Aunque me siento
reconfortado por la respuesta del Defensor del Pueblo. Pero principalmente
por la del Presidente del Gobierno en particular y en general del
Gabinete de la Presidencia pues entiendo que me dan la razón.
Aunque me siento
reconfortado por la respuesta del Defensor del Pueblo. Pero principalmente
por la del Presidente del Gobierno en particular y en general del
Gabinete de la Presidencia pues entiendo que me dan la razón.
Aunque me siento
reconfortado por la respuesta del Defensor del Pueblo. Pero principalmente
por la del Presidente del Gobierno en particular y en general del
Gabinete de la Presidencia pues entiendo que me dan la razón.
Aunque me siento
reconfortado por la respuesta del Defensor del Pueblo. Pero principalmente
por la del Presidente del Gobierno en particular y en general del
Gabinete de la Presidencia pues entiendo que me dan la razón.
Aunque me siento
reconfortado por la respuesta del Defensor del Pueblo. Pero principalmente
por la del Presidente del Gobierno en particular y en general del
Gabinete de la Presidencia pues entiendo que me dan la razón.
Entrevista de Eduardo
Mazo a Manuel Sánchez Montalbán
- ¿Por qué corrompe siempre el
poder?
- Porque convoca el triste riesgo de
ser más que nadie.
Ésta es una
paradoja muy conocida. Fue propuesta por Bertrand Russell. La
paradoja consiste en lo siguiente:
En una barbería
hay un cartel que dice lo siguiente:
Yo afeito a
quienes no se afeitan a sí mismos, y solamente a éstos.
La pregunta es:
¿quién afeita al barbero?
Si el barbero se afeita él mismo, entonces forma parte de
las personas que se afeitan a sí mismas, por lo que no podría
afeitarse a sí mismo.
Si no se afeita a sí mismo, entonces formaría parte de las
personas que no se afeitan a sí mismas, por lo que debería
afeitarse él mismo.
Como se ve, el
barbero no puede cumplir con lo que puso en el cartel. Esta paradoja
surgió en la investigación de conjuntos que Bertrand Russell llevaba
a cabo. Bertrand Russell descubrió que no puede existir un conjunto
que se contenga a sí mismo. Así, por ejemplo, el conjunto de todas
las cosas que no sean manzanas no puede existir, porque el mismo
conjunto no es una manzana, por lo que debería entrar dentro del
conjunto de cosas que no son manzanas.
Esta paradoja
tiene consecuencias muy profundas, tan profundas que dictaminan qué
puede o no conocer la ciencia, qué puede o no conseguir la medicina,
qué creencias nuestras son o no válidas. Esta paradoja dictamina los
límites cognoscitivos del hombre. Esta paradoja nos muestra la caja
tridimensional en la que nos encontramos. ¡Ella nos muestra cuán
humildes debemos ser al juzgar las maravillas de la creación!
"Este
precioso sistema solar, con sus planetas y sus cometas solamente
puede ser fruto de la sabiduría y el dominio de un Ser poderoso e
inteligente. Este Ser lo gobierna todo, no como el aliento del
mundo, sino como el Señor sobre todo lo que existe. Es debido a su
Dominio que Él merece ser llamado Señor Dios y Gobernador
Universal." Sir Isaac Newton
Hace unos días
encontré la anterior paradoja en una página de la red. Reflexionando
sobre las implicaciones de esta paradoja, me gustaría compartir con
ustedes algunas reflexiones. Pero antes, un poco de historia.
Bertrand Russell
fue uno de los archienemigos más férreos del cristianismo organizado
y de todo lo que tuviera que ver con un Ser Superior. Russell
escribió un libro titulado "Por qué no soy Cristiano". Russell es
ampliamente conocido como uno de los más brillantes filósofos del
Siglo XX. Su ateísmo llegó a límites extraordinarios. Pero a pesar
de su fuerte convicción ateísta, en uno de sus escritos Russell dijo
que "la ciencia no podía tiranizar a la filosofía y decirle a la
filosofía que no existía significado alguno para la vida porque si
uno acepta el punto de vista científico evolucionista, la vida
carecía de sentido."
Al intentar
penetrar en la segunda intención de esta declaración de Russel, uno
no tiene qué hacer más que asombrarse de que esta advertencia de
Russell representa una clara admisión de la carencia de sentido del
pensamiento evolucionista, especialmente si consideramos que Russell
no tuvo par en su rebelión contra Dios. En otras palabras, ese
reproche contra el evolucionismo materialista no provino de un
Cristiano, sino de un ateo consumado.
Russell tuvo
varios matrimonios y divorcios. Fue acusado de 'adultero" y su fama
de seductor era ampliamente conocida en los medios en los que se
desarrollaba.
En una
oportunidad Russell fue invitado a quedarse en una casa y el segundo
día de su estadía en ese hogar ya estaba tratando de seducir a la
hija de su amigo, ¡quien tenía tan sólo 15 años de edad!
La paradoja
Al reflexionar…
¿A qué conclusión llegamos? Colocando el significado de la paradoja
que se atribuye a Russell y su reproche o advertencia al
evolucionismo ateísta, uno concluye que Russell se negaba
volicionalmente a admitir la presencia de Dios, no porque no
existieran evidencias obvias de su existencia, sino porque el
Cristianismo que tanto odiaba le resultaba una piedra de tropiezo
para su pernicioso y carnal vivir.
