el resbaloso uso de la existencia como un indicador de perfección es el peor de los problemas del argumento ontológico. He olvidado los detalles; pero una vez irrité a una reunión de teólogos y filósofos, adaptando el argumento ontológico para probar que los cerdos podían volar. Ellos sintieron la necesidad de apelar a la lógica Modal para probar que yo estaba equivocado.
El argumento ontológico; al igual que todos los argumentos a priori sobre la existencia de Dios, me recuerdan al anciano en la novela de Aldous Huxley; Point Counter Point (Punto Contra Punto) que descubrió una prueba matemática para la existencia de Dios:
¿Conocen ustedes la fórmula, m sobre nada es igual a infinito; siendo m un número positivo? Bien, ¿Porqué no reducimos la ecuación hasta una forma más simple multiplicando ambos lados por nada. En cuyo caso usted tiene a m igual a infinito multiplicado por nada. Esto quiere decir que un número positivo es el producto de cero e infinito. ¿No demuestra eso que la creación del universo por un poder infinito a partir de la nada? ¿No es así?
O existe el notorio debate del siglo dieciocho sobre la existencia de Dios, organizado por Catalina la Grande; entre Euler, un matemático suizo, y Diderot, en gran enciclopedista de la Era de la Ilustración. El piadoso Euler avanzó hacia el ateo Diderot y; en tonos de la mayor convicción, expresó su reto: “Monsieur, (a + bn)/n = x, en consecuencia, Dios existe, ¡Responda!. Diderot fue intimidado a retirarse; y una versión de la historia dice que Diderot se retiró hasta Francia.
Euler estaba empleando lo que podría ser llamado el argumento para enceguecer usando la ciencia (en este caso matemáticas). David Mills; en Universo Ateo, transcribe una entrevista radial que le hiciera a él, un vocero religioso, quién invocó la Ley de la conservación de la Masa-Energía en un extraño e inefectivo intento de enceguecer con la ciencia: “Debido a que todos nosotros estamos compuestos de materia y energía, ¿No le da ese específico principio, credibilidad a la creencia en la vida eterna? Miller respondió más pacientemente y cortésmente de lo que yo hubiera; porque lo que el entrevistador estaba diciendo, traducido al inglés, era nada más que: “Cuando nosotros morimos; ninguno de los átomos de nuestro cuerpo (y nada de la energía), se pierden. En consecuencia nosotros somos inmortales”.
Ni siquiera yo, con mi extensa experiencia, he encontrado nunca un deseo mental tan tonto como ese. Si he; sin embargo, conocido muchas de las maravillosas “pruebas” coleccionadas en: http://www.godlessgeeks.com/LINKS/GodProof.htm una lista numerada, ricamente cómica, de “Más de Trescientas Pruebas de la Existencia de Dios”. Aquí tienen una risible media docena, comenzando con la “Prueba” número 36:
36. Argumento de la Devastación Incompleta: Un avión se estrelló, matando a 143 pasajeros y tripulantes. Pero un niño sobrevivió con sólo quemaduras de tercer grado. En consecuencia, Dios existe.
37. Argumento de Mundos Posibles: Si las cosas han sido diferentes, entonces las cosas serían diferentes. Eso sería malo. En consecuencia, Dios existe.
38. Argumento de Voluntad Absoluta: ¡Yo sí creo en Dios! ¡Yo sí creo en Dios!
¡Yo creo! ¡Yo creo! ¡Yo creo!, en consecuencia, Dios existe.
39. Argumento de la No-Creencia: La mayoría de la población del mundo es no-creyente en la Cristiandad: Esto es exactamente lo que Satán quería. En consecuencia, Dios Existe.
40. Argumento de Experiencias Pos-Muerte: La persona X murió como ateo. Ahora él se da cuenta de su error. En consecuencia, Dios existe.
41. Argumento del Chantaje Emocional: Dios lo ama a usted. ¿Cómo puede ser usted tan sin corazón como para no creer en él? En consecuencia, Dios existe.
