Aunque me siento
reconfortado por la respuesta del Defensor del Pueblo. Pero principalmente
por la del Presidente del Gobierno en particular y en general del
Gabinete de la Presidencia pues entiendo que me dan la razón.
Aunque me siento
reconfortado por la respuesta del Defensor del Pueblo. Pero principalmente
por la del Presidente del Gobierno en particular y en general del
Gabinete de la Presidencia pues entiendo que me dan la razón.
Aunque me siento
reconfortado por la respuesta del Defensor del Pueblo. Pero principalmente
por la del Presidente del Gobierno en particular y en general del
Gabinete de la Presidencia pues entiendo que me dan la razón.
Aunque me siento
reconfortado por la respuesta del Defensor del Pueblo. Pero principalmente
por la del Presidente del Gobierno en particular y en general del
Gabinete de la Presidencia pues entiendo que me dan la razón.
Aunque me siento
reconfortado por la respuesta del Defensor del Pueblo. Pero principalmente
por la del Presidente del Gobierno en particular y en general del
Gabinete de la Presidencia pues entiendo que me dan la razón.
Aunque me siento
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por la del Presidente del Gobierno en particular y en general del
Gabinete de la Presidencia pues entiendo que me dan la razón.
Aunque me siento
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Gabinete de la Presidencia pues entiendo que me dan la razón.
Aunque me siento
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Gabinete de la Presidencia pues entiendo que me dan la razón.
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Gabinete de la Presidencia pues entiendo que me dan la razón.
Aunque me siento
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por la del Presidente del Gobierno en particular y en general del
Gabinete de la Presidencia pues entiendo que me dan la razón.
Aunque me siento
reconfortado por la respuesta del Defensor del Pueblo. Pero principalmente
por la del Presidente del Gobierno en particular y en general del
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Aunque me siento
reconfortado por la respuesta del Defensor del Pueblo. Pero principalmente
por la del Presidente del Gobierno en particular y en general del
Gabinete de la Presidencia pues entiendo que me dan la razón.
Entrevista de Eduardo
Mazo a Manuel Sánchez Montalbán
- ¿Por qué corrompe siempre el
poder?
- Porque convoca el triste riesgo de
ser más que nadie.
El Tema de la Muerte de Dios en Nietzsche y en el Cristianismo: Una
Aproximación Hermenéutica
INTRODUCCIÓN
El hombre
actual parecería que se encuentra inmerso en una cultura de muerte: leyes
pro aborto, la matanza masiva en las guerrillas de Colombia, las guerras
étnicas que viven las tribus africanas, el índice elevado de mortalidad
infantil en nuestra América y en África, las muertes que se suman cada vez
más por efectos del SIDA, el consumo de sustancias nocivas al organismo
humano, las pruebas nucleares, la manipulación genética hacia la clonación
de los seres humanos y muchas otras realidades nefastas que podríamos seguir
enumerando. Nos encontramos en una época donde reina el egoísmo y la lucha
por el poder. Es un tiempo de regresión al realismo ilustrado del siglo XVI;
pero con la diferencia de que no posee un fin común, cada uno tiende hacia
donde mejor le parece. También se resalta el hedonismo, donde prevalece el
placer personal sin importar el otro. Reina la espontaneidad, el momento
presente, ya no se tiene un proyecto o una visión de futuro. El hombre de
hoy vive según su propio arbitrio. Dios ya no aparece como referente moral
en la vida personal ni social. Se podría decir que Dios ha muerto.
La idea de la muerte de Dios hace referencia muy clara a Federico Guillermo
Nietzsche, cuando lanza su grito desesperado afirmando que Dios ha muerto y
que cada uno de nosotros lo hemos matado. Este filósofo arrogante fue
tildado de "loco" por sus contemporáneos; pero hoy, en el mundo en que nos
encontramos, donde sus ideas son actuales y recurrentes, las afirmaciones
que lanzaba nos invitan a una reflexión profunda, interpelante y
contrastante, para abrir senderos de esperanza en esta selva de desánimo y
muerte.
