Aunque me siento
reconfortado por la respuesta del Defensor del Pueblo. Pero principalmente
por la del Presidente del Gobierno en particular y en general del
Gabinete de la Presidencia pues entiendo que me dan la razón.
Aunque me siento
reconfortado por la respuesta del Defensor del Pueblo. Pero principalmente
por la del Presidente del Gobierno en particular y en general del
Gabinete de la Presidencia pues entiendo que me dan la razón.
Aunque me siento
reconfortado por la respuesta del Defensor del Pueblo. Pero principalmente
por la del Presidente del Gobierno en particular y en general del
Gabinete de la Presidencia pues entiendo que me dan la razón.
Aunque me siento
reconfortado por la respuesta del Defensor del Pueblo. Pero principalmente
por la del Presidente del Gobierno en particular y en general del
Gabinete de la Presidencia pues entiendo que me dan la razón.
Entrevista de Eduardo
Mazo a Manuel Sánchez Montalbán
- ¿Por qué corrompe siempre el
poder?
- Porque convoca el triste riesgo de
ser más que nadie.
Relación
entre el cine de Luis Buñuel y el marqués de Sade
"El hombre es sus instintos y
el verdadero nombre de lo que llamamos Dios es el miedo y el deseo
mutilado", con estas palabras sintetiza Octavio Paz el pensamiento de
Doantien Alphonse François, marqués de Sade; y así, con esas palabras
transformadas en imagen, concluye Buñuel a modo de epílogo su segunda
película: L´ âge d´or (La edad de oro, 1930). En este primer
film sonoro del cine francés, financiado por una pareja de aristócratas
anarquistas, el director aragonés obtiene plena libertad política y
artística para plasmar, en poco más de una hora, todas las ideas y
obsesiones que de una manera u otra marcarán su posterior filmografía.
Desprendiéndose casi por completo del lastre daliniano que llevaba su
anterior película, Un chien andalou (Un perro andaluz, 1929),
e influenciado por Bretón y demás amigos surrealistas, introducirá, por
primera vez en su obra, una secuencia que remite directamente a una novela
filosófica que Sade escribió durante uno de sus muchos cautiverios, famosa
por la muy libre adaptación que de ella realizó el italiano Pasolini en la
década de los 70. La novela lleva el título de Las ciento veinte jornadas
de Sodoma. Esta última secuencia del film comienza con la salida del
castillo de Selliny de los cuatro organizadores de la bestial orgía que
durante 120 días habían celebrado en compañía de ocho adolescentes y cuatro
mujeres mentalmente corrompidas. Con el duque de Blangis -caracterizado como
Jesucristo- a la cabeza, salen los cuatro depravados criminales después de
las coprofílicas, antropófagas y sangrientas orgías llevadas a cabo en el
inexpugnable castillo. Esta polémica secuencia es la mas abierta
manifestación de la creciente recuperación y reivindicación que, desde
Apollinaire y continuando con los surrealistas, se estaba llevando a cabo en
Francia sobre la obra y la filosofía sadiana, durante mucho tiempo escondida
e intencionalmente olvidada. Pero para Buñuel era algo más que un simple
homenaje o recuperación de un escritor, era algo mucho más personal dada la
fascinación que sentía por la filosofía de Sade, hasta el punto de, como
señala Sánchez Vidal, "proponerle una moral de recambio frente a la
cristiana. (...) La evolución de Fabre a Sade es una de las claves del
tránsito de Buñuel entre Un perro andaluz y La edad de oro".
Por encima de todo, lo que Buñuel más apreciaba del pensamiento sadiano, era
lo referente a la imaginación como instrumento de liberación del hombre.
Imaginación sin límites, sin cadenas que la coarten. Imaginación como fuente
infinita de placer, de placer extremo. Sade decía que "los placeres más
intensos son hijos de repugnancias vencidas". La afición del cineasta de
dejarse llevar por la imaginación, de caer en un estado semiconsciente, de
ensoñación etílica, se refleja claramente en su cine. Destacando, por su
afinidad sadiana, películas como: Viridiana, con la fantasía de
violar a una monja sedada; Belle de jour, con su catálogo de
perversiones sexuales; o La vía lactea, donde retoma a Sade de forma
explícita. Buñuel se revela así contra el pecado de pensamiento, que
frecuentemente le atormentaba durante su adolescencia; contra el afán del
catolicismo por llegar a todos los rincones del alma humana. Al igual que
Sade, todo este tipo de fantasías, normalmente asociadas al sexo y la
muerte, se quedan simplemente en eso, en desbordamientos y juegos de la
imaginación, plasmados en celuloide o, en el caso de Sade, en los muchos
manuscritos que escribió en las diferentes mazmorras e instituciones
mentales donde fue recluido por razones políticas o pequeños escándalos
magnificados por la puritana sociedad francesa del siglo XVIII.
Como indica Octavio Paz, la diferencia de Buñuel con respecto al pensamiento
filosófico de Sade, se refiere al límite que existe en el cineasta y que no
se da en la mentalidad sadiana: la figura del hombre. Sade "destruye a Dios
pero no respeta al hombre", mientras que Buñuel, como muchos de los
integrantes del surrealismo bretoniano, confía en el hombre, pero en un
hombre no contaminado por Dios. Este "humanismo ateo" llevará a la
exaltación que el surrealismo hace de la pasión humana, -que será el tema
principal de La edad de oro-, sin frenos ni ataduras sociales o
religiosas, el "amour fou" que predicaba Bretón en sus escritos y que, según
Buñuel, era casi imposible dado que "ninguna sociedad organizada favorece el
amor".
Para Buñuel, a través de la lección de Sade, siempre queda la imaginación y
el mundo onírico ya que, como proclama de forma contundente Octavio Paz:
"Basta que un hombre encadenado cierre sus ojos para que pueda hacer
estallar el mundo".
Nota.- Para profundizar en estas u otras
cuestiones análogas muestro la obra de mi eximio paisano
Josep Ferrater i
Mora,
"Diccionario de Filosofía", obra aún incomparable pese a los muchos años
transcurridos desde su primera publicación.
Hobbes
El hombre
un lobo
para el hombre
Transmutación de todos los valores
(
Nietzsche)
:
predicamos una imposible moral judeo-cristiana-socialista-comunista, pero
vivimos de acuerdo con la única moral posible, la Ley de la
Jungla. Porque la primera es una utopía, absurda por impracticable,
por ser contraria a las leyes de la vida, tal como nos enseña la
Biología. Y esta impracticabilidad causa frustración y sentimiento
de culpa
( I)
en todos los que hemos fracasado al intentar practicarla. Como
ocurriría con una moral contraria a la ley de la gravedad
(I)
La imposibilidad
de cumplir fielmente una moral que existe desde hace dos mil años, unos
preceptos morales que creemos que las demás personas son capaces de cumplir
sinceramente, nos induce a pensar que si a nosotros nos resulta imposible es
por alguna corrupción insuperable en el fondo más íntimo de nuestro ser. Por lo que nos refugiamos en la hipocresía, la mentira, el
engaño, para que las demás personas no adviertan esta corrupción y no nos
aparten o menosprecien.
Como temía el rey con
los tres hombres burladores que "fizieron vn paño· en
" Libro de los
enxiemplos del conde Lucanor et de Patronio", obra del Infante Don Juan
Manuel (1282-1349)