Otro personaje de la novela de Aldous Huxley recién mencionada, probó la existencia de Dios tocando la heiliger Dankgesang (sagrada canción de gracias) de Beethoven, para cuarteto de cuerdas nro. 15 en A menor en un gramófono. A pesar de que no suena nada convincente, sí representa a una variedad popular de argumentos. Yo he renunciado a seguir contando el número de veces que he recibido el siguiente más o menos truculento desafío: ¿Cómo explica usted entonces a Shakespeare? (cambie a la persona por Schubert, Miguel Ángel, etc. a su gusto). El argumento sería tan familiar, que no necesitaba documentarlo más allá. Pero la lógica detrás de él, nunca es deletreada; y mientras más piense usted sobre ello, lo más vacío que usted se da cuenta que es.
Obviamente; los últimos cuartetos de Beethoven son sublimes. Igualmente los son los sonetos de Shakespeare. Son sublimes si Dios está allí; y son sublimes si él no está allí. Ellos no prueban la existencia de Dios; ellos prueban la existencia de Beethoven y Shakespeare. Se atribuye a un gran conductor de orquesta la frase: “Si usted tiene a Mozart para escuchar, ¿Para qué necesitaría a Dios?.
Una vez fui el invitado de la semana en un programa radial británico llamado Desert Island Discs (Los Discos de la Isla Desierta). Uno tiene que escoger los ocho discos que usted se llevaría si fuese abandonado en una isla desierta. Entre mis escogencias estuvo: “Mache dich Herze rein” (Hecho para tu Corazón Puro) de la Pasión de San Mateo de Bach. El moderador no fue capaz de entender como podía escoger yo música religiosa sin ser religioso. Usted podría decir. ¿Cómo puede disfrutar Wuthering Heights, cuando usted sabe perfectamente que Cathy y Heathcliff nunca existieron realmente?.[74]
Existe un punto adicional que pude haber hecho; y que necesita ser hecho cada vez que se le de crédito a la religión por; digamos, la Capilla Sixtina ó la Annunciation de Raphael. Hasta los grandes artistas tienen que ganarse la vida; y ellos aceptarán contratos que se espera que ellos acepten. Yo no tengo razones para dudar que Raphael y Michelangelo fuesen cristianos—era prácticamente la única opción de la época—pero el hecho es mayormente accidental. Su enorme riqueza había convertido a la iglesia en el patrón de las artes. Si la historia hubiese funcionado de manera diferente, y Michelangelo hubiese sido contratado para pintar el techo de un gigante Museo de la Ciencia, ¿No podría haber producido él algo por lo menos tan inspiracional como la Capilla Sixtina? ¡Qué triste es, que nosotros nunca escucharemos la Sinfonía Mesozoica de Beethoven o la ópera El Universo en Expansión de Mozart.!
Y que vergüenza que nosotros hayamos sido privados del Oratorio de la Evolución de Haydn--¿Pero nos impide eso de disfrutar su Creación?.
Para acercarnos al argumento desde el otro lado; ¿Y qué si; como mi esposa me sugiere escalofriantemente, Shakespeare hubiese sido obligado a trabajar en obras para la iglesia? Nosotros, con toda seguridad, nos hubiésemos perdido a Hamlet, a King Lear y a Macbeth. ¿Y qué hubiésemos ganado a cambio? ¿Cosas sobre las cuales se construyen los sueños? Siga soñando.
Si existe un argumento lógico que una a la existencia de un gran arte a la existencia de Dios, éste no es deletreado por sus exponentes. Simplemente se asume como evidente, lo que más ciertamente no lo es. Quizás esto debe ser visto como otra versión del argumento del diseño: El cerebro musical de Schuber es una maravilla de la improbabilidad; hasta menos probable que el ojo de los vertebrados. O, más innoblemente, quizás es una especie de celo hacia la genialidad. ¿Cómo se atreve otro ser humano a hacer tan bella música / poesía / arte, cuando yo no puedo? Debe ser Dios quien lo hizo.
Uno de los más inteligentes y más maduros de mis contemporáneos estudiantes de pregrado, que era profundamente religioso, se fue a acampar las islas escocesas. A mitad de la noche; él y su novia fueron despertados en su tienda por la voz del diablo—el mismísimo Satán; no podía haber ninguna duda posible: la voz era en todo sentido, diabólica. Mi amigo nunca olvidaría esta horripilante experiencia, y fue uno de los factores que más tarde lo llevaron a él a ser ordenado como sacerdote. Mi ser juvenil fue impresionado por esta historia, y yo la relaté en una reunión de zoólogos que descansaban en el hotel Rose and Crown Inn, de Oxford. Sucedía que dos de ellos eran experimentados ornitólogos; y ellos estallaron de la risa. “!Manx shearwater!” gritaron ellos a coro en deleite. Uno de ellos añadió que los chirridos y graznidos de esta especie [de gaviota] le han ganado; en varias partes del mundo, y en varios idiomas, el apodo local de “Pájaro del Diablo”.

