Aunque me siento
reconfortado por la respuesta del Defensor del Pueblo. Pero principalmente
por la del Presidente del Gobierno en particular y en general del
Gabinete de la Presidencia pues entiendo que me dan la razón.
Aunque me siento
reconfortado por la respuesta del Defensor del Pueblo. Pero principalmente
por la del Presidente del Gobierno en particular y en general del
Gabinete de la Presidencia pues entiendo que me dan la razón.
Aunque me siento
reconfortado por la respuesta del Defensor del Pueblo. Pero principalmente
por la del Presidente del Gobierno en particular y en general del
Gabinete de la Presidencia pues entiendo que me dan la razón.
Entrevista de Eduardo
Mazo a Manuel Sánchez Montalbán
- ¿Por qué corrompe siempre el
poder?
- Porque convoca el triste riesgo de
ser más que nadie.
Pese a la última
proliferación de títulos en
torno al viejo y nuevo ateísmo,
hasta hoy la mayor parte de los
estudios sistemáticos sobre el
cristianismo proceden todavía de
la teología, y en consecuencia,
están enfocados desde una
explicable perspectiva
apologética. Aunque en España
disponemos de los clásicos
ensayos de Puente Ojea y Gustavo
Bueno, es justo reconocer que
los enfoques ateos, "laicistas"
y materialistas no siempre se
sustentan en una base filosófica
muy sólida, y de hecho a menudo
no pueden competir con el grado
de sutileza y sofisticación que
ha cultivado tradicionalmente la
teología cristiana. Este sería
el caso de los dos títulos
"anticristianos" más conocidos
de la literatura moderna
occidental:
El Anticristo, de
Nietzsche, y
Por qué no soy cristiano
de Bertrand Russell.
Lo de
Michael Martin es otra cosa.
En 1991 publicó este
Alegato contra el cristianismo
que es un texto crítico sereno,
sencillo y sistemático. Eso sí,
no hay que esperar que las
razones aportadas por Martin
causen el menor impacto en el
cristianismo
mainstream. Aqui hablamos
más del "Cristianismo de los
filósofos" que del "Cristianismo
de los creyentes", parafraseando
a Pascal. En realidad, tampoco
los alegatos de Nietzsche o
Russell pasaron de tener un
impacto entre el reducido
conjunto de los "intelectuales".
Esta actitud impermeable del
público creyente fué en su día
muy bien reflejado por Alvin
Plantinga:
El cristiano
supondrá, desde luego, que
la creencia en Dios es
totalmente apropiada y
racional; si al aceptar esta
creencia no toma como base
otras proposiciones,
concluirá que para él es
básica, y que lo es muy
propiamente. Los seguidores
de Russell y Madeleyn Murray
O'Hare (sic) no estarán,
quizá, de acuerdo; pero ¿qué
importancia tiene eso?
¿Deberían amoldarse mis
criterios o los de la
comunidad cristiana a los
ejemplos aportados por
ellos? Seguro que no. La
comunidad cristiana es
responable de su propio
conjunto de ejemplos, no de
los que ellos propone.
Seguro que no. La
"comunidad cristiana", y la
"comunidad islámica", y la
"comunidad de seguidores de la
cienciología" no deben amoldarse
a ningún criterio externo. Al
tratar de fundamentar las
"creencias básicas", Plantinga
está proporcionando el
fundamento más cristalino del
fanatismo.
Nota.- Para profundizar en estas u otras
cuestiones análogas muestro la obra de mi eximio paisano
Josep Ferrater i
Mora,
"Diccionario de Filosofía", obra aún incomparable pese a los muchos años
transcurridos desde su primera publicación.
Hobbes
El hombre
un lobo
para el hombre
Transmutación de todos los valores
(
Nietzsche)
:
predicamos una imposible moral judeo-cristiana-socialista-comunista, pero
vivimos de acuerdo con la única moral posible, la Ley de la
Jungla. Porque la primera es una utopía, absurda por impracticable,
por ser contraria a las leyes de la vida, tal como nos enseña la
Biología. Y esta impracticabilidad causa frustración y sentimiento
de culpa
( I)
en todos los que hemos fracasado al intentar practicarla. Como
ocurriría con una moral contraria a la ley de la gravedad
(I)
La imposibilidad
de cumplir fielmente una moral que existe desde hace dos mil años, unos
preceptos morales que creemos que las demás personas son capaces de cumplir
sinceramente, nos induce a pensar que si a nosotros nos resulta imposible es
por alguna corrupción insuperable en el fondo más íntimo de nuestro ser. Por lo que nos refugiamos en la hipocresía, la mentira, el
engaño, para que las demás personas no adviertan esta corrupción y no nos
aparten o menosprecien.
Como temía el rey con
los tres hombres burladores que "fizieron vn paño· en
" Libro de los
enxiemplos del conde Lucanor et de Patronio", obra del Infante Don Juan
Manuel (1282-1349)