Aunque me siento
reconfortado por la respuesta del Defensor del Pueblo. Pero principalmente
por la del Presidente del Gobierno en particular y en general del
Gabinete de la Presidencia pues entiendo que me dan la razón.
Aunque me siento
reconfortado por la respuesta del Defensor del Pueblo. Pero principalmente
por la del Presidente del Gobierno en particular y en general del
Gabinete de la Presidencia pues entiendo que me dan la razón.
Aunque me siento
reconfortado por la respuesta del Defensor del Pueblo. Pero principalmente
por la del Presidente del Gobierno en particular y en general del
Gabinete de la Presidencia pues entiendo que me dan la razón.
Aunque me siento
reconfortado por la respuesta del Defensor del Pueblo. Pero principalmente
por la del Presidente del Gobierno en particular y en general del
Gabinete de la Presidencia pues entiendo que me dan la razón.
Aunque me siento
reconfortado por la respuesta del Defensor del Pueblo. Pero principalmente
por la del Presidente del Gobierno en particular y en general del
Gabinete de la Presidencia pues entiendo que me dan la razón.
Entrevista de Eduardo
Mazo a Manuel Sánchez Montalbán
- ¿Por qué corrompe siempre el
poder?
- Porque convoca el triste riesgo de
ser más que nadie.
David Hume
Filósofo e historiador
británico (1711-1776), nacido en Escocia, cuya filosofía -a
través de la influencia de Berkeley-, desarrolló la doctrina de
Locke, y llegó a un total escepticismo. Precisamente esta
actitud escéptica sería el aguijón que más tarde despertaría a
Kant del "sueño del dogmatismo".
Vida y
obras
Provenía de una familia de la pequeña burguesía terrateniente
escocesa. En un principio su familia quiso que estudiara leyes,
e incluso comercio, pero al final tuvieron que dejarle libre
para seguir lo que constituía su gran ambición: la filosofía.
Por aquellos años la obra filosófica de Locke y las teorías de
Berkeley constituían temas de discusiones animadas. Tras
finalizar sus estudios, decidió viajar para dilatar el horizonte
de sus ideas, y así lo encontramos en La Flèche (Francia),
donde, a la sombra de Descartes, redactó su Treatise of Human
Nature (en 1734 publicó los dos primeros libros y en 1740 el
tercero) mediante el cual esperaba alcanzar gran fama. Pero esta
obra, considerada hoy como su trabajo más importante, pasó
desapercibida, a pesar del Compendio que publicó en 1740 que
trataba de hacer más asequibles sus ideas. De su estancia en
Francia nació una gran amistad con Rousseau, que, sin embargo,
terminó mal. Luchó por una cátedra en la universidad de
Edimburgo, pero no lo logró debido a la oposición del ambiente
eclesiástico ortodoxo. Volvió a Francia, esta vez como
secretario del general Saint-Clair. En 1752, a su regreso a Gran
Bretaña, fue nombrado bibliotecario en la Abogacía de Edimburgo.
Entre tanto iba reelaborando la materia del Tratado; nacían así
Phylosophycal Essays concerning Human Understanding (1748), que
junto con Enquiry concerning the Principles of Morals (1751)
constituirán su obra más divulgada. En 1752 apareció la obra
Discursos políticos. Escribió también Four Dissertations (1757),
de las cuales la más importante fue The natural history of
religion. History of England (1754-61), recibida con ataques por
todos los sectores, Dialogues concerning natural religion,
aparecidos póstumamente (1779). Tras una penosa enfermedad
llevada con entereza de ánimo, murió en Edimburgo, la misma
ciudad donde había nacido.
El
conocimiento
La primera preocupación de Hume, igual que la de Locke, es la
investigación en torno a las ideas. Como un empirista más, llega
a esta conclusión: todo lo que contiene nuestra mente son
percepciones. El grado de intensidad con que éstas se
manifiestan en nuestra mente establece una distinción: las
percepciones podrán ser impresiones e ideas. Las impresiones,
percepciones básicas, son captadas inmediatamente y a ellas
pertenecen las sensaciones, las emociones y las pasiones. Las
ideas, por su parte, son copias o representaciones desvaídas de
las impresiones en la mente y guardan cierta semejanza con las
impresiones, pues en realidad vienen a ser imágenes mentales
generadas por las mismas.
Por otro lado, las impresiones también pueden ser simples (las
que no admiten distinción ni separación) y complejas (aquellas
que admiten divisiones). Consecuentemente también habrá ideas
simples y complejas. Por ejemplo: la impresión que nos causa la
percepción de un chasquido, es una impresión simple, y a ella se
seguirá una idea simple. Sin embargo, al escuchar una sinfonía,
tendremos una impresión compleja (la variedad de notas
musicales), que a su vez, evocará una idea compleja. Es posible,
además, distinguir impresiones que son sensación, las que
provienen de los sentidos externos, e impresiones que son
reflexión, las producidas por el ejercicio interno de la mente.
Con el cúmulo de ideas que es capaz de "crear", asimilar y
archivar la mente, elaboramos el conjunto de pensamientos y
razonamientos humanos. El sinfín de ideas que la mente humana
puede elaborar, cabe agruparlo en tres modalidades: relaciones,
modos y sustancias. Por relaciones Hume entiende todas aquellas
asociaciones susceptibles de comparación, y que son: la
semejanza, la identidad, la relación de lugar y tiempo, la
cantidad, los grados de cualidad en común para dos objetos, la
oposición y la relación causa-efecto. Sólo cuatro de esas
relaciones son capaces de proporcionarnos conocimientos ciertos:
las de semejanza, oposición, grados en la cualidad y cantidad o
número. Esto supone que solamente la matemática será capaz de
proporcionarnos conocimientos ciertos. Los modos y las
sustancias son agrupaciones de ideas simples que la imaginación
une y a las cuales se les puede asignar un nombre diferenciador.
