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jueves, 21 de mayo de 2009
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Un informe denuncia los abusos emocionales y sexuales en los orfanatos católicos irlandeses
Ángeles y demonios
RAFAEL RAMOS - Manchester. Corresponsal  - 21/05/2009

La Iglesia irlandesa ha conseguido que los nombres de víctimas y verdugos permanezcan secretos

Mea culpa, mea grandísima culpa... Un informe de casi dos mil páginas sobre los abusos sufridos por niños y niñas a manos de la Iglesia católica irlandesa denuncia violaciones, acosos sexuales, palizas y un régimen disciplinario propio de una penitenciaría de máxima seguridad. Pero la cosa termina ahí. No va a haber detenciones, ni procesos criminales, ni juicios. No se va a nombrar ni a las víctimas ni a los verdugos. Como si nunca hubiera pasado nada.

Una investigación del Gobierno de Dublín sobre el comportamiento de los responsables de orfanatos y escuelas industriales para niños problemáticos o abandonados concluye que "los abusos sexuales fueron endémicos y muchos hombres y mujeres no han podido recuperarse ni física ni emocionalmente del daño".

El proceso ha durado nueve años. De los 35.000 niños y niñas que pasaron por los reformatorios, orfanatos e instituciones similares a cargo de los llamados Hermanos Cristianos (Christian Brothers) y Hermanas Magdalena (Magdalena Sisters), más de dos mil han narrado sus historias de terror a la comisión investigadora. Pero no esperaban que el Gobierno - en una solución muy irlandesa y que revela el poder que aún tiene la Iglesia-decidiera conformarse con la denuncia y correr un tupido velo.

"Desde que tenía ocho años fui abusado sexualmente por un sacerdote que tenía acceso a mí las 24 horas del díayde la noche - dice Thomas Wall, un huérfano de Limerick-.Si hubiera sabido que todo iba a quedar en agua de borrajas no habría pasado por el trauma de recordar aquellos tiempos horribles". Tom Hayes cuenta que él no fue abusado por niños más mayores que iban por la noche a su cama con siniestras intenciones. "Los curas hacían la vista gorda, lo que les importaba era la disciplina e imponían un régimen carcelario de terror. Si alguien se quejaba de algo, lo castigaban o le pegaban".

Sadie O´Mara fue ingresada en una institución de las Hermanas Magdalena a cuando tenía quince años sin que nadie le explicara el por qué, y obligada a pasarse el día lavando y planchando ropa. "Nos levantaban a las seis de la mañana, y tenías que escuchar dos misas antes de ponerte a trabajar. Dormíamos en una celda cerrada con candado. Mi madre murió sin que las monjas me informaran, me enteré cuatro años después". Las historias de Sadie, Tom y Thomas tienen un elemento en común: los tres aseguran haber perdido la fe católica.

Los orfanatos, reformatorios, lavanderías y escuelas industriales regentados por instituciones católicas fueron establecidos en Irlanda en 1868. Tras la independencia, el gobierno decidió mantenerse al margen para no herir a la todopoderosa Iglesia católica. Fueron cerrados a mediados de los ochenta, cuando los abominables abusos salieron a la luz.

El cardenal Sean Brady, máxima autoridad religiosa del país, ha pedido públicamente perdón y dice estar "avergonzado". Pero los seis volúmenes del informe son como una sábana blanca manchada de sangre: aparecen la descripción de los delitos, pero no los nombres de los criminales.

 
 
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