Uno de los tantos pasos posibles para sacudir al hombre actual del sueño
narcisista y cínico, sería el de abrirle los ojos a otra manera de entender
la muerte de Dios para que haya vida y esperanza en el hombre. Nosotros,
para cumplir con dicho cometido, hemos escogido el pensamiento cristiano por
considerar que presenta una visión ecuánime e integral de quién es el
hombre. ¿Cómo entender la muerte de Dios en Nietzsche y en el pensamiento
cristiano?.
La hipótesis que ha orientado el trabajo es la siguiente:
Revisando la biografía y autobiografía de Nietzsche, advertimos que los
principales temas de su filosofía (La transvaloración de los valores, el
eterno retorno, la voluntad de poder, el superhombre, la muerte de Dios),
tienen una conexión singular con la doctrina de sus obras. En Zaratustra,
Nietzsche se muestra como el superhombre que da a conocer esta doctrina.
Estos principales temas del pensamiento nietzscheano se articulan e integran
en el de la muerte de Dios. Contrastando la idea nietzscheana sobre la
muerte de Dios con la postura cristiana (Dios que muere en la cruz), se
entrevé que la primera conlleva una transvaloración de los valores, un
sinsentido de la vida que concluye matando al mismo hombre; mientras que la
segunda da sentido y fuerza a la vida del hombre y lo transfigura desde el
amor.
OBJETIVOS
El objetivo
general de nuestro trabajo ha sido contrastar la postura nietzscheana con la
cristiana en referencia a la muerte de Dios, para poder dar algunas luces de
orientación con respecto al sentido de la vida del hombre actual.
En función del objetivo general, nos trazamos los siguientes objetivos
específicos:
Esbozar
una biografía de Nietzsche desde autores como Werner Ross y Karl Jaspers.
Indagar
una autobiografía de Nietzsche desde el Ecce homo y de los papeles
dispersos que escribió en el psiquiátrico, la que más tarde será
conocida como Mi hermana y yo.
Sintetizar
las ideas principales de Nietzsche, a partir de su obra principal Así
habló Zaratustra.
A partir
de la visión de las ideas centrales de Nietzsche, observar el elemento
común que vincula al interior de su pensamiento: la muerte de Dios.
Realizar
una comparación paralela de la muerte de Dios que Nietzsche declara, con
la del Dios cristiano, para entrever hacia dónde, una y otra, apuntan y
guían al hombre.
METODOLOGÍA
La metodología
utilizada en este trabajo ha sido descriptiva, sintética y hermenéutica,
debido a las siguientes razones: hemos realizado una síntesis, y a la vez
una descripción de Nietzsche tanto de su autobiografía como de su doctrina
filosófica que resalta en su obra Así habló Zaratustra. Todo esto a partir
de una posición hermenéutica que nos ayuda a describir las dos posturas en
el ámbito filosófico.
DESARROLLO
1.- Federico Guillermo Nietzsche (1.844 - 1.900)
Se puede conocer a Federico Guillermo Nietzsche, desde tres puntos de vista:
Primero: se observa la biografía desde terceros autores, exponiendo su
cronología. Segundo: desde su libro: Ecce Homo, donde él se elucida como un
espíritu curioso - sui géneris - sólo para almas bellas. Tercero: la
autobiografía desde su locura, reminiscencia de su infancia, la educación
recibida, la lucha consigo mismo.
Desde estas tres perspectivas hemos estudiado la vida de Nietzsche y hemos
podido leer entre líneas que su filosofía es una autovaloración de sí mismo
plasmada sobre todo en su obra Así habló Zaratustra. Nietzsche, al tomar la
figura semilegendaria del filósofo persa del siglo VI a. J.C., le presta su
voz para "advertir que la auténtica rueda que hace moverse a las cosas es la
lucha entre el bien y el mal" (Nietzsche, 1971: 125). Zaratustra tiene más
valentía que los demás pensadores para decir la verdad. Y como buen persa
tiene, según Nietzsche, la virtud de disparar bien las flechas, y no huye de
la realidad.
