Aunque me siento
reconfortado por la respuesta del Defensor del Pueblo. Pero principalmente
por la del Presidente del Gobierno en particular y en general del
Gabinete de la Presidencia pues entiendo que me dan la razón.
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Entrevista de Eduardo
Mazo a Manuel Sánchez Montalbán
- ¿Por qué corrompe siempre el
poder?
- Porque convoca el triste riesgo de
ser más que nadie.
Heidegger: Hacia el problema de Dios
¿Será preciso renunciar a toda esperanza de llegar
a una verdad absoluta? Los análisis de Sein und Zeit parecían
tender hacia esta conclusión, y la filosofía de Heidegger había sido
frecuentemente caracterizada como una especie de nihilismo. Hoy, ya sea
que los nuevos textos publicados por Heidegger [121] hayan aportado
nuevas aclaraciones a su pensamiento, ya sea que este pensamiento se
haya comprometido, en parte al menos, en nuevos caminos, no sería ya
posible insistir pura y simplemente en las acusaciones de ateísmo y de
nihilismo que los primeros escritos de Heidegger, con razón o sin ella,
parecían haber merecido. En efecto, las últimas obras, que, en algunos
aspectos, pueden ser consideradas como explicaciones de Sein und Zeit,
aunque desarrolladas, como observa acertadamente Alphonse de Waelhens
[126], «en un horizonte y según un proyecto que no son ya aquellos a los
que respondía la composición de la primera obra de Heidegger», imponen
el sentimiento de que los resultados de Sein und Zeit no señalan más que
una etapa en la búsqueda del último fundamento de la verdad y del
"pensamiento del ser" y que incluso la fórmula de estos resultados de
Sein und Zeit, cuyo valor de etapa intermedia había pasado inadvertida
al principio, puede aparecer a veces, a la luz de las explicaciones de
Heidegger, como bastante discutible.
Sea de esto lo que fuere, trataremos de precisar el sentido más general
de lo que puede considerarse una nueva orientación de la doctrina de
Heidegger, cuyo carácter esencialmente ontológico se halla totalmente
aclarado. Insistiremos, pues, especialmente sobre los dos puntos
siguientes: la cuestión de las relaciones entre el ente y el ser, y,
correlativamente, la relación de la existencia (Dasein) y del ser, y el
problema de Dios.
Sobre la primera cuestión, Heidegger había expresado primero su
pensamiento en Sein und Zeit por la fórmula siguiente: "No hay Ser (ni
tampoco ente) sino en cuanto que la verdad es, y la verdad no es sino en
cuanto y mientras que el Dasein es. Ser y Verdad "son" cooriginales"
[127]. La quinta edición de Qué es Metafísica se expresa en los
mismos términos [128]. El sentido era que "no hay" Ser sino en cuanto
que la Verdad es, es decir, que el Ser no puede desvelarse al Dasein
sino por la luz que el mismo Ser es y que es la Verdad original. No hay,
pues, verdad, sino en cuanto que el Dasein es, ya que, por el Dasein y
al Dasein es re-velado y des-velado el Ser en cuanto Ser. De esta
manera, el Dasein y la Verdad "son" "co-originales" [129]. Pero esto,
declara Heidegger, no vale con relación al ente. En efecto, el ente en
cuanto tal, es decir, como determinación y talidad, es, en un sentido,
anterior simultáneamente al Dasein y al Ser, porque es "tal" antes de su
desvelamiento [130]. Este punto de vista es el del "embargo" del ente.
Pero, en otro sentido, desde el punto de vista del ser del ente, el ente
es posterior a la vez al Ser y al Dasein, puesto que no es, en cuanto
ente, sino por el ser y el Dasein. Las primeras ediciones de Qué es
Metafísica proponen una fórmula que a primera vista parece
contradecir a la de Sein und Zeit y a la de la quinta edición.
Heidegger escribió, en efecto: "El Ser está presente sin el ente, pero
jamás el ente está presente sin el Ser." Sin embargo, este texto no se
opone en absoluto al texto de las ediciones precedentes, ni al de
Sein und Zeit. Pues es verdad que el ente es en cuanto ente por el
Ser y por el Dasein, que le hace surgir como tal en la Luz del Ser. La
verdad, más fundamental aún, es que, según Heidegger, hay un "combate"
entre el Ser y el ente, y que, por este "combate", cada uno de ellos
llega a ser lo que es. Este combate, que no puede cesar nunca, encuentra
en la obra de arte su expresión más notable!. Heidegger nos da su
fórmula y su sentido en los términos siguientes : el ente no es, en
cuanto ente, sino a la luz del Ser, pero se afirma como ente y se impone
como ente volviendo sobre sí mismo, rehusándose a la luz del Ser"".