Manx shearwater (pájaro del diablo)
Muchas personas creen en Dios porque ellos creen que han visto una visión de él—o de un ángel; o de una virgen en azul—con sus propios ojos. O él le habla a ellos en el interior de sus cabezas. Este argumento basado en la experiencia personal es el más convincente para aquellos que afirman haberla tenido. Pero es el menos convincente para todos los demás; y para cualquiera que sea conocedor sobre sicología.
¿Usted dice que ha experimentado a Dios directamente? Bien, algunas personas han experimentado a un elefante rosado; pero eso probablemente no lo impresiona a usted.
Peter Sutcliffe, el destripador de Yorkshire, claramente escuchaba la voz de Jesús diciéndole a él que asesinara mujeres; y fue encerrado de por vida. George W. Bush dice que Dios le dijo a él que invadiese a Irak (es una lástima que Dios no le concediese a él una revelación de que no existían armas de destrucción masiva). Individuos en asilos piensan que son Napoleón o Charlie Chaplin; o que todo el mundo está conspirando en su contra; o que ellos pueden transmitir sus pensamientos hasta el interior de las cabezas de otra gente. Nosotros hacemos chistes sobre ellos, pero no tomamos en serio sus verdades internamente reveladas, mayormente porque no mucha gente las comparte. Las experiencias religiosas son diferentes sólo en que las personas que afirman haberlas tenido, son numerosas. Sam Harris no estaba siendo totalmente cínico cuando escribió en The End of Faith (El Fin de la Fe), lo siguiente:
Nosotros tenemos nombres para las personas que tienen muchas creencias para las cuales no existe justificación racional. Cuándo sus creencias son extremadamente comunes, las llamamos “religiosas”; de otra manera, probablemente se las llame a ellas: “loco”, “sicótico” o “delusional”...Claramente, existe la sanidad mental en cantidades. Pero aún así, es meramente un accidente de la historia que es considerado normal en nuestra sociedad, creer que el Creador del universo puede escuchar nuestros pensamientos; mientras que es demostrativo de enfermedad mental creer que él se está comunicando con usted haciendo que la lluvia golpee la ventana de su cuarto, usando la Clave Morse. Y así, mientras las personas religiosas no están generalmente locas, sus principales creencias absolutamente lo son.
Regresaré al asunto de las alucinaciones en el capítulo diez.
El cerebro humano opera un software para simulaciones, de primera clase. Nuestros ojos no le transmiten a nuestro cerebro una fotografía fiel de lo que está allá afuera; ni una película exacta de lo que está ocurriendo a través del tiempo. Nuestros cerebros construyen un modelo que es actualizado continuamente: actualizado mediante pulsos codificados que repican rápidamente a lo largo del nervio óptico; pero de todas formas, construidos. Las ilusiones ópticas son un vívido recordatorio de esto.[75] Una clase mayor de ilusiones; de las cuales el Cubo de Necker es un ejemplo, surgen porque los datos sensoriales que recibe el cerebro son compatibles con dos modelos alternativos de la realidad. Al no tener el cerebro ninguna base para escoger entre ellos, alterna, y nosotros experimentamos una serie de cambios de un modelo interno al otro. La fotografía que estamos viendo; parece, casi literalmente, voltearse para convertirse en otra.

Fije su vista en el punto rojo de este Cubo de Necker para que lo compruebe
El software para simulaciones del cerebro es especialmente adepto a construir rostros y voces. Yo tengo al pie de mi ventana una máscara plástica de Einstein. Para no sorpresa, parece un rostro sólido. Lo que es sorprendente es que; cuando es vista desde atrás—hacia el interior hueco—también luce como un rostro sólido, y nuestra percepción de ella es de hecho, bien extraña. A medida que el observador se mueve alrededor, el rostro parece seguirlo—y no en el sentido débil y nada convincente en el que se dice que los ojos de la Mona Lisa lo siguen a uno. La máscara hueca: realmente, realmente, luce como si se estuviera moviendo. Las personas que no han visto la ilusión previamente; se asombran. Aún más extraño es; que si la máscara es montada en un soporte que gire lentamente, parece como si girara en la dirección correcta cuando se observa a su lado sólido, pero en la dirección opuesta cuando se observa a su lado hueco. El resultado es que, cuando uno observa la transición de un lado al otro, el lado que viene parece “comerse” al lado que se va. Es una sorprendente ilusión, que vale la pena observar. Algunas veces uno puede llegar sorprendentemente cerca al rostro hueco y todavía no ver que es realmente hueco. Cuando uno llega por fin a notarlo, hay un cambio repentino, que puede revertirse.