Luis Jiménez comenta, en su libro El pensamiento de Nietzsche, la necesidad
de un arte de interpretar (la hermenéutica) para leer su filosofía y poder
descifrar el simbolismo de la obra (Jiménez, 1986: 433). Nietzsche afirma:
"he filosofado con mi ser total y las ruedas del caos me han arrastrado al
torbellino de la locura" (Nietzsche, 1969: 199). Se podría entender que toda
su vida, junto a sus actividades, los cambios que hizo, los rechazos que
experimentó, lo llevaron a la locura, porque oscilaba entre el deseo de ser
dios y la condición de seguir siendo uno más de los hombres. Se arrojó a la
llama de la locura para contemplar su apoteosis, queriendo poseer el derecho
de sentarse en el lugar vacío que dejó Dios.
La filosofía de Nietzsche tiene una estrecha relación con la vida que llevó.
En sus obras podemos descubrir cuatro ejes entrelazados por el tema de la
muerte de Dios. Estos ejes o ideas centrales nosotros los sintetizamos en:
la transvaloración de los valores, la voluntad de poder, el eterno retorno y
el superhombre.
2.- Filosofía Nietzscheana: cuatro directrices
entrelazadas por la idea de la muerte de Dios
2.1.- La transvaloración de los valores
Nietzsche, en su intento de despertar de su letargo al hombre, propone
comprender el amor fati, amor que aspira a amar la tierra y no las
esperanzas sobrenaturales, la necesidad de instintos buenos y malos, ser
hábiles en crear nuevos valores y rechazar aquellos valores del amor, de la
igualdad, etc. Ser creadores de nuevos valores en el hombre, no es crear
valores nuevos, sino aceptar los valores como verdades que proponen en cada
momento lo que es útil al hombre.
La transvaloración nietzscheana no se ocupa de la esencialidad de los
valores, sino que es una axiología antropológica, dirá Jiménez Moreno (1986:
172), los valores serán descubiertos por el hombre mismo a favor de su vida
misma, este valor es crear. Implica el no contentarse con los valores
superpuestos, no vividos, sino en apreciarlos, hacerlos suyos por necesidad
de la propia vida. Remarcando que transvaloración no es transformación (que
una cosa pierde su forma para adquirir otra) Nietzsche reclama una nueva
jerarquía de valores y no acepta la tradicional.
Nuestro filósofo, cuando habla sobre transvaloración de los valores coloca
en labios de Zaratustra el tema de educarse para abandonar el espíritu
paciente y adquirir el espíritu libre. Para esto se deben seguir tres pasos:
pasar del estado de camello al de león y culminar en la figura del niño.
El camello es un animal de carga, todo lo soporta, incluso aquello que el
hombre no carga. Esta figura "es la propia tontería para burlarse de la
propia sabiduría" (Nietzsche, 1985: 49). Este espíritu ingresa en un momento
de cansancio cuando se escucha a sí mismo, realiza una reflexión sobre su
destino y se avergüenza de sí mismo. De esta manera camina hacia la
conquista de la libertad. Este es el sujeto que vive más tiempo por poseer
dentro de sí deseos de cambios (Nietzsche, 1968: 117-118).
El león tiene la característica de conquistar su libertad atrapando a su
presa y así ser dueño de su propio destino. El hombre que tenga este
espíritu buscará eliminar a su último señor y Dios, al "Tú debes", a la
recta moral inculcada. De aquí nace el "Yo quiero". Superar ese peso
milenario, una tradición de tradiciones, no será faena fácil porque la
tradición es una actitud superior a la que se obedece, no porque manda lo
útil, sino porque manda (Nietzsche, 1985: 178). El niño, desde su inocencia,
capricho, exige aquella ilusión que siente. Todo hombre debe tener este
espíritu para poder crear su propia voluntad.
Zaratustra, a través de estos pasos, anuncia que todo hombre transmundano
debe superarse a sí mismo. Anuncia que se debe dar apertura a una nueva
voluntad que nace del yo, "un yo que crea, que quiere, que valora y que es
la medida y el valor de las cosas" (Nietzsche, 1985: 58), un yo que habla
con honestidad y encuentra honores para el cuerpo y la tierra, un yo que
enseña un nuevo orgullo, a no esconder la cabeza como el avestruz, sino a
estimar, a querer ese camino que se recorrería a ciegas y llamarlo bueno.