Estos dos movimientos lo constituyen y forman parte de su existencia. De
aquí resulta que está a la vez desvelado y disimulado y que la Verdad
es, en su esencia, No-Verdad [132].
La relación del ente con el Ser no puede, por consiguiente, ser
concebida más que como actualizada por el Dasein. Pero, en este aspecto,
se trata no del Dasein que es, como hombre, un ente entre los entes del
mundo, sino propiamente del Dasein que es, en el seno del mundo, el
"guardián del Ser" [133] y el mediador de la Verdad del Ser [134]. Tal
es el Dasein como ek-xistencia, porque, escribe Heidegger, "es a partir
de la concepción correcta de la existencia desde donde es preciso pensar
la esencia del Dasein, en la abertura del cual el Ser mismo se anuncia y
se disimula" [135]. En efecto, "la existencia designa una especie de
ser, a saber: ser de este ente que está abierto en la abertura del ser
en el cual es" [136]. De esta manera, el Ser no se desvela sino por la
trascendencia del Da-sein y gracias a la esencia ek-stática. Pero esto,
sin embargo, no quiere significar que la verdad del Ser se agote en el
Da-sein y se identifique con él. Por el contrario, es el Ser, en cuanto
Nada, el que constituye el Da del Dasein como ek-sistencia
y el que, en cuanto tal, es el principio inmanente del Dasein mismo.
Estos análisis llevan hasta el dominio de la Ontología fundamental
como un último campo de comprehensión, más allá de todos los análisis
ónticos y ontológicos, más allá de toda «metá-física» en el sentido
corriente de la palabra, puesto que es la metafísica misma la que está
en tela de juicio. Este dominio es el que concierne al Ser en cuanto tal
o a la Verdad del Ser y el porqué del Ser o, más fundamentalmente aún,
la razón y el principio último de todos los "porqués" [137].
La explicación de los diversos sentidos de la palabra verdad permitirá
precisar estas indicaciones. En un primer sentido, verdad significa
conocimiento verdadero. Es la "veritas logica" de que hablan los
filósofos clásicos y cuya regla se formula de esta forma: adaequatio
intellectus ad rem. En esta categoría entran todas las verdades que
el entendimiento humano ha adquirido y puede adquirir sobre los entes.
Pero esta verdad no puede ser fundamental y esencial, puesto que supone,
como una condición anterior a ella, que el ente se manifieste tal como
es al pensamiento y que éste, de alguna manera, lo deja-ser.
Hay, pues, otro sentido de la palabra verdad. Un sentido
propiamente ontológico, donde la verdad es, para un ser, lo que
constituye la posibilidad interna de su ser. Esta verdad (aletheia)
no es, pues, una aplicación de la inteligencia a los entes, sino que es
propiamente descubrimiento, des-velamiento. Desde este punto de vista,
lo verdadero es lo que es descubierto, des-velado, re-velado [138] y la
verdad ontológica es, en el sentido más radical, la Verdad del Ser. Esta
es, por excelencia, Re-velación, pura Luz, y es de ella de donde procede
en el hombre la "preocupación por la Verdad, más allá de la búsqueda de
las verdades [139]. El problema de la verdad exige, pues, que se busque,
más allá de todas las verdades, la Verdad ontológica. Si la esencia de
la verdad es, en general, para un ser la posibilidad interna de su ser,
aquello por lo cual este ser es lo que es, también se podrá hablar, y en
el mismo sentido, de la verdad de la esencia. Si hay, pues, una verdad
ontológica, fundamento y razón de todas las verdades (y, por
consiguiente, de todas las esencias), hay también una Esencia original
de la verdad que hace posible, en general, la Verdad, es decir, que es
la razón de todas las verdades. Esta Esencia original de la Verdad es la
Verdad de la esencia, a saber: la verdad del Ser como posibilidad
absoluta de toda esencia. Pero como, por otra parte, la verdad
ontológica es des-velamiento y re-velación, será también, en cuanto
Verdad o Esencia del Ser, el des-velamiento y la Revelación más
original, el Ser-desvelado o la Presencia del Ser mismo [140].
De este modo se ve cómo la cuestión sobre el Ser, que es la cuestión por
excelencia, nace de la cuestión que plantea "la diferencia (diferencia
ontológica) entre el ser y el ente" [141]. Y esta cuestión fundamental
se explicita de la manera siguiente: ¿Por qué el ente requiere, para
ser, este Ser que él no es? ¿Por qué el Ser es siempre el Ser del ente?