¿Porqué ocurre eso? No hay truco en la fabricación de la máscara. Cualquier máscara hueca, hará lo mismo. Toda la truculencia está en el cerebro. El software interno para simulación recibe datos que indican la presencia de un rostro; quizás nada más que un par de ojos, una nariz y una boca, en aproximadamente los lugares correctos. Al haber recibido estas pocas claves, el cerebro hace el resto. Arranca el software de simulación de rostros y construye un modelo sólido completo de una cara; aunque la realidad presentada a los ojos, sea una máscara hueca. La ilusión de rotación en la dirección equivocada resulta de (es bastante difícil, pero usted lo puede pensar profundamente y confirmarlo), que una rotación en reversa es la única forma de que los datos ópticos tengan sentido—cuando una máscara hueca está siendo percibida como una máscara sólida.[76] Es como la ilusión de un disco de radar en rotación que algunas veces uno ve en los aeropuertos. Hasta que el cerebro cambia hasta el modelo correcto del disco de radar, vemos rotando un modelo incorrecto en la dirección equivocada en una extraña y absurda forma.
Digo todo esto sólo para demostrar el formidable poder del software para simulación del cerebro. Éste es completamente capaz de construir “visiones” del poder más “verídico”. Simular a un fantasma o a un ángel, o a una Virgen María, sería un juego de niños para un software de este nivel de sofistificación. Y lo mismo puede decirse del sentido del oído. Cuando oímos un sonido, éste no es fielmente transportado hasta el nervio auditivo y transmitido al cerebro, como si fuese un Bang and Olufsen [marca comercial] de alta fidelidad. Y al igual que con la visión, el cerebro construye un sonido modelo, basado en datos del nervio auditivo, actualizados continuamente.
Esa es la razón por la cual nosotros oímos un soplido de trompeta como una sola nota, en vez de una composición de sonidos armónicos de tonos puros que son producidos por su ronquido de bronce. Un clarinete tocando la misma nota, suena “maderoso”, un oboe suena “cañoso”, debido a los diferentes balances de los armónicos.

Trompeta Oboe Clarinete
Si usted manipula cuidadosamente un sintetizador de sonidos, para que produzca los armónicos uno por uno, el cerebro los escucha como una combinación de tonos puros durante un corto período de tiempo; hasta que su software para simulaciones “lo capta”, y de allí en adelante experimentamos sólo una sola nota pura de trompeta, oboe, o cualquier otro instrumento que sea. Las vocales y las consonantes del habla son construidas en el cerebro del mismo modo; y así, a otro nivel de fonemas y palabras de alto orden.
Una vez; cuando niño, escuché a un fantasma: una voz masculina que murmuraba, como si estuviese recitando una plegaria; pero no pronunciaba las palabras exactamente. Parecía tener un timbre de voz serio y solemne. A mí me habían contado historias sobre agujeros de sacerdote en casas antiguas, y estaba un poco asustado. Pero me levanté de la cama y me arrastré hasta la fuente del sonido. A medida que me acercaba más y más, el sonido se hacía más alto; y repentinamente, “cambió” dentro de mi cabeza. Yo estaba ahora lo suficientemente cerca para discernir lo que era realmente. El viento, entrando en ráfagas a través del ojo de la cerradura, estaba creando sonidos que el software para simulación de mi cerebro, estaba usando para construir un modelo del habla masculina; solemnemente entonado. Si hubiese sido un niño más impresionable, es posible que hubiese “oído” no sólo un discurso ininteligible, sino palabras en particular y hasta oraciones. Y si hubiese sido ambos; impresionable y criado religiosamente, puedo imaginarme cuáles palabras hubiese hablado el viento.