Nietzsche, al proclamar el tema de la transvaloración de los valores, enseña
a ser espíritu libre, de corazón libre, que ame la tierra, y el cual, a
partir de esta voluntad de poder creadora, podrá dar cabida a una
reorientación del sentido del hombre.
2.2.- La voluntad de poder
Zaratustra, al mostrar su transvaloración de los valores, enseña a dar
apertura a la voluntad de poder creadora, una voluntad que quiere despertar
al espíritu, antecediendo a la sepultura de ese amo y señor, que apaga todas
las aspiraciones del débil, del esclavo, del sumiso. De esta manera enseña a
superarse a sí mismo para acoger al hombre nuevo.
Para Nietzsche la voluntad de poder es identificada como la esencia más
íntima del ser. "Es así que los valores son creaciones de la vida, según
ella sea ascendente o descendente" (De La Vega, 1980: 518).
La voluntad de poder creadora es la síntesis de la voluntad que ordena, que
obedece, es dinámica. Deleuze define a la voluntad de poder como quien
quiere (1971: 73), es la fuerza que ayuda al hombre a superar la moral del
esclavo, a marchar hacia la vida, hacia la evolución vital.
2.3.- Preámbulo al eterno retorno
Martha de la Vega, al hablar sobre el eterno retorno en Nietzsche, afirma
que el eterno retorno nietzscheano es identificado con la vida misma, puesto
que la vida es un tema ineludible en él. El sentido de la voluntad de poder
creadora da el sentido a la vida y "el eterno retorno pone de manifiesto el
juego cósmico de fuerzas, el cambio, la destrucción, el dolor, la lucha,
cuya realidad última es el devenir" (De La Vega, 1980: 516). Entonces,
cuando Nietzsche habla del eterno retorno se refiere a una selección vital,
determinada por una voluntad de poder creadora.
Metafóricamente hablando, el eterno retorno es un aro circular y eterno.
Todo es uno y la fatalidad es inevitable, porque el fin se transforma en
inicio y éste, a su vez, en fin. Todo es un devenir y un repetirse evolutivo
de la vida misma y del cosmos.
2.4.- El superhombre
A Zaratustra le visita un adivino, éste le explica sobre la identidad de
todo. Le advierte sobre su último pecado, la compasión. Escucha gritos de
auxilio, gritos de hombres desesperados, pues ellos sienten náuseas de la
plebe.
Zaratustra, con su canto de felicidad, atrae a los hombres, este canto es el
riesgo que encuentra cuando topa con los hombres desesperados, que en
primera instancia están insatisfechos por la vida que llevan. Entre estos se
encuentran los reyes, el concienzudo del espíritu, el mago, el Papa
jubilado, el más feo de los hombres, el mendigo voluntario, la sombra
viajera; todos estos tienen una peculiaridad, pues buscan al gran sabio que
les enseñe la novedad, algo nuevo. Acogerá a todos los hombres, que
posteriormente se darán cuenta de que eran simples payasos, pues no ingresan
en su ocaso y vuelven a la rutina que vivían. Buscará deshacerse de ellos,
lo que sólo le será posible a partir de la llegada del signo que él espera:
el superhombre.
Para Zaratustra el hombre superior es guerrero, bien nacido, que contradice
al espíritu de igualdad, de la pesadez que afirmaba que todo hombre es igual
ante Dios. Afirma que Dios era obstáculo para el hombre. Si Dios ha muerto,
tiene que resurgir el superhombre, el primero y el único capaz de superar y
conservar al hombre, el que se convierte en Señor, el que supera las
pequeñas virtudes, el que domina el miedo con orgullo ante un abismo, el que
ingresa en su ocaso para un nuevo amanecer. Sube con su propio esfuerzo a la
cima, sólo así el superhombre estará en lo alto, como un águila.