La
relación causa-efecto
Lo que habitualmente se entiende como relación de causa y
efecto, Hume lo explica como la constatación de que un
determinado fenómeno sigue a otro. Pero nunca experimentamos ese
acontecer en su realidad, simplemente lo vemos. Pretende mostrar
así que la causalidad es una "relación de ideas" que nos hace
notar la contigüidad en los fenómenos. Esto equivale a decir, en
otro sentido, que la ciencia sobre los fenómenos naturales está
basada en "creencias" -idea que tendrá gran repercusión-
afirmadas en nosotros por la costumbre de observar repetidamente
un fenómeno concreto como posterior a otro fenómeno causal.
Vienen a ser las verdades de hecho, según la clasificación de
Leibniz. Fácil es concluir de aquí que la ciencia experimental
tiene que basarse en la observación. De esta manera queda
formulado el principio del empirismo: cualquier pensamiento que
elabora nuestra mente procede de la experiencia, dado que toda
idea verdadera procede de la impresión.
La
idea de sustancia y del yo
Puesto que la idea de sustancia no proviene de una impresión
concreta, tampoco podemos poseer la idea de la misma. La idea
tradicional de sustancia queda reducida en Hume a "una colección
de ideas simples unidas por la imaginación". Sólo hay cualidades
e ideas de esas cualidades, como ya había dicho Berkeley; no se
da ese algo más, la sustancia, que las soporte. Pero Hume va más
lejos que Berkeley al negar la validez objetiva al yo, al
espíritu, el cual no pasa de ser un manojo de percepciones
varias. Por eso afirmará -y en esto recogerá la idea de Locke-
que se ve obligado a creer en el yo, pero sin saber en realidad
qué es.
Ética
y religión
Hume niega la existencia de una "razón práctica" y la
posibilidad de una fundamentación racional de la ética. El
objeto de la moral (pasiones, voliciones y acciones) no es
susceptible de ese acuerdo o desacuerdo entre las ideas sobre
las que se basan lo verdadero y lo falso. Si la razón no puede
ser la fuente del juicio de valor, habrá que buscarlo en el
sentimiento, que surge espontáneo en nosotros ante acciones
susceptibles de lo que consideramos valoración moral. El
análisis de este sentimiento revela que es una forma de placer o
de "gusto". Ello le lleva a excluir de la moral todo rastro de
austero moralismo o de mortificación del alma o del cuerpo,
porque el fin de la moral es la felicidad y el gozo de vivir del
mayor número de hombres posible.
Igualmente duro se muestra Hume ante el problema religioso.
Menoscaba la pretensión de las pruebas de la existencia de Dios,
y niega su existencia apelando al problema del mal en el mundo.
La religión tiene su origen en el sentimiento de miedo de la
gente y en la ignorancia de las causas de los eventos terribles
de la naturaleza. En su libro Historia natural de la religión,
defiende una evolución a partir del politeísmo, hasta llegar a
la idea abstracta de la divinidad propia de las religiones
monoteístas.
Proyección histórica de Hume
Hume ejerció gran influencia en los iluministas franceses y
alemanes. Basta recordar la deuda que Kant dice haber contraído
con el escepticismo de Hume, en el que identificó el famoso
"despertar del sueño dogmático". Su influencia, sin embargo,
decayó, al menos en el continente europeo, a causa de las
críticas de superficialidad que la filosofía romántica hacía
contra el empirismo. Pero siguió muy viva en Inglaterra, y
ejerció bastante influjo en Estados Unidos. La verdadera
aceptación histórica de Hume, sin embargo, comenzó a finales del
siglo XIX, con la revalorización del Tratado, cuyas tesis han
influido directamente en el neopositivismo.
Nota.- Para profundizar en estas u otras
cuestiones análogas muestro la obra de mi eximio paisano
Josep Ferrater i
Mora,
"Diccionario de Filosofía", obra aún incomparable pese a los muchos años
transcurridos desde su primera publicación.
Hobbes
El hombre
un lobo
para el hombre
Transmutación de todos los valores
(
Nietzsche)
:
predicamos una imposible moral judeo-cristiana-socialista-comunista, pero
vivimos de acuerdo con la única moral posible, la Ley de la
Jungla. Porque la primera es una utopía, absurda por impracticable,
por ser contraria a las leyes de la vida, tal como nos enseña la
Biología. Y esta impracticabilidad causa frustración y sentimiento
de culpa
( I)
en todos los que hemos fracasado al intentar practicarla. Como
ocurriría con una moral contraria a la ley de la gravedad
(I)
La imposibilidad
de cumplir fielmente una moral que existe desde hace dos mil años, unos
preceptos morales que creemos que las demás personas son capaces de cumplir
sinceramente, nos induce a pensar que si a nosotros nos resulta imposible es
por alguna corrupción insuperable en el fondo más íntimo de nuestro ser. Por lo que nos refugiamos en la hipocresía, la mentira, el
engaño, para que las demás personas no adviertan esta corrupción y no nos
aparten o menosprecien.
Como temía el rey con
los tres hombres burladores que "fizieron vn paño· en
" Libro de los
enxiemplos del conde Lucanor et de Patronio", obra del Infante Don Juan
Manuel (1282-1349)