En otra ocasión; cuando era cerca de la misma edad, vi una cara redonda gigante mirando con una malevolencia indescriptible; afuera, a través de una ventana de una casa ordinaria en una aldea a la orilla del mar. Temblando, me acerqué hasta que estaba lo suficientemente cerca para ver lo que era realmente: simplemente un vago patrón parecido a un rostro creado por la caída al azar de los pliegues de una cortina. El rostro en sí mismo; y su malvado aspecto, habían sido totalmente construidos en mi temeroso cerebro de niño.
El 11 de septiembre de 2001, personas piadosas pensaron que vieron un rostro de Satanás en el humo que ascendía de las Torres Gemelas: una superstición apoyada por una fotografía que fue publicada en la internet y ampliamente distribuida.
Construir modelos es algo en lo cual el cerebro humano es muy bueno. Cuando estamos dormidos, es llamado, sueño; cuando estamos despiertos lo llamamos imaginación o; cuando es excepcionalmente vívido, alucinación. Como demostrará el capítulo diez, los niños que tienen “amigos imaginarios” algunas veces los ven claramente; exactamente como si fuesen reales. Si somos impresionables, no reconocemos a la alucinación o sueño lúcido por lo que es, y afirmamos haber visto u oído a un fantasma; o a un ángel; o Dios; o—especialmente si sucede que somos jóvenes, hembras y católicos—a la Virgen María. Tales visiones y manifestaciones, ciertamente no son buenas bases para creer que los fantasmas, ángeles, dioses, o vírgenes, realmente están allí.
Visiones en masa, como el reporte de que setenta mil peregrinos de Fátima; en Portugal, vieron en 1917, al sol “desprenderse del cielo y estrellarse sobre una multitud”, [77] son más difíciles de descartar. No es fácil explicar como setenta mil personas pudiesen haber compartido la misma alucinación. Pero es aún más difícil aceptar que eso realmente ocurrió, sin que el resto del mundo—fuera de Fátima—no lo viese también; y no sólo también verlo, sino sentirlo como la catastrófica destrucción del sistema solar, incluyendo fuerzas de aceleración suficientes para succionar a todas las personas hacia el espacio. Irresistiblemente, viene a la mente, la prueba precisa para los milagros de David Hume: “Ningún testimonio es suficiente para establecer un milagro; a menos que, el testimonio sea de tal naturaleza, que su falsedad sería más milagrosa que el hecho que trata de establecer”.
Puede parecer improbable que setenta mil personas puedan ser simultáneamente delusionadas; o que simultáneamente se uniesen maliciosamente para relatar una mentira masiva. O esa historia está errada al registrar que setenta mil personas afirmaron haber visto bailar al sol. O que ellas todas simultáneamente, vieron un espejismo (ellos habían sido persuadidos de mirar fijamente hacia el sol; lo que no pudo haber hecho mucho bien a su sentido de la vista) Pero cualquiera de esas aparentes improbabilidades es más probable que la alternativa: que la Tierra fue repetidamente y abruptamente, sacudida hacia los lados en su órbita, y que el sistema solar fue destruido, con nadie fuera de Fátima notándolo. Quiero decir; Portugal no está tan aislado para eso.[78] Esto es realmente todo lo que necesita ser dicho sobre las “experiencias” personales sobre dioses u otros fenómenos religiosos. Si usted ha tenido tales experiencias, usted podría muy bien hallarse creyendo firmemente que eran reales; especialmente si tenemos la más ligera de las familiaridades con el cerebro y su poderoso funcionamiento.
EL ARGUMENTO DE LAS ESCRITURAS
Todavía existen algunas personas que están persuadidas por la evidencia de las Escrituras para creer en Dios. Un argumento común; atribuido entre otros a C. S. Lewis (quien debería haber sabido mejor), establece que, debido a que Jesús afirmó ser el Hijo de Dios; él debe haber estado en lo correcto o loco o sería un mentiroso: “Loco, Malo o Dios”; o con cruda cacofonía, “Lunatic, Liar, or Lord” (“Lunático, Mentiroso, o Señor”). La evidencia histórica de que Jesús afirmaba poseer una especie de estatus divino es mínima. Pero hasta si esa evidencia fuese buena, el trilema en oferta sería risiblemente inadecuado. Una cuarta posibilidad; demasiada obvia para necesitar ser mencionada, es que Jesús estuviese honestamente equivocado. Abundantes personas lo están. En cualquier caso; como dije, no existe una buena evidencia histórica de que él pensara alguna vez, que fuese divino.