Pero esta Grund f rage ¿tiene sentido? Que la cuestión tenga un
sentido, Heidegger, a decir verdad, no trata nunca de probarlo. Pero es
que, en realidad, no hay nada que "probar" aquí. De lo único que se
trata es de experimentar (erfahren), de vivir, en y por la angustia,
este encuentro emocionante del Ser que la metafísica tradicional ha
"olvidado" siempre, precisamente porque se ha limitado siempre a ser una
Lógica, una doctrina abstracta del Hombre, de la Naturaleza o de Dios y
porque nunca se ha interrogado sobre el ímpetu que lo empuja a
"saltar-al-otro-lado" (über hinaus). En realidad, la cuestión
fundamental del Ser tiene sus raíces mismas en la esencia del hombre, en
cuanto ek-sistencia, y, por consiguiente, debe explicitarse a partir del
análisis existencial del Dasein. Este análisis nos muestra, sin embargo,
que el Dasein es llevado, más allá de las exigencias de la razón pura, a
plantearse la cuestión de la verdad, no en el sentido abstracto y
especulativo de los epistemólogos, que no se refiere más que a la verdad
de la inteligencia, sino en el sentido concreto y vivido de la verdad de
la existencia o de la verdad interior a la existencia misma [142]. El
Dasein experimenta el sentimiento radical de una conjunción misteriosa
de la esencia original del hombre y de la esencia original de la verdad.
El hombre aparece como ek-sistencia, es decir, como emergencia continua
fuera de la Nada o, más exactamente, como ente constantemente suspendido
en la Nada, y es esto mismo lo que, situando al hombre frente a la Nada,
le impone sin cesar la cuestión esencial de la verdad del Ser o el
problema del Ser en cuanto Ser. Esta es la razón de que el hombre sea
propiamente "el guardián de la Verdad del Ser" [143], y esto está
inscrito en la esencia de un Dasein que tiene la idea de la Verdad y el
goce del Ser. Por eso la metafísica será, a la vez; por el mismo
impulso, una meditación sobre el descendimiento de la Verdad hasta el
hombre y sobre la elevación del hombre hasta la Verdad que le llama y le
angustia. Pero, si esto es así, no se dirá con el humanismo occidental
que toda cuestión sobre el ser es una cuestión sobre el hombre, sino que
toda cuestión sobre el hombre es una cuestión sobre el Ser, porque "la
esencia del hombre es esencial a la verdad del Ser" [144]. Pudiera
decirse, igualmente, que la Metafísica auténtica es una "metafísica de
la metafísica".
Sobre el problema de Dios, hacia el cual parecen llevar todos estos
análisis, Heidegger, que recuerda en su Carta sobre el Humanismo
que Sein und Zeit no tomaba partido entre el teísmo y el ateísmo,
produce ahora la impresión de reservar la posibilidad de un nuevo
desarrollo de su pensamiento, que parece anunciarse especialmente en el
pequeño y reciente escrito Der Feldweg. ¿Puede aceptarse que esta
"espera de Dios", por la cual Heidegger definía antaño el conjunto de su
obra, se transformara en un encuentro de Dios? Ya la Carta sobre el
Humanismo nos trazaba el plan o las etapas del camino que podría
conducir a resolver la crisis en que la "muerte de Dios" ha aniquilado
lo "Sagrado" (das Heilige), sobre lo cual reposa toda
civilización [145]. "Sólo a partir de la Verdad del Ser, escribía
Heidegger, puede ser pensada la esencia de lo Sagrado. Sólo a partir de
la esencia de lo Sagrado puede pensarse la esencia de la Divinidad. Sólo
a la luz de la esencia de la Divinidad se puede pensar y decir lo que la
palabra "Dios" debe nombrar" [146]
Estas son preguntas más que respuestas. Tenemos, sin embargo, algunos
datos. De una parte, en efecto, Heidegger declara abiertamente que "el
Ser no es Dios". Sabemos, sin embargo, por Sein und Zeit [147]
que es "el trascendente absoluto". Pero "trascendente" no parece tener
aquí el sentido que da a esta palabra la filosofía tradicional. Se puede
tratar de precisar diciendo que el Ser está al mismo tiempo más cerca
del hombre que cualquier ente, ya sea éste una roca, un animal, una obra
de arte, una máquina, un ángel o el mismo Dios" [148]. El Ser es lo más
próximo. Pero esta proximidad sigue siendo para el hombre lo más lejano,
porque el hombre se adhiere siempre en primer lugar y solamente al ente.
El Ser, en realidad, es el mundo mismo, como Da del Da-sein,
como el lugar donde brilla la Luz del Ser. No hay otro mundo más allá
del mundo, y, declara Heidegger, es inútil ponerse a buscar un Creador
del mundo [149].