El hombre superior arregla lo estropeado, tiene una vida dura, es cauteloso
ante la honestidad, desconfía ante ella, mantiene secretas sus razones; no
se hace adoctrinar con los llamados doctos por ser muy estériles, fríos,
secos; miente porque comprende la verdad. La virtud del superhombre está en
que no actúa "por" ni "a causa de" ni "por qué", esto sería actuar como
gente pequeña, conformista, como la plebe.
Zaratustra adoctrina al superhombre en la virtud, aconseja que camine por
las sendas conocidas si quiere ser el primero y no el último. Que no sea
necio en ser conformista, ni estancarse en fundar una casa que enseñe el
camino a la santidad, pues sería fundar su propio asilo de soledad. No ser
estatua rígida, insensible como una columna, el andar revela búsqueda. Debe
reírse de sí mismo, porque esto es indicio de madurez, porque se ama a sí
mismo. Debe reírse también de todas las cosas buenas y de todo lo que ama su
corazón. Zaratustra es el que ríe de verdad, no es condicionado ni
impaciente, es loco; pero de felicidad (Nietzsche, 1985: 415).
La filosofía nietzscheana está integrada, entrelazada, por la postura de la
muerte de Dios. No orienta a los valores sino da a conocer al superhombre
para que sea él quien sustituya a Dios.
3.- La muerte de Dios en el cristianismo
La doctrina cristiana gira en torno a algunos temas teológicos difíciles de
agotar en un artículo como éste. Nosotros trataremos sucintamente algunos de
ellos, los que más tienen que ver con nuestro tema.
El dogma de la Santísima Trinidad, núcleo de fe y de vida cristiana, que
enmarca a Dios Uno y Trino, que por sí mismo es eterno, sabio y grande. Dios
es Padre único, increado; el Hijo viene de Dios Padre; y el Espíritu Santo
proviene de ambos (Dezinger, 1955: 22).
El pecado según la tradición Católica tiene una óptica enmarcada en la
Biblia, donde se narra que al principio todo lo creado por Dios era bueno,
no habían acciones negativas. El hombre vivía en armonía consigo mismo, con
la naturaleza y con Dios. Pero a partir de la desobediencia del hombre y del
querer ser como Dios entró el castigo, la desigualdad, las enfermedades y
todos lo males que aquejan a la humanidad. Por esto Dios envió a su Hijo
único para que se encarnara y llevara a cabo la reconciliación de la
criatura con el Creador.
El misterio de la encarnación es, pues, la explicación morfológica de Jesús,
nacido de María Virgen, desposada con José, y que antes de convivir estaba
embarazada por obra del Espíritu Santo (Mateo 1, 18). La encarnación fue
debatida en el Concilio de Calcedonia, resaltando sus dos naturalezas (Hijo
de Dios, Hijo del Hombre). Jesús realiza una presencia activa, realiza
signos, milagros, prodigios para reconciliar a la criatura con su creador;
tildado en muchas ocasiones como un "loco", escandaloso, al proclamar la
doctrina del amor : ámense, como yo los he amado; y desechando el pecado.
La mejor manera como nos amó Jesús y como nos enseñó a amar, fue haciendo el
bien a todos y entregando su vida para la salvación del género humano.
"Quien intente guardar su vida, la perderá; pero quien la pierda, la
conservará" (Lucas 17, 33).
La muerte en la cruz, está articulada en una antropología aceptable para la
dignidad del hombre. Cristo abrió las puertas a la otra vida, a la
esperanza. La cruz es signo de la perfecta geometría de amor, de
transfigurar al hombre desde y para el amor. Con la muerte en cruz, Jesús,
redime al mundo enseñando el camino del amor y de la entrega. Además, esta
redención o purificación de todos los males de la humanidad, requiere de la
participación en la fe de todos los hombres.
La muerte de Dios en la cruz, para el cristianismo, es signo de vida, de
gloria, de victoria sobre el mal que agobia al hombre. La muerte de Dios en
la cruz es signo de vida para el hombre y la entrega en el amor es el camino
seguro para su felicidad.