El hecho de que algo esté escrito es persuasivo para las personas no acostumbradas a preguntar: “¿Quién lo escribió; y cuándo? ¿Cómo sabían ellos qué escribir? ¿Querían ellos; en su época, decir, lo que nosotros entendemos en nuestra época que significa lo que ellos estaban diciendo? ¿Eran ellos observadores imparciales, o tenían una agenda que coloreaba sus escritos?” Desde el siglo diecinueve, los académicos de la teología, han construido un abrumador caso que afirma que los evangelios no son relatos confiables sobre lo que sucedió en la historia del mundo real. Todos fueron escritos mucho tiempo después de la muerte de Jesús; y también después de las Epístolas de Pablo, que no mencionan casi ninguno de los supuestos hechos de la vida de Jesús. Todos fueron a menudo, copiados y recopiados; a través de muchas diferentes “Generaciones de Susurros Chinos”.[79] (vea el capítulo quinto) por escribas falibles que; en cualquier caso, tenían sus propias agendas religiosas.[80]
Un buen ejemplo de la coloración por agendas religiosas es la totalidad de la enternecedora leyenda del nacimiento de Jesús en Bethlehem (Belén), seguida de la masacre de inocentes por Herodes. Cuando los evangelios fueron escritos, muchos años después de la muerte de Jesús, nadie sabía donde había nacido él. Pero una profecía del Viejo Testamento (Miqueas 5:2) hacía que los judíos creyeran que el largamente esperado mesías naciese en Belén.[81]
A la luz de esta profecía, el evangelio de Juan (7:41-42) remarca específicamente que sus seguidores fueron sorprendidos de que él no hubiese nacido en Belén: “Otros decían: Este es el Cristo. Pero algunos decían: ¿De Galilea ha de venir el Cristo? ¿No dice la Escritura que del linaje de David, y de la aldea de Belén, de donde era David?
Mateo y Lucas manejan el problema diferentemente, decidiendo que Jesús debe obligatoriamente haber nacido en Belén; después de todo. Pero ellos lo llevan a él allí por diferentes rutas. Mateo tiene a María y a José todo el tiempo en Belén; moviéndose hacia Nazaret sólo mucho tiempo después del nacimiento de Jesús, en su regreso a Egipto, donde ellos huyeron del Rey Herodes y de la masacre de los inocentes. Lucas; en contraste, reconoce que María y José vivían en Nazaret antes de que naciese Jesús. Así que, ¿Cómo llevarlos a ellos hasta Belén en el momento crucial para que se cumpla la profecía? Lucas dice que; en los tiempos cuando Cirenio era gobernador de Siria, César Augusto decretó un censo para propósitos de impuestos, y todos tenían que ir “a su propia ciudad”.
José era “de la casa y familia de David” y en consecuencia, él tuvo que ir a la “ciudad de David, que se llama Belén”. Eso pudo haber parecido como una buena solución. Excepto que históricamente es un completo sin sentido, como A. N. Wilson; en su libro, Jesús, y Robin Lane Fox, en su libro La Versión No Autorizada (entre otros), han señalado. David; si es que él existió, vivió cerca de mil años antes que María y Jesús. ¿Porqué en la Tierra habrían los romanos requerido que José fuese a la ciudad donde un antepasado remoto había vivido hacía un milenio? Es como si yo fuese obligado a especificar en la planilla del censo; digamos, que Ashby-de-la-Zouch es mi pueblo natal; si sucediese que yo pudiese rastrear mi árbol genealógico hasta el Seigneur de Dakeyne, quien vino con Guillermo el Conquistador y se estableció allí.
Además, Lucas escoñeta (sic: screws up) sus fechas, al no tener tacto al mencionar eventos que los historiadores son capaces de chequear independientemente. Hubo de hecho un censo bajo el Gobernador Cirenio—un censo local; no uno decretado por César Augusto para todo el imperio—pero sucedió muy tarde: en el siglo seis de la era actual, mucho después de la muerte de Herodes. Lane Fox concluye que: “La historia de Lucas, es históricamente imposible e internamente incoherente”, pero él es considerado con el ruego de Lucas y su deseo de cumplir la profecía de Miqueas.