Aunque me siento
reconfortado por la respuesta del Defensor del Pueblo. Pero principalmente
por la del Presidente del Gobierno en particular y en general del
Gabinete de la Presidencia pues entiendo que me dan la razón.
Aunque me siento
reconfortado por la respuesta del Defensor del Pueblo. Pero principalmente
por la del Presidente del Gobierno en particular y en general del
Gabinete de la Presidencia pues entiendo que me dan la razón.
Aunque me siento
reconfortado por la respuesta del Defensor del Pueblo. Pero principalmente
por la del Presidente del Gobierno en particular y en general del
Gabinete de la Presidencia pues entiendo que me dan la razón.
Aunque me siento
reconfortado por la respuesta del Defensor del Pueblo. Pero principalmente
por la del Presidente del Gobierno en particular y en general del
Gabinete de la Presidencia pues entiendo que me dan la razón.
Entrevista de Eduardo
Mazo a Manuel Sánchez Montalbán
- ¿Por qué corrompe siempre el
poder?
- Porque convoca el triste riesgo de
ser más que nadie.
Estructuras cerebrales
y Dios
Existen circunstancias en la vida humana, como la
muerte, que obligan a parar el mundo, bajarse de él un momento y hacer
preguntas existenciales que, en mi caso, siempre se encierran en tres, a
modo de mandamientos de creencia necesaria y que se podría denominar en
términos neuroteológicos síndrome de Qohélet,
extraordinariamente presentado en el libro del
Eclesiastés, 3, 1-22:
- ¿Qué gana el que trabaja con fatiga?
ó en otra variación sobre el mismo tema: ¿Qué saca el hombre de todo su
fatigoso afán bajo el sol?
- ¿Quién sabe si el aliento de la vida de los humanos asciende hacia
arriba y si el aliento de la bestia desciende hacia abajo, hacia la
tierra?
- ¿Quién guiará al hombre a contemplar lo que ha de suceder después de
él?
Estas preguntas demandan respuestas que se elaboran en
el cerebro a lo largo de la vida, habiendo ocupado las religiones
diversas que existen en el mundo, dominadas por dos monoteístas,
cristianismo e islamismo (3.400 millones de personas), un papel estelar
en el prontuario de soluciones, orientando a millones de seres humanos
hacia una creencia específica alojada en el “alma”: la de la existencia
de Dios y sus diversas manifestaciones como solución integral e
integrada a la lógica ilógica de la existencia humana resumida en las
tres preguntas anteriores. Y curiosamente ya estábamos advertidos
por Qohélet: la respuesta no la vamos a saber nunca porque “[Dios]
también ha puesto el afán en sus corazones, sin que el hombre llegue
[nunca] a descubrir la obra que Dios ha hecho de principio a fin”
(Eclesiastés 3, 11).
Aceptando esta realidad incuestionable sobre las
creencias, por mera constatación histórica y estadística, se ha
producido un acontecimiento científico que deseo profundizar como un
capítulo de sumo interés en este cuaderno de inteligencia digital y que
se abre a partir de hoy para sucesivas entregas. Se trata de un proyecto
que se va a llevar a cabo en la Universidad de Oxford (fiel a su lema
desde hace ocho siglos: Dominus illuminatio mea, “El Señor me
ilumina”), “para investigar durante tres años “cómo las estructuras de
la mente humana determinan la expresión religiosa”, en palabras de uno
de los directores del proyecto, el psicólogo evolucionista
Justin Barrett,
del Centro para la Antropología y la Mente de la Universidad de Oxford y
autor del libro ¿Por qué alguien creería en Dios?, para el que
acaba de recibir 2,5 millones de euros de la fundación privada
John Templeton , porque se
constata hoy que “A sociólogos, antropólogos o filósofos, que
tradicionalmente han estudiado el fenómeno de la religión o la
religiosidad, se unen ahora biólogos, paleoantropólogos, psicólogos y
neurocientíficos. Incluso hay quienes usan un nuevo término:
neuroteología, o neurociencia de la espiritualidad”. Se podría
comprender también en este enfoque la teoría del “descubrimiento del gen
de Dios [VMAT2]”,
discutida hasta la saciedad y preconizada desde 1998 por el genetista
Dean Hammer, al descubrir una mutación genética de los transportadores
vesiculares de monoaminas tipo 2 VMAT2 en el cerebro y sobre los que
hablaremos en los siguientes post. Su fundamento científico radica en la
importancia de esta proteína de membrana dado que “los VMAT2 están
localizados en las terminales presinápticas de las neuronas
dopaminérgicas, serotoninérgicas y noradrenérgicas y son los encargados
del transporte de serotonina, dopamina, norepinefrina e histamina” . Y
todas estas neuronas “predisponen” y “son facilitadoras” del “bien-ser”
y “bien-estar” personal, en determinadas estructuras cerebrales y
gracias a ellas. ¿Predisponen, por tanto, en un acto personal e
intransferible de base química a tener fe y determinadas creencias?.
