Aunque me siento
reconfortado por la respuesta del Defensor del Pueblo. Pero principalmente
por la del Presidente del Gobierno en particular y en general del
Gabinete de la Presidencia pues entiendo que me dan la razón.
Aunque me siento
reconfortado por la respuesta del Defensor del Pueblo. Pero principalmente
por la del Presidente del Gobierno en particular y en general del
Gabinete de la Presidencia pues entiendo que me dan la razón.
Aunque me siento
reconfortado por la respuesta del Defensor del Pueblo. Pero principalmente
por la del Presidente del Gobierno en particular y en general del
Gabinete de la Presidencia pues entiendo que me dan la razón.
Aunque me siento
reconfortado por la respuesta del Defensor del Pueblo. Pero principalmente
por la del Presidente del Gobierno en particular y en general del
Gabinete de la Presidencia pues entiendo que me dan la razón.
Entrevista de Eduardo
Mazo a Manuel Sánchez Montalbán
- ¿Por qué corrompe siempre el
poder?
- Porque convoca el triste riesgo de
ser más que nadie.
¿Que es la
Religión y Dios para Arthur Schopenhauer?
La admiración de Schopenhauer por todas las
formas de ascetismo y misticismo es enormemente fuerte. En
cierta forma, su filosofía es la antesala de la mística, como él
mismo a veces se da cuenta. Sin embargo, con la misma fuerza con
la que admira a místicos y ascetas rechaza las religiones
sistematizadas socialmente, a las que llama "metafísica para el
pueblo". Es esta misma consideración por las religiones en
estado puro la que le lleva a citar varias veces textos hindúes,
budistas y cristianos así como a rechazar al mismo tiempo
catolicismo, protestantismo, judaísmo, Islam, y cualquier otro
tipo de religión "social". Para Schopenhauer la conquista del
mundo incluso nunca fue el objetivo de la religión cristiana,
sino que el cristianismo no acabó de triunfar ante los antiguos
dogmas judíos "este objetivo determinante no es, ni tan siquiera
una vez, el auténtico cristianismo del Nuevo Testamento, ni
tampoco su espíritu, puesto que es para ellos demasiado elevado,
demasiado etéreo, demasiado excéntrico, excesivamente no de este
mundo y, por tanto, demasiado pesimista, completamente
inapropiado para la apoteosis del Estado, sino que se trata
simplemente del judaísmo, la doctrina de que el mundo ha
recibido su existencia de un ser personal y muy superior, algo
que, por tanto, es también el más encantador y en donde todas
los cosas son hermosísimas."
En cuanto a Dios en un ensayo suyo escribió lo siguiente.
Sin embargo, es aún mucho más inadecuado el lenguaje de esos
pretendidos panteístas, cuya filosofía consiste en llamar Dios a
esa esencia del mundo que desconocen, con lo cual creen haber
hecho una gran cosa. Según ellos, el mundo es una teofanía. Pero
si examinamos el mundo desde el punto de vista de la presencia
perpetua de Dios, ¿qué hallaremos? Criaturas miserables que sólo
existen breve tiempo, y eso a condición de devorarse unas a
otras; que pasan su vida entre angustias y necesidades y con
frecuencia se ven presas de horribles dolores hasta que la
muerte se los lleva. Después de este espectáculo tendremos que
dar la razón a Aristóteles que decía: h fusiV daiminia, all'ou
qeia esti (Natura demonia est, non divina), añadiendo que un
Dios que hubiera imaginado metamorfosearse en un mundo
constituido de tal manera, tenía que estar poseído de demonio.
Bien sé que estos supuestos filosóficos del siglo invocan a
Espinosa escudándose así con su autoridad. Pero Espinosa tenía
buenas razones para denominar así a su sustancia única,
salvando, por lo menos, la palabra a falta de la cosa. Las
hogueras de Giordano Bruno y Vanini estaban todavía en la
memoria de todos, pues ambos habían sido sacrificados a aquel
dios en honor del cual fueron inmoladas más víctimas humanas que
en todos los altares reunidos de todas las divinidades paganas
de los dos hemisferios. Al llamar Espinosa Dios al mundo, hace
lo mismo que Rousseau cuando en el Contrato social llama
constantemente al pueblo Soberano. Lo cual me recuerda, por
cierto, a aquel príncipe que queriendo abolir la nobleza en sus
estados imaginó, para no despojar a nadie de sus derechos
adquiridos, ennoblecer a todos sus vasallos en masa.
Verdad es que nuestros sabios del día tienen aún una razón más
para emplear la palabra de que se trata, y que no es mucho
mejor, y es que parten, no del mundo de la conciencia, sino de
Dios, como un principio seguro, y conocido. Dios no es su
quaesitum, sino su datum. Si esos sabios fuesen estudiantes les
enseñaría que esto es una petición de principio pero deben
saberlo tan bien como yo. Desde que Kant demostró que partir del
mundo para llegar a Dios, esto es emplear el método del antiguo
dogmatismo (que procedía de buena fe), no conduce a nada, esos
señores creen haber encontrado una hábil escapatoria, creyendo
mostrar así una sagacidad extrema. Perdónenme los lectores del
porvenir que les hable de gentes de las cuales no conocerán ni
siquiera los nombres.
Nota.- Para profundizar en estas u otras
cuestiones análogas muestro la obra de mi eximio paisano
Josep Ferrater i
Mora,
"Diccionario de Filosofía", obra aún incomparable pese a los muchos años
transcurridos desde su primera publicación.
Hobbes
El hombre
un lobo
para el hombre
Transmutación de todos los valores
(
Nietzsche)
:
predicamos una imposible moral judeo-cristiana-socialista-comunista, pero
vivimos de acuerdo con la única moral posible, la Ley de la
Jungla. Porque la primera es una utopía, absurda por impracticable,
por ser contraria a las leyes de la vida, tal como nos enseña la
Biología. Y esta impracticabilidad causa frustración y sentimiento
de culpa
( I)
en todos los que hemos fracasado al intentar practicarla. Como
ocurriría con una moral contraria a la ley de la gravedad
(I)
La imposibilidad
de cumplir fielmente una moral que existe desde hace dos mil años, unos
preceptos morales que creemos que las demás personas son capaces de cumplir
sinceramente, nos induce a pensar que si a nosotros nos resulta imposible es
por alguna corrupción insuperable en el fondo más íntimo de nuestro ser. Por lo que nos refugiamos en la hipocresía, la mentira, el
engaño, para que las demás personas no adviertan esta corrupción y no nos
aparten o menosprecien.
Como temía el rey con
los tres hombres burladores que "fizieron vn paño· en
" Libro de los
enxiemplos del conde Lucanor et de Patronio", obra del Infante Don Juan
Manuel (1282-1349)