Es, pues, necesario atenerse al pensamiento del Ser, entendido como
"compromiso por el Ser y para el Ser" [150], "por y para la Verdad del
Ser", porque sólo el pensamiento puede dar un sentido a la palabra
"Dios". La fe, por la cual Dios vendría a nosotros, suprimiría el
pensamiento, que se tornaría inútil. ¿Qué puede, entonces, hacer el
pensamiento sino "preparar un retorno posible de Dios" [151], que no
podrá realizarse jamás sino en la Luz del Ser? Por encima de todo, es
preciso saber esperar, dispuestos a entender el mensaje que Dios podría
dirigirnos y a recibirlo en este espíritu de sacrificio y humildad que
constituye nuestra sola grandeza [152].
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126 Introduction á la traduction françaises de Won Wesen der Wahrheit,
Lovaina-París, 1948, pág. 9.
127 Pág. 212. 128 Was ist Metaphysik?, 5 " edición, Nachwort, Pág. 41.
129 "Son" (sind) se pone entre comillas para subrayar una
ambigüedad y evitar una confusión. Porque cuando se dice: "El Ser es", o
mejor, "hay (es gibt) el Ser", parece que se habla de un ser más
vasto que el Ser o que engloba al Ser. Ahora bien: el Ser es el mismo el
es y el Es del Es gibt (hay). Cf. Brief über den "Humanismus",
Págs. 79-8o. Pero esta ambigüedad es la misma del Ser, le es esencial, y
el lenguaje no hará más que manifestarla. Porque el Ser que condiciona
el desvelamiento del ente se encuentra disimulado, en cuanto Ser, por el
ente. De este modo, no se ofrece como Verdad más que rehusándose, como
no Verdad (cf. Was ist Metaphysik?, pág. 14). De esta manera es
también el origen de la Errancia, y toda la historia se desarrolla en el
seno de la Errancia (cf. Holzwege, Págs. 309-310).
130 CL Sein und Zeit, pág. 217.
131 Cf. Holzwege, Págs. 4r-42.
132 Holzwege, Pág. 41. Platons Lehre, pág. 82.
133 Brief über den "Humanismus", pág. 90.
134 Ibídem, pág. 69.
135 Was ist Metaphysik?, pág. 14.
136 Ibídem, pág. 14.
137 CL Sein und Zeit, pág. 13.
138 V. Wesen der Wahrheit, Pág. 26.
139 V. Wesen des Grundes, págs. 12-14.
140 V. Wesen der Wahrheit, pág. 26.
141 V. Wesen des Grundes, pág. 14.
142 Cf. Sein und Zeit, Pág. 221.
143 Cf. Platons Lehre, pág. 54.
144 Platons Lehre, pág. 54.
145 Cf. Holzwege, págs. 193 y sigs.
146 Platons Lehre (Brief über den "Humanismus"), Pág. 76.
147 Ibídem, Pág. 38.
148 Platons Lehre, Pág. 84.
149 Ibídem, Pág. 76.
150 Platons Lehre, pág. 54.
151 CL Der Feldweg.
152 Cf. Was ist Metaphysik?, págs. 44-45.
Nota.- Para profundizar en estas u otras
cuestiones análogas muestro la obra de mi eximio paisano
Josep Ferrater i
Mora,
"Diccionario de Filosofía", obra aún incomparable pese a los muchos años
transcurridos desde su primera publicación.
Hobbes
El hombre
un lobo
para el hombre
Transmutación de todos los valores
(
Nietzsche)
:
predicamos una imposible moral judeo-cristiana-socialista-comunista, pero
vivimos de acuerdo con la única moral posible, la Ley de la
Jungla. Porque la primera es una utopía, absurda por impracticable,
por ser contraria a las leyes de la vida, tal como nos enseña la
Biología. Y esta impracticabilidad causa frustración y sentimiento
de culpa
( I)
en todos los que hemos fracasado al intentar practicarla. Como
ocurriría con una moral contraria a la ley de la gravedad
(I)
La imposibilidad
de cumplir fielmente una moral que existe desde hace dos mil años, unos
preceptos morales que creemos que las demás personas son capaces de cumplir
sinceramente, nos induce a pensar que si a nosotros nos resulta imposible es
por alguna corrupción insuperable en el fondo más íntimo de nuestro ser. Por lo que nos refugiamos en la hipocresía, la mentira, el
engaño, para que las demás personas no adviertan esta corrupción y no nos
aparten o menosprecien.
Como temía el rey con
los tres hombres burladores que "fizieron vn paño· en
" Libro de los
enxiemplos del conde Lucanor et de Patronio", obra del Infante Don Juan
Manuel (1282-1349)