3.1.- Paralelismo entre las posturas nietzscheana y
cristiana con respecto al tema de la muerte de Dios
Nietzsche en su filosofía presenta las cuatro directrices principales ya
estudiadas: la transvaloración de los valores, la voluntad de poder, el
eterno retorno y el superhombre; y tiene como hilo conductor la muerte de
Dios. El realizar una transvaloración sólo fue posible anulando el valor
supremo, es decir Dios, resquebrajando el todo único. El proceso de
fragmentación le permite resaltar algunos valores negados. Este proceso es
el contraste entre lo dionisiaco y lo apolíneo, entre la espontanei-dad y la
rectitud. Para el espíritu libre significa humillación porque es volver a
comenzar, a ser esclavo nuevamente. A partir de la fuerza de voluntad
ingresa a entrever que el enigma del eterno retorno es superado si se lo
descubre en el ocaso de la propia vida, sólo así podrá rechazar lo caduco y
magnificar los valores denegados como vanos. El único que puede dar sentido
a estos valores será el superhombre, aquel que ocupe el lugar de Dios.
Nietzsche conoce al autor de la muerte de Dios, al hombre más feo de todos
los hombres y, a pesar de todo, lo alaba por tal acción. En esto se nota que
Nietzsche, al tratar de reemplazar a Dios por el superhombre, cae en un
nuevo error, porque postula a un superhombre en el lugar de Dios. Pues, el
matar a Dios es simplemente una ilusión, así como el tratar de crear al
superhombre.
Nietzsche resalta la figura del hombre frenético, sin fe, originando risas,
burlas, ironías, sobre la muerte de Dios: "¿Es que se ha perdido? ...
¿estará extraviado? ... ¿o es que se mantiene escondido? ... ¿tiene temor de
nosotros? ... ¿ha emigrado? ... El hombre frenético ... gritó, ¡yo os lo voy
a decir! ¡nosotros lo hemos matado ... Todos nosotros somos sus asesinos!" (Nietzsche,
1990: 115).
Rubén Horacio Ríos (1996: 29), afirma que la muerte de Dios es el inicio de
un nuevo escándalo, porque en realidad muere la filosofía. Si no se tiene el
principio fundamental que explique las causas últimas de las cosas (Dios) no
hay dialéctica, ya no habrá un filosofar. La muerte cósmica de los valores
dirige al hombre a la nada; ingresa al campo de la igualdad con las cosas,
al plano de lo inmanente, donde el hombre adquiere la identidad de Prometeo.
El intento de manipular lo trascendente es un intento de la criatura que
quiere figurar desfigurando al creador y esto es absurdo por ser el hombre
un ser limitado y finito, que no puede crear algo mayor a lo que él es. Con
la muerte de Dios la condición humana ingresa en un enigma ante la presencia
de la muerte, del dolor, de la temporalidad.
La postura cristiana da una opción de vida, de aceptar la muerte como algo
propio de la naturaleza humana e ingresa a los umbrales de la existencia
futura; no se fundamenta ya una ley escrita, más bien es obra del Espíritu.
La ley escrita da muerte, mientras que el Espíritu da vida (2 Corintios 3,
6).
El cristianismo implanta un régimen de libertad, donde Dios abarca todas las
cosas revistiéndolas de luz sobrenatural. Dios no se ha estatizado ni
anonadado, se ha infiltrado en la historia humana y ha seducido al hombre
mediante sus manifestaciones para mostrarle el camino de la verdadera
libertad y de la felicidad.
CONCLUSIONES
El desarrollo
del trabajo nos lleva a verificar que el matar a Dios, al principio
constitutivo de todo, al UNO, al BIEN por excelencia, es ingresar en un
vacío. La transvaloración de los valores, que intenta realizar Nietzsche,
conlleva a una vida sin sentido para el hombre. El hombre sin Dios no vive
como hombre; y si vive, vive buscándolo o confundiéndolo con las cosas.
La postura cristiana resalta la debilidad como fuerza de voluntad creadora,
afirmadora. El hombre, por su espíritu participa de la unicidad del espíritu
por excelencia. El cristiano o filósofo-vigía es aquel hombre que es
consciente de su participación plena en la historia. El cristiano, al
observar el mal y el caos del mundo no reniega ni se queda indiferente, sino
que se inserta para darle soluciones, darle esperanza, darle vida allí donde
hay destrucción y muerte.