En el estudio de referencia, codirigido por Barrett,
no se intentará resolver la cuestión de si Dios existe realmente, sino
que se tratará de demostrar sobre todo si la creencia en Dios ha
representado una ventaja para la humanidad desde el punto de vista de la
evolución. También se analizará la posibilidad de que la fe se haya
desarrollado como producto derivado de determinadas características
humanas como, por ejemplo, la sociabilidad, utilizando las bases
científicas de las ciencias cognitivas, que combinan una serie de
disciplinas como la neurociencia, la biología evolutiva o la lingüística
para estudiar el comportamiento humano: “Estamos interesados en
averiguar exactamente en qué sentido la creencia en Dios es natural.
Pensamos que hay más de eso de lo que la gente cree comúnmente”, porque
Barrett estima que se pueden comparar perfectamente los creyentes
con los niños pequeños que creen que los adultos saben todo lo que hay
que saber, es decir, esa tendencia a creer en la omnisciencia de los
otros y aunque se corrige con la experiencia que dan los años, es
necesaria para la cooperación y la socialización, y continúa con la fe
en Dios: “normalmente continúa en la vida adulta. Es fácil. Es intuitiva
y natural”. También se investigará sobre si los conflictos de índole
religiosa son producto de la naturaleza humana o si la creencia en la
vida después de la muerte es fruto de la selección natural o es algo que
se aprende.
Cuando comenzaba a escribir este post he recordado
también la investigación llevada a cabo por el neurólogo canadiense
Mario Beauregard
en 2006, autor del libro The Spiritual Brain , en una
investigación sobre la actividad cerebral en 15 monjas carmelitas: “Tras
una larga preparación, el cerebro de las carmelitas fue analizado por
aparatos de resonancia magnética nuclear con imagen,
electroencefalografía y tomografía mediante emisión de positrones, que
miden el riego sanguíneo y los procesos celulares bioquímicos y
psicopatológicos. Nunca se habían utilizado para este tipo de
experimentos. El resultado fue que la actividad eléctrica y el oxígeno
en la sangre aumentaron en 12 zonas del cerebro —un número superior al
que suele requerir cualquier actividad intelectual—, y éste emitió
también ondas theta, asociadas con la creatividad, la meditación y la
memoria, y también delta, relacionadas con fases profundas del dormir y
sueños que se hacen despierto” Aunque “… las hermanas nos
recordaron que Dios no puede ser convocado cuando se les antoje, y menos
en el laboratorio de una Universidad, por mucho que esté insonorizado y
que hayamos reproducido los colores y la luminosidad de sus celdas de
clausura”, tal y como señalaba el doctor Beauregard. Más o menos como
Qohélet, cuando recordaba la vanidad del afán en nuestros corazones al
buscar la felicidad humana en el laboratorio de la vida,
desesperadamente. Porque somos inteligentes, resolvemos los problemas
cotidianos de la vida y somos capaces de creer en Dios ó en la
Naturaleza, ó en las Personas, ó en la Sociedad (El hombre en la
encrucijada, José Ferrater Mora), con carácter conjunto ó
exclusivo, gracias a neurotransmisores que facilitan la posibilidad de
“fabricar”, guardar y recrear las creencias, en determinadas estructuras
del cerebro. Sencillamente, porque el cerebro humano está preparado y
programado “naturalmente” para que seamos felices, aunque la felicidad
se haya convertido en una mercancía y no en un derecho
inalienable para los seres humanos.
Teilhar de Chardin
Nota.- Para profundizar en estas u otras
cuestiones análogas muestro la obra de mi eximio paisano
Josep Ferrater i
Mora,
"Diccionario de Filosofía", obra aún incomparable pese a los muchos años
transcurridos desde su primera publicación.
Hobbes
El hombre
un lobo
para el hombre
Transmutación de todos los valores
(
Nietzsche)
:
predicamos una imposible moral judeo-cristiana-socialista-comunista, pero
vivimos de acuerdo con la única moral posible, la Ley de la
Jungla. Porque la primera es una utopía, absurda por impracticable,
por ser contraria a las leyes de la vida, tal como nos enseña la
Biología. Y esta impracticabilidad causa frustración y sentimiento
de culpa
( I)
en todos los que hemos fracasado al intentar practicarla. Como
ocurriría con una moral contraria a la ley de la gravedad
(I)
La imposibilidad
de cumplir fielmente una moral que existe desde hace dos mil años, unos
preceptos morales que creemos que las demás personas son capaces de cumplir
sinceramente, nos induce a pensar que si a nosotros nos resulta imposible es
por alguna corrupción insuperable en el fondo más íntimo de nuestro ser. Por lo que nos refugiamos en la hipocresía, la mentira, el
engaño, para que las demás personas no adviertan esta corrupción y no nos
aparten o menosprecien.
Como temía el rey con
los tres hombres burladores que "fizieron vn paño· en
" Libro de los
enxiemplos del conde Lucanor et de Patronio", obra del Infante Don Juan
Manuel (1282-1349)