El significado de
la paradoja que colocamos al principio de este artículo es una
evidencia de que Russell entendía muy bien la razón del reproche que
le hacía al evolucionismo. El evolucionismo despoja a la sociedad de
estándares morales a los cuales seguir. Cualquier posición
filosófica ateísta arroja al creyente en un abismo sin fondo en
cuyas paredes se encuentran dibujadas las grotescas caras del
materialismo, la perversión, la amoralidad y el humanismo... las que
se ríen a carcajadas del infeliz desobediente que se encuentra
cayendo vertiginosamente en esta trampa llamada
evolucionismo-ateísta-materialista-humanista.
"Si tan
solo supiéramos el porqué de las cosas tuviéramos la mente de Dios."
Stephen Hawking
La paradoja
anterior muestra que como somos la creación de Dios, nosotros los
humanos, sin importar lo inteligentes y doctos que podamos ser, no
podremos NUNCA salirnos del conjunto del que somos parte intrínseca,
pero del que Dios no es, ni será nunca... claro está, en el sentido
físico y efímero de la vida humana.
Sin embargo,
Cristo es Dios hecho hombre, adentrado en nuestro conjunto y
humillado para poder proporcionarnos una salida. ¿Cómo osamos
cuestionar la existencia del creador del conjunto del que somos
parte, simplemente porque estamos atrapados por las leyes que rigen
la existencia en el que tal conjunto ha sido creado?
Dios
trasciende nuestra realidad
Bertrand Russell
descubrió que no puede existir un conjunto que se contenga a sí
mismo. Eso fue y es cierto si el conjunto a considerar es el
conjunto nuestro… el conjunto físico… no el conjunto espiritual,
¡que es en el que Dios reside pero el cual trasciende!
La paradoja nos
indica que el conjunto de todas las cosas que no sean manzanas no
puede existir, porque el mismo conjunto no es una manzana, por lo
que debería entrar dentro del conjunto de cosas que no son manzanas.
Lo mismo ocurre con los hombres que intentan estar, tanto dentro del
conjunto como afuera del conjunto, para así juzgar lo que está
dentro, pero al hacerlo… ¿No romperían una ley física? ¿No se
igualarían a Dios al ser omniscientes? Sin embargo, Dios no es ni
será nunca solamente parte del conjunto. Dios es el Creador del
conjunto. Dios puede y en efecto existe dentro y fuera del conjunto.
¡El hombre no! Dios es omnisciente… ¡el hombre no!
"La
sabiduría del cuerdo es entender su camino; mas la locura de los
locos es engaño" Proverbios 14:8
Al proponer esta
paradoja, Russell descubrió que no puede existir un conjunto que se
contenga a sí mismo… ¡al menos no así en el mundo físico! Sin
embargo, pondere las posiciones en las que la Biblia nos indica que
el mundo real existe:
Dios el Padre: Fuera del conjunto, pero en él por ser
Omnisciente
Dios el Hijo (en la persona de Jesucristo): Fuera del
conjunto y único camino hacia donde está el Padre. Jesucristo
está fuera y dentro del conjunto por ser también Omnisciente.
El Espíritu Santo: Fuera y dentro del conjunto: Haciendo la
voluntad del Padre y exaltando al Hijo, que se hizo carne para
nacer y para formar parte temporal del conjunto. El Espíritu
Santo mantiene abierto el nexo de comunicación entre el Padre y
los integrantes del conjunto (hombres) a través de la exaltación
y la aceptación del sacrificio vicario del Hijo.
Dios, por amor a
la humanidad se ha hecho hombre, ha proporcionado un Camino hacia Él
y nos ha dejado un Consejero para que nos guíe en el camino hacia el
que nos redimió de nuestros pecados. ¡Aleluya!
"Como
son más altos los cielos que la tierra, así son más altos mis
caminos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros
pensamientos." Isaías 55:9
"Ninguna
encuesta de opinión pública hará que Dios deje de existir."
Dr. Paul E. Little
Nota.- Para profundizar en estas u otras
cuestiones análogas muestro la obra de mi eximio paisano
Josep Ferrater i
Mora,
"Diccionario de Filosofía", obra aún incomparable pese a los muchos años
transcurridos desde su primera publicación.
Hobbes
El hombre
un lobo
para el hombre
Transmutación de todos los valores
(
Nietzsche)
:
predicamos una imposible moral judeo-cristiana-socialista-comunista, pero
vivimos de acuerdo con la única moral posible, la Ley de la
Jungla. Porque la primera es una utopía, absurda por impracticable,
por ser contraria a las leyes de la vida, tal como nos enseña la
Biología. Y esta impracticabilidad causa frustración y sentimiento
de culpa
( I)
en todos los que hemos fracasado al intentar practicarla. Como
ocurriría con una moral contraria a la ley de la gravedad
(I)
La imposibilidad
de cumplir fielmente una moral que existe desde hace dos mil años, unos
preceptos morales que creemos que las demás personas son capaces de cumplir
sinceramente, nos induce a pensar que si a nosotros nos resulta imposible es
por alguna corrupción insuperable en el fondo más íntimo de nuestro ser. Por lo que nos refugiamos en la hipocresía, la mentira, el
engaño, para que las demás personas no adviertan esta corrupción y no nos
aparten o menosprecien.
Como temía el rey con
los tres hombres burladores que "fizieron vn paño· en
" Libro de los
enxiemplos del conde Lucanor et de Patronio", obra del Infante Don Juan
Manuel (1282-1349)