El cristiano, al ser fiel al principio metafísico, ingresa a comprender el
misterio de la encarnación como algo propio, ese algo es ser en el mundo,
ser en relación, y a raíz de este comprender su fuerza creadora, ingresa en
comunión con el misterio de la esperanza. Y este misterio le ayuda a asumir
la muerte como un paso de la injusticia a la justicia, de la incomprensión a
la comprensión, de la falsedad a la verdad. Todo a imitación del guía por
excelencia, de Jesucristo.
El cristiano colabora al hombre en comprenderse como ser mortal e inmortal
que implica vivir lo eterno. Que a través de su corporeidad consciente,
puede y debe promover la transformación del cosmos, del mundo, de la
humanidad, y de sí mismo.
El cristiano, a través de su fe y de su vida, es mensajero de
reconciliación, es signo de Jesucristo, primer signo humano que vence a la
muerte, y pasa a la actividad llena de gracia vital. El cristiano es signo
de vida de esa sociedad nueva que todos anhelamos para el hombre de hoy.
BIBLIOGRAFÍA
AA. VV.,
1.989, Biblia Latinoamericana, Ed. Verbo Divino, Madrid, 1.393 pp. DE LA VEGA, M., 1980, "La crítica de Nietzsche a la metafísica y su
visión del arte como valor supremo", en Eco, septiembre, Nº 227, Bogotá,
513-553. DELEUZE, G., 1971, Nietzsche y la Filosofía, Ed. Anagrama, Barcelona,
276 pp. JIMÉNEZ, L., 1986, El pensamiento de Nietzsche, Ed. Cincel, Madrid,
433 pp. NIETZSCHE, F., 1968, Aforismo, Ed. Rueda, Buenos Aires, 214 pp. NIETZSCHE, F., 1969, Mi hermana y yo, (Traducción de Bella M. Albelia),
Ed. Colección Mundial Rueda, Buenos Aires, 285 pp. NIETZSCHE, F., 1971, Ecce homo, Ed. Alianza, Madrid, 171 pp. NIETZSCHE, F., 1985, Así habló Zaratustra, Ed. Alianza, Madrid, 433
pp. NIETZSCHE, F., 1990, La Gaya Ciencia, Ed. Monte Avila, Venezuela, 266
pp. RIOS, R. H., 1996, Ensayo sobre la muerte de Dios. Nietzsche y la
cultura contemporánea, Ed. Biblos, Buenos Aires, 60 pp.
Nota.- Para profundizar en estas u otras
cuestiones análogas muestro la obra de mi eximio paisano
Josep Ferrater i
Mora,
"Diccionario de Filosofía", obra aún incomparable pese a los muchos años
transcurridos desde su primera publicación.
Hobbes
El hombre
un lobo
para el hombre
Transmutación de todos los valores
(
Nietzsche)
:
predicamos una imposible moral judeo-cristiana-socialista-comunista, pero
vivimos de acuerdo con la única moral posible, la Ley de la
Jungla. Porque la primera es una utopía, absurda por impracticable,
por ser contraria a las leyes de la vida, tal como nos enseña la
Biología. Y esta impracticabilidad causa frustración y sentimiento
de culpa
( I)
en todos los que hemos fracasado al intentar practicarla. Como
ocurriría con una moral contraria a la ley de la gravedad
(I)
La imposibilidad
de cumplir fielmente una moral que existe desde hace dos mil años, unos
preceptos morales que creemos que las demás personas son capaces de cumplir
sinceramente, nos induce a pensar que si a nosotros nos resulta imposible es
por alguna corrupción insuperable en el fondo más íntimo de nuestro ser. Por lo que nos refugiamos en la hipocresía, la mentira, el
engaño, para que las demás personas no adviertan esta corrupción y no nos
aparten o menosprecien.
Como temía el rey con
los tres hombres burladores que "fizieron vn paño· en
" Libro de los
enxiemplos del conde Lucanor et de Patronio", obra del Infante Don Juan
Manuel (1282-1349)